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PORTADA
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Narcocultura, Redes Sociales y Deserción escolar en la Juventud
Mexicana: Revisión Crítica de los Mecanismos Digitales de la
Desafección Educativa
Narco-culture, social media, and school dropout among mexican youth: a
critical review of digital mechanisms related to educational disengagement
processes
Juan Parra Abarca
juanparra@uagro.mx
https://orcid.org/0000-0002-4955-0244
Universidad Autónoma de Guerrero
Acapulco – México
Michelle Treviño Carreón
mikeletrevino2024@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-9494-1571
Universidad Autónoma de Guerrero
Chilpancingo – México
Petra Baldivia Noyola
pbn29@uagro.mx
https://orcid.org/0000-0001-7678-8867
Universidad Autónoma de Guerrero
Acapulco – México
Hugo Baltazar Palacios Pérez
hugobaltazar@uagro.mx
https://orcid.org/0000-0001-5004-9943
Universidad Autónoma de Guerrero
Acapulco – México
Leopoldo Rodríguez Matías
18398@uagro.mx
https://orcid.org/0000-0002-5176-5025
Universidad Autónoma de Guerrero
Acapulco – México
Artículo recibido: 04/09/2026
Aceptado para publicación: 04/10/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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Resumen
La deserción escolar y el desinterés de amplios sectores de la juventud mexicana por continuar
una trayectoria educativa constituyen un problema documentado por estadísticas oficiales que
coexiste, en ciertas regiones del país, con la expansión de la narcocultura, hoy amplificada por
las redes sociales. Este artículo de revisión narrativa examina, a partir de la literatura académica
publicada entre 2013 y 2026, estadísticas del INEGI y la SEP, e informes institucionales sobre
reclutamiento digital de la Secretaria de Gobernación y del Colegio de México, los mecanismos
mediante los cuales la exposición a contenidos narcoculturales en TikTok, Instagram,
mensajería y videojuegos interactúa con la desafección educativa juvenil. Para explicar esta
relación, se articulan cuatro marcos teóricos: la teoría de la anomia-tensión de Merton, la
reproducción social y el capital de Bourdieu, las subculturas de la desviación y la mediatización
algorítmica de la narcocultura. A partir de estos enfoques se propone un modelo multicausal
en el que las plataformas digitales no determinan por sí solas el abandono escolar, sino que
funcionan como un catalizador simbólico más personalizado y dirigido que sus antecedentes
analógicos, particularmente en contextos caracterizados por pobreza, informalidad y violencia.
Los hallazgos muestran asociaciones significativas entre el consumo de narcoseries y
narcocorridos y la preferencia por el éxito rápido sobre la escuela, particularmente en Sinaloa
y Nayarit, además de evidencia de que organizaciones como el Cartel de Jalisco Nueva
Generación reclutan menores mediante TikTok, videojuegos y mensajería, señalando la
deserción escolar como indicador oficial de vulnerabilidad. Se concluye que las políticas
educativas deben abordar la dimensión simbólico-cultural, su mediación algorítmica y las
condiciones materiales de la narcocultura digital.
Palabras clave: narcocultura, redes sociales, deserción escolar, juventud, narcotráfico
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Abstract
School dropout and declining interest in pursuing educational trajectories among substantial
sectors of Mexican youth constitute a documented social problema that, in certain regions of
the country, coexists with the expansión of narco-culture, increasingly amplified through social
media and digital platforms. This narrative review examines academic literature published
between 2013 and 2026, official statistics from Mexico's National Institute of Statistics and
Geography (INEGI) and the Ministry of Public Education (SEP), and institutional reports on
digital recruitment issued by the Ministry of the Interior and El Colegio de México. The review
explores the mechanisms through which exposure to narco-cultural contexto n TikTok,
Instagram, messaging applications, and video games may interact with educational
disengagement among young people. Four complementary theoretical perspectives are
integrated: Merton's strain theory, Bourdieu's concepts of social reproduction and cultural
capital, subcultural theories of deviance, and the algorithmic mediatization of narco-culture.
Based on these frameworks, a multicausal model is proposed in which digital platforms are not
considered direct determinants of school dropout but rahter personalized and targeted symbolic
catalysts operating within contexts characterized by poverty, labor informality, violence, and
limited educational opportunities. The reviewed evidence identifies significant associations
between the consumption of narco-series and narcocorridos and a greater preference for rapid
economic success over continued schooling, particularly in Sinaloa and Nayarit. Institutional
evidence also indicates that criminal organizations, including the Jalisco New Generation
Cartel, have used TikTok, messaging applications, and video games to approach and recruit
minors, with school dropout identified as a relevant vulnerability indicator. The review
concludes that educational and prevention policies should address the symbolic and cultural
dimensions of digital narco-culture, its algorithmic mediation, and the structural conditions that
may oncrease its appeal among vulnerable youth.
Keywords: narco-culture, social media, school dropout, youth, drug trafficking
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INTRODUCCIÓN
En los últimos veinte años, México ha experimentado la convergencia de tres procesos que,
aunque estudiados con frecuencia por separado, inciden de manera creciente y simultánea en
la vida cotidiana de miles de comunidades: la expansión de la violencia asociada al crimen
organizado y de sus expresiones culturales, conocidas en la literatura académica como
narcocultura; el estancamiento persistente de los indicadores de deserción escolar y del número
de jóvenes que ni estudian ni trabajan, popularmente denominados "ninis", y, de manera más
reciente, la migración acelerada de la narcocultura hacia las redes sociales y otras plataformas
digitales como TikTok, Instagram, Facebook, aplicaciones de mensajería como Telegram y
Discord, y videojuegos en línea. Esta transformación ha modificado tanto la escala como la
naturaleza de su circulación entre las audiencias juveniles. Mientras los dos primeros procesos
han sido documentados de manera independiente por instituciones oficiales y por la academia,
la pregunta por su interacción con el tercero, es decir, por el papel que la exposición a la
norcocultura mediada algorítmicamente desempeña en el desinterés juvenil por sostener una
trayectoria educativa, constituye un campo de estudio todavía más incipiente que el de la
narcocultura analógica, disperso entre informes institucionales recientes, notas periodísticas de
investigación y un número todavía reducido de estudios académicos formales.
El presente artículo parte de una doble constatación empírica. Primero, en entidades con alta
incidencia de actividad del crimen organizado, como Sinaloa, Nayarit, Veracruz y Quintana
Roo, entre otras, los estudios disponibles documentan de manera consistente una asociación
entre el consumo de productos culturales ligados al narcotráfico, incluidos narcocorridos,
narcoseries, así como determinadas expresiones estéticas y lingüísticas, y actitudes de
desafección hacia la educación formal como vía de movilidad social. Segundo, informes
institucionales recientes de la Secretaria de Gobernación (SEGOB, 2021) y del Seminario sobre
Violencia y Paz de El Colegio de México, en colaboración con el Civic AI Lab Northeastern
University (2025), docuemntan que organizaciones criminales, en particular el Cártel de Jalisco
Nueva Generación, han desarrollado estrategias sistemáticas de identificación y contacto de
menores y jóvenes a través de TikTok, videojuegos y aplicaciones de mensajería. En estos
contextos, la deserción escolar aparece explícitamente señalada como un indicador oficial de
vulnerabilidad. Ninguna de estas dos asociaciones, sin embargo, puede interpretarse como una
relación causal simple ni como un fenómeno exclusivamente cultural o tecnológico, ya que
ambas se insertan en contextos de pobreza, informalidad laboral, violencia territorial y
desigualdad educativa que actúan como condiciones habilitantes.
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El objetivo de esta revisión es triple. Primero, sistematizar y poner en diálogo la literatura
académica e institucional reciente sobre narcocultura, redes sociales, deserción escolar y
desafección educativa juvenil en México, articulándola con marcos teóricos provenientes de la
sociología, la criminología y los estudios de medios, entre ellos la teoría de la anomia-tensión,
la teoría de la reproducción social y del capital cultural, los enfoques sobre subculturas de la
desviación y una perspectiva centrada en la mediatización algorítmica de la cultura. Segundo,
distinguir analíticamente entre los mecanismos propios de la narcocultura de circulación
masiva y difusión tradicional, como los narcocorridos radiofónicos y las narcoseries
televisivas, y aquellos asociados con su versión digital, interactiva y dirigida, presente en
plataformas como TikTok, videojuegos y aplicaciones de mensajería. A partir de esta
distinción, se busca evaluar en qué medida el entorno digital representa una intensificación
cuantitativa o una transformación cualitativa del fenómeno. Tercero, proponer un modelo
explicativo integrador que permita comprender cómo los factores simbólicos, estructurales,
institucionales y algorítmicos interactúan en la configuración del desinterés de una parte de la
juventud mexicana por continuar una trayectoria educativa. En este sentido, la pregunta que
guía la revisión es la siguiente: ¿de qué manera la narcocultura difundida y potenciada a través
de las redes sociales, en interacción con condiciones estructurales de pobreza, informalidad y
violencia, se relaciona con el desinterés de los jóvenes mexicanos por sostener una trayectoria
educativa o profesional?
El artículo se organiza de la siguiente manera. La sección 2 describe la metodología empleada
en la revisión. La sección 3 desarrolla el marco teórico-conceptual e incorpora una perspectiva
sobre la mediatización algorítmica de la narcocultura. La sección 4 representa el panorama
empírico de la deserción escolar, el fenómeno de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis)
y la penetración de las redes sociales entre la juventud mexicana, con base en fuentes oficiales.
La sección 5 constituye el núcleo de la revisión y examina, mediante seis mecanismos y
estudios de caso, tres centrados en la narcocultura analógica de carácter regional y tres en su
expresión digital, la manera en que la narcocultura se relaciona con la desafección educativa.
La sección 6 sintetiza los factores estructurales que median esta relación. Las secciones 7 y 8
integran y discuten los principales hallazgos, así como sus implicaciones para el diseño de
políticas públicas. Finalmente, las secciones 9 y 10 presentan limitaciones de la revisión, las
líneas futuras de investigación y las conclusiones.
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METODOLOGÍA (Sección 2)
Se optó por una revisión narrativa y crítica, en lugar de una revisión sistemática o un
metaanálisis, debido a que el propósito del estudio no es cuantificar el tamaño de un efecto a
partir de investigaciones metodológicamente homogéneas, sino integrar evidencia empírica
diversa, procedente de encuestas, entrevistas a profundidad, etnografías, netnografías, análisis
documentales e informes institucionales, con marcos teóricos provenientes de distintas
tradiciones disciplinares, entre ellas la sociología, la criminología, la antropología y los
estudios de medios. Esta estrategia permite articular la evidencia disponible dentro de un
modelo explicativo coherente. La elección metodológica resulta particularmente pertinente
para el análisis de las redes sociales y la narcocultura digital, dado que, como se expone en la
sección 9, la literatura académica arbitrada sobre este fenómeno continúa siendo limitada y
coexiste con un volumen mayor de informes institucionales y trabajos de periodismo de
investigación. En estos últimos casos, siempre que fue posible, se recurrió a la verificación
directa de las fuentes primarias citadas.
La búsqueda de literatura se realizó mediante bases de datos, repositorios y plataformas
académicas de acceso abierto, principalmente SciELO México y SciELO Chile, Redalyc,
Dialnet. ResearchGate y repositorios institucionales de universidades mexicanas, entre ellas la
Universidad Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Sinaloa y la Universidad de
Xalapa. Asimismo, se consultaron publicaciones académicas como Ciencia Latina, Frontera
Norte, Aisthesis: Revista Chilena de Investigadores e Ibero Ciencias: Revista Científica y
Académica. La revisión se complementó con fuentes estadísticas oficiales del Instituto
Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Secretaría de Educación Pública (SEP),
utilizadas para dimensionar la deserción escolar y la población juvenil que no estudia ni trabaja
a escala nacional. También se incorporaron informes institucionales de la Secretaria de
Gobernación (SEGOB) y del Seminario sobre Violencia y Paz del El Colegio de México
(COLMEX) para examinar los mecanismos contemporáneos de reclutamiento digital. Las
palabras clave empleadas en español incluyeron: narcocultura, narcocultura digital, redes
sociales, TikTok, narcomarketing, narcocorridos, narcoseries, deserción escolar, abandono
escolar, ninis, reclutamiento juvenil, reclutamiento digital, crimen organizado y jóvenes,
capital cultural, anomia y tensión social.
Los criterios de inclusión y exclusión aplicados fueron los siguientes:
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• Criterios de inclusión: estudios empíricos o teóricos centrados en México, publicados
preferentemente entre 2013 y 2026, que abordarán de manera explícita la narcocultura,
tanto en sus manifestaciones tradicionales como digitales, y su relación con las redes
sociales, la juventud, las trayectorias educativas, el abandono escolar, así como la
situación educativa y laboral de la población juvenil. También se incorporaron informes
institucionales verificables que documentaran mecanismos de reclutamiento de
menores y jóvenes mediante redes sociales, videojuegos y aplicaciones de mensajería.
• Criterios de inclusión complementaria: se incorporaron textos y planteamientos
teóricos relevantes para la interpretación del fenómeno, particularmente la teoría de la
anomia y la tensión social de Merton, los conceptos de reproducción social y capital
cultural de Bourdieu, y los enfoques sobre desviación y etiquetamiento asociados con
Becker. Estos referentes fueron utilizados principalmente a partir de su aplicación e
interpretación en estudios recientes sobre el contexto mexicano, dado que el objetivo
central de la revisión se concentra en las dinámicas contemporáneas de México.
• Criterios de exclusión: se excluyeron estudios centrados exclusivamente en otros
países cuando no presentaban elementos comparativos o implicaciones relevantes para
el contexto mexicano. Asimismo, se descartaron notas periodísticas que no contaran
con datos verificables, fuentes primarias identificables o respaldo institucional, así
como textos de opinión carentes de una metodología explícita o de fundamentos
empíricos suficientes.
Como toda revisión narrativa, este trabajo no está exento de un posible sesgo de selección,
dado que la literatura disponible sobre narcocultura y educación se concentra principalmente
en entidades federativas con alta visibilidad mediática de la actividad del crimen organizado,
entre Sinaloa, Nayarit, Veracruz y Quintana Roo. Esta limitación se aborda de manera explícita
en la sección 9, junto con otra restricción derivada del carácter emergente del tema: la literatura
académica arbitrada sobre narcocultura en redes sociales continúa siendo limitada. En
consecuencia, una parte relevante de la evidencia relacionada con los mecanismos de
reclutamiento digital procede de informes institucionales y trabajos de periodismo de
investigación. Cuando este tipo de fuentes fue incorporado, se procuró verificar directamente
la información mediante la consulta de los documentos originales, fuentes primarias o registros
institucionales correspondientes.
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MARCO TEÓRICO-CONCEPTUAL (Sección 3)
3.1. ¿Qué es la narcocultura? Definiciones y enfoques
Becerra Romero (2018), a partir de una investigación documental sobre la narcocultura como
objeto de estudio en México, identifica tres elementos centrales para delimitar este concepto.
En primer lugar, la narcocultura puede entenderse como un conjunto de construcciones
simbólicas vinculadas con procesos de objetivación e internalización que configuran patrones
de significado mediante los cuales los individuos interpretan su entorno y se comunican. En
segundo lugar, contribuye a la construcción de expectativas y proyectos de vida mediante
representaciones e imaginarios asociados con la ostentación, el lujo, el reconocimiento social
y el poder, elementos que pueden resultar particularmente atractivos para adolescentes y
jóvenes en contextos de precariedad y oportunidades limitadas. En tercer lugar, pude funcionar
como un mecanismo de legitimación simbólica al favorecer la noramalización del narcotráfico
dentro de determinados contextos de la vida cotidiana y presentarlo, en ciertos discursos, como
una actividad económica viable.
La autora distingue tres perspectivas principales desde las cuales se ha estudiado el fenómeno.
La primera corresponde a una perspectiva estética o simbólica, centrada en expresiones
culturales como la música, el cine y la literatura. La segunda adopta un enfoque más amplio,
de carácter antropológico, que incorpora prácticas, costumbres, hábitos, valores y modos de
vida. La tercera corresponde a una perspectiva ideológica, desde la cual la narcocultura es
analizada en relación con procesos económicos y sociales asociados con el neoliberalismo, la
desigualdad y las posibilidades diferenciadas de movilidad social. Entre sus principales
manifestaciones simbólicas se encuentran los narcocorridos y otros géneros musicales, la
narcoliteratura, las narcoseries televisivas, ciertas expresiones de religiosidad popular
asociadas con figuras como Jesús Malverde y la Santa Muerte, determinadas formas de
arquitectura ostentosa y un género cinematográfico desarrollado en México desde la segunda
mitad del siglo XX. Sus contenidos recurrentes incluyen referencias a las drogas, la violencia,
la muerte, el poder, la corrupción, el control territorial, las representaciones estereotipadas de
género, la ostentación y el consumo suntuario.
A partir de la revisión realizada por Becerra Romero (2018), pueden identificarse diversas
contribuciones relevantes para la construcción conceptual de este campo. Astorga (2004)
analiza la construcción de la mitología asociada con la figura del narcotraficante; Córdova
(2007, 2012) desarrolla el concepto de subcultura de la transgresión; Rincón (2009) aborda la
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relación entre narcoestética y poder; Valenzuela (2003) examina el entramado sociocultural
vinculado con el narcotráfico; y Mondaca (2012, 2014) estudia las formas simbólicas de la
narcocultura presentes en la vida cotidiana. En conjunto, y de acuerdo con la síntesis de Becerra
Romero (2018), estas contribuciones permiten comprender la narcocultura como un fenómeno
que trasciende sus expresiones artísticas y se vinculan con sistemas de significados, prácticas
sociales, expectativas de movilidad y formas de legitimación cultural. La autora señala,
además, la necesidad de ampliar el análisis hacia nuevas plataformas y formas de circulación
cultural, incluidas las redes sociales y los videojuegos, especialmente relevantes para las
generaciones más jóvenes.
Una actualización posterior de la trayectoria del campo refuerza la pertinencia de esta
ampliación analítica. Becerra Romero (2023) documenta que el estudio académico de la
narcocultura mexicana se ha extendido más allá de sus expresiones simbólicas y estéticas
tradicionales hacia el análisis de dinámicas culturales vinculadas con el narcotráfico entendido
como una actividad de alcance transnacional. Esta perspectiva contribuye a superar
interpretaciones estrictamente binarias entre legalidad e ilegalidad y permite situar al
narcotráfico como un fenómeno culturalmente arraigado en determinados contextos locales,
pero simultáneamente inserto en procesos más amplios de globalización, consumo y
transformación económica. Aunque la literatura continúa prestando especial atención a los
narcocorridos, el cine y las narcoseries, esta ampliación del campo hacia las dinámicas
transnacionales y el consumo cultural masivo resulta consistente con la creciente importancia
de las plataformas digitales en la producción, circulación y apropiación de contenidos
asociados con la narcocultura, aspecto que se desarrolla con mayor profundidad en las
secciones 3.5 y 5.
3.2. La teoría de la anomia-tensión de Merton aplicada al fenómeno narco
La teoría de la anomia, formulada originalmente por Robert K. Merton, ofrece un marco
explicativo pertinente para comprender la relación entre narcocultura, aspiraciones de
movilidad social y desafección educativa. Ramírez de Garay (2013) sintetiza el enfoque de
anomia-tensión al señalar que la anomia constituye una condición derivada del desajuste entre
una estructura cultural que promueve de manera generalizada determinadas metas de éxito y
una estructura social que distribuye de forma desigual los medios legítimos para alcanzarlas.
Cuando las oportunidades convencionales para acceder a metas culturalmente valoradas, como
el éxito económico, el estatus y el reconocimiento social, se encuentran restringidas, los
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individuos pueden adoptar distintas formas de adaptación. Entre ellas se encuentra la
"innovación", caracterizada por la aceptación de las metas socialmente valoradas mediante el
empleo de medios que no cuentan con legitimidad institucional.
Tello Ibarra (2023) aplica este marco al análisis de las juventudes mexicanas contemporáneas
y lo articula con aportaciones de Becker sobre desviación social, de Ferracuti y Wolfgang sobre
asociación diferencial y subculturas criminales, así como con evidencia socioeconómica y
estudios previos sobre narcocultura juvenil. Desde esta perspectiva, una parte de la juventud
mexicana se encuentra expuesta a una tensión entre aspiraciones de éxito y reconocimiento
social, reforzadas por los medios de comunicación y las redes sociales, y limitaciones
estructurales relacionadas con el acceso a la vivienda, el empleo formal y la educación de
calidad. El autor retoma datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) para
mostrar la relevancia de la pobreza y la informalidad laboral entre los jóvenes mexicanos. En
este contexto, el crimen organizado puede adquirir simbólicamente la apariencia de una vía
alternativa de movilidad social rápida. Asimismo, a partir de los trabajos de Becerra Romero y
Hernández Cruz recuperados en su análisis, Tello Ibarra plantea que algunos protagonistas de
las narrativas vinculadas con el narcotráfico proceden de contextos socioeconómicos
semejantes a los de determinados sectores de sus audiencias juveniles, circunstancia que puede
favorecer procesos de identificación y aspiración.
Tello Ibarra (2023) también incorpora el análisis el papel de las plataformas digitales en la
transformación de la tensión estructural en narrativas aspiracionales visibles y reproducibles.
A partir de las fuentes retomadas en su estudio, describe el uso del término "alucín" para
identificar un estilo de vida que imita determinados códigos asociados con el narcotráfico,
expresados mediante prendas costosas, joyería, vehículos y otras formas de ostentación
difundidas en plataformas como TikTok e Instagram. Por otra parte, su análisis muestra cómo
estas plataformas pueden funcionar como espacios de exhibición de la narcocultura y como
canales para proyectar sus componentes más atractivos y aspiracionales. En este sentido, las
redes sociales no solo amplían la circulación de productos culturales vinculados con el
narcotráfico, sino que incorporan mecanismos de exposición pública y reconocimiento social
mediante fotografías, videos, reaccione, visualizaciones y comentarios.
Esta dinámica introduce una dimensión adicional al análisis de la teoría de la anomia-tensión.
Mientras que las formas tradicionales de narcocultura, como las narcoseries, el cine o
determinados productos musicales, se apoyan principalmente en la observación y el consumo
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de representaciones de éxito, poder y movilidad social, las plataformas digitales permiten
además reproducir, exhibir y someter esas representaciones a procesos de validación pública.
Los usuarios pueden apropiarse de símbolos, estilos de vida y códigos culturales y presentarlos
ante audiencias que responden mediante métricas visibles de interacción y reconocimiento. En
consecuencia, la dimensión digital no necesariamente modifica la estructura fundamental de la
tensión descrita por Merton, pero puede aumentar la visibilidad, circulación y capacidad de
preproducción de determinados modelos aspiracionales.
Desde esta perspectiva, la narcocultura, tanto en sus expresiones tradicionales como digitales,
no generar por sí misma la tensión estructural entre aspiraciones y oportunidades. Puede, sin
embargo, funcionar como un vehículo simbólico mediante el cual esa tensión se hace visible y
se traduce en narrativas alternativas de éxito, reconocimiento y movilidad social. En contextos
caracterizados por pobreza, informalidad laboral, violencia y desigualdad educativa, dichas
narrativas pueden competir simbólicamente con la educación formal como vía de movilidad,
sobre todo cuando esta última es percibida como una trayectoria prolongada, incierta o con
beneficios económicos poco inmediatos. Las plataformas digitales añaden a este proceso
mecanismos de exposición, interacción y validación social casi inmediatos. Por ello, más que
constituir una causa autónoma de desafección educativa, pueden entenderse como
amplificadores simbólicos dentro de un fenómeno estructural y multicausal.
3.3. Capital cultural, habitus y reproducción social
La teoría de la reproducción social de Pierre Bourdieu constituye un tercer marco relevante
para esta revisión, ya que permite analizar por qué la escuela no funciona necesariamente como
un espacio neutral de movilidad social. Por el contrario, puede reproducir desigualdades
cuando los códigos, disposiciones y recursos culturales valorados por la institución educativa
se encuentran distribuidos de manera desigual entre los distintos grupos sociales. A partir de
El capital cultural puede distinguirse en tres estados: incorporado, relacionado con
conocimientos, competencias y disposiciones adquiridas a lo largo de la socialización;
objetivado, expresado en bienes y objetos culturales; e institucionalizado, representado
principalmente por títulos y credenciales educativas. El habitus, por su parte, remite a un
sistema de disposiciones socialmente adquiridas que orienta percepciones, expectativas y
prácticas. Desde esta perspectiva, la escuela puede convertir diferencias sociales y culturales
previas en diferencias de desempeño que posteriormente son interpretadas como resultado
exclusivo del mérito individual.
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La aplicación de este marco el contexto mexicano, sin embargo, requiere importantes matices.
Blanco (2017), a partir de datos de prueba Excale aplicada a estudiantes de sexto grado de
primaria en México (n = 12,268), identifica relaciones moderadas o débiles entre el origen
social, los recursos educativos familiares y determinadas prácticas culturales. El estudio
muestra además que algunas prácticas culturales presentan asociaciones negativas con el
desempeño académico y que las aspiraciones educativas de los propios estudiantes pueden
mostrar una relación más fuerte con los resultados escolares que el nivel educativo de sus
padres. Estos hallazgos sugieren que los mecanismos de reproducción educativa en México no
necesariamente reproducen de manera idéntica los patrones descritos por Bourdieu para el
contexto francés. De acuerdo con Blanco (2017), características como la elevada desigualdad
económica, los procesos de movilidad social, la segregación escolar y las particularidades de
la estructura educativa mexicana pueden modificar la forma en que el capital cultural se
relaciona con las oportunidades y los logros escolares. En este sentido, mecanismos como las
formas de comunicación familiar, determinadas disposiciones cognitivas y las expectativas
educativas transmitidas mediante la socialización podrían contribuir a explicar las
desigualdades educativas son recurrir a una transposición literal del modelo francés.
Esta precaución resulta especialmente relevante para la presente revisión al incorporar la
dimensión digital. No se pretende asumir que los jóvenes procedentes de contextos socialmente
desfavorecidos carecen de capital cultural escolar y que, como consecuencia directa, se
orientan hacia contenidos vinculados con la narcocultura. Una interpretación de este tipo
reduciría un fenómeno complejo a una relación causal que la evidencia disponible no permite
establecer. Resulta más adecuado considerar que la escuela constituye un campo social en el
que se definen y legitiman determinadas concepciones del éxito, el mérito y la movilidad,
mientras que otros espacios culturales pueden ofrecer modelos alternativos de reconocimiento,
prestigio y realización personal.
En este escenario, las plataformas digitales amplían los espacios en los que dichas
representaciones circulan, son apropiadas y reciben reconocimiento social. La narcocultura
difundida mediante redes sociales puede presentar determinadas formas de riqueza, poder,
consumo y visibilidad como símbolos de éxito que, en algunos contextos, compiten
simbólicamente con las trayectorias educativas convencionales. Esta competencia no implica
que ambos campos posean estructuras equivalentes ni que exista una sustitución automática
del capital cultural escolar por formas culturales asociadas con la narcocultura. Más bien,
permite plantear que los jóvenes se encuentran expuestos a sistemas diversos de
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reconocimiento y valoración social que pueden coexistir, entrar en tensión o adquirir diferente
relevancia según sus condiciones materiales, experiencias sociales y expectativas de futuro.
En consecuencia, todavía no existe evidencia suficiente para utilizar con el mismo grado de
respaldo empírico el concepto de un "capital cultural digital narco-específico" equivalente al
capital cultural escolar descrito por Bourdieu. Más que asumir su existencia como una categoría
consolidada, resulta metodológicamente más prudente considerarlo como una posible línea de
investigación orientada a examinar si determinadas competencias, códigos simbólicos, formas
de consumo, prácticas de exhibición y mecanismos de reconocimiento propios de los entornos
digitales vinculados con la narcocultura pueden llegar a funcionar como recursos socialmente
valorados dentro de ciertos grupos o comunidades. Esta posibilidad se retoma en la sección 9
como una línea abierta para investigaciones futuras.
3.4. Subculturas de las desviación, asociación diferencial y proximidad algorítmica
Un cuarto componente teórico, complementario a los anteriores, proviene de los enfoques de
subcultura de la desviación y asociación diferencial, los cuales permiten explicar cómo
determinados grupos desarrollan sistemas propios de valores, normas, códigos y expresiones
simbólicas que pueden legitimar internamente conductas consideradas desviadas desde los
marcos normativos dominantes. A partir de la revisión realizada por Becerra Romero (2018),
Córdova desarrolla la noción de "subcultura de la transgresión" para caracterizar determinadas
dimensiones de la narcocultura. De manera complementaria, Tello Ibarra (2023) recupera los
planteamientos sobre subculturas criminales de Ferracuti y Wolfgang para explicar cómo la
exposición reiterada a entornos sociales, familiares o mediáticos en los que el narcotráfico
adquiere cierto grado de normalización puede favorecer la incorporación de códigos
relacionados con el estatus, el reconocimiento y determinadas expectativas de vida. Esta
interpretación encuentra un punto de conexión con el concepto de "proximidad psicosocial”
empleado por Valdez Bátiz et al. (2023) para analizar la cercanía de algunos jóvenes con
personas, prácticas y representaciones vinculadas con el narcotráfico.
La incorporación de las redes sociales amplía esta noción de proximidad más allá del entorno
físico, familiar o comunitario inmediato. El análisis netnográfico de León Olvera (2023) sobre
cuentas TokTok vinculadas con la representación identitaria del "narcomundo" muestra que
estas plataformas favorecen la producción y circulación de significados, estéticas y patrones de
consumo asociados con la narcocultura entre audiencias que no necesariamente comparten un
mismo territorio ni mantienen vínculos directos con personas involucradas en actividades de
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narcotráfico. En consecuencia, la exposición a estos contenidos puede producirse en espacios
digitales donde la cercanía deja de depender exclusivamente de relaciones territoriales o
interpersonales.
A partir de esta transformación, en la presente revisión se propone el concepto de proximidad
algorítmica como una categoría analítica para describir formas de exposición mediadas por los
sistemas de recomendación, interacción y circulación de contenidos propios de las plataformas
digitales. Esta noción no implica que los algoritmos generen por sí mismos una identificación
con la narcocultura ni que exista una relación causal directa entre exposición digital y adopción
de conductas. Más bien, permite considerar que las plataformas pueden aumentar la frecuencia,
continuidad y alcance con que determinados contenidos aparecen ante los usuarios,
especialmente cuando sus interacciones previas favorecen la aparición de materiales
temáticamente relacionados.
Esta dimensión adquiere mayor relevancia cuando la exposición simbólica se combina con
posibilidades de interacción directa. Cuicas Chamu (2026), en un estudio sobre entornos
digitales y reclutamiento de niñas, niños y adolescentes en México, identifica las redes sociales,
las aplicaciones de mensajería, los videojuegos en línea y otras comunidades virtuales como
espacios que pueden ser utilizados por grupos armados para establecer contacto, generar
confianza, ofrecer incentivos económicos y normalizar determinadas narrativas de violencia.
La proximidad algorítmica, tal como se plantea en esta revisión, no sustituye a la proximidad
psicosocial documentada por Valdez Bátiz et al. (2023), sino que amplía el análisis hacia
formas de exposición que no requieren necesariamente un vínculo familiar, comunitario o
territorial previo con el mundo del narcotráfico. Ambas dimensiones pueden coexistir e incluso
superponerse, aunque la evidencia disponible todavía no permite determinar con precisión la
magnitud de esta interacción ni sus efectos sobre las trayectorias educativas juveniles. Por ello,
en este trabajo la proximidad algorítmica se emplea como una categoría analítica exploratoria,
cuya utilidad empírica deberá ser evaluada en investigaciones posteriores.
3.5. La mediatización algorítmica de la narcocultura: de la narcoserie a la cuenta de
TokTok
Un quinto elemento teórico, específico de esta actualización temática, resulta necesario para
distinguir entre la narcocultura difundida mediante medios de circulación masiva, como los
narcocorridos radiofónicos y las narcoseries producidas por cadenas televisivas o plataformas
de streaming, y aquella que circulan en las redes sociales digitales. León Olvera (2023) sostiene
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que el concepto de "narcomarketing", empleado en el periodismo y en parte de la literatura
especializada para describir la promoción mediática de estilos de vida asociados con el
narcotráfico, necesita reconsiderarse ante el funcionamiento de plataformas como TikTok. En
estos espacios, los contenidos ya no dependen exclusivamente de productoras, disqueras o
cadenas televisivas. También pueden ser creados y difundidos directamente por usuarios y
comunidades digitales. A partir de una aproximación netnográfica y del análisis multimodal
del discurso de las cuentas de TikTok, ElGueroMendoza y soysemarmx_oficial, la autora
examina cómo se construyen y circulan representaciones identitarias vinculadas con el
"narcomundo". Su análisis permite observar un cambio importante: las audiencias no solo
consumen estos contenidos, sino que también los reinterpretan y participan en su circulación.
Esta transformación tiene varias implicaciones para el modelo explicativo propuesto en esta
revisión. En primer lugar, la reducción de las barreras tradicionales de producción y
distribución permite que una mayor diversidad de actores participe en la generación y difusión
de contenidos vinculados con la narcocultura. En consecuencia, la exposición potencial de los
jóvenes deja de depender exclusivamente de un conjunto relativamente delimitado de
productos culturales, como determinadas series televisivas, películas o producciones
musicales, y se extiende a un flujo continuo y heterogéneo de contenidos generados por
usuarios.
En segundo lugar, los sistemas de recomendación y personalización característicos de las
plataformas digitales introducen una forma de exposición diferenciada. Los contenidos que
recibe cada usuario pueden variar según sus patrones previos de navegación, interacción y
consumo, de modo que dos adolescentes que utilizan una misma plataforma no necesariamente
estarán expuestos al mismo tipo ni a la misma cantidad de contenidos narcoculturales. Esta
característica introduce una dificultad metodológica relevante para la investigación, ya que la
exposición deja de ser relativamente homogénea y se vuelve individualizada y dinámica. Por
ello, las estrategias tradicionales basadas únicamente en encuestas sobre frecuencia de
consumo pueden resultar insuficientes para estimar con precisión la naturaleza y magnitud de
la exposición digital, cuestión que se retoma en la sección 5.1.
En tercer lugar, la transformación digital adquiere una dimensión especialmente relevante
cuando las plataformas dejan de funcionar únicamente como espacios de representación
cultural y se convierten también en canales de interacción directa. Los informes de la SEGOB
(2021) y del Seminario sobre Violencia y Paz de El COLMEX (2025) documentan el uso de
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redes sociales, aplicaciones de mensajería y otros entornos digitales como medios de
aproximación y contacto con menores y jóvenes en situaciones de vulnerabilidad. Esta
posibilidad introduce una diferencia cualitativa respecto de buena parte de la narcocultura de
circulación tradicional: la audiencia puede dejar de ocupar exclusivamente el papel de
receptora de representaciones simbólicas y convertirse, en determinadas circunstancias, en
participante de interacciones directas. Este mecanismo se analiza con mayor detalle en la
sección 5.5.
En conjunto, estas transformaciones permiten plantear que la digitalización de la narcocultura
no constituye únicamente una ampliación cuantitativa de su circulación, sino que puede
implicar modificaciones en las formas de producción, distribución, personalización,
interacción y participación de las audiencias. Sin embargo, estas implicaciones deben
interpretarse con cautela. En esta revisión se presentan como inferencias analíticas derivadas
de la convergencia entre la literatura académica y la evidencia institucional disponible, y no
como relaciones causales establecidas. Para el caso mexicano, todavía es limitada la
investigación empírica que mida directamente la exposición algorítmica a contenidos
narcoculturales y evalúe longitudinalmente su posible relación con la desafección o el
abandono escolar. Esta ausencia constituye una de las principales brechas identificadas y se
retoma en la sección 9.
4. Panorama empírico: deserción escolar, "ninis" y penetración digital (Sección 4)
4.1. Deserción escolar: cifras oficiales
De acuerdo con una nota de El Universal (2025), elaborada a partir de cifras de la SEP, durante
el ciclo escolar 2024-2025 abandonaron las aulas en México 864,308 estudiantes. La
distribución por nivel educativo muestra una diferencia importante: 63,463 correspondieron a
primaria, 161,283 a secundaria y 639,562 a educación media superior. Estos datos colocan al
bachillerato como el nivel en el que se concentra la mayor parte del abandono escolar. Esto
resulta especialmente relevante para esta revisión, ya que coincide con el rango de edad de 15
a 18 años, etapa en la que varios estudios sobre narcocultura y juventud sitúan a buena parte
de sus poblaciones de análisis. Para el mismo ciclo escolar, Grupo Animal (2025a) difundió
una cifra mayor, de 994,219 estudiantes. Sin embargo, este dato no proviene directamente de
la SEP, sino de una estimación realizada por la organización Educación con Rumbo y publicada
a través de su Observatorio de la Educación. La diferencia entre ambas cifras probablemente
responde a criterios distintos de estimación y conteo, por lo que conviene interpretarlas con
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cautela. Aun así, ambas fuentes coinciden en mostrar que el abandono escolar continúa
afectando a un número muy elevado de estudiantes en México.
Las explicaciones sobre este fenómeno son diversas. La información retomada por El Universal
señala, entre otros factores, los cambios curriculares, la desaparición de programas destinados
a atender el rezago educativo, el bajo rendimiento académico (con resultados de pruebas
estandarizadas como PISA), las deficiencias de infraestructura escolar y las limitaciones en la
capacitación docente. También se mencionan las dificultades particulares de comunidades
indígenas y rurales. La persistencia del abandono escolar, incluso en un contexto en el que
existen programas de becas, sugiere además que el problema no puede explicarse únicamente
por razones económicas, sino que responde a una combinación de factores escolares, sociales
y familiares.
Al mismo tiempo, algunos indicadores oficiales muestran una evolución favorable en ciertos
niveles educativos. El Boletín 100 de la SEP reporta una tasa de abandono de 8.1% en
educación superior (SEP, 2025a), mientras que el Boletín 71 señala que en educación media
superior la tasa disminuyó de 14.5% en 2018 a 8.7% en el ciclo 2022-2023 (SEP, 2025b). Estas
cifras no contradicen necesariamente los datos absolutos de abandono. Más bien, muestran que,
aunque la proporción de estudiantes que deja la escuela ha disminuido en algunos niveles, el
número total de jóvenes afectados continúa siendo considerable debido al tamaño de la
matrícula escolar.
4.2. Los "ninis": jóvenes que ni estudian ni trabajan
De acuerdo con el INEGI (2025), al primer trimestre de ese año México contaba con 30.4
millones de personas de entre 15 y 29 años, equivalentes al 23.3% de la población nacional.
De este grupo, 15.9 millones, es decir, 52.3%, formaban parte de la población económicamente
activa, mientras que 14.5 millones no realizaban actividad económica. Entre quienes se
encontraban fuera del mercado laboral, la mayoría declaró no estar disponible para trabajar.
Las actividades realizadas dentro de este grupo mostraron además diferencias importantes entre
mujeres y hombres: 54.6% de las mujeres estudiaba y 42.7% se dedicaba principalmente a
labores domésticas, mientras que entre los hombres 82.5% estudiaba y 8.2% realizaba tareas
del hogar. A esto se suma una tasa de informalidad laboral de 58.8% entre la población de 15
a 29 años, lo que refleja las condiciones precarias en las que una parte importante de los jóvenes
se incorpora al mercado de trabajo.
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Una estimación más reciente, difundida por Xataka México (2026) a partir de datos oficiales,
sitúa en 23.5 millones a la población de entre 15 y 25 años. De ese total, 46% participaba en el
mercado laboral, 38% se encontraba estudiando y 16%, aproximadamente 3.7 millones de
personas, no estudiaba ni trabajaba. Para el grupo de 18 a 24 años, y utilizando la metodología
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la proporción de
jóvenes en esta condición alcanzó 18.9%. La diferencia por sexo también resulta relevante:
23.74% de las mujeres jóvenes se encontraba fuera tanto del sistema educativo como del
mercado laboral, frente a 11.8% de los hombres.
Las explicaciones más frecuentes sobre este fenómeno se relacionan con la interrupción de las
trayectorias educativas, las dificultades de inserción en el empleo formal, la precariedad laboral
y las responsabilidades de cuidado, especialmente entre las mujeres. En la fuente citada no
aparecen la violencia, el crimen organizado o la exposición a redes sociales como factores
explicativos directos. Esto no implica que dichas variables carezcan de relevancia, sino que
suelen quedar fuera de los enfoques nacionales utilizados para describir estadísticamente a esta
población. Precisamente por ello, resulta pertinente explorar si, en determinados contextos
regionales, factores como la violencia, la narcocultura digital o el reclutamiento mediante
plataformas pueden interactuar con condiciones estructurales ya reconocidas, cuestión que se
aborda con mayor detalle en la sección 5.
4.3. Penetración de redes sociales entre la juventud mexicana
Para dimensionar el alcance de los espacios digitales en los que circulan contenidos asociados
con la narcocultura, es necesario considerar el nivel de uso de redes sociales entre la población
joven mexicana. Ureste (2025), a partir de datos de Statista y del informe Digital 2024, señala
que entre los usuarios mexicanos de 16 a 24 años TikTok e Instagram presentan niveles
elevados de utilización, cercanos al 70% y 78%, respectivamente. Estas cifras muestran que
ambas plataformas ocupan un lugar importante en las prácticas cotidianas de comunicación,
entretenimiento y consumo de contenidos entre los jóvenes.
El mismo análisis examina cuentas de TikTok vinculadas con representaciones o actividades
relacionadas con organizaciones criminales. Dentro de la muestra considerada, 55% de las
cuentas identificadas estaban asociadas con el CJNG, mientras que 5.4% se vinculaban con el
Cártel de Sinaloa y otro 5.4% con el Cártel del Noreste. Estos porcentajes no deben
interpretarse como una medida de la presencia total de cada organización en TikTok, ya que
dependen de los criterios utilizados para construir la muestra. Sin embargo, sí muestran que
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ciertas organizaciones tienen una presencia visible dentro de los contenidos analizados, aspecto
que también aparece en la evidencia sobre reclutamiento digital revisada posteriormente en la
sección 5.5.
Estas cifras deben interpretarse con cautela. Los datos sobre uso de plataformas producen de
fuentes secundarias retomadas por un trabajo periodístico y no de un estudio diseñado
específicamente para analizar la relación entre redes sociales, narcocultura y trayectoria
educativa. Aun así, permiten establecer un punto importante para esta revisión: las redes
sociales forman parte del entorno cotidiano de una proporción considerable de adolescentes y
jóvenes mexicanos. Por ello, el espacio digital no puede considerarse un elemento periférico al
analizar la circulación contemporánea de contenidos narcoculturales. Esto tampoco significa
que un alto uso de TikTok o Instagram implique una exposición automática a narcocultura ni,
mucho menos, que dicha exposición produzca deserción escolar. Lo que estos datos permiten
sostener es algo más acotado: existe una infraestructura digital ampliamente utilizada por la
población joven a través de la cual estos contenidos pueden circular, ser recomendados,
compartidos e incluso convertirse en espacios de interacción. La posible relación de estos
procesos con la desafección educativa depende de otros factores sociales, familiares,
económicos y territoriales que se analizan en las siguientes secciones.
5. Narcocultura, redes sociales y desafección educativa: mecanismos de influencia
(Sección 5)
Esta sección constituye el núcleo de la revisión y analiza, a partir de seis mecanismos y estudios
de caso, las distintas formas en que la narcocultura puede relacionarse con el desinterés juvenil
por continuar una trayectoria educativa. Para facilitar el análisis, se distinguen dos formas
principales de circulación. Las secciones 5.1 a 5.3 se concentran en expresiones de la
narcocultura de alcance regional y masivo, mientras que las secciones 5.4 y 5.5 examinan sus
manifestaciones digitales e interactivas. Finalmente, la sección 5.6 aborda un punto en el que
ambas dimensiones pueden converger: el reclutamiento de jóvenes cuyas trayectorias escolares
se encuentran interrumpidas o debilitadas.
5.1. Narcoseries, narcocorridos y la construcción de aspiraciones: el caso de Sinaloa
El estudio de Zazueta Beltrán, Sepúlveda Moreno y Millán López (2022), realizado con datos
recabados en 2019 entre 983 estudiantes de bachillerato de la Universidad Autónoma de
Sinaloa, de los cuales 54.9% eran mujeres y la mayoría tenía entre 15 y 16 años, aporta
evidencia cuantitativa relevante sobre la relación entre el consumo de productos
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narcoculturales y determinadas concepciones del éxito y la movilidad social. Mediante un
diseño transversal y análisis de chi-cuadrado de Pearson, riesgo relativo (RR) y razón de
momios (odds ratio, OR), los autores encontraron que, en el análisis dicotómico de las
respuestas, 23.1% de los estudiantes que veían narcoseries diariamente manifestó estar
totalmente de acuerdo con la idea de “vivir un año como rey que diez como buey”, frente a
6.0% de quienes nunca las veían (RR = 3.855; OR = 4.712). Asimismo, 80.82% de quienes
consumían narcoseries diariamente relacionó el éxito personal con la posesión de dinero, un
automóvil y una casa lujosa, en comparación con 66.29% entre quienes no las consumían (RR
= 1.219; OR = 2.143). En el caso de los narcocorridos se observó un patrón semejante: 16.17%
de quienes los escuchaban diariamente manifestó preferir "vivir un año como rey", frente a
6.19% de quienes nunca los escuchaban (RR = 2.611; OR = 2.922).
A partir de estos resultados, los autores señalan que la frecuencia con que los estudiantes
sinaloenses consumen narcoseries y narcocorridos se relaciona negativamente con su
percepción de las oportunidades de superación social mediante vías convencionales, y plantea
la necesidad de que la familia y la escuela desarrollen estrategias orientadas a atender esta
influencia cultural (Zazueta-Beltrán et al., 2022). El hallazgo resulta relevante para esta
revisión por que vincula el consumo de productos narcoculturales con determinadas
concepciones sobre el éxito, el estatus y las posibilidades de movilidad social entre estudiantes
que aún se encuentran dentro del sistema educativo.
También debe considerarse el momento en que se realizó el trabajo de campo. Los datos fueron
obtenidos en 2019, cuando las narcoseries y los narcocorridos ya circulaban ampliamente
mediante televisión, servicios de streaming, plataformas digitales y redes sociales. Sin
embargo, desde entonces han cambiado de manera importante las formas de producción,
recomendación y circulación de contenidos en los entornos digitales. Por esta razón, los
resultados del estudio pueden entenderse como un antecedente relevante para analizar el
fenómeno actual, pero no permiten establecer si los mecanismos contemporáneos de
personalización algorítmica modifican o amplifican las asociaciones observadas. Esta
posibilidad constituye una hipótesis que requiere evidencia empírica específica.
En conjunto, el estudio de Zazueta Beltrán et al. (2022) proporciona evidencia estadística
relevante sobre la asociación entre el consumo frecuente de determinados productos
narcoculturales y una mayor valoración de formas rápidas y ostensibles de éxito entre
estudiantes de bachillerato. No obstante, debido a su diseño transversal, no es posible establecer
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la dirección de la relación ni concluir que el consumo de estos contenidos provoque por sí
mismo desafección educativa. Los resultados deben interpretarse, por tanto, dentro del marco
multicausal desarrollado en esta revisión.
5.2. Ostentación, poder y reconocimiento social: el caso Nayarit
Becerra Romero y Hernández Cruz (2019) realizaron un estudio descriptivo transversal con
217 estudiantes de una preparatoria de Nayarit ubicada en un contexto de alta marginación,
complementado con tres grupos de enfoque en los que participaron 16 jóvenes. Los datos
muestran un entorno marcado por diversas condiciones de vulnerabilidad: 40.1% de las
familias reportaba ingresos inferiores al salario mínimo y el consumo de drogas entre
adolescentes en la entidad alcanzaba 13.2%, frente a 10.3% registrado a nivel nacional. En este
contexto, el consumo de productos asociados con la narcocultura era frecuente. Los
narcocorridos eran escuchados por 71% de los hombres y por más de 54% de las mujeres,
mientras que el consumo de narcoseries superaba 70% en ambos grupos.
Los resultados también permiten observar la importancia que algunos estudiantes atribuían al
dinero y al reconocimiento social. Al preguntar por los atributos valorados entre sus pares,
22.6% señaló “tener dinero”, una proporción muy cercana al 23% que mencionó “tener sentido
del humor”. Becerra Romero y Hernández Cruz (2019) interpretan que parte del atractivo de
los narcocorridos y las narcoseries se relaciona con las representaciones de poder, riqueza y
movilidad social presentes en estos productos culturales. Desde esta perspectiva, la
narcocultura puede resultar atractiva porque representa formas de ascenso económico y
reconocimiento que parecen más inmediatas que las ofrecidas por las vías convencionales.
Asimismo, 69.9% de los estudiantes consideró que estos contenidos influyen en la manera de
pensar y actuar de otros jóvenes. Este último dato debe entenderse como una percepción
expresada por los participantes y no como evidencia directa de un efecto causal.
En un estudio posterior realizado en Xalisco, Nayarit, Becerra Romero (2020) profundizó en
esta relación mediante un enfoque cualitativo fenomenológico con 26 jóvenes de entre 15 y 21
años. Sus hallazgos muestran que la narcocultura puede funcionar como un marco simbólico
desde el cual algunos jóvenes interpretan aspectos relacionados con el éxito, la violencia, la
vida y la muerte. La autora plantea que el consumo de estos contenidos no determina por sí
mismo la participación en actividades delictivas, pero proporcionar referentes y justificaciones
simbólicas que adquieren significado en contextos caracterizados por vulnerabilidad social y
cercanía con el narcotráfico.
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5.3. La escuela como espacio en disputa: caso de Veracruz
Laloth Jiménez Ferrer (2022) realizaron un estudio de caso con enfoque etnográfico y
autoetnográfico en una escuela pública vespertina de educación media superior ubicado en
Córdoba, Veracruz. El trabajo incluyo seis entrevistas semiestructuradas a estudiantes, cuatro
entrevistas a docentes y noventa encuestas aplicadas mediante formularios digitales. A partir
de estas fuentes, los autores identificaron distintas formas en que la narcocultura se hacía
presente en la vida escolar, entre ellas el consumo de narcocorridos, películas y series, la
construcción de imaginarios realizados en torno a la figura del narcotraficante y la presencia
de expectativas de vida asociadas con valores, estilos y referentes propios del mundo del narco.
El estudio también documenta diversas problemáticas presentes dentro del plantel, como
violencia física, psicológica y sexual entre estudiantes, distanciamiento entre alumnado y
profesorado, consumo y tráfico de drogas, así como la adopción de determinados códigos
estéticos, lingüísticos y actitudinales vinculados con la narcocultura. Los autores señalan
además la presencia de casos de abandono escolar dentro de este contexto. Estos hallazgos no
permiten afirmar que la narcocultura sea la causa directa de tales problemáticas, pero sí
muestran que puede coexistir con ellas y formar parte de un entorno escolar atravesado por
distintas formas de vulnerabilidad.
Desde esta perspectiva, la escuela puede entenderse como un espacio en la que entran en
tensión diferentes sistemas de valores, expectativas y formas de reconocimiento social. Laloth
Jiménez & Hernández Ferrer (2022) sostienen que la narcocultura puede llegar a alterar
referentes propios de la cultura escolar mediante procesos de aculturación que compiten con
los valores educativos tradicionales. Para esta revisión, el caso resulta relevante porque muestra
que la relación entre narcocultura y desafección educativa no se limita al consumo de
contenidos fuera de la escuela, sino que también puede expresarse dentro del propio espacio
escolar y formar parte de las experiencias cotidianas de los estudiantes.
En conjunto, los estudios revisados en Sinaloa, Nayarit y Veracruz muestran que la relación
entre narcocultura y juventud no se limita al consumo de música, series u otros productos
culturales. En distintos contextos, estos contenidos aparecen vinculados con formas de entender
el éxito, el prestigio, el poder y las posibilidades de movilidad social. En Sinaloa, la evidencia
cuantitativa muestra asociaciones entre un mayor consumo de narcoseries y narcocorridos y
una valoración más favorable de formas rápidas y ostensibles de éxito; en Nayarit, los estudios
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destacan el peso simbólico de la riqueza, el reconocimiento y la figura del narcotraficante como
referente aspiracional; mientras que en Veracruz estas expresiones se observan también dentro
del propio espacio escolar, donde conviven con distintas formas de vulnerabilidad y
desafección educativa. Sin embargo, por el carácter transversal, cualitativo y de estudio de caso
de estas investigaciones, los resultados no permiten establecer que la exposición a la
narcocultura cause por sí misma el abandono escolar o la incorporación al narcotráfico. Más
bien, sugieren que puede funcionar como un referente simbólico que adquiere mayor
importancia cuando se combina con condiciones sociales, económicas, familiares y escolares
desfavorables.
5.4. TikTok, narcoestética digital y construcción algorítmica de la narcocultura
El estudio netnográfico de León Olvera (2023), presentado previamente en la sección 3.5,
aporta evidencia académica relevante sobre la circulación de la narcocultura en redes sociales
utilizadas ampliamente por audiencias jóvenes. A partir de un análisis multimodal del discurso
de dos cuentas de TikTok, la autora examina cómo se construyen y circulan representaciones
identitarias vinculadas con el “narcomundo”. En ellas convergen elementos musicales, como
los corridos y corridos tumbados, con recursos visuales asociados con la vestimenta, la joyería
y los vehículos, además de códigos lingüísticos y formas particulares de representación del
prestigio y el estilo de vida narco. Una diferencia importante respecto de productos culturales
como las narcoseries es que, en las redes sociales, las audiencias no se limitan a recibir un
contenido previamente terminado. Los usuarios pueden reaccionar, comentar, compartir,
reinterpretar e incluso producir materiales propios a partir de los referentes que circulan en la
plataforma. Esto introduce una dimensión participativa que modifica la forma en que los
contenidos narcoculturales se producen y adquieren visibilidad. No obstante, la evidencia
disponible no permite establecer que esta mayor interacción se traduzca automáticamente en
una identificación más intensa con la narcocultura o en cambios concretos de conducta.
Este fenómeno tampoco se limita a TikTok. Tello Ibarra (2023), a partir de las fuentes
recuperadas en su estudio, describe a Instagram como un espacio en el que se exhiben prendas,
joyas y otros símbolos asociados con riqueza, prestigio y reconocimiento social. Considerados
en conjunto, ambos trabajos sugieren que la narcoestética digital circula a través de distintas
plataformas y adopta formatos propios de cada una de ellas, aunque conserva ciertos referentes
comunes vinculados con el poder, el lujo, la visibilidad y el estatus. En determinados contextos,
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estas representaciones pueden coexistir o entrar en tensión con otros modelos de éxito, entre
ellos aquellos asociados con una trayectoria educativa prolongada.
5.5. Reclutamiento digital: TikTok, videojuegos y aplicaciones de mensajería
La importancia de los entornos digitales no se reduce a la circulación de contenidos simbólicos.
Algunos informes recientes documentan que las redes sociales, las aplicaciones de mensajería
y los videojuegos en línea también pueden funcionar como espacios de contacto y
reclutamiento. En abril de 2025, el Seminario sobre Violencia y Paz de El COLMEX en
colaboración con el Civic AI Lab de Northeastern University, publicó el informe Nuevas
fronteras en el reclutamiento digital: estrategias de reclutamiento del crimen organizado en
TikTok, basado en el análisis de cerca de cien cuentas vinculadas con actividad criminal. El
informe identifica distintas estrategias utilizadas en los contenidos analizados, entre ellas
ofertas de empleo con promesas de salario y alojamiento, publicaciones dirigidas a mujeres
jóvenes, referencias a apoyos para madres solteras o estudiantes, el empleo de determinados
emojis y hashtags, así como el uso de corridos, corridos tumbados y otros géneros musicales
asociados con representaciones del crimen organizado. Dentro de la muestra examinada, las
cuentas vinculadas con el CJNG tuvieron una presencia particularmente elevada. Este
resultado, sin embargo, debe interpretarse dentro de los límites de la muestra y no como una
medida de la presencia total de cada organización en TikTok.
La evidencia institucional converge con el análisis de Cuicas Chamu (2026), quien aborda
desde una perspectiva sociojurídica el uso de redes sociales, aplicaciones de mensajería,
videojuegos en línea y otras comunidades virtuales como posibles espacios de acercamiento a
niñas, niños y adolescentes. En estos entornos pueden establecerse relaciones de confianza,
ofrecerse incentivos económicos y normalizarse determinados discursos asociados con la
violencia o la pertenencia a grupos armados.
El informe de la SEGOB (2021) ofrece un antecedente importante en esta misma dirección al
identificar las invitaciones mediante redes sociales y videojuegos entre las formas de
aproximación a menores de edad. Además, incluye el abandono escolar, el bajo rendimiento
académico y la ausencia de espacios educativos que favorezcan la construcción de un proyecto
de vida entre los factores que pueden incrementar la vulnerabilidad frente al reclutamiento.
Para esta revisión, este punto resulta especialmente relevante porque vincula el problema
educativo con condiciones de vulnerabilidad que pueden ser aprovechadas en procesos de
captación. Sin embargo, la presencia de estos factores no implica que todo adolescente que
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abandona la escuela se encuentre expuesto al reclutamiento ni que el contacto digital derive
necesariamente en incorporación a una organización criminal.
5.6. Reclutamiento, vulnerabilidad y trayectorias escolares interrumpidas
Valdez Bátiz, Esparza Bernal y Burgos Dávila (2023) realizaron dieciséis entrevistas a
profundidad con jóvenes de entre 18 y 29 años en Culiacán, Sinaloa, mediante un enfoque
cualitativo narrativo orientado a comprender las condiciones y motivaciones relacionadas con
su ingreso al narcotráfico. Entre los factores señalados aparecen la cercanía social y familiar
con personas vinculadas con esta actividad, su normalización dentro del entorno cotidiano, las
limitadas oportunidades de empleo formal y, en algunos casos, la continuidad de actividades
ya presentes en el ámbito familiar. A nivel individual, los participantes mencionaron motivos
económicos, búsqueda de prestigio y reconocimiento social, además de situaciones de coerción
o reclutamiento forzado. Los autores relacionan estas experiencias con una idealización de
determinados modelos de éxito dentro de contextos atravesados por desigualdad estructural y
desconfianza hacia las instituciones formales.
Pérez Martín (2025) analiza con mayor detalle la relación entre vulnerabilidad social,
interrupción de las trayectorias educativas y reclutamiento de adolescentes en Quintana Roo
durante 2022 y 2023. El estudio se apoya en treinta y dos entrevistas semiestructuradas con
adolescentes de entre 14 y 17 años en centros de internamiento, dieciocho sesiones de
observación participante y el análisis de 147 documentos oficiales. Entre los jóvenes
estudiados, 68% procedía de hogares con ingresos inferiores a 5,000 pesos mensuales y 43%
había abandonado la educación primaria antes de concluirla. La autora identifica tres formas
principales de captación: cooptación por pares, explotación económica directa y coerción
violenta. También describe la presencia de mecanismos de “seducción digital” mediante redes
sociales en una parte de los casos urbanos analizados.
Este último hallazgo adquiere mayor relevancia cuando se considera junto con la evidencia
institucional revisada anteriormente. Más que demostrar la existencia de un único patrón
nacional de reclutamiento digital, la convergencia de estas fuentes muestra que el uso de
plataformas digitales aparece en distintos contextos como una modalidad adicional de
aproximación a adolescentes y jóvenes. Al mismo tiempo, los estudios coinciden en señalar
que estos procesos se desarrollan sobre condiciones de vulnerabilidad previamente existentes,
entre ellas pobreza, precariedad laboral, violencia, debilitamiento de vínculos institucionales y
trayectorias educativas interrumpidas.
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Pérez Martín (2025) también documenta diferencias relacionadas con el género y la edad en
las funciones desempeñadas por los menores reclutados. En los casos examinados, las niñas
estuvieron expuestas con mayor frecuencia a formas de explotación sexual, mientras que entre
los niños aparecieron tareas de vigilancia y distribución. La autora señala además una elevada
reincidencia después del internamiento y una escasa presencia explícita del delito de
reclutamiento en los expedientes judiciales revisados. Estos resultados muestran que el
problema no termina con la captación inicial, sino que se inserta en contextos de vulnerabilidad
sostenida y en limitaciones institucionales para identificar y atender el fenómeno.
La evidencia revisada muestra una progresión analítica importante. Las plataformas digitales
pueden funcionar, en primer término, como espacios de circulación de representaciones y
estilos asociados con la narcocultura; en determinadas circunstancias, también pueden facilitar
formas de interacción y contacto directo; y, cuando estas posibilidades convergen con
condiciones previas de vulnerabilidad social, familiar o educativa, pueden formar parte de
procesos de reclutamiento. Estos niveles no deben entenderse como una secuencia inevitable.
La exposición a contenidos narcoculturales no conduce necesariamente al contacto con
organizaciones criminales, del mismo modo que el contacto no implica necesariamente
reclutamiento. La evidencia disponible apunta más bien a un proceso multicausal en el que los
entornos digitales pueden adquirir distinta relevancia dependiendo de las condiciones sociales
y de las trayectorias particulares de los jóvenes.
6. Factores estructurales que condicionan la relación (Sección 6)
La evidencia revisada en la sección anterior permite identificar varios factores estructurales
que aparecen de manera recurrente en la relación entre narcocultura, desafección educativa y
vulnerabilidad frente al reclutamiento. Considerarlos resulta necesario para evitar
explicaciones centradas exclusivamente en el consumo cultural o en las tecnologías digitales.
El primero es la pobreza y la desigualdad económica. Los estudios realizados en Nayarit y
Quintana Roo, así como los informes institucionales sobre reclutamiento, sitúan buena parte
de los casos analizados en contextos caracterizados por bajos ingresos, precariedad y
oportunidades limitadas. En la misma dirección, Tello Ibarra (2023), retomando datos del
Instituto Mexicano para la Competitividad, señala la elevada presencia de pobreza entre la
población joven mexicana.
Un segundo factor es la precariedad del mercado laboral. De acuerdo con el INEGI (2025), la
informalidad laboral alcanzó 58.8% entre la población de 15 a 29 años. En un contexto de este
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tipo, la relación entre escolarización, empleo estable y movilidad social puede resultar menos
clara para algunos jóvenes. Esto no significa que la educación pierda necesariamente su valor,
sino que sus beneficios pueden percibirse como más lejanos o inciertos cuando las
oportunidades de inserción laboral formal son reducidas. Frente a ello, determinadas narrativas
narcoculturales presentan modelos de éxito económico inmediato que pueden adquirir mayor
atractivo simbólico.
Un tercer elemento es la presencia cotidiana de violencia y el crimen organizado en
determinadas regiones. Los estudios de Valdez Bátiz et al. (2023) y Pérez Martín (2025)
muestran que la cercanía social, familiar o territorial con estas actividades puede favorecer su
normalización y ampliar las posibilidades de contacto con jóvenes. A esto se suma un cuarto
factor relacionado con las limitaciones institucionales. Tanto el sistema educativo como los
mecanismos de protección de niñas, niños y adolescentes enfrentan dificultades para responder
a situaciones de abandono escolar, violencia y reclutamiento. En este sentido, Pérez Martín
(2025) señala que solo una proporción reducida de los expedientes judiciales analizados
identificaban de manera explícita el reclutamiento como delito, lo que muestra problemas para
reconocer y registrar el fenómeno.
La evidencia sobre entornos digitales incorpora además una dimensión relativamente reciente:
las limitaciones en la detección y moderación de contenidos y prácticas de reclutamiento en
plataformas digitales. El informe del Seminario sobre Violencia y Paz de El COLMEX (2025)
identificó cuentas de TikTok que utilizaban patrones reconocibles de comunicación, hashtags,
emojis y ofertas de empleo vinculadas con procesos de captación. Por su parte, la SEGOB
(2021) reconoce las redes sociales y los videojuegos como posibles canales de contacto con
menores de edad. Estos hallazgos muestran que las plataformas digitales pueden ser utilizadas
para este tipo de aproximaciones, aunque la evidencia disponible no permite evaluar de manera
sistemática la eficacia de las medidas adoptadas por las propias plataformas o por las
autoridades para prevenirlas.
El género constituye otro eje que atraviesa varios de estos procesos. Las diferencias observadas
entre hombre y mujeres dentro de la población que no estudia ni trabaja, así como las formas
diferenciadas de participación, captación y explotación descritas en algunos estudios de
narcocultura y reclutamiento, sugieren que la vulnerabilidad no se distribuye de manera
uniforme. En determinados contextos, las mujeres jóvenes pueden enfrentar riesgos específicos
relacionados con explotación sexual, responsabilidades de cuidado o formas particulares de
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captación, mientras que los varones aparecen con mayor frecuencia vinculadas con tareas de
vigilancia, distribución u otras actividades dentro de las organizaciones criminales. Sin
embargo, esta dimensión todavía no ha sido abordada de manera homogénea por la literatura
revisada.
Considerados en conjunto desde la teoría de la anomia-tensión, estos factores ayudan a
comprender el desajuste entre aspiraciones socialmente valoradas y oportunidades reales para
alcanzarlas mediante vías legítimas. La narcocultura no genera por sí misma condiciones como
la pobreza, la informalidad laboral, la violencia o la desigualdad educativa. Puede, sin embargo,
ofrecer un repertorio simbólico que da sentido a esas tensiones y presenta formas alternativas
de éxito, reconocimiento y movilidad social. En su expresión digital, estas narrativas adquieren
además mayor capacidad de circulación, personalización e interacción. Más que sustituir a la
educación como proyecto de vida, pueden coexistir y competir simbólicamente con ella,
especialmente cuando las trayectorias escolares y laborales convencionales son percibidas
como inciertas o poco accesibles.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN (Sección 7)
La evidencia revisada permite plantear un modelo multicausal para comprender la desafección
educativa de una parte de la juventud mexicana en contextos donde la narcocultura tiene una
presencia significativa y, cada vez con mayor frecuencia, circula a través de plataformas
digitales. Más que atribuir el fenómeno a una sola causa, los estudios examinados muestran la
interacción de distintos niveles. En el plano simbólico-cultural, la narcocultura pone en
circulación representaciones del éxito, el prestigio, el poder y la movilidad social que pueden
adquirir significado entre adolescentes y jóvenes (Becerra Romero, 2018, 2020, 2023; Becerra
Romero & Hernández Cruz, 2019; León Olvera, 2023). En el plano estructural, la pobreza, la
precariedad laboral, la desigualdad y la violencia limitan las oportunidades disponibles y
contribuyen al desajuste entre aspiraciones y medios legítimos que permite analizar la teoría
de la anomia-tensión (Ramírez de Garay, 2013; Tello Ibarra, 2023). A ello se suma un nivel
institucional, en el que la escuela no es el único espacio que define qué significa tener éxito o
alcanzar reconocimiento social, particularmente cuando las trayectorias educativas se
desarrollan en condiciones de desigualdad y vulnerabilidad (Blanco, 2017; Laloth Jiménez &
Hernández Ferrer, 2022).
La dimensión digital añade un cuarto nivel al modelo. Las plataformas amplían las
posibilidades de producción, circulación e interacción en torno a contenidos narcoculturales y
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permite que estos lleguen a públicos que no necesariamente mantienen una cercanía territorial
o familiar con el narcotráfico. Al mismo tiempo, la evidencia institucional muestra que alguno
de estos entornos también ha sido utilizado como espacios de aproximación y contacto con
menores y jóvenes con fines de reclutamiento (SEGOB, 2021; Seminario sobre Violencia y
Paz et al., 2025; Cuicas Chamu, 2026). Esta dimensión mediático-algorítmica no sustituye los
procesos sociales ya existentes, pero modifica las condiciones en las que determinados
contenidos circulan, adquieren visibilidad y pueden dar lugar a nuevas formas de interacción.
Uno de los principales hallazgos de esta revisión es precisamente la desigualdad existente entre
la evidencia disponible sobre las formas tradicionales de narcocultura y aquella relacionada
con sus manifestaciones digitales. Los estudios sobre narcocorridos, narcoseries y expresiones
regionales cuentan con una trayectoria académica más amplia y con trabajos empíricos
desarrollados en distintos contextos del país (Becerra Romero & Hernández Cruz, 2019; Laloth
Jiménez & Hernández Ferrer, 2022; Zazueta Beltrán et al., 2022). En contraste, el análisis de
la narcocultura en redes sociales y, sobre todo, de su relación con las trayectorias educativas,
continúa siendo limitado. Buena parte de la información reciente sobre reclutamiento digital
procede de informes institucionales y de investigaciones que todavía no permiten establecer la
magnitud del fenómeno a escala nacional. Esto no resta valor a dichas fuentes, pero sí obliga a
interpretar sus resultados con cautela y pone de manifiesto una línea de investigación que
requiere mayor desarrollo.
Otro aspecto importante es que la evidencia disponible no respalda una explicación basada
simplemente en el uso intensivo de redes sociales. Valencia-Ortiz et al. (2023), en una muestra
de 17,600 estudiantes mexicanos de secundaria y bachillerato evaluados mediante la escala
SMAS-SF, no encontraron evidencia suficiente para sostener que el uso de redes sociales,
considerado de manera general, se tradujera necesariamente en consecuencias académicas
negativas como el olvido de tareas o una menor productividad escolar. Este resultado introduce
un matiz relevante para la presente revisión: el problema no puede reducirse al tiempo de
pantalla ni al uso frecuente de TikTok, Instagram u otras plataformas. Lo que requiere mayor
atención es el tipo de contenido al que se accede, las formas de interacción que se producen
alrededor de él y, en situaciones más específicas, la posibilidad de contacto directo con actores
involucrados en procesos de reclutamiento.
Esta distinción es importante porque evita atribuir a las plataformas digitales un efecto que
depende de condiciones mucho más complejas. El uso cotidiano de redes sociales forma parte
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de la experiencia habitual de millones de jóvenes y, por sí mismo, no constituye evidencia de
desafección educativa. La hipótesis que se desprende de los estudios revisados es más acotada:
determinados contenidos narcoculturales pueden adquirir relevancia simbólica cuando
encuentran un terreno marcado por precariedad, violencia, expectativas limitadas de movilidad
social o trayectorias escolares debilitadas. En algunos casos documentados, las plataformas
dejan además de ser únicamente espacios de consumo cultural y se convierten en canales de
interacción o aproximación directa.
Una segunda tensión aparece al comparar esta literatura con las explicaciones más generales
sobre los jóvenes que no estudian ni trabajan. Las fuentes nacionales suelen destacar factores
como las dificultades para continuar estudiando, la precariedad del mercado laboral y las
responsabilidades de cuidado, especialmente entre las mujeres. Por su parte, los estudios
regionales sobre narcocultura y los informes sobre reclutamiento digital incorporan variables
como la violencia, la presencia territorial del crimen organizado y el contacto mediante
plataformas digitales. Más que asumir que se trata de explicaciones contradictorias, esta
diferencia sugiere que la interrupción de las trayectorias educativas puede responder a
configuraciones distintas según el territorio y las condiciones sociales de los jóvenes. El
fenómeno "nini", por tanto, no debería interpretarse como una categoría homogénea ni
utilizarse de manera automática como equivalente de vulnerabilidad frente al crimen
organizado.
La revisión también permite matizar la aplicación de la teoría de la reproducción social. Como
advierte Blanco (2017), los mecanismos descritos por Bourdieu no se trasladan de manera
automática al contexto mexicano. Esta precaución resulta todavía más necesaria cuando se
intenta interpretar las dinámicas culturales de los entornos digitales. Con la evidencia
disponible no es posible sostener la existencia de un “capital cultural digital” específicamente
asociado con la narcocultura. Lo que sí puede observarse es la circulación de códigos, estéticas,
prácticas de exhibición y formas de reconocimiento que adquieren valor dentro de
determinados espacios sociales y digitales. Establecer si esos elementos funcionan realmente
como una forma diferenciada de capital requeriría investigaciones diseñadas específicamente
para responder a esa pregunta.
Los estudios revisados sugieren que la narcocultura adquiere mayor relevancia cuando sus
representaciones simbólicas se articulan con condiciones estructurales previamente existentes.
La pobreza, la informalidad laboral, la desigualdad educativa, la violencia territorial y la
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debilidad de ciertas instituciones no son producidas por las redes sociales ni por la narcocultura;
sin embargo, pueden crear escenarios en los que las narrativas de éxito rápido, poder y
reconocimiento resulten particularmente significativas. Las plataformas digitales añaden a esta
relación nuevas posibilidades de circulación, personalización e interacción y, en determinados
casos, de contacto directo. Por ello, la explicación más consistente con la evidencia revisada
no es la de una relación lineal entre consumo narcocultural y abandono escolar, sino la de un
proceso en el que factores culturales, estructurales, institucionales y digitales pueden
combinarse de maneras distintas según las trayectorias y los contextos de los jóvenes.
Implicaciones para la política educativa y de prevención (Sección 8)
La evidencia revisada sugiere que las estrategias orientadas a prevenir el abandono escolar y
reducir la vulnerabilidad de los jóvenes frente a la narcocultura y el reclutamiento no deberían
limitarse a los apoyos económicos. Estos programas pueden contribuir a disminuir algunas
barreras para la permanencia escolar, pero el carácter multicausal del problema exige
considerar también factores sociales, culturales, familiares y, cada vez con mayor importancia,
digitales. En este sentido, las intervenciones educativas podrían incorporar herramientas que
ayuden a los estudiantes a analizar críticamente las representaciones de éxito, poder y
movilidad social presentes en los contenidos que consumen.
Zazueta Beltrán et al. (2022) destacan la importancia de que la familia y la escuela desarrollen
estrategias frente al consumo de narcoseries y narcocorridos. A partir de la evidencia revisada
en este trabajo, esta orientación podría ampliarse hacia una alfabetización mediática y digital
que permita a los jóvenes comprender cómo se producen, circulan y adquieren visibilidad los
contenidos en las plataformas que utilizan cotidianamente. Esto incluiría reconocer formas de
persuasión, ofertas laborales engañosas y otros recursos utilizados en procesos de
aproximación o reclutamiento, como algunos de los hashtags, emojis y mensajes identificados
por el Seminario sobre Violencia y Paz (2025). Más que prohibir determinados contenidos o
plataformas, el propósito sería fortalecer la capacidad de los estudiantes para interpretarlos
críticamente y reconocer situaciones potenciales de riesgo.
Una segunda implicación es la necesidad de evitar intervenciones centradas en un solo factor.
Laloth Jiménez y Hernández Ferrer (2022) muestran que la presencia de narcocultura en el
espacio escolar se desarrolla junto con problemas de violencia, desigualdad y debilitamiento
de los vínculos entre estudiantes y escuela. Esto sugiere que las acciones de prevención
difícilmente serán suficientes si se concentran exclusivamente en los contenidos culturales sin
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atender las condiciones sociales y escolares en las que estos adquieren significado. Mejorar las
condiciones de permanencia, fortalecer los vínculos con docentes y familias y ampliar las
expectativas reales de continuidad educativa forman parte del mismo problema.
En el caso específico del reclutamiento, Pérez Martín (2025) plantea la necesidad de articular
prevención, reinserción y fortalecimiento de los mecanismos institucionales de protección y
justicia para adolescentes. La evidencia de la SEGOB (2021) y del Seminario sobre Violencia
y Paz (2025) añade a este desafío una dimensión digital. A partir de estos hallazgos, los
mecanismos escolares de detección temprana podrían prestar especial atención a la
combinación de factores como abandono o ausentismo escolar, bajo rendimiento, ausencia de
un proyecto educativo y posibles situaciones de contacto o captación mediante entornos
digitales. Esto no significa considerar a todo estudiante con dificultades escolares como
potencial víctima de reclutamiento, sino reconocer que la acumulación de distintos factores de
vulnerabilidad puede requerir acompañamiento oportuno.
También resulta pertinente fortalecer la coordinación entre instituciones educativas,
organismos de protección de niñas, niños y adolescentes, autoridades competentes y
plataformas digitales. El objetivo sería mejorar la identificación y canalización de situaciones
de riesgo, particularmente cuando existen indicios de ofertas laborales fraudulentas, amenazas,
coerción o intentos de contacto con menores. Sin embargo, la evidencia revisada todavía no
permite determinar qué modelos de colaboración son más eficaces, por lo que este aspecto
requiere evaluación sistemática antes de traducirse en protocolos generalizados.
Finalmente, las políticas de prevención y permanencia escolar deberían considerar las
diferencias de género observadas en los estudios revisados. Las adolescentes y mujeres jóvenes
pueden enfrentar condiciones específicas relacionadas con responsabilidades de cuidado,
exclusión educativa y riesgos de explotación sexual en determinados contextos de
reclutamiento. Por su parte, entre algunos grupos de varones jóvenes, las representaciones de
poder, prestigio, riqueza y reconocimiento vinculadas con la narcocultura pueden adquirir un
significado particular dentro de ciertos modelos de masculinidad. En ambos casos, más que
aplicar estrategias uniformes, sería conveniente desarrollar intervenciones sensibles al género
y al contexto social de los jóvenes.
Limitaciones de la revisión y líneas futuras de investigación (Sección 9)
Esta revisión presenta varias limitaciones que deben considerarse al interpretar sus resultados.
En primer lugar, al tratarse de una revisión narrativa y crítica, y no de una revisión sistemática,
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no se aplicó un protocolo estandarizado de búsqueda ni una evaluación formal y comparable
de la calidad metodológica de todos los estudios incluidos. La selección se orientó por la
pertinencia temática y la disponibilidad de evidencia relacionada con el caso mexicano, lo que
permite integrar fuentes de distinta naturaleza, pero también introduce un posible sesgo de
selección.
Una segunda limitación se relaciona con la distribución territorial de los estudios disponibles.
Buena parte de la literatura sobre narcocultura, juventud y educación se concentra en entidades
como Sinaloa, Nayarit, Veracruz y Quintana Roo, caracterizadas además por una elevada
visibilidad mediática de la actividad del crimen organizado. Esta concentración dificulta
extrapolar los resultados al conjunto del país y deja poco exploradas regiones en las que la
relación entre narcocultura, trayectorias educativas y entornos digitales podría adquirir
características distintas.
Una tercera limitación corresponde específicamente a la dimensión digital incorporada en esta
actualización. La literatura académica arbitrada sobre narcocultura en redes sociales y su
posible relación con la desafección o el abandono escolar sigue siendo considerablemente
menor que la disponible sobre narcocultura de circulación tradicional. Parte importante de la
evidencia sobre reclutamiento digital procede de informes institucionales de la SEGOB (2021)
y del Seminario sobre Violencia y Paz de El COLMEX (2025), además de trabajos académicos
como los de León Olvera (2023), Becerra Romero (2023) y Cuicas Chamu (2026). Estas
fuentes aportan información relevante, pero responden a diseños, objetivos y procedimientos
distintos. Por ello, conviene diferenciar entre los hallazgos derivados de estudios académicos
con metodologías explícitas y la evidencia institucional que documenta modalidades
emergentes de contacto y reclutamiento cuya magnitud a escala nacional todavía no puede
estimarse con precisión.
También se identificaron diferencias entre las cifras disponibles sobre abandono escolar. Para
un mismo ciclo escolar se reportaron estimaciones de 864,308 y 994,219 estudiantes,
procedentes de fuentes y procedimientos de cálculo distintos. Estas discrepancias no modifican
el hecho de que el abandono escolar continúa afectando a una población numerosa, pero sí
aconsejan cautela al utilizar cifras absolutas y al realizar comparaciones entre fuentes.
A ello se suma una limitación metodológica presente en buena parte de los estudios empíricos
revisados. Predominan los diseños transversales, cualitativos y de estudio de caso, que permiten
identificar asociaciones, experiencias y mecanismos plausibles, pero no establecer relaciones
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causales entre la exposición a contenidos narcoculturales, el uso de plataformas digitales y la
desafección educativa. Para avanzar en esta dirección serían necesarios estudios longitudinales
capaces de seguir las trayectorias de los jóvenes a lo largo del tiempo y de incorporar medidas
más precisas de exposición digital. Idealmente, estas investigaciones deberían complementar
el autorreporte con registros objetivos de interacción o consumo digital, siempre bajo criterios
adecuados de privacidad, consentimiento y protección de menores.
A partir de estas limitaciones se desprenden varias líneas de investigación. Una primera
prioridad consiste en ampliar la cobertura territorial de los estudios y desarrollar
investigaciones con muestras más diversas que permitan conocer cómo varía la presencia de la
narcocultura digital según el contexto regional. También sería útil trasladar al entorno de las
redes sociales diseños cuantitativos semejantes a los utilizados por Zazueta Beltrán et al. (2022)
para estudiar el consumo de narcoseries y narcocorridos, incorporando variables específicas
sobre frecuencia, tipo de contenido y formas de interacción.
Una segunda línea consiste en distinguir con mayor precisión entre el uso general de redes
sociales y la exposición específica a contenidos narcoculturales. Los resultados de Valencia-
Ortiz et al. (2023) muestran la importancia de no atribuir automáticamente consecuencias
educativas negativas al uso frecuente de redes sociales. Los futuros estudios deberían examinar
qué tipos de contenidos se consumen, con qué frecuencia, mediante qué mecanismos aparecen
en los perfiles de los usuarios y cómo interactúan con variables como expectativas educativas,
situación socioeconómica, violencia territorial y vínculos familiares.
También resulta necesario profundizar en el uso de redes sociales, aplicaciones de mensajería
y videojuegos como espacios de contacto y reclutamiento. Aunque este mecanismo ha sido
señalado por fuentes académicas e institucionales, todavía se requieren investigaciones que
permitan conocer mejor sus modalidades, frecuencia, evolución y diferencias territoriales. De
particular interés sería distinguir entre exposición a contenidos, contacto inicial, interacción
sostenida y reclutamiento efectivo, evitando tratar estas etapas como si formaran una secuencia
inevitable. Otra línea pendiente es incorporar de manera sistemática la perspectiva de género.
Los estudios revisados muestran diferencias tanto en las condiciones que favorecen la
interrupción educativa como en las formas de reclutamiento, explotación y participación
asociadas con el crimen organizado. Analizar estas diferencias permitiría comprender mejor
por qué ciertos factores de riesgo adquieren significados distintos entre mujeres y hombres
jóvenes.
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Finalmente, sería pertinente explorar la relación entre aspiraciones educativas, capital cultural
familiar, condiciones materiales y exposición a contenidos narcoculturales en entornos
digitales. Las advertencias planteadas por Blanco (2017) muestran que los conceptos derivados
de la teoría de la reproducción social no pueden trasladarse mecánicamente al contexto
mexicano. Del mismo modo, cualquier propuesta sobre un posible “capital cultural digital”
asociado con la narcocultura deberá sustentarse en evidencia empírica específica y no
únicamente en analogías conceptuales. Esta línea permitiría evaluar con mayor precisión cómo
distintos sistemas de reconocimiento, prestigio y expectativas de movilidad social interactúan
en las decisiones y trayectorias educativas de los jóvenes.
CONCLUSIÓN (Sección 10)
Esta revisión narrativa integró literatura académica reciente, estadísticas oficiales e informes
institucionales para analizar la relación entre narcocultura, entornos digitales y desafección
educativa entre jóvenes mexicanos, considerando al mismo tiempo condiciones estructurales
como la pobreza, la informalidad laboral y la violencia. En conjunto, la evidencia revisada no
permite sostener que la narcocultura determine por sí misma el abandono escolar. Sí muestra,
en cambio, que determinados contenidos asociados con el narcotráfico pueden formar parte de
los referentes mediante los cuales algunos jóvenes construyen ideas sobre éxito, prestigio,
poder y movilidad social, especialmente en contextos donde las oportunidades educativas y
laborales se perciben como limitadas o inciertas. Desde la teoría de la anomia-tensión, estas
representaciones pueden entenderse como una expresión simbólica del desajuste entre
aspiraciones socialmente valoradas y las posibilidades reales de alcanzarlas mediante vías
legítimas.
Las redes sociales introducen nuevas condiciones para la circulación de estos contenidos. A
diferencia de buena parte de la narcocultura difundida mediante medios tradicionales, las
plataformas digitales permiten que usuarios y comunidades participen directamente en la
producción, reproducción y difusión de imágenes, discursos y estilos vinculados con el
“narcomundo”. También incorporan mecanismos de recomendación, interacción y
reconocimiento social que hacen posible una exposición más individualizada y dinámica. Sin
embargo, la evidencia disponible todavía no permite afirmar que estas características
produzcan por sí mismas una mayor desafección educativa. Lo que sí está documentado por
fuentes institucionales es que redes sociales, aplicaciones de mensajería y videojuegos han sido
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utilizados en determinados casos como espacios de contacto y reclutamiento de menores y
jóvenes (Secretaría de Gobernación, 2021; Seminario sobre Violencia y Paz et al., 2025).
Esta distinción resulta importante para evitar interpretaciones tecnológicamente deterministas.
El uso frecuente de redes sociales no equivale a exposición a narcocultura ni implica
necesariamente consecuencias negativas para las trayectorias escolares. Los resultados de
Valencia-Ortiz et al. (2023) refuerzan precisamente la necesidad de no atribuir efectos
educativos adversos al uso general de estas plataformas. La pregunta relevante es más
específica: qué contenidos reciben los jóvenes, cómo interactúan con ellos, qué significado
adquieren dentro de sus contextos sociales y en qué circunstancias las plataformas dejan de
funcionar únicamente como espacios de consumo cultural para convertirse en canales de
contacto directo.
La evidencia revisada también muestra que estos procesos no pueden separarse de las
condiciones sociales en las que ocurren. La pobreza, la precariedad laboral, la violencia
territorial, las trayectorias escolares interrumpidas y las limitaciones institucionales aparecen
de manera recurrente en los estudios analizados. La narcocultura no origina estas condiciones,
pero puede adquirir mayor relevancia simbólica cuando determinadas promesas de éxito,
riqueza y reconocimiento contrastan con experiencias de movilidad social limitada. En este
sentido, la escuela forma parte de una disputa más amplia por las expectativas de futuro de los
jóvenes, junto con otros espacios familiares, comunitarios, laborales y digitales.
Las implicaciones para la política educativa y de prevención apuntan, por tanto, hacia
respuestas integrales. Los apoyos económicos y las estrategias de permanencia escolar siguen
siendo necesarios, pero pueden complementarse con alfabetización mediática y digital,
fortalecimiento de proyectos de vida, detección temprana de situaciones de vulnerabilidad y
una mayor coordinación entre instituciones educativas, organismos de protección y autoridades
competentes. Estas acciones deben evitar tanto la criminalización de los jóvenes como la idea
de que el simple consumo de determinados contenidos conduce inevitablemente al abandono
escolar o al ingreso al crimen organizado.
Finalmente, la principal limitación de la evidencia disponible es también una de las
aportaciones de esta revisión: existe una distancia importante entre el conocimiento acumulado
sobre narcocultura de circulación tradicional y el todavía incipiente estudio académico de sus
expresiones digitales y su relación con las trayectorias educativas. Se requieren estudios
longitudinales, muestras más amplias y diversas, medidas más precisas de exposición digital y
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análisis sensibles al género y al contexto territorial. Avanzar en esta dirección permitiría
comprender con mayor precisión cuándo y bajo qué condiciones la narcocultura digital
adquiere relevancia en las experiencias educativas de los jóvenes mexicanos y ofrecer una base
más sólida para el diseño de políticas públicas.
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: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.353
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Parra Abarca, J., Treviño Carreón, M., Baldivia Noyola, P., Palacios Pérez, H. B., & Rodríguez
Matías , L. (2026). Narcocultura, Redes Sociales y Deserción escolar en la Juventud Mexicana:
Revisión Crítica de los Mecanismos Digitales de la Desafección Educativa
Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 4(1), 36-
59. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i5.353