Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 5 - Año 2026
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(Allal, 2020; Jorba y Sanmartí, 1996; Mottier Lopez, 2015). Asimismo, el trabajo aporta vías
concretas para fortalecer la alfabetización evaluativa (assessment literacy) en la comunidad
escolar favoreciendo el desarrollo de capacidades reflexivas del profesorado para idear
situaciones de evaluación que en todo momento constituyan un apoyo para robustecer el
aprendizaje (Popham, 2018)
Es importante destacar que el problema evaluativo aquí señalado, no se reduce a llevarla a cabo
como un trámite técnico generalmente efectuado al final del proceso; sino que va más allá de
ello porque actúa como una fuerza invisible que modela el currículo real, condiciona la relación
pedagógica y orienta las disposiciones cognitivas del estudiantado (Santos Guerra, 2021).
Además, investigaciones sobre diseño didáctico indican que, al momento de planear la
enseñanza, la evaluación suele ser recluida al margen del proceso, y se diseña como un listado
de criterios o indicadores, de "productos", "evidencias" u "objetos de acopio" así como los
instrumentos donde se va a concentrar el resultado, situación que contribuye a fracturar la
relación entre enseñanza, aprendizaje y evaluación (Ravela et al., 2017). Existe evidencia
empírica de que las actividades de enseñanza en su origen no están trensadas con las actividades
evaluativas (Sanmartí, 2020) las cuales no son concebidas como situaciones que en sí mismas
produzcan aprendizajes, sino como recursos para sistematizar y documentar lo aprendido.
Esta disociación en buena medida responde a la tensión epistemológica y metodológica entre
dos grandes paradigmas en conflicto. Por un lado la Racionalidad Psicométrica e Instrumental,
heredada del positivismo, que piensa la evaluación como una acción objetiva y medible para
traducir lo aprendido en algo cuantificable, con fines de acreditación. (Popham, 2018). En
cuanto a la Racionalidad Práctica evaluativa, se funda en el marco del constructivismo y la
pedagogía crítica, entiende la evaluación como un proceso formativo, y un medio para la
construcción de conocimiento para la enseñanza y el aprendizaje, a través de una mediación
pedagógica y procesos dialógicos situando el error como un insumo valioso para el aprendizaje
(Anijovich y Cappelletti, 2020)
El problema que emerge de esta pugna se sitúa en la dificultad de los modelos tradicionales
para amalgamar las actividades de planificación de la enseñanza con situaciones reales de
evaluación formativa. Lo que ocurre desde la perspectiva tradicional consiste en hacer registros
puntuales y sistemáticos del “Proceso” de aprendizaje, mediante la asignación de puntajes por
cada tarea o producto, pero sin ofrecer actividades de evaluación orientadas a mejorar el
proceso de aprendizaje. Como consecuencia, se distorsiona la idea de evaluación de proceso y