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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Conocimiento Nutricional y Pérdida de Masa Corporal durante el
Entrenamiento en Basquetbolistas Adolescentes: Diferencias
entre Varones y Mujeres
Nutrition Knowledge and body Mass Loss during Training in Adolescent Basketball Players:
Differences between Boys and Girls
Kenya Itzel Gracia Reyes
zS23009654@estudiantes.uv.mx
https://orcid.org/0009-0009-8678-3846
Facultad de Nutrición, Región Veracruz, Universidad Veracruzana
Veracruz – México
Lorena Levet Rivera
llevet@uv.mx
https://orcid.org/0009-0008-5255-6998
Facultad de Nutrición, Región Veracruz, Universidad Veracruzana
Veracruz – México
Yuvia Zamara Calderón Balderas
ycalderon@uv.mx
https://orcid.org/0009-0009-1979-4692
Facultad de Nutrición, Región Veracruz, Universidad Veracruzana
Veracruz – México
Rosario Adriana Reyes Diaz
1
rosareyes@uv.mx
https://orcid.org/0000-0002-7007-7543
Facultad de Nutrición, Región Veracruz, Universidad Veracruzana
Veracruz – México
Artículo recibido: 30/09/2026
Aceptado para publicación: 31/10/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
1
Autora de correspondencia.
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RESUMEN
La pérdida de 2 % o más de la masa corporal durante el ejercicio deteriora el
rendimiento en el basquetbol, pero se sabe poco sobre los factores del estilo de vida que se
relacionan con ella en jugadores adolescentes. Describir la pérdida de masa corporal durante el
entrenamiento según el sexo y analizar su relación con el conocimiento nutricional, la calidad
del sueño y la atención plena en basquetbolistas adolescentes.Estudio transversal en 33
basquetbolistas (17 varones y 16 mujeres; 11 a 18 años). Se registró la masa corporal antes y
después de una sesión de entrenamiento de 60 min sin ingesta de líquidos, y se estimó la masa
muscular por bioimpedancia. Se aplicaron el Cuestionario de Conocimientos Nutricionales
Aplicados en el Deporte (CCNAD), la Mindful Attention Awareness Scale (MAAS) y el Índice
de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI). Se compararon los sexos con la prueba U de Mann-
Whitney y la prueba exacta de Fisher, y se usaron la correlación de Spearman y la regresión
lineal múltiple. La pérdida fue de 2.5 ± 1.9 % en los varones y de 0.6 ± 0.8 % en las mujeres
(p < 0.001); el 41.2 % de los varones y ninguna mujer alcanzó el 2 % (p = 0.007). Cada punto
adicional en el CCNAD se asoció con 0.16 puntos porcentuales menos de pérdida, con
independencia del sexo, la edad y la masa muscular (B = −0.16; IC95 % −0.26 a −0.07; p =
0.002; R² ajustada = 0.55). En los varones, una peor calidad del sueño se relacionó con mayor
pérdida (ρ = 0.67; p = 0.003). Ninguno de los 12 participantes con atención plena alta alcanzó
el 2 % (p = 0.032). Estas asociaciones dependieron de los seis varones con pérdidas mayores
de 3 %. En estos jugadores, la pérdida relevante de masa corporal durante el entrenamiento se
concentró en los varones y fue menor en quienes tenían más conocimiento nutricional. La
educación en hidratación debería dirigirse sobre todo a los varones y acompañarse de medidas
de higiene del sueño; los hallazgos deben confirmarse en muestras mayores.
Palabras clave: deshidratación, baloncesto, adolescente, conocimientos nutricionales,
sueño, atención plena
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ABSTRACT
A body mass loss of 2% or more during exercise impairs basketball performance, yet
little is known about the lifestyle factors associated with it in adolescent players. To describe
body mass loss during training by sex and to examine its association with nutrition knowledge,
sleep quality and mindfulness in adolescent basketball players. Cross-sectional study of 33
basketball players (17 boys and 16 girls; aged 11 to 18 years). Body mass was recorded before
and after a 60-min training session without fluid intake, and muscle mass was estimated by
bioelectrical impedance. Participants completed a sport nutrition knowledge questionnaire
(CCNAD), the Mindful Attention Awareness Scale (MAAS) and the Pittsburgh Sleep Quality
Index (PSQI). Sexes were compared with the Mann-Whitney U test and Fisher’s exact test, and
Spearman correlation and multiple linear regression were used. Body mass loss was 2.5 ± 1.9%
in boys and 0.6 ± 0.8% in girls (p < 0.001); 41.2% of boys and no girls reached 2% (p = 0.007).
Each additional CCNAD point was associated with 0.16 percentage points less body mass loss,
independently of sex, age and muscle mass (B = −0.16; 95% CI −0.26 to −0.07; p = 0.002;
adjusted R² = 0.55). In boys, poorer sleep quality was related to greater loss (ρ = 0.67; p =
0.003). None of the 12 participants with high mindfulness reached 2% (p = 0.032). These
associations depended on the six boys with losses above 3%. In these players, relevant body
mass loss during training was concentrated in boys and was lower in those with greater nutrition
knowledge. Hydration education should mainly target boys and be combined with sleep
hygiene measures; the findings need confirmation in larger samples.
Keywords: dehydration, basketball, adolescent, nutrition knowledge, sleep,
mindfulness
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INTRODUCCIÓN
Durante el ejercicio, la sudoración es el principal mecanismo para disipar el calor. Cuando el
líquido perdido no se repone, la masa corporal disminuye y se comprometen la
termorregulación y el rendimiento. Por ello, el Colegio Americano de Medicina del Deporte
recomienda evitar pérdidas superiores al 2 % de la masa corporal durante la actividad (1). En
el basquetbol el efecto es medible: en jugadores de 12 a 15 años, una deshidratación de 2 %
redujo la precisión de tiro y alargó los tiempos de sprint y de desplazamiento lateral (2). En
jugadores varones, el deterioro de las habilidades fue progresivo conforme la deshidratación
aumentó de 1 a 4 %, y las diferencias se volvieron significativas a partir del 2 % (3).
La información sobre la magnitud del problema en jugadores jóvenes es heterogénea. En
basquetbolistas australianos de 16 a 18 años, menos del 10 % alcanzó una pérdida de 2 %
durante entrenamientos o partidos, y los varones tuvieron tasas de sudoración mayores que las
mujeres (4). En cambio, más del 75 % de un grupo de deportistas jóvenes de élite griegos, entre
ellos basquetbolistas, inició y terminó el entrenamiento hipohidratado a pesar de tener acceso
libre a líquidos (5). En jugadores sub-20 de élite, la ingesta durante los partidos cubrió apenas
dos terceras partes de la tasa de sudoración (6). Parte de esta variabilidad depende de factores
individuales como el sexo, la maduración y el tamaño corporal, que modifican la tasa de
sudoración (7), pero también intervienen conductas modificables relacionadas con el estilo de
vida.
Entre esas conductas, el conocimiento nutricional es un candidato evidente. En deportistas
universitarios y de club, quienes llegaron hidratados al ejercicio obtuvieron puntajes de
conocimiento nutricional más altos que quienes llegaron deshidratados (8). No obstante, saber
no siempre se traduce en actuar. Una sesión educativa aislada no modificó la conducta de
hidratación de voleibolistas adolescentes (9), y en deportistas la relación entre conocimiento
nutricional e ingesta suele ser débil o moderada (10). En atletas de élite australianos, por
ejemplo, el conocimiento general de nutrición explicó apenas el 6.8 % de la variación en la
calidad de la dieta (11).
Otros dos factores del estilo de vida podrían ayudar a explicar por qué algunos deportistas se
hidratan mejor que otros. El primero es el sueño. La pérdida de sueño deteriora el rendimiento
deportivo específico y la función cognitiva (12), y el sueño y la alimentación interactúan de
forma bidireccional en los atletas (13). En adultos estadounidenses y chinos, dormir seis horas
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en lugar de ocho se asoció con mayor probabilidad de hidratación inadecuada, con razones de
momios de 1.42 a 1.59 (14). En cambio, en deportistas adolescentes de élite la calidad del sueño
no se relacionó con el conocimiento nutricional (15).
El segundo factor es la atención plena, definida como la capacidad de prestar atención a lo que
ocurre en el momento presente (16). La atención plena disposicional se ha asociado con
conductas de salud como un mayor consumo de frutas y verduras y más actividad física (17),
y en deportistas su entrenamiento mejora parámetros psicológicos relacionados con el
rendimiento (18). No encontramos estudios que analicen en conjunto el conocimiento
nutricional, el sueño y la atención plena en relación con la pérdida de masa corporal durante el
entrenamiento en basquetbolistas adolescentes.
Por lo tanto, el objetivo de este estudio fue describir la pérdida de masa corporal durante el
entrenamiento en basquetbolistas adolescentes según el sexo y analizar su asociación con el
conocimiento nutricional, la atención plena y la calidad del sueño. Nuestra hipótesis fue que
un mayor conocimiento nutricional se asociaría con una menor pérdida de masa corporal.
METODOLOGÍA
Diseño y participantes
Estudio observacional, transversal y analítico. Participaron 33 basquetbolistas de una escuela
de baloncesto de Veracruz, México, 17 varones y 16 mujeres de 11 a 18 años, evaluados en
mayo de 2026, que completaron las mediciones y los cuestionarios. Los criterios de inclusión
fueron entrenar al menos cuatro días por semana y tener un año o más de práctica. Se excluyó
a quienes presentaran lesión o enfermedad el día de la evaluación. El estudio se apegó a la
Declaración de Helsinki y consistió únicamente en mediciones no invasivas y cuestionarios.
Los padres o tutores firmaron el consentimiento informado y los participantes otorgaron su
asentimiento.
Mediciones antropométricas y de composición corporal
La talla se midió con un estadímetro SECA (Hamburgo, Alemania). La masa corporal y el
porcentaje de masa muscular se estimaron por bioimpedancia eléctrica con una báscula InBody
Dial (InBody Co., Seúl, Corea del Sur). Las mediciones se hicieron antes del entrenamiento,
con 4 h de ayuno, en un ambiente controlado.
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Pérdida de masa corporal durante el entrenamiento
La masa corporal se midió antes y después de una sesión de entrenamiento habitual de 60 min
en una cancha cubierta. Los participantes no consumieron líquidos durante la sesión. Antes de
la segunda medición se secaron el sudor y se cambiaron la ropa mojada. La pérdida se expresó
en kilogramos y como porcentaje de la masa inicial: [(masa inicial − masa final) / masa inicial]
× 100. Se agrupó en cinco categorías (sin pérdida, más de 0 a 1 %, más de 1 a 2 %, más de 2 a
3 % y más de 3 %) y se consideró relevante una pérdida de 2 % o más (1, 2, 3).
Instrumentos
Los cuestionarios se aplicaron de forma autoadministrada en el lugar de entrenamiento.
Conocimiento nutricional: Se usó el Cuestionario de Conocimientos Nutricionales Aplicados
en el Deporte (CCNAD), desarrollado en Chile para evaluar conocimientos sobre la
alimentación antes, durante y después del entrenamiento, y que cuenta con validación inicial
de contenido por jueces expertos (19). Un mayor puntaje indica más conocimiento. Para fines
descriptivos, el puntaje se clasificó en bajo (23 puntos o menos), medio (24 a 38) y alto (39 o
más); los análisis principales usaron el puntaje continuo.
Atención plena: Se aplicó la Mindful Attention Awareness Scale (MAAS) (16), en su versión
mexicana (α = 0.89) (20). Tiene 15 reactivos con escala de 1 a 6, y un mayor promedio indica
más atención plena. Como la escala no tiene puntos de corte establecidos (20), para fines
descriptivos se clasificó como baja (menos de 3), media (de 3 a menos de 4.5) y alta (4.5 o
más); los análisis principales usaron el puntaje continuo.
Calidad del sueño: Se aplicó el Índice de Calidad de Sueño de Pittsburgh (PSQI) (21), en su
versión en español validada en México (α = 0.78) (22). Sus siete componentes se califican de
0 a 3 y suman un puntaje global de 0 a 21, en el que un mayor puntaje indica peor calidad. Un
puntaje global mayor de 5 se clasificó como mala calidad del sueño.
Análisis estadístico
Las variables cuantitativas se describieron con la media y la desviación estándar (DE), la
mediana con el primer y el tercer cuartil (Q1–Q3) y los valores mínimo y máximo; las
categóricas, con frecuencias y porcentajes. La normalidad se revisó con la prueba de Shapiro-
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Wilk y, como varias variables no tuvieron distribución normal, se usaron pruebas no
paramétricas.
Las diferencias entre varones y mujeres se compararon con la prueba U de Mann-Whitney en
las variables cuantitativas y con la prueba exacta de Fisher en las proporciones. Esta última
también se usó para comparar la proporción de participantes que perdió 2 % o más según su
nivel de atención plena (alta frente a media o baja). La relación entre cada cuestionario y la
pérdida de masa corporal se analizó con la correlación de Spearman (ρ), en toda la muestra y
en cada sexo.
Para saber si el conocimiento nutricional se relacionaba con la pérdida de masa corporal aun
tomando en cuenta las diferencias entre varones y mujeres, se ajustó un modelo de regresión
lineal múltiple. La variable dependiente fue la pérdida de masa corporal (%) y las
independientes, el puntaje del CCNAD, el sexo, la edad y el porcentaje de masa muscular. Se
reportan el coeficiente B con su intervalo de confianza al 95 % (IC95 %) y la R² ajustada; la
normalidad de los residuos se comprobó con la prueba de Shapiro-Wilk. Como análisis de
sensibilidad, la regresión y las correlaciones se repitieron excluyendo a los participantes con
pérdidas mayores de 3 %.
La significancia se fijó en p < 0.05. Los análisis se hicieron en Python 3 con las librerías pandas
y SciPy.
RESULTADOS
Características de la muestra
La Tabla 1 resume las variables de los 33 participantes. La edad media fue de 15.1 ± 2.1 años.
La masa corporal pasó de 67.0 ± 17.3 kg antes de la sesión a 65.9 ± 16.8 kg al terminarla, lo
que equivale a una pérdida media de 1.53 ± 1.72 %. La mediana (1.06 %) fue menor que la
media porque unos cuantos participantes perdieron mucho, hasta 5.98 %, mientras que en otros
la masa no cambió o aumentó ligeramente (mínimo de −0.66 %). Los puntajes medios fueron
29.2 ± 4.6 en el CCNAD, 4.08 ± 1.00 en la MAAS y 4.2 ± 2.0 en el PSQI.
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Tabla 1. Estadística descriptiva de los participantes (n = 33)
VARIABLE
MEDIA ± DE
MEDIANA [Q1–Q3]
MÍN. A MÁX.
Edad (años)
15.1 ± 2.1
15.0 [14.0–17.0]
11.0 a 18.0
Masa corporal inicial (kg)
67.0 ± 17.3
64.2 [56.7–69.8]
39.7 a 111.6
Masa corporal final (kg)
65.9 ± 16.8
61.7 [56.4–68.9]
39.2 a 108.0
Masa muscular (%)
27.9 ± 8.4
27.6 [21.2–33.3]
15.8 a 46.7
Pérdida de masa corporal (kg)
1.09 ± 1.26
0.70 [0.30–1.20]
−0.40 a 3.90
Pérdida de masa corporal (%)
1.53 ± 1.72
1.06 [0.53–1.83]
−0.66 a 5.98
CCNAD (puntos)
29.2 ± 4.6
28.0 [26.0–32.0]
23.0 a 41.0
MAAS (puntos)
4.08 ± 1.00
4.07 [3.57–4.64]
2.14 a 5.93
PSQI (puntos)
4.2 ± 2.0
4.0 [3.0–6.0]
0.0 a 7.0
Nota: DE: desviación estándar. Q1–Q3: primer y tercer cuartil. Un valor negativo de pérdida
indica que la masa corporal registrada aumentó durante la sesión. PSQI: un mayor puntaje
indica peor calidad del sueño.
Fuente: elaboración propia.
La Tabla 2 compara a varones y mujeres. Los varones tuvieron mayor masa corporal (75.6
frente a 57.8 kg) y mayor porcentaje de masa muscular (34.5 frente a 21.0 %), y perdieron más
masa durante la sesión: 2.45 ± 1.87 % frente a 0.55 ± 0.76 % (p < 0.001). La edad no difirió
entre sexos (p = 0.103). El conocimiento nutricional y la atención plena fueron parecidos en
ambos grupos; solo el PSQI fue distinto, con peor calidad del sueño en las mujeres (4.9 frente
a 3.5 puntos; p = 0.033).
Tabla 2. Características de los participantes por sexo
VARIABLE
VARONES
(N = 17)
MEDIA ± DE
MUJERES
(N = 16)
MEDIA ± DE
P
Edad (años)
15.7 ± 1.3
14.4 ± 2.5
0.103
Masa corporal
inicial (kg)
75.6 ± 17.5
57.8 ± 11.6
0.003*
Masa corporal
final (kg)
73.8 ± 17.3
57.5 ± 11.7
0.008*
Masa
muscular (%)
34.5 ± 5.9
21.0 ± 3.8
<
0.001*
Pérdida de
masa corporal
(kg)
1.83 ± 1.34
0.31 ± 0.47
<
0.001*
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Pérdida de
masa corporal
(%)
2.45 ± 1.87
0.55 ± 0.76
<
0.001*
CCNAD
(puntos)
30.1 ± 5.1
28.2 ± 3.9
0.347
MAAS
(puntos)
4.06 ± 1.00
4.09 ± 1.03
0.900
PSQI (puntos)
3.5 ± 1.9
4.9 ± 1.8
0.033*
Nota:p: prueba U de Mann-Whitney; * p < 0.05. DE: desviación estándar. Q1–Q3: primer y
tercer cuartil.
Fuente: elaboración propia.
Pérdida de masa corporal durante el entrenamiento
Siete de los 17 varones (41.2 %) perdieron 2 % o más de su masa corporal, y seis de ellos
superaron el 3 %. Ninguna mujer alcanzó el 2 % (p = 0.007). En 5 de las 16 mujeres (31.3 %)
la masa registrada no cambió o aumentó entre 0.2 y 0.4 kg. La Figura 1 muestra el valor de
cada participante: los varones se extienden hasta casi el 6 %, mientras que todas las mujeres
quedan por debajo del 2 %.
Figura 1. Pérdida de masa corporal durante el entrenamiento por sexo (%). Cada punto
representa a un participante; en azul, quienes perdieron 2 % o más. La línea vertical negra
indica la mediana de cada sexo
Fuente: elaboración propia.
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Clasificación de la pérdida y de los cuestionarios
La Tabla 3 agrupa a los participantes por categorías. El conocimiento nutricional fue medio en
la mayoría (81.8 %) y solo dos participantes, ambos varones, lo tuvieron alto. La atención plena
fue alta en 12 participantes (36.4 %), con proporciones parecidas en ambos sexos. Diez
participantes (30.3 %) tuvieron mala calidad del sueño, más frecuente en las mujeres (50.0 %)
que en los varones (11.8 %; p = 0.026).
Tabla 3. Distribución por categorías de la pérdida de masa corporal y de los cuestionarios, n
(%)
VARIABLE Y
CATEGORÍA
TOTAL (N =
33)
VARONES (N =
17)
MUJERES (N =
16)
Pérdida de masa corporal
Sin pérdida (≤ 0 %)
5 (15.2)
0 (0.0)
5 (31.3)
Más de 0 a 1 %
10 (30.3)
4 (23.5)
6 (37.5)
Más de 1 a 2 %
11 (33.3)
6 (35.3)
5 (31.3)
Más de 2 a 3 %
1 (3.0)
1 (5.9)
0 (0.0)
Más de 3 %
6 (18.2)
6 (35.3)
0 (0.0)
2 % o más (p = 0.007)
7 (21.2)
7 (41.2)
0 (0.0)
CCNAD
Bajo (≤ 23)
4 (12.1)
2 (11.8)
2 (12.5)
Medio (24 a 38)
27 (81.8)
13 (76.5)
14 (87.5)
Alto (≥ 39)
2 (6.1)
2 (11.8)
0 (0.0)
MAAS
Baja
5 (15.2)
3 (17.6)
2 (12.5)
Media
16 (48.5)
8 (47.1)
8 (50.0)
Alta
12 (36.4)
6 (35.3)
6 (37.5)
PSQI
Buena calidad (≤ 5)
23 (69.7)
15 (88.2)
8 (50.0)
Mala calidad (> 5) (p =
0.026)
10 (30.3)
2 (11.8)
8 (50.0)
Nota: Los valores de p corresponden a la prueba exacta de Fisher entre varones y mujeres.
Fuente: elaboración propia.
Relación de los cuestionarios con la pérdida de masa corporal
La Tabla 4 muestra la correlación de Spearman entre cada cuestionario y el porcentaje de masa
corporal perdido. En la muestra completa ninguna correlación fue significativa, en parte porque
varones y mujeres perdieron cantidades muy distintas. En los varones, un mayor conocimiento
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nutricional se asoció con menor pérdida (ρ = −0.60; p = 0.011) y una peor calidad del sueño,
con mayor pérdida (ρ = 0.67; p = 0.003). En las mujeres no hubo correlaciones significativas.
En toda la muestra, el conocimiento nutricional se relacionó con la calidad del sueño (ρ =
−0.65; p < 0.001): quienes sabían más de nutrición dormían mejor.
Tabla 4. Correlación de Spearman entre los cuestionarios y la pérdida de masa corporal (%), ρ
(p)
CUESTIONARIO
TOTAL (N =
33)
VARONES (N =
17)
MUJERES (N =
16)
Conocimientos nutricionales
(CCNAD)
−0.28 (0.112)
−0.60 (0.011)*
−0.37 (0.156)
Atención plena (MAAS)
−0.23 (0.195)
−0.42 (0.094)
−0.31 (0.243)
Calidad del sueño (PSQI; mayor
= peor)
−0.02 (0.924)
0.67 (0.003)*
−0.09 (0.754)
Nota: * p < 0.05. Un valor negativo indica que a mayor puntaje en el cuestionario hubo menor
pérdida.
Fuente: elaboración propia.
Al comparar por categorías, ninguno de los 12 participantes con atención plena alta perdió 2
% o más de su masa corporal, frente a 7 de los 21 con atención plena media o baja (33.3 %; p
= 0.032). En los varones, la diferencia fue de 0 de 6 frente a 7 de 11 (p = 0.035).
Factores asociados con la pérdida de masa corporal
Como los varones perdieron mucho más que las mujeres, se comprobó si la relación entre el
conocimiento nutricional y la pérdida se mantenía al comparar a jugadores del mismo sexo,
edad y masa muscular (Tabla 5). Por cada punto más en el CCNAD, la pérdida fue 0.16 puntos
porcentuales menor (p = 0.002); es decir, un jugador con 10 puntos más en el cuestionario
perdió, en promedio, 1.6 % menos de su masa corporal que otro del mismo sexo, edad y masa
muscular. Ser varón se asoció con 3.4 puntos porcentuales más de pérdida y tener más masa
muscular, con un poco menos; la edad no influyó. En conjunto, los cuatro factores explicaron
el 55 % de las diferencias en la pérdida. Los residuos del modelo tuvieron distribución normal
(Shapiro-Wilk, p = 0.92).
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Tabla 5. Factores asociados con la pérdida de masa corporal durante el entrenamiento
(regresión lineal múltiple)
Factor
B (IC95 %)
p
Sin pérdidas > 3 % (n =
27): B (IC95 %); p
Conocimiento nutricional (por
punto del CCNAD)
−0.16 (−0.26 a
−0.07)
0.002*
−0.06 (−0.13 a 0.01); 0.073
Sexo (varones frente a mujeres)
3.37 (1.94 a
4.80)
<
0.001*
0.83 (−0.29 a 1.96); 0.140
Masa muscular (por punto
porcentual)
−0.10 (−0.19 a
−0.01)
0.030*
0.01 (−0.06 a 0.07); 0.826
Edad (por año)
0.15 (−0.09 a
0.38)
0.211
−0.01 (−0.16 a 0.14); 0.879
R² ajustada
0.55
0.20
Nota: B: cambio en la pérdida de masa corporal, en puntos porcentuales, por cada unidad del
factor, con los demás factores constantes. IC95 %: intervalo de confianza al 95 %. * p < 0.05.
Fuente: elaboración propia.
Análisis de sensibilidad: Al excluir a los seis varones con pérdidas mayores de 3 %, la pérdida
media de los varones restantes fue de 1.24 ± 0.58 % y solo uno alcanzó el 2 %. En ese subgrupo
de 27 participantes, la asociación del CCNAD con la pérdida se debilitó y dejó de ser
significativa (Tabla 5), al igual que las correlaciones del CCNAD (ρ = −0.19; p = 0.58) y del
PSQI (ρ = 0.15; p = 0.66) con la pérdida en los varones. Los resultados principales dependen,
por tanto, de los jugadores con mayor pérdida.
DISCUSIÓN
La pérdida relevante de masa corporal durante el entrenamiento se concentró en los varones:
dos de cada cinco alcanzaron el 2 %, mientras que ninguna mujer llegó a ese nivel. Entre los
factores del estilo de vida, el conocimiento nutricional fue el que mejor explicó las diferencias
entre jugadores, incluso después de considerar el sexo, la edad y la masa muscular. En los
varones, dormir mal se acompañó de pérdidas mayores, y ningún participante con atención
plena alta alcanzó el umbral. El análisis de sensibilidad mostró que estas asociaciones
descansan en el grupo de varones con las pérdidas más altas, por lo que deben leerse como
hipótesis por confirmar.
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La proporción de varones que alcanzó el umbral (41.2 %) es mucho mayor que la descrita en
basquetbolistas australianos de edad similar, en quienes menos del 10 % llegó al 2 % (4).
También supera la pérdida media de 1.1 % observada en deportistas jóvenes de élite griegos
(5) y el 1 % registrado en jugadores sub-20 de élite durante un campeonato europeo (6). La
diferencia importa porque el 2 % coincide con el punto a partir del cual se deterioran el tiro, el
sprint y los desplazamientos en el basquetbol (2, 3). La explicación más directa es el propio
protocolo: a diferencia de esos estudios, en los que los jugadores bebían libremente, aquí no
hubo ingesta de líquidos durante la hora de entrenamiento, y la sesión se hizo en una cancha
cubierta en una ciudad de clima cálido y húmedo. Aun así, las pérdidas de 3.1 a 3.9 kg en una
hora de los seis varones con mayor pérdida son altas incluso para jugadores de élite, cuya tasa
de sudoración media en partido ronda los 2.7 L/h (6), frente a 1.0 a 1.6 L/h en basquetbolistas
de 16 a 18 años (4). Por ello no se puede descartar que la intensidad de la sesión fuera distinta
para esos jugadores o que haya influido algún error de medición.
La diferencia entre sexos concuerda con las mayores tasas de sudoración de los varones en el
basquetbol (4) y con la influencia que el sexo, la maduración y el tamaño corporal ejercen sobre
la sudoración (7). En nuestra muestra, los varones eran más pesados y tenían más masa
muscular que las mujeres, lo que implica una mayor producción de calor para un mismo
esfuerzo. En cinco mujeres la masa registrada no cambió o aumentó ligeramente. Como no
hubo ingesta de líquidos, ese aumento no puede ser real y debe atribuirse al error de medición,
por ejemplo, a diferencias en la ropa seca que se pusieron antes de la segunda medición o a la
precisión de la báscula. Este error, de hasta 0.4 kg, es pequeño frente a las pérdidas de los
varones, pero indica que las pérdidas menores de 1 % deben interpretarse con cautela.
La asociación entre el conocimiento nutricional y una menor pérdida de masa corporal coincide
con lo descrito en deportistas universitarios y de club, en quienes los que llegaban hidratados
al ejercicio tenían más conocimiento nutricional (8). Nuestro estudio extiende ese hallazgo a
basquetbolistas adolescentes y lo expresa en términos prácticos: cada 10 puntos adicionales en
el CCNAD se asociaron con 1.6 puntos porcentuales menos de pérdida, una magnitud
suficiente para situar a un jugador por encima o por debajo del umbral de 2 %. Sin embargo,
en una sesión sin acceso a líquidos el conocimiento no pudo traducirse en beber más durante
el entrenamiento. Si la asociación es real, tendría que reflejar conductas previas, como llegar
mejor hidratado, o diferencias en el ritmo de trabajo durante la sesión.
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La evidencia previa indica, además, que el conocimiento por sí solo rara vez modifica la
conducta. En voleibolistas adolescentes, una sesión educativa no cambió los hábitos de
hidratación y solo un protocolo de ingesta prescrito lo logró (9). En deportistas, la relación
entre conocimiento e ingesta es en general débil o moderada (10), y en atletas de élite el
conocimiento explicó menos del 7 % de la variación en la calidad de la dieta (11). Es posible,
entonces, que el conocimiento nutricional funcione en nuestra muestra como marcador de un
perfil más amplio de autocuidado más que como causa directa. La fuerte correlación entre
conocimiento nutricional y calidad del sueño (ρ = −0.65) apoya esta interpretación; esa
correlación no se observó en deportistas adolescentes de élite (15), lo que podría reflejar
diferencias de contexto o de instrumentos.
La asociación entre una peor calidad del sueño y una mayor pérdida de masa corporal apareció
solo en los varones. Una explicación posible es que en ellos las pérdidas fueron mayores y más
variables, lo que deja más margen para que otras conductas las modulen, mientras que en las
mujeres fueron pequeñas y homogéneas. El hallazgo es coherente con estudios poblacionales
en los que dormir menos se asoció con hidratación inadecuada (14) y con la interacción descrita
entre sueño y alimentación en atletas (13). Dormir poco también podría hacer que el jugador
llegue al entrenamiento peor hidratado o con menor atención a la sed (12). Estos mecanismos
son hipotéticos y el diseño del estudio no permite comprobarlos.
En cuanto a la atención plena, ninguno de los 12 participantes con puntaje alto alcanzó el
umbral del 2 %, aunque la correlación entre el puntaje de la MAAS y la pérdida no fue
significativa (ρ = −0.23; p = 0.195). El resultado debe interpretarse con cautela, pero es
coherente con la relación entre la atención plena disposicional y conductas de salud (17) y con
los efectos favorables de su entrenamiento sobre parámetros psicológicos del rendimiento
deportivo (18). Hasta donde sabemos, esta relación no se había explorado en basquetbolistas y
merece estudiarse en muestras mayores.
Desde el punto de vista práctico, pesar a los jugadores antes y después del entrenamiento es un
procedimiento sencillo y barato que permite identificar a quienes pierden 2 % o más de su masa
corporal. Los entrenamientos sin acceso a líquidos, como el evaluado, deberían evitarse: los
programas de hidratación en el club deberían priorizar a los varones e incluir pautas concretas
de ingesta y pausas programadas, ya que la educación aislada ha mostrado poco efecto sobre
la conducta (9). Integrar la educación nutricional con la higiene del sueño y explorar
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intervenciones breves de atención plena (18) son líneas que conviene evaluar en estudios de
intervención.
Limitaciones y fortalezas
La muestra fue pequeña y seleccionada por conveniencia en una sola escuela de baloncesto, lo
que limita la generalización de los resultados y obliga a considerar exploratorios los análisis
por sexo. El diseño transversal impide establecer causalidad. Las asociaciones principales
dependieron de seis varones con pérdidas muy altas, y no se registraron la temperatura y la
humedad del lugar, la intensidad individual del entrenamiento ni si los participantes orinaron
durante la sesión, por lo que se reportó la pérdida de masa corporal y no la tasa de sudoración.
Tampoco se evaluó el estado de hidratación previo, por ejemplo, con la densidad urinaria. Entre
las fortalezas destacan la medición directa de la pérdida de masa corporal en condiciones reales
de entrenamiento, la combinación de medidas objetivas con tres dimensiones del estilo de vida,
el análisis por separado de varones y mujeres y el análisis de sensibilidad, que permite valorar
la solidez de los hallazgos.
CONCLUSIONES
En basquetbolistas adolescentes que entrenaron una hora sin beber, la pérdida de masa corporal
fue frecuente en los varones: dos de cada cinco alcanzaron el 2 %, y ninguna mujer. Un mayor
conocimiento nutricional se asoció con menor pérdida, independientemente del sexo, la edad
y la masa muscular; en los varones, una peor calidad del sueño se asoció con mayor pérdida, y
ningún participante con atención plena alta perdió 2 % o más. Como estas asociaciones
dependieron de los jugadores con las pérdidas más altas, deben confirmarse en muestras
mayores que midan la tasa de sudoración y el estado de hidratación. Mientras tanto, se
recomienda asegurar el acceso a líquidos durante el entrenamiento, vigilar la masa corporal
antes y después de las sesiones e integrar la hidratación y el sueño en la educación nutricional.
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© Los autores. Este artículo se publica en Prisma ODS bajo la Licencia Creative Commons Atribución 4.0
Internacional (CC BY 4.0). Esto permite el uso, distribución y reproducción en cualquier medio, incluidos fines
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: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.390
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Gracia Reyes, K. I., Levet Rivera, L., Calderón Balderas, Y. Z., & Reyes Diaz , R. A. (2026).
Conocimiento Nutricional y Pérdida de Masa Corporal durante el Entrenamiento en
Basquetbolistas Adolescentes. Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo
Sostenible, 5(5), 903-921. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.390
DECLARACIONES
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Consideraciones éticas: El estudio se realizó conforme a la Declaración de Helsinki. Los
padres o tutores firmaron el consentimiento informado y los participantes otorgaron su
asentimiento.
Conflicto de intereses: Los autores declaran no tener conflictos de intereses.
Financiamiento: Esta investigación no recibió financiamiento específico de agencias públicas,
comerciales ni sin fines de lucro.
Disponibilidad de los datos: Los datos que sustentan este estudio están disponibles a solicitud
razonable a la autora de correspondencia.
AGRADECIMIENTOS
A la escuela de baloncesto, a sus entrenadores, a los jugadores y a sus familias por su
participación, y a la Facultad de Nutrición, Región Veracruz, de la Universidad Veracruzana
por las facilidades brindadas.