Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 5 - Año 2026
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como Lerner (2001), Gómez Palacio (1982), Kaufman (1998) y Nemirovsky (1999), y a nivel
internacional por Clay (1966) y Olson (1994).
A esta visión se suma el enfoque sociocultural, representado por Vygotsky (1934/1995), Street
(1984), Barton (1994) y Hamilton (2000), para quienes la alfabetización es una práctica social
situada, mediada por herramientas culturales e instituciones, cuyo significado varía según los
contextos y las tradiciones. En América Latina, Soares (2003) y Rojo (2009) desarrollaron el
concepto de letramento, equivalente a literacidad, para describir la participación en prácticas
de lectura y escritura en contextos de desigualdad y diversidad cultural.
Ambos enfoques se articulan de manera complementaria: el psicogenético explica cómo los
niños elaboran hipótesis sobre la escritura, mientras que el sociocultural explica por qué esas
hipótesis se construyen de manera distinta según los contextos, las lenguas y las prácticas
familiares. En conjunto, permiten comprender la alfabetización como un proceso
simultáneamente cognitivo y social, y definirla, de manera sintética, como un proceso
constructivo, sociocultural, crítico, multimodal y político mediante el cual los sujetos se
apropian de la cultura escrita, participan en prácticas sociales de lenguaje y adquieren
competencias para comprender y transformar el mundo.
Literacidad: origen y perspectivas contemporáneas
La literacidad, del inglés literacy, ha adquirido relevancia internacional en las últimas décadas
como categoría analítica para comprender las prácticas sociales de lectura y escritura. A partir
de los New Literacy Studies (Street, 1984; Barton, 1994; Hamilton, 2000), el término se
expandió desde un significado restringido, centrado en la capacidad de leer y escribir, hacia
una noción que implica comprender cómo las personas usan la lectura y la escritura en su vida
cotidiana, cómo circulan los textos en distintas esferas sociales y cómo las prácticas de lenguaje
se vinculan con identidades y relaciones de poder, reconociendo la existencia de múltiples
literacidades (escolares, comunitarias, laborales, digitales, familiares).
En América Latina, el concepto se fortaleció a través del letramento, desarrollado por Soares
(2003) y ampliado por Rojo (2009), que enfatiza que la literacidad es un fenómeno social y
político vinculado con el acceso a la cultura escrita, la ciudadanía y la justicia educativa, y que
ha sido estudiado en relación con comunidades indígenas, contextos rurales y entornos digitales
en distintos países de la región. La literacidad también ha sido ampliada por organismos como