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Volumen 5, Número 5 - Año 2026
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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Percepción de la Producción de Energía a partir de Biomasa:
Una Encuesta Piloto en Población Mexicana
Perception of Energy Production from Biomass: A Mexican Population Pilot
Survey
Abril Adriana Angulo Sherman
1
abril.angulo@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0000-0001-9529-9882
Universidad de Guadalajara
Tonalá – México
Jorge Alberto Mascorro Guzmán
jorge.mascorro3291@alumnos.udg.mx
Universidad de Guadalajara
Tonalá – México
Junuet del Rocío Vázquez Olmos
junuet.vasquez9117@alumnos.udg.mx
Universidad de Guadalajara
Tonalá – México
Oscar Zúñiga Sánchez
oscar.zunigas@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0000-0003-2805-1961
Universidad de Guadalajara
Lagos de Moreno– México
Espicio Monteros Curiel
espicio.monteros@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0009-0003-3611-6160
Universidad de Guadalajara
Tonalá – México
Valentín Flores Payan
valentin.flores@academicos.udg.mx
https://orcid.org/0000-0003-3849-7107
Universidad de Guadalajara
Ocotlán – México
Artículo recibido: 19/09/2026
Aceptado para publicación: 19/10/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
1
Autora de correspondencia.
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RESUMEN
Este trabajo analiza la percepción y el nivel de conocimiento de la población mexicana
respecto al uso de la biomasa como fuente de energía, un recurso considerado por la comunidad
académica como la segunda alternativa de energía renovable más prometedora y con mayor
potencial en el país. El estudio adoptó un enfoque cuantitativo, no experimental y transversal,
evaluando a una muestra piloto de 84 adultos con formación universitaria, predominantemente
de las áreas de ingeniería y ciencias exactas. Para la recolección de los datos, se diseñó y aplicó
un cuestionario digital de 15 ítems mediante la plataforma Google Forms, cuya consistencia
interna fue validada estadísticamente (α = 0.848). Los hallazgos clave revelan que, a pesar del
perfil académico avanzado de los participantes y de su alta familiaridad con tecnologías
consolidadas como la energía solar (99%), solo el 36% asocia de manera espontánea el
concepto de biomasa con la generación energética, evidenciando un dominio conceptual
moderado y fragmentado sobre los bioenergéticos y biocombustibles. Se concluye que existe
una brecha significativa entre el potencial técnico de la biomasa y el conocimiento social de la
misma, incluso en sectores con educación superior. Estos resultados sugieren la relevancia y
urgencia de implementar políticas educativas para la difusión y democratización energética en
el ámbito universitario, indispensables para que la población pueda tomar decisiones
informadas y apoyar la transición hacia sistemas energéticos sustentables en México.
Palabras clave: biomasa, bioenergía, biocombustibles, desarrollo sostenible, energía
renovable
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ABSTRACT
This paper analyzes the perception and level of knowledge of the Mexican population
regarding the use of biomass as an energy source, a resource considered by the academic
community as the second most promising renewable energy alternative with the greatest
potential in the country. The study adopted a quantitative, non-experimental, and cross-
sectional approach, evaluating a pilot sample of 84 adults with university backgrounds,
predominantly from engineering and exact sciences. For data collection, a 15-item digital
questionnaire was designed and administered via the Google Forms platform, and its internal
consistency was statistically validated (𝛂 = 0.848). The key findings reveal that, despite the
participants’ advanced academic profile and high familiarity with consolidated technologies
such as solar energy (99%), only 36% spontaneously associate the concept of biomass with
energy generation, indicating a moderate and fragmented conceptual understanding of
bioenergy and biofuels. It is concluded that there is a significant gap between the technical
potential of biomass and public knowledge of it, even within sectors with higher education.
These results suggest the relevance and urgency of implementing educational policies to
disseminate and democratize energy within the university environment, which are essential for
the population to make informed decisions and support the transition toward sustainable energy
systems in Mexico.
Keywords: biomass, bioenergy, biofuels, renewable energies, Mexico
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INTRODUCCIÓN
La crisis climática global y la inminente necesidad de mitigar las emisiones de gases de efecto
invernadero han impulsado a diversas naciones a reconfigurar sus matrices energéticas hacia
esquemas basados en recursos renovables y sustentables. Según la Agenda 2030 de los
Objetivos para el Desarrollo Sostenible, se resaltó la importancia de educar a la población en
habilidades sostenibles esenciales para promover actitudes y comportamientos que mejoren su
calidad de vida (Zúñiga Sánchez et al., 2022).
En el contexto latinoamericano, México posee un compromiso normativo e internacional para
diversificar sus fuentes de generación. No obstante, las políticas públicas y los esfuerzos de
difusión comercial en el país han priorizado históricamente el desarrollo e implementación de
tecnologías específicas como la energía eólica y la energía solar. Esta focalización ha generado
un fenómeno de visibilidad selectiva en la opinión pública, eclipsando alternativas sustentables
que poseen un potencial técnico extraordinario para la geografía nacional, de manera
primordial, el aprovechamiento energético de la biomasa (Alemán-Nava et al., 2014; Pischke
et al., 2019).
Desde la perspectiva técnica y académica, la biomasa —entendida como aquella materia de
origen biológico susceptible de ser aprovechada energéticamente— es considerada de forma
consistente por la Secretaría de Energía (SENER) y la comunidad científica como la segunda
alternativa renovable con mayor potencial técnico explotable en México, superada únicamente
por el recurso solar (Rios & Kaltschmitt, 2013; Valdez-Vazquez et al., 2010). El país genera
anualmente millones de toneladas de biomasa residual procedente de actividades agrícolas,
ganaderas, forestales y de residuos sólidos urbanos que, lejos de ser capitalizadas como
vectores bioenergéticos sólidos o gaseosos (como el biogás), suelen convertirse en pasivos
ambientales debido a una gestión de confinamiento deficiente.
A pesar de esta viabilidad técnica y de las ventajas competitivas que ofrece la bioenergía en
términos de descentralización y estabilidad de red, la transición energética no depende
únicamente de la disponibilidad tecnológica o de viabilidad financiera; requiere, de manera
indispensable, de la aceptación y apropiación social del conocimiento científico. La literatura
internacional en sociología de la energía subraya que el éxito y la adopción de nuevas matrices
sustentables están intrínsecamente ligados al nivel de alfabetización energética de la población,
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ya que los ciudadanos actúan como usuarios cotidianos, votantes y tomadores de decisiones en
sus comunidades (Sánchez et al., 2023).
En México, los diagnósticos oficiales sobre el consumo energético residencial, tales como la
Encuesta Nacional sobre Consumo de Energías en Viviendas Particulares (ENCEVI)
coordinada por el INEGI, documentan una alta familiaridad de la población con los sistemas
solares térmicos y fotovoltaicos, pero omiten caracterizar el estado del conocimiento social
respecto a las alternativas bioenergéticas (SENER & CONUEE, 2018). Existe una presunción
generalizada de que los sectores con niveles educativos superiores poseen un dominio
conceptual robusto sobre las opciones de sostenibilidad; sin embargo, pocos estudios han
evaluado de manera empírica si este estrato académico realmente comprende el alcance, las
clasificaciones y las implicaciones ecológicas de la biomasa, o si su percepción se encuentra
sesgada por las tendencias comerciales predominantes (Angulo-Sherman & Flores-Payán,
2023).
Con el propósito de cubrir esta brecha en la literatura de apropiación social de la ciencia, el
presente trabajo tiene como objetivo evaluar y analizar la percepción y el nivel de conocimiento
conceptual sobre la biomasa, la bioenergía y los biocombustibles en una muestra piloto de la
población mexicana con formación universitaria y profesional. A través de este diagnóstico
exploratorio transversal, se busca determinar si el perfil académico especializado mitiga la
confusión terminológica y evalúa con rigor el balance ambiental de estos recursos, aportando
evidencia empírica clave para la discusión sobre la democratización energética y la
reconfiguración curricular en las instituciones de educación superior del país.
METODOLOGÍA
Para cumplir con el objetivo de evaluar la percepción y el nivel de conocimiento de la población
mexicana sobre el uso energético de la biomasa, se desarrolló una investigación con un enfoque
cuantitativo, de alcance descriptivo y con un diseño no experimental de corte transversal. Al
tratarse de un estudio exploratorio inicial, se optó por una estrategia de encuesta piloto
estructurada, permitiendo recopilar datos numéricos directos sobre las variables de interés en
un momento único en el tiempo para su posterior análisis estadístico (Angulo-Sherman &
Flores-Payán, 2023). A continuación, se detallan los componentes metodológicos que rigieron
el desarrollo de este trabajo.
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Participantes: La muestra final estuvo constituida por un grupo piloto de 84 adultos residentes
en México con un perfil de educación superior. El 64% de los participantes reportó ser
estudiante universitario en activo, mientras que el 36% restante correspondía a profesionistas
graduados. En cuanto a la distribución por áreas del conocimiento, existió una marcada
presencia de perfiles técnicos: el 39% de los encuestados pertenecía al sector de la Ingeniería,
el 32% al área de Ciencias Exactas, y el 29% restante se distribuyó de manera heterogénea en
otras disciplinas profesionales.
Procedimiento de muestreo: Se utilizó un muestreo no probabilístico por conveniencia,
seleccionando intencionalmente a sujetos con formación universitaria debido al interés de
evaluar el conocimiento técnico-social en un estrato poblacional expuesto a formación
académica avanzada. El proceso de recolección de información se llevó a cabo de manera
digital durante un periodo delimitado entre los meses de octubre y noviembre de 2022. La
participación fue completamente voluntaria y anónima, distribuyendo el acceso al instrumento
a través de redes institucionales y canales de comunicación digital universitaria.
Técnicas de recolección de datos: La recolección de los datos se realizó mediante la técnica de
la encuesta, empleando como instrumento un cuestionario estructurado digital diseñado y
administrado a través de la plataforma Google Forms. El cuestionario estuvo compuesto
originalmente por 15 ítems que evaluaban dimensiones de familiaridad con energías
renovables, reconocimiento conceptual de la biomasa y fuentes de información, adaptando
constructos de alfabetización energética previamente validados en el entorno residencial
(SENER & CONUEE, 2018). Para garantizar la fiabilidad del instrumento, las respuestas de
escala se sometieron a una prueba de consistencia interna mediante el coeficiente Alfa de
Cronbach. Tras excluir dos ítems de control que no aportaban a la varianza, el instrumento final
obtuvo un coeficiente 𝛂 = 0.848, un valor estadísticamente robusto que confirma la alta
confiabilidad y estabilidad de la escala utilizada para capturar percepciones sociales complejas
(Angulo-Sherman & Flores-Payán, 2023).
Diseño de la investigación: La investigación responde a un diseño metodológico de tipo
encuesta transversal, el cual no manipula deliberadamente las variables independientes, sino
que observa el fenómeno en su entorno natural y en un único punto temporal. Este diseño se
seleccionó debido a su idoneidad para caracterizar los niveles de conocimiento de manera
estandarizada y capturar tendencias de opinión pública en poblaciones específicas, sirviendo
como fundamento empírico para la validación de las hipótesis descriptivas formuladas.
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Una vez recolectadas las respuestas a través del instrumento validado, los datos brutos fueron
tabulados y exportados para su procesamiento estadístico descriptivo, empleando frecuencias
absolutas y porcentajes. Este procedimiento analítico permitió estructurar la presentación de
las métricas de conocimiento y su posterior contraste teórico con los indicadores energéticos
nacionales vigentes en México (Sánchez et al., 2023; SENER & CONUEE, 2018), cuyos
hallazgos e interpretaciones se discuten a detalle en el siguiente apartado.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
El análisis y la interpretación de los datos recopilados en esta investigación se presentan de
manera unificada, articulando de forma secuencial el reporte estadístico descriptivo de la
encuesta piloto con su respectiva contrastación teórica y discusión analítica. Este abordaje
integrado permite examinar no sólo las frecuencias numéricas de las respuestas, sino situar
dichos hallazgos en el contexto de la realidad energética mexicana, evaluando las discrepancias
entre el potencial técnico de los recursos sustentables y la apropiación conceptual de los
mismos por parte de la población. Para facilitar la comprensión del fenómeno, los resultados
se han estructurado en bloques temáticos que transitan desde la familiaridad macro con las
energías renovables hasta el dominio específico y fragmentado en torno a los vectores
bioenergéticos.
Familiaridad con las Fuentes de Energía Renovables
El diagnóstico inicial de la encuesta piloto permitió identificar el grado de reconocimiento y
familiaridad que posee la muestra bajo estudio respecto a las diversas tecnologías de generación
energética sustentable. Al interrogar de manera abierta y espontánea a los participantes sobre
cuáles energías renovables identificaban con mayor claridad, se observó una marcada
polarización hacia las tecnologías convencionales y comercialmente consolidadas en el
territorio nacional.
Como se detalla de forma gráfica en la Figura 1, la totalidad de los encuestados manifestó haber
escuchado previamente sobre la energía eólica (100%), seguida de cerca por la energía solar
con un notable 99% de reconocimiento. Este elevado nivel de visibilidad no es un hecho
aislado; por el contrario, refleja fielmente la penetración que han tenido ambas tecnologías
tanto en la opinión pública como en las políticas de transición energética en México durante
las últimas décadas. Al contrastar este hallazgo con los indicadores nacionales, como los datos
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derivados de la Encuesta Nacional sobre Consumo de Energías en Viviendas Particulares
(ENCEVI) coordinada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se
evidencia una correlación directa: la energía solar (principalmente a través de sistemas
fotovoltaicos y calentadores solares domésticos) y los parques eólicos representan las
alternativas sustentables con mayor difusión comercial y adopción tangible en el país (SENER
& CONUEE, 2018).
Por el contrario, fuentes de energía con un alto potencial técnico y de desarrollo en el territorio
nacional presentaron niveles de reconocimiento significativamente inferiores. Mientras que
alternativas como la energía hidráulica (88%), la geotérmica y la mareomotriz —estas últimas
identificadas por casi la mitad de los participantes— gozan de un conocimiento moderado, la
bioenergía derivada de la biomasa se posiciona como la opción menos conocida, siendo
reconocida únicamente por el 36% de la población encuestada. Este fenómeno inicial sugiere
que, incluso dentro de un estrato poblacional con formación académica avanzada
(universitarios y profesionistas de ingeniería y ciencias exactas), existe un sesgo de
disponibilidad cognitiva. La población tiende a asociar el concepto general de "energía limpia"
casi exclusivamente con la tecnología eólica o solar, invisibilizando el abanico de opciones
remanentes y limitando la comprensión integral de la transición energética sustentable (Pischke
et al., 2019).
Esta marcada disparidad cognitiva trasciende el plano del conocimiento teórico y se proyecta
directamente sobre las dinámicas de uso cotidiano declaradas por los sujetos de estudio. A
pesar de que el 100% de la muestra ha escuchado hablar de las energías renovables, solo el
62% reportó utilizarlas en su vida diaria. Al examinar la composición de este segmento activo,
plasmada en la Figura 2, se constata que el uso práctico está monopolizado de manera casi
absoluta por la energía solar, acumulando un 82.7% de preferencia (correspondiente a 43
usuarios). Este comportamiento contrasta drásticamente con el aprovechamiento de la energía
eólica, la cual, a pesar de ser conocida por toda la muestra, apenas registra un 1.9% de uso real
en la práctica cotidiana. En este mismo sentido, el uso declarado de la biomasa se restringe a
un marginal 5.8% (3 individuos), lo que corrobora la existencia de un desfase crítico entre lo
que la población identifica conceptualmente y el tipo de tecnologías sustentables a las que tiene
acceso o decide implementar en su entorno inmediato.
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Reconocimiento Conceptual de la Biomasa y Vectores Bioenergéticos
Una vez determinado el panorama de la familiaridad con las energías limpias, el análisis se
profundizó en la evaluación del dominio cognitivo específico sobre los recursos bioenergéticos.
Los resultados empíricos revelaron una brecha significativa entre haber escuchado una palabra
y comprender su alcance técnico y aplicativo. Aunque el 57% de la población encuestada
manifestó haber escuchado previamente el término "biomasa", únicamente el 36% logró
vincularlo de manera espontánea e inmediata con una fuente o proceso de generación de
energía. Esta baja tasa de asociación denota que, para la mayoría de los individuos, la biomasa
sigue siendo un concepto abstracto o estrictamente ligado a disciplinas biológicas y ecológicas
convencionales, despojado de su valor estructural como vector energético en la matriz de
transición del país.
Esta ambigüedad conceptual se hace más evidente al analizar la distinción terminológica
elemental entre el recurso y su aprovechamiento. Al respecto, el 79% de los participantes
afirmó conocer el término "bioenergía" ; sin embargo, solo el 69% reconoció de manera
asertiva que "biomasa" y "bioenergía" hacen referencia a conceptos completamente diferentes,
mientras que el porcentaje restante asumió erróneamente que se trata de sinónimos
intercambiables, una confusión crítica dado que los marcos jurídicos nacionales e
institucionales operan bajo definiciones y regulaciones técnicas marcadamente diferenciadas
para el recurso base y su vector energético final (Diario Oficial de la Federación, 2008).
Para evaluar la profundidad de este conocimiento, el instrumento proveyó cuatro
clasificaciones principales de las fuentes de biomasa: residual, natural, agrícola y cultivo
energético. Como se ilustra en la Figura 3A, la categoría más identificada por la muestra fue la
biomasa residual (reconocida por 42 individuos), seguida de la biomasa natural (34 personas)
y la biomasa agrícola (30 personas). Por el contrario, la clasificación menos popular fue la de
cultivos energéticos, identificada por únicamente 17 participantes. La alta identificación de la
biomasa residual puede asociarse a la familiaridad cotidiana con el concepto de residuos
orgánicos urbanos y su recolección. En contraste, el desconocimiento generalizado en torno a
los cultivos energéticos (diseñados exclusivamente para la producción de bioenergéticos)
corrobora que la población no integra conceptualmente la producción biológica con fines de
explotación energética industrial.
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Este fenómeno de fragmentación cognitiva se replica al examinar el reconocimiento de los
combustibles derivados de estos procesos. Al presentar a los sujetos de estudio cuatro opciones
de vectores bioenergéticos, los resultados plasmados en la Figura 3B mostraron que el biodiesel
es el más conocido con 52 menciones, seguido por la biomasa como combustible sólido (37
menciones), el bioetanol (34 menciones) y, finalmente, el biogás (33 menciones).
Desde una perspectiva analítica y crítica, esta jerarquía de conocimiento entraña una notable
paradoja de cara a la realidad científica del país. De acuerdo con las evaluaciones de la
comunidad académica y los diagnósticos de potencial técnico, el desarrollo de biocombustibles
líquidos de primera generación (como el biodiesel o el bioetanol) no representa la ruta de
explotación más eficiente ni sustentable para México debido a los altos costos ecológicos, el
riesgo de degradación de suelos y la competencia con la seguridad alimentaria (Pérez-Denicia
et al., 2017). Por el contrario, los esfuerzos institucionales y de política pública deberían
focalizarse de forma prioritaria en la consolidación de biocombustibles sólidos normados (leña
y astillas eficientes) y, de manera central, en la producción de biogás mediante la digestión
anaerobia de residuos orgánicos, maximizando la alta distribución espacial de estos recursos
residuales en la geografía nacional (Alemán-Nava et al., 2014; Rios & Kaltschmitt, 2013;
Valdez-Vazquez et al., 2010). El hecho de que el biogás sea precisamente el vector menos
reconocido por la población (Figura 3B) confirma que existe una desconexión crítica entre las
prioridades estratégicas de la transición energética nacional y el conocimiento socialmente
democratizado sobre el tema.
Perspectivas Sociales, Impacto Ambiental y Demanda de Información.
Más allá de evaluar el estado actual del conocimiento técnico de la muestra, el estudio piloto
incorporó reactivos orientados a caracterizar la actitud, el interés y las preconcepciones
ecológicas de la población respecto a la integración de tecnologías bioenergéticas. Los
resultados revelaron un escenario sumamente favorable en términos de aceptación social y
receptividad. Un contundente 99% de los encuestados manifestó que considera útiles y
pertinentes los conceptos de biomasa y bioenergía para el desarrollo del país. En este mismo
orden de ideas, el 93% de la muestra expresó de manera explícita su deseo de recibir mayor
información y capacitación sobre estas alternativas sustentables.
Esta elevada disposición a informarse contrasta con un hallazgo crítico relativo a la percepción
del riesgo ecológico. Al interrogar a los participantes sobre si consideraban que la explotación
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industrial de la biomasa y los biocombustibles podría acarrear impactos negativos para el medio
ambiente, únicamente el 13% respondió de manera afirmativa. El 87% restante asumió de
forma implícita que los bioenergéticos constituyen tecnologías intrínsecamente inocuas o libres
de pasivos ambientales.
Desde una perspectiva analítica, este optimismo generalizado evidencia un sesgo de
simplificación cognitiva en la opinión pública superior. Como lo ha señalado la literatura
científica especializada, el balance ambiental de la bioenergía no es absoluto; depende
estrictamente de la totalidad del ciclo de vida del recurso, abarcando desde la obtención de la
materia prima hasta su conversión tecnológica final. Mientras que el aprovechamiento térmico
o eléctrico de residuos orgánicos urbanos y agrícolas genera un impacto neto positivo al mitigar
emisiones de metano y reducir la presión sobre los vertederos, la producción masiva de
biocombustibles a partir de cultivos energéticos de primera generación (como palma de aceite,
soya o maíz) suele asociarse a graves costos ecológicos, incluyendo la degradación de suelos,
la pérdida acelerada de biodiversidad y una huella de carbono real que puede superar a la de
ciertos combustibles fósiles. El hecho de que la gran mayoría de una muestra con perfil
universitario ignore estas implicaciones (asociando solo un 13% de riesgo) confirma que la
noción de sustentabilidad se percibe de forma plana y superficial, omitiendo los criterios de
responsabilidad y mesura técnica que deben regir la implementación de estas tecnologías. Esta
distorsión empírica acentúa la persistencia de brechas cognitivas severas en la población,
validando hallazgos que sitúan el conocimiento social real sobre los bioenergéticos en umbrales
muy inferiores a las métricas del sector solar o las demandas de los índices de seguridad
energética nacional (Angulo-Sherman & Flores-Payán, 2023; Sánchez et al., 2023).
En síntesis, el análisis integrado de los resultados empíricos recolectados en este estudio piloto
pone de manifiesto una paradoja estructural: la población mexicana bajo estudio posee un
interés sobresaliente y una actitud de apertura total hacia la transición energética sustentable;
sin embargo, carece de un marco conceptual claro, preciso e integral que le permita diferenciar
las alternativas viables de aquellas ecológicamente costosas. Esta marcada brecha de
conocimiento —que se manifiesta con idéntica intensidad entre estudiantes en formación y
profesionistas graduados de áreas técnicas— no hace más que visibilizar la urgencia de
reconfigurar los canales y las estrategias a través de los cuales se democratiza el conocimiento
científico en el país, un reto analítico cuyas deducciones finales e implicaciones institucionales
se articulan en el apartado concluyente que se presenta a continuación.
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RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Figura 1. Frecuencia con la que las personas encuestadas han escuchado sobre las diferentes
energías renovables
Nota: Las más reconocidas son la eólica, solar e hidráulica, la mitad de la población indica
reconocer las energías geotérmica y mareomotriz. La biomasa es la fuente de energía menos
reconocida.
Fuente: elaboración propia.
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Figura 2. Fuentes de energía renovables que los encuestados reconocen utilizar
Fuente: elaboración propia.
Figura 3. A) Tipo de biomasa que la población encuestada reconoce, B) Biocombustibles
reconocidos por los encuestados
Fuente: elaboración propia.
CONCLUSIÓN
El desarrollo de este estudio piloto permitió examinar de manera empírica las dinámicas de
apropiación social del conocimiento en torno a los recursos bioenergéticos en México,
aportando evidencia relevante sobre la distancia existente entre los marcos técnicos
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institucionales y la percepción pública superior. A través del análisis integrado de los
resultados, se puede concluir que el objetivo general de la investigación fue cumplido al
constatar que, si bien la población mexicana posee una actitud sobresaliente de apertura y una
percepción de utilidad casi absoluta (99%) hacia la transición sustentable, el dominio
conceptual específico de la biomasa se encuentra fragmentado, incompleto y fuertemente
eclipsado por tecnologías de alta visibilidad comercial como la eólica y la solar, un sesgo
cognitivo que concuerda con las prioridades de los esquemas energéticos observados en el
plano internacional y doméstico (Pischke et al., 2019).
La principal aportación analítica de este trabajo radica en la desmitificación de que el nivel
educativo superior garantiza por sí mismo una alfabetización energética integral. El hecho de
que no se registraran variaciones significativas en la precisión terminológica entre estudiantes
universitarios y profesionistas egresados de áreas técnicas (ingenierías y ciencias exactas)
expone una línea de omisión crítica en el diseño curricular de las instituciones de educación
superior. Las universidades continúan replicando un modelo de enseñanza energética
centralizado que invisibiliza los vectores bioenergéticos locales y residuales, lo cual restringe
la capacidad de los futuros tomadores de decisiones para evaluar con rigor científico los ciclos
de vida y los impactos reales de las tecnologías ambientales, manteniendo patrones de asimetría
conceptual identificados en diagnósticos de seguimiento temporal dentro de este mismo estrato
poblacional (Angulo-Sherman & Flores-Payán, 2023).
Es imperativo reconocer las limitaciones inherentes a este estudio en su carácter exploratorio.
Al tratarse de una encuesta piloto con una muestra no probabilística y acotada a 84 participantes
con un perfil socioeducativo homogéneo, los hallazgos no pretenden ser generalizables para la
totalidad de la población mexicana ni capturar las realidades rurales o semiurbanas del país,
donde la biomasa (en forma de leña) suele tener un uso tradicional intensivo pero desasistido
tecnológicamente. No obstante, esta limitación metodológica se constituye como el
fundamento justificado para trazar futuras líneas de investigación. Se sugiere expandir este
diseño de encuesta a muestras probabilísticas nacionales y estratificadas que permitan
comparar la percepción urbana-universitaria con los conocimientos empíricos de las
comunidades rurales productoras de biomasa, donde radica el verdadero potencial espacial y
agrícola de generación renovable residual del territorio nacional (Rios & Kaltschmitt, 2013;
Valdez-Vazquez et al., 2010).
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Finalmente, los resultados de este trabajo operan como un llamado de atención hacia la urgente
necesidad de diseñar e implementar políticas públicas orientadas a la democratización y
difusión de la ciencia energética. La transición hacia una matriz sustentable en México no
demanda únicamente el desarrollo de infraestructura técnica o la promulgación de leyes
fiscales; requiere, de manera prioritaria, la formación de una ciudadanía informada y con
capacidad crítica. Solo mediante estrategias de comunicación y educación transversal que
aclaren el papel de los bioenergéticos residuales frente a los riesgos ecológicos de los cultivos
de primera generación (Pérez-Denicia et al., 2017), será posible que la sociedad civil respalde
activamente las políticas de sostenibilidad y participe conscientemente en la construcción de
un futuro que fortalezca de forma equilibrada los índices de seguridad energética de manera
justa, localmente viable y ecológicamente responsable (Sánchez et al., 2023).
REFERENCIAS
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conocimiento en las concepciones del profesorado universitario. Education Policy
Analysis Archives, 30. https://doi.org/10.14507/epaa.30.7271
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: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.369
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Angulo Sherman , A. A., Mascorro Guzmán, J. A., Vázquez Olmos, J. del R., Zúñiga Sánchez,
O., Monteros Curiel, E., & Flores Payan, V. (2026). Percepción de la Producción de Energía a
partir de Biomasa: Una Encuesta Piloto en Población Mexicana. Prisma ODS: Revista
Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(5), 617-
632. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.369