Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 3 - Año 2026
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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Entre la Confianza y la Exclusión: La Paradoja de las Mujeres
en Carreras STEM en la Educación Superior
Between Trust and Exclusion: The Paradox of Women in STEM Careers in
Higher Education
Diana del Consuelo Caldera González
dccaldera@ugto.mx
https://orcid.org/0000-0003-2116-2538
Universidad de Guanajuato
Guanajuato México
María Guadalupe de Lourdes Acosta Castillo
macosta@itesg.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-4456-8362
TecNM: Instituto Tecnológico Superior de Guanajuato
Guanajuato México
Miguel Agustín Ortega Carrillo
mortega@delsallebajio.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2412-0966
Universidad de La Salle Bajío
León México
Artículo recibido: 14/07/2026
Aceptado para publicación: 15/08/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar.
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RESUMEN
El presente estudio investiga las barreras y facilitadores que enfrentan las mujeres en
carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) dentro de instituciones de
educación superior. Mediante un diseño cuantitativo no experimental, se aplicó un cuestionario
a 439 mujeres estudiantes de educación superior, cuyo perfil demográfico permitió examinar
seis dimensiones: estereotipos y normas de género, apoyo institucional y académico, confianza
y autoeficacia, referentes y redes de apoyo, experiencias en el aula y relaciones con pares, y
perspectivas profesionales y equidad laboral. Los resultados muestran que, aunque el 87.1% de
las participantes percibe alta inclusión formal y más del 85% reporta fuerte compromiso
académico y autoeficacia, el 37.8% experimenta discriminación sutil en su cotidianidad
académica, y entre 35% y 42% enfrenta microagresiones sistemáticas. Asimismo, el 24.7% ha
considerado abandonar su carrera debido a entornos desiguales, mientras que el 71.5% desea
contribuir a incrementar la presencia femenina en estos campos. La brecha más crítica surge
en el acceso a redes de apoyo: el 77.7% manifiesta interés en participar en redes de mujeres en
STEM, pero solo el 41.3% accede realmente a ellas, lo que revela una diferencia de 36.4 puntos
porcentuales. Estos hallazgos evidencian una paradoja: la inclusión formal y el compromiso
académico coexisten con barreras estructurales que amenazan la permanencia de las mujeres
en STEM. Se concluye que las instituciones deben crear espacios formales de mentoría y
colaboración para cerrar esta brecha y sostener la permanencia y el desarrollo profesional de
las mujeres en disciplinas científico-tecnológicas.
Palabras clave: STEM, discriminación, educación, permanencia
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ABSTRACT
This study investigates the barriers and facilitators that women encounter in Science,
Technology, Engineering, and Mathematics (STEM) careers within higher education
institutions. Using a non-experimental quantitative design, a questionnaire was administered
to 439 women students, whose demographic profile allowed the examination of six dimensions:
gender stereotypes and norms, institutional and academic support, confidence and self-
efficacy, role models and support networks, classroom experiences and peer relationships, and
career prospects and workplace equity. The results show that although 87.1% of participants
perceive high formal inclusion and more than 85% report strong academic engagement and
self-efficacy, 37.8% experience subtle discrimination in their daily academic life, and between
35% and 42% face systematic microaggressions. Furthermore, 24.7% have considered
abandoning their career due to unequal environments, while 71.5% wish to help increase
women's presence in these fields. The most critical gap appears in access to support networks:
77.7% express interest in joining women-in-STEM networks, but only 41.3% actually access
them, revealing a 36.4-percentage-point difference. These findings reveal a paradox: formal
inclusion and academic engagement coexist with structural barriers that threaten women's
retention in STEM. The study concludes that institutions must create formal mentoring and
collaboration spaces to close this gap and sustain women's retention and professional
development in science and technology disciplines.
Keywords: STEM, discrimination, education, retention.
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INTRODUCCIÓN
La baja participación de mujeres en carreras STEM constituye un fenómeno global que
trasciende contextos geográficos y niveles educativos. Según datos de la UNESCO, las mujeres
representan apenas el 35% de los estudiantes matriculados en campos relacionados con STEM
a nivel mundial, cifra que disminuye significativamente en áreas como ingeniería y tecnología
donde la representación femenina desciende al 28%. Esta segregación horizontal del
conocimiento no solo limita las oportunidades de desarrollo profesional de las mujeres, sino
que empobrece la producción científica al excluir perspectivas diversas esenciales para la
innovación. En el contexto latinoamericano, aunque la matrícula femenina en educación
superior ha alcanzado la paridad e incluso superioridad numérica en algunos países, persiste
una marcada segregación disciplinaria donde las mujeres se concentran en áreas
tradicionalmente feminizadas como educación, salud y humanidades, mientras permanecen
subrepresentadas en ciencias exactas e ingenierías. Esta distribución desigual tiene
implicaciones profundas no solo en términos de equidad de género, sino también en el
desarrollo económico y científico de las naciones, considerando que las profesiones STEM se
encuentran entre las más demandadas y mejor remuneradas en la economía del conocimiento.
Los estereotipos de género constituyen uno de los mecanismos más potentes en la reproducción
de desigualdades en campos STEM. La teoría de la amenaza del estereotipo, desarrollada por
Steele y Aronson, explica cómo la activación de creencias negativas sobre las capacidades
intelectuales de un grupo puede afectar el desempeño de sus miembros en situaciones
evaluativas. En el caso específico de las mujeres en matemáticas y ciencias, la mera conciencia
de estereotipos que cuestionan su competencia puede generar ansiedad y reducir el rendimiento
académico, creando un círculo vicioso que refuerza las creencias estereotípicas iniciales.
La construcción social de las disciplinas STEM como territorios masculinos comienza desde
la infancia temprana. Estudios en psicología del desarrollo muestran que, a partir de los seis
años, las niñas comienzan a internalizar la creencia de que la brillantez intelectual es un atributo
predominantemente masculino, lo que influye en sus preferencias académicas futuras. Esta
socialización diferencial se perpetúa a través de múltiples agentes: materiales educativos que
invisibilizan las contribuciones científicas femeninas, prácticas pedagógicas que refuerzan
sesgos implícitos, y medios de comunicación que reproducen imágenes estereotipadas de
científicos y tecnólogos como figuras masculinas.
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Cheryan y colaboradores proponen el concepto de "clima de pertenencia" para explicar cómo
los entornos educativos y profesionales envían señales sutiles sobre quién pertenece y quién no
a determinados campos (10). En disciplinas STEM, elementos aparentemente neutrales como
la decoración de espacios, el lenguaje utilizado en descripciones de cursos, o la composición
demográfica de cuerpos docentes y estudiantiles, comunican mensajes implícitos sobre
identidades valoradas y marginadas. Estas señales ambientales contribuyen a que muchas
mujeres experimenten lo que se denomina "falta de ajuste" o "no pertenencia" en espacios
STEM, afectando su motivación, permanencia y aspiraciones profesionales.
La teoría del aprendizaje social de Bandura establece que los modelos a seguir desempeñan
funciones cruciales en el desarrollo de identidades profesionales, proporcionando no solo
habilidades técnicas sino también marcos para imaginar trayectorias posibles. En contextos
donde un grupo está subrepresentado, la presencia de modelos del mismo grupo adquiere
relevancia especial al desafiar estereotipos sobre quién puede tener éxito en determinado
campo y proporcionar evidencia concreta de que el logro es alcanzable.
Para las mujeres en STEM, la exposición a científicas y tecnólogas exitosas tiene efectos
documentados sobre aspiraciones académicas, persistencia frente a obstáculos, y resistencia a
la amenaza del estereotipo. Lockwood y Kunda demostraron que los modelos a seguir son más
efectivos cuando se perciben como alcanzables pero sobresalientes, proporcionando
inspiración sin generar sensación de comparación desventajosa. Sin embargo, el efecto de los
modelos a seguir está moderado por factores de similitud percibida: las estudiantes se
benefician más de modelos con quienes comparten características identitarias relevantes y
cuyas trayectorias pueden visualizar como aplicables a sus propias circunstancias.
La escasez de mujeres en posiciones de liderazgo científico crea lo que Dasgupta denomina un
"déficit de modelos a seguir" que perpetúa la subrepresentación femenina. Este déficit no solo
limita la capacidad de las jóvenes para imaginar futuros posibles en campos STEM, sino que
también las priva de información práctica sobre navegación de barreras, estrategias de
negociación, equilibrio trabajo-vida, y otros desafíos específicos que enfrentan las mujeres en
entornos masculinizados. Más allá de la mera presencia numérica, la investigación sugiere que
la calidad de las interacciones con modelos a seguir y la accesibilidad percibida de estas figuras
son factores determinantes en su efectividad como fuentes de inspiración y orientación.
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El concepto de capital social, desarrollado por Bourdieu y posteriormente por Coleman y
Putnam, se refiere a los recursos accesibles a través de redes de relaciones sociales. En
trayectorias académicas y profesionales STEM, el capital social opera como factor crítico que
influye en acceso a oportunidades, información sobre becas y posiciones de investigación,
colaboraciones científicas, y mecanismos de apoyo durante crisis académicas. La investigación
documenta disparidades de género sistemáticas en la acumulación de capital social en campos
STEM, donde las mujeres tienden a estar menos integradas en redes informales de intercambio
de información y colaboración científica.
Las redes profesionales en disciplinas masculinizadas frecuentemente operan a través de
mecanismos de homofilia, tendencia a formar conexiones con personas similares en términos
de características demográficas y experiencias. Esto resulta en que las mujeres, como minoría
numérica, enfrentan mayores dificultades para construir redes densas de apoyo profesional,
quedando excluidas de espacios informales donde circula información valiosa sobre
oportunidades y se establecen colaboraciones estratégicas. Esta exclusión no es necesariamente
intencional sino producto de dinámicas estructurales que privilegian interacciones dentro de
grupos dominantes.
Las redes específicas de mujeres en STEM emergen como estrategia compensatoria ante estas
exclusiones estructurales. Investigaciones sobre organizaciones profesionales femeninas en
ciencia y tecnología documentan múltiples beneficios: incremento en sentido de pertenencia,
acceso a mentorías específicas de género, intercambio de estrategias para navegar ambientes
hostiles, apoyo emocional, y oportunidades de liderazgo. Dasgupta y Stout demostraron que la
participación en redes de mujeres en STEM funciona como "vacuna social" contra la amenaza
del estereotipo, protegiendo el sentido de pertenencia y las aspiraciones profesionales incluso
en entornos con baja representación femenina.
Sin embargo, existe una paradoja documentada respecto a estas redes: mientras que su
efectividad está ampliamente demostrada, su accesibilidad es limitada y su existencia puede
ser interpretada como evidencia de que las mujeres necesitan "ayuda especial", reforzando
paradójicamente estereotipos sobre menor competencia. Además, la sobrecarga de servicio que
frecuentemente experimentan mujeres en academia y campos STEM expectativas implícitas
de asumir roles de mentoría y apoyo a otras mujeres además de sus responsabilidades
regulares puede limitar su disponibilidad para participar en estas redes.
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La perspectiva institucional sobre equidad de género en STEM reconoce que las barreras a la
participación femenina no residen exclusivamente en características individuales o
socializaciones previas, sino en estructuras organizacionales, políticas formales e informales,
y culturas institucionales que reproducen desigualdades. El modelo de "clima institucional"
propuesto por Rankin y Reason conceptualiza las experiencias de grupos marginados en
educación superior como producto de múltiples niveles: políticas institucionales explícitas,
prácticas organizacionales, currículum formal y oculto, y dinámicas interpersonales.
Las instituciones de educación superior pueden promover equidad en STEM mediante diversas
estrategias: políticas de reclutamiento y retención sensibles al género, formación docente en
pedagogías inclusivas, auditorías curriculares para eliminar sesgos, protocolos claros contra
acoso y discriminación, apoyo a organizaciones estudiantiles de mujeres en STEM, programas
de mentoría institucional, y transparencia en criterios de evaluación académica. Sin embargo,
existe evidencia de que muchas instituciones implementan políticas de diversidad más como
ejercicios de legitimidad simbólica que como compromisos genuinos con transformación
estructural, fenómeno que Ahmed denomina "no-performatividad" de políticas de diversidad.
La investigación sobre efectividad de intervenciones institucionales señala que las iniciativas
fragmentarias o aisladas tienen impacto limitado, mientras que transformaciones sistémicas
que abordan múltiples niveles organizacionales muestran efectos sostenidos. Ejemplo de esto
son los programas ADVANCE de la National Science Foundation en Estados Unidos, que
proporcionan financiamiento para transformaciones institucionales comprensivas en
universidades, documentando incrementos significativos en reclutamiento, retención y avance
de mujeres en facultades STEM cuando las intervenciones son sistémicas y sostenidas en el
tiempo.
No obstante, persiste una brecha significativa entre políticas formales de inclusión y
experiencias cotidianas de las mujeres en espacios STEM. Este fenómeno, conceptualizado
como "retórica sin realidad", describe situaciones donde instituciones proclaman compromiso
con equidad mientras mantienen prácticas que perpetúan exclusiones. La presencia de esta
disonancia puede ser particularmente dañina al generar lo que se denomina "discriminación de
segunda generación": formas sutiles de inequidad que operan a través de normas culturales y
prácticas aparentemente neutrales, pero que sistemáticamente colocan en desventaja a ciertos
grupos.
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Las desigualdades de género en STEM se extienden más alde espacios educativos hacia
mercados laborales científicos y tecnológicos. Estudios sobre trayectorias profesionales
documentan segregación horizontal (concentración de mujeres en ciertas áreas de STEM
consideradas más "apropiadas" para cualidades femeninas estereotípicas) y segregación
vertical (subrepresentación de mujeres en posiciones de liderazgo y toma de decisiones).
Incluso en campos STEM donde la participación femenina ha crecido sustancialmente, como
ciencias biológicas, persisten brechas significativas en acceso a posiciones permanentes,
financiamiento de investigación, y reconocimiento profesional.
Las expectativas profesionales y percepciones de equidad laboral influyen significativamente
en decisiones de permanencia en campos STEM. Cuando estudiantes y profesionales
tempranas perciben que oportunidades futuras estarán limitadas por nero observando
patrones de segregación, brechas salariales, o acoso pueden racionalmente decidir invertir
sus talentos en campos con mejores perspectivas de desarrollo equitativo. Esta anticipación de
discriminación futura, incluso en ausencia de experiencias personales directas, puede influir en
trayectorias profesionales, constituyendo lo que se denomina "discriminación anticipatoria".
Si bien la literatura sobre mujeres en STEM enfatiza justificadamente barreras y
discriminación, perspectivas contemporáneas también documentan formas de resistencia,
agencia y transformación desplegadas por mujeres en estos campos. Hughes adopta la
perspectiva de "resiliencia crítica" para analizar cómo mujeres en STEM no solo persisten a
pesar de obstáculos sino que desarrollan estrategias activas para desafiar estructuras
inequitativas, crear espacios alternativos de pertenencia, y redefinir culturas disciplinarias.
Las estrategias de resistencia documentadas incluyen: formación de redes informales de apoyo
mutuo, mentoría entre pares, redefinición de lo que constituye "excelencia científica" para
incluir valores de colaboración y ética del cuidado tradicionalmente feminizados, visibilización
de contribuciones científicas femeninas históricas y contemporáneas, activismo académico
para transformar currículos y pedagogías, y creación de espacios institucionales alternativos
(centros de mujeres en STEM, laboratorios de investigación con culturas inclusivas) (44).
La investigación sobre identidades científicas femeninas muestra que muchas mujeres en
STEM rechazan dicotomías entre identidades de género e identidades profesionales,
desarrollando en cambio identidades integradas que combinan feminidad y competencia
científica en sus propios términos. Este proceso de "trabajo identitario" implica negociar
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constantemente estereotipos contradictorios y expectativas limitadas, pero también representa
oportunidades para redefinir posibilidades y expandir concepciones de quién puede ser
científica o tecnóloga.
Pese a la riqueza de esta información, los estudios previos han tendido a abordar estos
mecanismos psicológicos, relacionales, estructurales e institucionales de manera
fragmentada, sin examinar suficientemente cómo interactúan entre para explicar trayectorias
concretas de persistencia o abandono, particularmente en contextos latinoamericanos donde la
evidencia empírica sigue siendo escasa en comparación con Estados Unidos y Europa (4, 34).
Esta fragmentación teórica limita el diseño de intervenciones institucionales integrales y deja
sin resolver preguntas centrales sobre la jerarquía relativa de estos factores. mientras las teorías
psicológicas (amenaza del estereotipo, socialización de género) explican los mecanismos
individuales de la desigualdad, las teorías relacionales (modelos a seguir, capital social) y
estructurales (clima institucional) permiten situar estos mecanismos en contextos
organizacionales concretos, y la literatura emergente sobre agencia femenina abre la
posibilidad de examinar no solo barreras sino también respuestas transformadoras. El diseño
del presente estudio busca, en consecuencia, integrar estos niveles de análisis individual,
relacional e institucional para ofrecer una visión más comprehensiva de los factores que
inciden en la participación y permanencia de las mujeres en disciplinas STEM.
METODOLOGÍA
El estudio planteó objetivos específicos interrelacionados centrados en caracterizar el perfil
demográfico y académico de las mujeres participantes en disciplinas STEM; identificar las
barreras estructurales y culturales que dificultan tanto su ingreso como su permanencia en estas
áreas; evaluar la percepción que tienen sobre el apoyo institucional recibido y las redes de
soporte disponibles; analizar sus niveles de confianza, autoeficacia e identidad profesional; y
explorar sus perspectivas laborales junto con las expectativas de equidad de nero en el campo
profesional.
Se adoptó un diseño de investigación cuantitativo, transversal y descriptivo-correlacional,
apropiado para capturar una fotografía comprehensiva de la situación actual de las mujeres en
STEM. El instrumento principal consistió en un cuestionario estructurado de 60 ítems,
utilizando escala Likert de 5 puntos para medir actitudes, percepciones y experiencias de
manera estandarizada.
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Se empleó un muestreo no probabilístico por conveniencia utilizando una muestra conformada
por 439 mujeres, entre estudiantes universitarias y profesionales en ejercicio de disciplinas
STEM (ingeniería, tecnología, ciencias exactas y matemáticas), con edades comprendidas entre
19 y 24 años. Se incluyeron participantes que estuvieran cursando estudios superiores o
ejerciendo profesionalmente en áreas STEM al momento de la aplicación del instrumento. Se
excluyeron cuestionarios incompletos o con patrones de respuesta inconsistentes (>15% de
ítems sin responder). La recolección se realizó de manera virtual mediante formulario digital
autoadministrado, en el año 2025.
El cuestionario se organizó en siete dimensiones estratégicamente seleccionadas: perfil
demográfico y académico como base contextual; estereotipos de género (10 ítems); apoyo
institucional (10 ítems); confianza y autoeficacia (10 ítems); referentes y redes de apoyo (10
ítems); experiencias en el aula (10 ítems); y perspectivas laborales (10 ítems). Esta estructura
multidimensional permitió un análisis de los factores que configuran la experiencia femenina
en STEM.
El procesamiento de datos incluyó estadística descriptiva y la confiabilidad del instrumento fue
verificada mediante el coeficiente Alpha de Cronbach (α), obteniéndose un valor global de
0.78, que indica una consistencia interna aceptable y respalda la validez de las mediciones
realizadas. Este nivel de confiabilidad confirma que el cuestionario mide de manera coherente
los constructos teóricos propuestos.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Estereotipos de Género: Barreras Sutiles pero Persistentes
El análisis de la dimensión de estereotipos de género revela un nivel moderado-bajo de
exposición general con una consistencia interna aceptable, aunque la alta variabilidad indica
experiencias heterogéneas entre las participantes. Los hallazgos por ítem muestran que las áreas
de mayor impacto son:
La presión por demostrar capacidades (67.8% en acuerdo), siendo esta la barrera más
generalizada e indicando una percepción de mayor escrutinio y carga probatoria diferencial por
género.
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La invisibilización mediática de científicas (61.2% en acuerdo), cuya falta de modelos
femeninos visibles afecta las aspiraciones vocacionales
La asociación social entre STEM y masculinidad (52.3% en acuerdo), reconocida por más de
la mitad de las participantes como un estereotipo estructural persistente.
En contraste, las áreas de menor impacto incluyen: los mensajes explícitos discriminatorios en
la infancia (72.4% en desacuerdo) y el desánimo explícito para estudiar STEM (68.9% en
desacuerdo), lo cual sugiere un cambio generacional positivo con menor discriminación directa
en las familias actuales. Por lo que se observa una transición de la discriminación explícita
hacia barreras sutiles pero estructurales, donde la carga probatoria diferencial constituye el
principal obstáculo identificado, el ficit de representación está ampliamente reconocido
como un factor que limita las aspiraciones, y la heterogeneidad de experiencias demuestra que
factores contextuales institucionales, familiares y generacionales son determinantes en la
exposición a estereotipos de género en STEM.
Apoyo Institucional: Buenas Bases con Brechas Críticas
El diagnóstico del apoyo institucional revela que existe una base sólida de iniciativas (73.4%),
pero con brechas críticas que limitan su efectividad. Las fortalezas se concentran en aspectos
discursivos y actitudinales: promoción de igualdad de nero (72.4%), respaldo docente
(70.4%) y lenguaje incluyente (69.8%). Sin embargo, esta base favorable contrasta
dramáticamente con fallas operativas estructurales: solo el 52.8% conoce o confía en los
mecanismos de denuncia, el 46.3% carece de información sobre becas y apoyos específicos, y
el 22.6% reporta haber experimentado interrupciones o invisibilización por razón de género en
espacios académicos. Esta disonancia evidencia una brecha informativa y de implementación
que segmenta a la población estudiantil en tres grupos: 35% con percepción positiva integral,
40% ambivalente por desconocimiento de recursos, y 25% crítico con experiencias negativas
recurrentes. La conclusión a esta información sería que el apoyo institucional existe, pero no
se distribuye equitativamente ni se comunica eficazmente, requiriendo intervenciones urgentes
en difusión de protocolos, centralización de información sobre recursos, y estructuración de
programas de mentoría y liderazgo femenino que conviertan las buenas intenciones en acceso
real y experiencias tangibles para todas las estudiantes.
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Confianza y Autoeficacia: Fortaleza Interna, Brecha Externa
El estudio muestra que las mujeres en carreras STEM demuestran una sólida confianza interna
(81%) que contrasta significativamente con su limitada conexión al ecosistema profesional
externo (58%). Las dimensiones de autoeficacia académica, identidad profesional y proyección
futura muestran niveles sobresalientes, con 89.4% confiando en sus capacidades técnicas,
87.1% identificándose positivamente como profesionales STEM y 88.8% manifestando alta
motivación a largo plazo; sin embargo, la dimensión de participación y redes presenta una
fractura crítica, donde apenas 38.4% ha participado en eventos de visibilización y solo 32.8%
accede a redes profesionales, pese a que 61.6% participaría con apoyo adecuado. Se identifican
tres perfiles diferenciados: "Alta confianza/Baja conexión" (52%), que requiere programas de
mentoría; "Confianza integral" (33%), potenciales mentoras; y "En desarrollo" (15%),
necesitado de apoyo intensivo. La implicación estratégica es clara: el desafío no radica en
fortalecer la autoeficacia ya establecida en más del 85% sino en conectar sistemáticamente
este talento con oportunidades externas, redes profesionales y experiencias de visibilización,
transformando la confianza individual en capital profesional colectivo.
Referentes y Redes: Demanda Insatisfecha
El análisis de referentes y redes entre las estudiantes encuestadas demuestra que: existe un alto
reconocimiento de mujeres líderes en sus áreas (78%) y un interés extraordinario por trabajar
en comunidades de mujeres en ciencia (77.7%), pero solo el 27.7% ha participado
efectivamente en programas específicos. Aunque el 70.2% identifica referentes femeninos,
únicamente el 66.1% cuenta con mentoras cercanas, evidenciando que visibilidad no equivale
a mentoría personalizada. La situación se agrava al contrastar el altísimo interés comunitario
(77.7%) con la baja identificación de redes de apoyo existentes (41.3). El soporte institucional,
si bien reconocido moderadamente (53.5%), no se traduce en participación estructurada:
mientras el 47.6% asiste pasivamente a charlas con científicas, solo el 27.7% se involucra en
programas formales, y el 33% desconoce dónde buscar becas específicas. Esta desconexión
entre discurso institucional y práctica efectiva señala como prioridad estratégica la
construcción de puentes formales: estructuras de mentoría cercana, comunicación visible de
recursos y espacios comunitarios institucionalizados que transformen el enorme interés latente
en participación sostenida.
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Experiencias en el Aula: Inclusión Formal vs. Discriminación Sutil
En cuanto experiencias en el aula y relaciones con pares, mientras el 87.1% percibe un clima
institucionalmente inclusivo caracterizado por la valoración de opiniones, promoción del
respeto y equidad docente, el 37.8% reporta experiencias discriminatorias cotidianas que
socavan esta atmósfera aparentemente favorable. El problema más grave identificado
corresponde a los sesgos en la asignación de tareas técnicas (41.6%), situación especialmente
crítica porque refuerza estereotipos, limita el desarrollo de competencias centrales en STEM y
afecta directamente la empleabilidad futura de las estudiantes. Adicionalmente, más de una de
cada tres mujeres enfrenta barreras sutiles pero persistentes como microagresiones (39.7%),
interrupciones diferenciadas (35.0%) y menosprecio por género (35.0%), con un preocupante
porcentaje de respuestas neutrales (hasta 22.8%) que sugiere una posible normalización de
comportamientos discriminatorios. Como factor protector, el 84.3% reporta redes sólidas de
apoyo entre mujeres, evidenciando estrategias de resiliencia colectiva. Estas experiencias
discriminatorias evidencian una brecha crítica entre el discurso institucional inclusivo y las
prácticas pedagógicas concretas, requiriendo intervenciones urgentes particularmente en la
asignación equitativa de responsabilidades técnicas.
Perspectivas Laborales: Conciencia Crítica con Compromiso
El análisis de las perspectivas presenta que mientras más de la mitad de las participantes
(50.8%) percibe desigualdades estructurales en el mercado laboral con solo 34.5% creyendo
que tendrá las mismas oportunidades de empleo que los hombres, 57.9% anticipando
dificultades para ascensos y 55.2% percibiendo sesgo en contratación , el 71.5% mantiene
una fuerte motivación para influir en la incorporación de más mujeres al campo, evidenciando
una conciencia crítica acompañada de compromiso transformador. A pesar de que el 24.7% ha
considerado abandonar la carrera por el entorno desigual y el 51.6% anticipa dificultades en la
conciliación laboral-familiar, el 64.1% demuestra resiliencia al no haber contemplado desertar,
y el 60.4% mantiene interés en continuar estudios de posgrado en STEM. La segmentación
identifica cuatro perfiles distintos: Optimistas Resilientes (23%), Críticas Conscientes (41%,
el grupo mayoritario), Neutrales-Indecisas (24%) y Desmotivadas-Riesgo (12%), siendo el
36% de la muestra un grupo prioritario que requiere intervención urgente. Esta ventana de
oportunidad, sustentada en la alta motivación colectiva pero amenazada por las barreras
percibidas, demanda acciones institucionales inmediatas que fortalezcan el apoyo a través de
mentoría (actualmente solo el 43.4% la ha buscado), visibilicen iniciativas de equidad
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empresarial y prevengan la deserción del cuarto de la población estudiantil que se encuentra en
riesgo de abandonar.
Hallazgos Transversales
El estudio revela cuatro paradojas críticas que evidencian una brecha estructural entre discursos
institucionales y realidades cotidianas en STEM. Aunque el 87.1% percibe un clima inclusivo,
el 37.8% experimenta discriminación sutil, demostrando que las políticas formales no
garantizan equidad práctica. De manera alarmante, pese a que el 89.4% reporta alta
autoeficacia, solo el 38.4% participa en eventos académicos, evidenciando que el problema no
radica en capacidades percibidas sino en acceso desigual a oportunidades. Adicionalmente,
mientras el 77.7% expresa interés en comunidades profesionales, únicamente el 41.3%
identifica redes disponibles, señalando demanda insatisfecha de espacios de mentoría. La
coexistencia de alta motivación transformadora (71.5%) con percepción generalizada de sesgo
de nero (55.2%) refleja que las mujeres persisten pese a barreras sistémicas, aunque el 24.7%
ha considerado abandonar, indicando un punto de inflexión crítico. Los factores de riesgo
prioritarios incluyen sesgos en asignación de tareas cnicas (41.6%), microagresiones (39.7%)
y desconocimiento de recursos (46.3%), mientras que factores protectores como alta
autoeficacia (89.4%), redes femeninas de apoyo (84.3%) y respaldo docente (70.4%)
constituyen bases sólidas para intervención.
Se identifican en esta dimensión cuatro perfiles diferenciados que requieren estrategias
específicas: "Exitosas Desconectadas" (30%, necesitan networking), "Conscientes Resilientes"
(35%, requieren reconocimiento), "Vulnerables Aisladas" (20%, intervención prioritaria ante
alto riesgo de deserción) y "En Desarrollo" (15%, necesitan mentoría estructurada).
CONCLUSIÓN
La investigación revela una paradoja fundamental en la situación de las mujeres en STEM:
poseen alta capacitación y compromiso transformador (89.4% confía en sus capacidades y
71.5% aspira a cambiar el campo), pero enfrentan barreras estructurales que limitan su
desarrollo pleno. Mientras el 87.1% percibe un clima formalmente inclusivo, el 37.8%
experimenta discriminación sutil cotidiana, manifestada principalmente en sesgos de
asignación de tareas técnicas (41.6%), presión constante por demostrar más (67.8%) e
invisibilización mediática (61.2%). Esta contradicción genera un riesgo significativo: el 24.7%
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ha considerado abandonar el campo pese a su vocación, y el 56% requiere intervención
prioritaria en los próximos 12 meses, especialmente los grupos vulnerables aislados (20%) y
desmotivados en riesgo (12%). Sin embargo, existen fortalezas estratégicas aprovechables:
redes de apoyo entre mujeres (84.3%), respaldo docente (70.4%) y baja deserción actual
(64.1%), que constituyen una ventana de oportunidad para la transformación. El mensaje
central es contundente: el problema no radica en capacidades ni vocación femenina, sino en
barreras institucionales que niegan acceso equitativo a oportunidades clave, recursos y
protección ante discriminación sistemática. La solución no requiere "empoderar"
individualmente a las mujeres, quienes ya demuestran competencia y motivación, sino
transformar las estructuras, prácticas y protocolos institucionales que perpetúan la desigualdad,
mediante intervenciones combinadas que incluyan redistribución equitativa de tareas técnicas,
formalización de redes y mentorías, comunicación efectiva de recursos disponibles y apoyo
especializado a grupos de riesgo.
Para profundizar en la comprensión de la participación femenina en STEM, se recomienda
desarrollar estudios complementarios que incluyan investigación cualitativa mediante
entrevistas a profundidad con grupos de riesgo, grupos focales por perfil identificado, historias
de vida de mujeres que abandonaron estas áreas y observación etnográfica en aulas; estudios
longitudinales que permitan el seguimiento desde el ingreso hasta el egreso, el análisis de
trayectorias laborales de egresadas y la evaluación del impacto de intervenciones a mediano
plazo; análisis interseccionales que crucen variables de etnia, clase y orientación sexual para
identificar vulnerabilidades múltiples y diseñar intervenciones diferenciadas; estudios
comparativos entre áreas STEM, instituciones públicas y privadas, regiones y contextos
internacionales; y evaluaciones rigurosas de intervenciones mediante diseños experimentales
o cuasiexperimentales que midan el impacto y analicen el costo-beneficio de programas
específicos. Asimismo, emergen líneas de investigación prioritarias que abordan el impacto de
la pandemia en las trayectorias de mujeres en STEM, el papel de las redes sociales en la
construcción de identidad profesional, los efectos del trabajo remoto en la conciliación vida-
trabajo, la influencia de nuevas tecnologías como la inteligencia artificial en la participación
femenina, y el estudio de las masculinidades en STEM como aliadas para la equidad de género.
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Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Caldera González, D. del C., Acosta Castillo, M. G. de L., & Ortega Carrillo, M. A. (2026).
Entre la Confianza y la Exclusión: La Paradoja de las Mujeres en Carreras STEM en la
Educación Superior. Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo
Sostenible, 5(3), 663-682. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i3.317