Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 5 - Año 2026
Página | 712
decisiones sobre el uso de la IA, promoviendo la rendición de cuentas y evitando la replicación
de desigualdades estructurales (Noble, 2018).
Desde esta perspectiva, más que reemplazar la dimensión humana de la educación, la IA debe
fortalecerla, favoreciendo experiencias de aprendizaje más inclusivas, colaborativas y
centradas en el desarrollo de competencias para afrontar los complejos desafíos del siglo XXI,
tales como el pensamiento crítico, la creatividad y la empatía (Braidotti, 2019). La IA tiene el
potencial de personalizar el aprendizaje, adaptándose a las necesidades diversas de los
estudiantes, pero esta adaptación debe realizarse dentro de un marco que respete la diversidad
cultural y lingüística y que evite la reproducción de sesgos que marginalicen a determinados
grupos (O’Neil, 2016).
Como expresa Freire (1997), “la educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor”,
recordando que ninguna innovación tecnológica puede sustituir la sensibilidad pedagógica, el
diálogo y el compromiso con la formación integral de las personas. Esta idea subraya la
importancia de que la tecnología se utilice como un complemento y no como un sustituto del
encuentro humano y la reflexión crítica que constituyen la esencia de la educación
transformadora. En consecuencia, el verdadero valor de la inteligencia artificial en la educación
superior dependerá de la capacidad de las universidades para integrarla desde una perspectiva
ética, crítica y orientada al bien común (Braidotti, 2019), reconociendo que la tecnología no es
neutral y que su implantación implica decisiones políticas y sociales profundas (Winner, 1986).
Por otro lado, es necesario considerar que la formación de competencias digitales no debe
limitarse a habilidades técnicas, sino que debe incluir la alfabetización ética y el desarrollo de
una conciencia crítica sobre los impactos de la tecnología en la sociedad (Tedesco, 2000). Solo
así se podrá fomentar una cultura universitaria que propicie el uso responsable y reflexivo de
la inteligencia artificial, promoviendo la equidad y la justicia social, y evitando que los sistemas
automatizados consoliden formas opacas de poder o exclusión. Finalmente, la educación
Superior enfrenta el reto de formar ciudadanos conscientes y críticos que no solo sepan utilizar
la inteligencia artificial, sino que también participen activamente en la construcción de
ecosistemas tecnológicos democráticos, sostenibles e inclusivos, donde la tecnología sea
siempre un medio para potenciar la autonomía y el desarrollo humano integral.