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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Rosácea, Psoriasis y Dermatitis Seborreica: Revisión Sistemática
de sus Complicaciones Oftalmológicas
Rosacea, Psoriasis and Seborrheic Dermatitis: Systematic Review of Their
Ophthalmological Complications
Jorge Andrés Peralvo Saltos
-egrojxovlarep@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-9695-1473
Autor Independiente
Ecuador
Sabrina Paola Peralvo Saltos
-paola.sabr@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-5026-1901
Autora Independiente
Ecuador
Artículo recibido: 20/05/2026
Aceptado para publicación: 24/06/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
Las enfermedades inflamatorias crónicas de la piel, particularmente la rosácea, la
psoriasis y la dermatitis seborreica, representan condiciones prevalentes a nivel mundial con
impacto significativo en la calidad de vida de los pacientes. Aunque su manifestación
primaria es cutánea, existe evidencia creciente de que estas patologías pueden comprometer
el segmento anterior del ojo, generando complicaciones oftalmológicas que, de no ser
detectadas y tratadas oportunamente, pueden derivar en daño ocular permanente. El objetivo
de esta revisión fue analizar sistemáticamente las complicaciones oftalmológicas asociadas a
la rosácea, la psoriasis y la dermatitis seborreica, considerando su fisiopatología, prevalencia
y manejo clínico. Se realizó una búsqueda bibliográfica en las bases de datos
PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Cochrane Library, LILACS y SciELO, con
términos MeSH en español e inglés, incluyendo artículos publicados entre 2013 y 2024. Los
resultados evidencian que la rosácea ocular afecta entre el 6% y el 72% de los pacientes con
rosácea cutánea, manifestándose principalmente como blefaritis, conjuntivitis y queratitis. La
psoriasis se asocia con uveítis en el 7-9% de los casos, así como queratoconjuntivitis seca y
blefaritis psoriásica. La dermatitis seborreica presenta blefaritis seborreica como la
manifestación ocular más frecuente, con potencial de conjuntivitis recurrente y síndrome de
ojo seco. Se concluye que el manejo multidisciplinario entre dermatología y oftalmología es
fundamental para el diagnóstico precoz y el tratamiento integral de estas complicaciones.
Palabras clave: rosácea, psoriasis, dermatitis seborreica, complicaciones
oftalmológicas, blefaritis
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ABSTRACT
Chronic inflammatory skin diseases, particularly rosacea, psoriasis, and seborrheic
dermatitis, are prevalent conditions worldwide with a significant impact on patients' quality
of life. Although their primary manifestation is cutaneous, growing evidence suggests these
pathologies can compromise the anterior segment of the eye, generating ophthalmological
complications that, if not detected and treated promptly, may lead to permanent ocular
damage. The aim of this review was to systematically analyze the ophthalmological
complications associated with rosacea, psoriasis, and seborrheic dermatitis, considering their
pathophysiology, prevalence, and clinical management. A literature search was conducted in
PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science, Cochrane Library, LILACS, and SciELO
databases, using MeSH terms in Spanish and English, including articles published between
2013 and 2024. Results show that ocular rosacea affects between 6% and 72% of patients
with cutaneous rosacea, manifesting primarily as blepharitis, conjunctivitis, and keratitis.
Psoriasis is associated with uveitis in 7-9% of cases, as well as keratoconjunctivitis sicca and
psoriatic blepharitis. Seborrheic dermatitis presents seborrheic blepharitis as the most
frequent ocular manifestation, with potential for recurrent conjunctivitis and dry eye
syndrome. It is concluded that multidisciplinary management integrating dermatology and
ophthalmology is fundamental for early diagnosis and comprehensive treatment of these
complications.
Keywords: rosacea, psoriasis, seborrheic dermatitis, ophthalmological complications,
blepharitis
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INTRODUCCIÓN
Las enfermedades inflamatorias crónicas de la piel constituyen un problema de salud pública
de alcance global, con profundas repercusiones sobre la calidad de vida, la salud mental y la
productividad de quienes las padecen. Según estimaciones del Global Burden of Disease
Study 2017, las condiciones dermatológicas afectan aproximadamente a 900 millones de
personas en el mundo, posicionándose entre las causas más frecuentes de años vividos con
discapacidad (Hay et al., 2014; Karimkhani et al., 2017). En este contexto, la rosácea, la
psoriasis y la dermatitis seborreica se destacan como tres de las dermatosis crónicas más
prevalentes, cuya carga epidemiológica trasciende la afectación cutánea para comprometer
dimensiones sistémicas que incluyen, de manera no siempre reconocida, el aparato visual
(Griffiths et al., 2021).
La rosácea es una dermatosis inflamatoria crónica de etiología multifactorial, cuya expresión
clínica predomina en la piel facial de adultos en edad media, particularmente en individuos de
fototipos claros. Su prevalencia mundial varía entre el 2% y el 22% dependiendo de los
criterios diagnósticos utilizados y la región geográfica estudiada, con mayor frecuencia
reportada en poblaciones de ascendencia nórdica y europeo-occidental (Tan y Berg, 2013).
En América Latina, aunque los datos epidemiológicos precisos son escasos, diversos estudios
clínicos regionales sugieren que la rosácea se encuentra subestimada en población mestiza
debido a la dificultad para reconocer el eritema en fototipos cutáneos más oscuros (Arenas,
2015). La clasificación propuesta por el Comité Experto de la National Rosacea Society en
2017 distingue cuatro subtipos principales: eritematotelangiectásica, papulopustulosa,
fimatosa y ocular, siendo esta última la que evidencia la conexión entre la afectación cutánea
y la oftalmológica (Gallo et al., 2018).
La psoriasis, por su parte, constituye una enfermedad sistémica de base inmunomediada que
afecta entre el 2% y el 3% de la población mundial, con una cifra absoluta estimada superior
a los 125 millones de personas (Armstrong y Read, 2020). Su fisiopatología involucra una
respuesta inmunitaria aberrante con participación central de los linfocitos T helper 1 (Th1) y
T helper 17 (Th17), que promueven la secreción exacerbada de citocinas proinflamatorias
como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), la interleucina-17 (IL-17) y la interleucina-
23 (IL-23). Estas moléculas no solo perpetúan el proceso inflamatorio cutáneo, sino que
también circulan sistémicamente y pueden alcanzar tejidos diana extra cutáneos, incluyendo
el uvea y la superficie ocular (Rendon y Schäkel, 2019). Las comorbilidades sistémicas de la
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psoriasis son bien conocidas artritis psoriásica, síndrome metabólico, enfermedad
cardiovascular, pero las manifestaciones oftalmológicas, aunque igualmente relevantes
desde el punto de vista clínico, reciben comparativamente menor atención en la literatura
(Boehncke y Schön, 2015).
La dermatitis seborreica (DS) es una condición inflamatoria crónica y recurrente que afecta
preferentemente las regiones ricas en glándulas sebáceas, entre ellas el cuero cabelludo, la
región central del rostro, las cejas, los surcos nasolabiales y retroauriculares, y la región
presternal. Su prevalencia en la población adulta oscila entre el 1% y el 5% en condiciones
generales, pero asciende significativamente en individuos con inmunosupresión,
particularmente en pacientes con infección por VIH, donde puede alcanzar hasta el 83%
(Tucker y Masood, 2023; Dall'Oglio et al., 2022; Patel y Dalia, 2024). Aunque la DS fue
históricamente considerada una afección exclusivamente cutánea, diversas investigaciones
han documentado su capacidad para comprometer el borde palpebral y la superficie ocular a
través de la blefaritis seborreica, una entidad clínica con implicaciones funcionales relevantes
sobre la película lagrimal y la salud corneal (Hay, 2011).
El vínculo anatomofisiológico entre la piel y el ojo resulta especialmente evidente en la
región periocular. Los párpados, como estructura de transición entre el tegumento cutáneo y
la mucosa conjuntival, albergan unidades foliculopilosebáceas, glándulas de Meibomio y
células de Goblet que participan activamente en la homeostasis de la superficie ocular. Las
glándulas de Meibomio, en particular, son responsables de secretar la capa lipídica de la
película lagrimal, esencial para prevenir la evaporación acuosa y mantener la estabilidad
lagrimal. Cuando los procesos inflamatorios cutáneos crónicos comprometen el borde
palpebral, la función meibomiana se deteriora, dando lugar a la disfunción de glándulas de
Meibomio (DGM), entidad que subyace a una proporción significativa de los síndromes de
ojo seco evaporativo (Amescua et al., 2019).
Las implicaciones clínicas de las complicaciones oftalmológicas derivadas de las dermatosis
inflamatorias crónicas son diversas y, en algunos casos, potencialmente graves. La queratitis
grave asociada a la rosácea ocular puede evolucionar hacia la ulceración corneal y la ceguera
si no se identifica y trata de forma oportuna. La uveítis anterior crónica vinculada a la
psoriasis, especialmente en pacientes con antígeno leucocitario humano HLA-B27 positivo,
puede asociarse con complicaciones estructurales intraoculares, incluyendo sinequias
posteriores, cataratas secundarias y glaucoma secundario (Rehal et al., 2011). Por su parte, la
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blefaritis seborreica crónica puede originar conjuntivitis papilar recurrente, chalazión de
repetición y, en casos avanzados, trichiasis y entropión cicatricial, todos ellos con repercusión
directa sobre la función visual (Vieira et al., 2012).
Desde una perspectiva epidemiológica y de salud pública, la situación en Ecuador y en
América Latina en general se caracteriza por una notoria escasez de datos locales sobre la
prevalencia de estas dermatosis y sus complicaciones oculares. Los sistemas de vigilancia
epidemiológica dermatológica en la región presentan importantes brechas de registro, lo que
dificulta la planificación de políticas sanitarias integrales que incorporen el cribado
oftalmológico como componente del seguimiento de estos pacientes. La composición étnica
predominantemente mestiza de la población ecuatoriana, con fototipos cutáneos oscuros que
pueden enmascarar el eritema característico de la rosácea, y la alta exposición a radiación
ultravioleta producto de la ubicación geográfica ecuatorial, representan factores que podrían
modificar la expresión fenotípica y la evolución de estas condiciones (Arenas, 2015).
La inflamación crónica de bajo grado que caracteriza a estas tres patologías comparte
mecanismos fisiopatológicos convergentes que trascienden los compartimentos cutáneo y
ocular. La disfunción de la barrera epitelial, la disbiosis microbiana, la activación del sistema
inmune innato y la amplificación de la cascada inflamatoria mediada por citocinas
proinflamatorias constituyen ejes comunes sobre los que se articulan las manifestaciones
clínicas en diferentes órganos (Steinhoff et al., 2011; Nestle et al., 2009). Comprender estas
vías moleculares compartidas no solo enriquece el abordaje fisiopatológico, sino que también
abre perspectivas terapéuticas innovadoras que podrían beneficiar simultáneamente las
manifestaciones cutáneas y oftalmológicas.
La evidencia acumulada en los últimos años subraya la necesidad de un enfoque clínico
integral que supere la segmentación especialística convencional entre la dermatología y la
oftalmología. La detección precoz de las manifestaciones oculares en pacientes con rosácea,
psoriasis o dermatitis seborreica requiere de una colaboración estructurada entre ambas
especialidades, con protocolos de cribado oftalmológico sistemático que formen parte del
seguimiento dermatológico de rutina. Esta necesidad resulta especialmente apremiante en los
contextos de atención primaria, donde la consulta dermatológica suele ser el primer y único
punto de contacto del paciente con el sistema de salud para estas condiciones (van Zuuren et
al., 2021).
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En este marco, el presente trabajo tiene como objetivo realizar una revisión sistemática de la
literatura científica actualizada sobre las complicaciones oftalmológicas asociadas a la
rosácea, la psoriasis y la dermatitis seborreica, con énfasis en su fisiopatología, prevalencia
clínica, formas de presentación y estrategias de manejo. Se busca proporcionar evidencia
sintética y actualizada que oriente la práctica clínica integrada en el ámbito de la
dermatología y la oftalmología, con particular atención al contexto latinoamericano y
ecuatoriano.
METODOLOGÍA
Diseño del estudio
El presente trabajo adoptó un diseño de revisión sistemática de la literatura científica,
orientado a sintetizar la evidencia disponible sobre las complicaciones oftalmológicas de la
rosácea, la psoriasis y la dermatitis seborreica. La revisión fue estructurada conforme a los
lineamientos metodológicos de la declaración PRISMA (Preferred Reporting Items for
Systematic Reviews and Meta-Analyses) y siguió un protocolo de búsqueda predefinido que
garantizó la reproducibilidad y transparencia del proceso.
Estrategia de búsqueda
La búsqueda bibliográfica se realizó durante el segundo semestre de 2024 en las siguientes
bases de datos electrónicas: PubMed/MEDLINE, Scopus, Web of Science (WoS), Cochrane
Library, LILACS (Literatura Latinoamericana y del Caribe en Ciencias de la Salud) y
SciELO (Scientific Electronic Library Online). Los términos de búsqueda, combinados
mediante operadores booleanos (AND, OR, NOT), incluyeron: "rosacea AND ocular
manifestations", "rosacea AND ophthalmological complications", "ocular rosacea", "psoriasis
AND uveitis", "psoriasis AND ocular involvement", "psoriasis AND ophthalmology",
"seborrheic dermatitis AND blepharitis", "seborrheic dermatitis AND ophthalmology",
"seborrheic dermatitis AND ocular", y sus equivalentes en español: "rosácea AND
complicaciones oculares", "psoriasis AND uveítis", "dermatitis seborreica AND blefaritis
ocular". Se emplearon términos MeSH (Medical Subject Headings) para garantizar la
exhaustividad de la búsqueda.
Criterios de inclusión y exclusión
Fueron incluidos en la revisión: (1) artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis,
revisiones narrativas y guías de práctica clínica; (2) publicaciones de los últimos diez años
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(2013-2024), con excepción de estudios clásicos con relevancia histórica o fisiopatológica
indispensable; (3) estudios realizados en seres humanos; y (4) publicaciones que abordaran
específicamente las manifestaciones o complicaciones oftalmológicas en pacientes
diagnosticados con rosácea, psoriasis o dermatitis seborreica.
Fueron excluidos: artículos sin acceso al texto completo, reportes de caso únicos sin revisión
crítica del tema, publicaciones en idiomas distintos del español o el inglés, y trabajos con
datos no verificables o calidad metodológica insuficiente según la escala GRADE (Grading
of Recommendations Assessment, Development and Evaluation).
Selección y análisis de estudios
La selección de artículos se realizó en tres etapas consecutivas: cribado por título, revisión de
resúmenes y lectura completa de los artículos elegibles. Se identificaron inicialmente 312
registros, de los cuales se eliminaron 87 duplicados. Tras el cribado por título y resumen, 163
registros adicionales fueron excluidos por no cumplir los criterios de inclusión. Finalmente,
28 artículos fueron seleccionados para el análisis narrativo y cuantitativo de la evidencia. La
extracción de datos fue realizada de forma independiente por el autor, consignando
información sobre diseño del estudio, población, prevalencia de manifestaciones
oftalmológicas, mecanismos fisiopatológicos y estrategias terapéuticas.
RESULTADOS
Rosácea
Características generales y epidemiología
La rosácea es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel facial con predilección por el
tercio central del rostro nariz, mejillas, mentón y frente y que afecta principalmente a
adultos entre los 30 y 60 años de edad. Epidemiológicamente, su prevalencia global varía
entre el 5% y el 10% de la población adulta en estudios de base comunitaria, con cifras más
elevadas reportadas en población de ascendencia escandinava o céltica, y menores en
poblaciones latinoamericanas y asiáticas, posiblemente por subestimación diagnóstica en
fototipos cutáneos oscuros (Tan y Berg, 2013). Afecta con mayor frecuencia a mujeres,
aunque en hombres tiende a presentar formas más severas, incluyendo la rinofima.
La clasificación vigente, propuesta por el Comité Experto de la National Rosacea Society en
su actualización de 2017, reconoce cuatro subtipos clínicos: (a) Subtipo I o
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eritematotelangiectásico, caracterizado por eritema centrofacial persistente, rubor y
telangiectasias; (b) Subtipo II o papulopustuloso, que presenta pápulas y pústulas sobre una
base eritematosa; (c) Subtipo III o fimatoso, con engrosamiento irregular de la piel y
agrandamiento nasal (rinofima); y (d) Subtipo IV u ocular, con manifestaciones que afectan
los rpados y el segmento anterior del ojo. Los subtipos pueden coexistir y evolucionar de
forma independiente (Gallo et al., 2018).
Fisiopatología
La fisiopatología de la rosácea es multifactorial y no completamente elucidada. Los
mecanismos propuestos incluyen: disfunción neurovascular con hiperrespuesta
vasodilatadora, activación del sistema inmune innato con sobreexpresión de péptidos
antimicrobianos como la catelicidina LL-37, disfunción de la barrera epidérmica,
colonización anómala por el ácaro Demodex folliculorum, y respuestas aberrantes a estímulos
ambientales como la radiación ultravioleta, el calor y el estrés emocional (Steinhoff et al.,
2011; Schaller et al., 2017; Khatri et al., 2023). La señalización a través de los receptores tipo
Toll (TLR), especialmente TLR2, y la vía del factor activador de plaquetas (PAF)
contribuyen a la liberación de mediadores proinflamatorios como las interleucinas IL-1β, IL-
6 y IL-8, que perpetúan el ciclo inflamatorio crónico. Estudios moleculares recientes han
confirmado la activación aberrante de las vías de señalización STAT3, NF-κB y MAPKs
como moduladores claves de la inflamación crónica y la angiogénesis en la rosácea (Khatri et
al., 2023).
Complicaciones oftalmológicas
La rosácea ocular (RO) es la manifestación extradermatológica más reconocida de esta
enfermedad, aunque también la más frecuentemente subestimada en la práctica clínica. Las
estimaciones de prevalencia oscilan entre el 6% y el 72% de los pacientes con rosácea
cutánea, dependiendo de los criterios diagnósticos y la población estudiada (Vieira et al.,
2012; Avraham et al., 2024). Revisiones sistemáticas recientes confirman que esta condición
puede preceder a las manifestaciones cutáneas en un 20% de los casos, siendo frecuentemente
confundida con blefaritis crónica idiopática o síndrome de ojo seco (Avraham et al., 2024).
En el contexto latinoamericano, Malagón-Liceaga et al. (2023) destacan que su manejo
requiere un enfoque interdisciplinario que integre dermatología y oftalmología, dado que la
mayoría de las guías actuales se centran casi exclusivamente en las manifestaciones cutáneas.
La relación entre rosácea y ojo seco tiene una base fisiopatológica sólida documentada por
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estudios recientes que demuestran alteración funcional de las glándulas de Meibomio como
mecanismo central (Sobolewska et al., 2022).
Las manifestaciones oftalmológicas de la rosácea son diversas y pueden comprometer
múltiples estructuras del segmento anterior. La blefaritis tanto anterior como posterior
representa la forma más común de RO y se caracteriza por la inflamación del borde palpebral
con formación de escamas, telangiectasias palpebrales y disfunción de las glándulas de
Meibomio. Esta última genera una película lagrimal inestable con evaporación acelerada,
dando lugar al síndrome de ojo seco evaporativo que afecta a una proporción significativa de
los pacientes. La conjuntivitis crónica, frecuentemente de tipo papilar, es también una
manifestación habitual, caracterizada por hiperemia conjuntival, secreción mucosa y
sensación de cuerpo extraño (Gallo et al., 2018).
Las complicaciones más graves de la RO incluyen la queratitis epitelial superficial y, en
casos avanzados, la queratitis estromal periférica y la ulceración corneal. La
neovascularización corneal de localización periférica inferior, secundaria a la inflamación
crónica del limbo esclerocorneal, puede comprometer progresivamente la transparencia
corneal y la función visual. La epiescleritis y la escleritis aunque infrecuentes
representan complicaciones potencialmente graves que requieren tratamiento inmunosupresor
sistémico. La uveítis anterior es excepcionalmente rara en la RO y debe orientar al clínico
hacia la exclusión de otras entidades sistémicas como la artritis reactiva o la espondilitis
anquilosante (Vieira et al., 2012).
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Figura 1. Manifestación clínica de rosácea. Imagen de dominio público, Wikimedia
Commons (CC BY-SA 4.0)
Fuente: Elaboración propia.
Tabla 1. Complicaciones oftalmológicas asociadas a la rosácea: prevalencia y nivel de
gravedad
MANIFESTACION
OFTALMOLOGICA
PREVALENCIA
ESTIMADA
NIVEL DE GRAVEDAD
Blefaritis anterior y posterior
30-50% de pacientes con
rosacea cutanea
Leve a moderado
Conjuntivitis cronica
20-40%
Leve
Disfuncion de glandulas de
Meibomio
25-50%
Moderado
Queratitis superficial
5-15%
Moderado a grave
Epiescleritis
2-5%
Moderado
Iritis / Uveitis anterior
< 2%
Grave (potencial perdida
visual)
Neovascularizacion corneal
5-10%
Grave
Fuente: Elaboración propia basada en Gallo et al. (2018), Vieira et al. (2012) y Schaller et al.
(2017).
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Psoriasis
Características generales y epidemiología
La psoriasis es una enfermedad inflamatoria sistémica crónica de etiología inmunomediada
con expresión predominantemente cutánea, aunque con afectación articular en el 30% de los
casos (artritis psoriásica) y múltiples comorbilidades sistémicas bien documentadas. Su
prevalencia global se estima entre el 2% y el 3% de la población mundial, aunque con
significativa variación geográfica: es más prevalente en regiones de alta latitud
(Escandinavia, norte de Europa) y menos frecuente en Asia y América Latina (Armstrong y
Read, 2020). En Ecuador y en general en Latinoamérica, la prevalencia estimada oscila entre
el 1% y el 2%, con acceso limitado a tratamientos biológicos de última generación (Arenas,
2015).
La enfermedad puede debutar a cualquier edad, pero presenta dos picos de incidencia: el
primero entre los 20 y 30 años (forma de inicio temprano, asociada a mayor carga genética y
mayor severidad clínica) y el segundo entre los 50 y 60 años (forma de inicio tardío).
Clínicamente, se manifiesta como placas eritematoescamosas bien delimitadas, de color
rosado-salmón con escama plateada, que afectan preferentemente codos, rodillas, cuero
cabelludo, región lumbosacra y pliegues. Las variantes clínicas incluyen la psoriasis en gotas,
eritrodérmica, pustulosa generalizada y la que afecta específicamente las uñas y los pliegues
(Boehncke y Schön, 2015; Griffiths et al., 2021).
Fisiopatología
La psoriasis se origina en la interacción entre una predisposición genética poligénica con
participación del haplotipo HLA-Cw6 en la forma de inicio temprano y desencadenantes
ambientales que incluyen infecciones estreptocócicas, traumatismos cutáneos (fenómeno de
Koebner), estrés psicosocial, fármacos y alcohol. A nivel celular, las células dendríticas
plasmocitoides y mieloides de la dermis captan antígenos y activan a los linfocitos T CD4+
naive, diferenciándolos hacia el fenotipo Th1 y Th17. Los linfocitos Th17 secretan IL-17A,
que actúa sobre los queratinocitos estimulando su hiperproliferación y la secreción de más
citocinas proinflamatorias, perpetuando el ciclo (Rendon y Schäkel, 2019). El TNF-α, la IL-
23 y la IL-12 son dianas terapéuticas establecidas de los agentes biológicos actualmente en
uso clínico.
Complicaciones oftalmológicas
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Las complicaciones oftalmológicas de la psoriasis son más frecuentes de lo que
habitualmente se reconoce en la práctica clínica dermatológica. Su prevalencia global en
pacientes con psoriasis oscila entre el 10% y el 25% dependiendo del tipo de manifestación
estudiada, con la queratoconjuntivitis seca como la condición más prevalente y la uveítis
anterior como la más clínicamente significativa (Rehal et al., 2011).
La uveítis anterior es la complicación oftalmológica más grave asociada a la psoriasis, con
una prevalencia estimada de entre el 7% y el 9% en pacientes psoriásicos. Puede presentarse
de forma aguda, con ojo rojo doloroso, fotofobia y disminución de agudeza visual, o de forma
crónica subclínica, detectable solo mediante biomicroscopía. En pacientes psoriásicos con
artritis psoriásica y HLA-B27 positivo, el riesgo de uveítis anterior es significativamente
mayor, con tendencia a presentar episodios recurrentes y complicaciones estructurales como
sinequias posteriores, cataratas secundarias y glaucoma uveal crónico (Griffiths et al., 2021).
La queratoconjuntivitis seca, presente en un 10-25% de los pacientes con psoriasis, se vincula
a la disfunción lagrimal mediada por citocinas proinflamatorias circulantes que alteran la
función de las células de Goblet conjuntivales y las glándulas lacrimales accesorias. La
blefaritis psoriásica, aunque menos frecuente que la seborreica, puede presentarse con placas
eritematoescamosas sobre el borde palpebral e incluso con extensión a la conjuntiva tarsal. La
conjuntivitis psoriásica es relativamente infrecuente y de difícil diagnóstico diferencial con
otras formas de conjuntivitis crónica. La epiescleritis y la escleritis en el contexto psoriásico
corresponden a manifestaciones vasculíticas que requieren evaluación sistémica y tratamiento
inmunosupresor (Rehal et al., 2011; Menter et al., 2019; Faneli et al., 2025).
Un aspecto clínico relevante es que los tratamientos sistémicos empleados en la psoriasis
especialmente los corticoides orales y los fármacos modificadores de la enfermedad (FAME)
como el metotrexato y la ciclosporina pueden ejercer efectos secundarios oculares directos,
incluyendo catarata subcapsular posterior por el uso prolongado de corticoides, toxicidad
retiniana por hidroxicloroquina (cuando se usa concomitantemente) y mayor susceptibilidad a
infecciones oculares oportunistas en el contexto de inmunosupresión (Armstrong y Read,
2020).
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Figura 2. Manifestación clínica de psoriasis. Imagen de dominio público, Wikimedia
Commons (CC BY-SA 3.0)
Fuente: Elaboración propia.
Tabla 2. Complicaciones oftalmológicas asociadas a la psoriasis: prevalencia y mecanismo
predominante
MANIFESTACION
OFTALMOLOGICA
PREVALENCIA
ESTIMADA
MECANISMO
PREDOMINANTE
Uveitis anterior (iritis)
7-9%
Autoinmune (HLA-B27
relacionado)
Queratoconjuntivitis seca
10-25%
Disfuncion lagrimal /
inflamacion
Blefaritis psoriasica
5-12%
Extension del proceso
inflamatorio
Conjuntivitis
5-10%
Inflamacion de la superficie
ocular
Cataratas (asociadas a
tratamiento)
Variable (uso de corticoides)
Efecto adverso farmacologico
Glaucoma
Incremento de riesgo
Inflamacion uveal cronica
Epiescleritis / Escleritis
1-3%
Vasculitis inmunomediada
Fuente: Elaboración propia basada en Rehal et al. (2011), Griffiths et al. (2021), Armstrong
y Read (2020) y Menter et al. (2019).
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Dermatitis Seborreica
Características generales y epidemiología
La dermatitis seborreica (DS) es una afección inflamatoria crónica que predomina en las
regiones anatómicas con mayor densidad de glándulas sebáceas. Su cuadro clínico se
caracteriza por placas eritematosas cubiertas de escamas de aspecto oleoso, con distribución
en cuero cabelludo, glabela, pliegues nasolabiales, región retroauricular, conducto auditivo
externo y región centrotorácica. En los párpados, la DS se manifiesta como blefaritis anterior
con escamas engrasadas en la base de las pestañas, a menudo denominada blefaritis
seborreica. La prevalencia de la DS en la población adulta general se sitúa entre el 1% y el
5%, aunque puede elevarse significativamente en pacientes con patología neurológica
(enfermedad de Parkinson, accidente cerebrovascular), condiciones neuropsiquiátricas y en
individuos inmunocomprometidos (Tucker y Masood, 2023).
Desde el punto de vista clínico, la DS presenta un patrón evolutivo de recaídas y remisiones
influenciado por factores ambientales (humedad, temperatura), estacionales (exacerbación en
otoño-invierno), emocionales (estrés psicosocial) y hormonales. La afectación facial,
particularmente la blefaritis seborreica, es la manifestación con mayor impacto sobre la
calidad de vida relacionada con la salud ocular, dado su potencial para comprometer la
estabilidad de la película lagrimal y originar síntomas oculares crónicos (Hay, 2011).
Fisiopatología
La etiopatogenia de la DS involucra tres elementos interrelacionados: la colonización
anormal por levaduras del género Malassezia (especialmente M. globosa y M. restricta), una
respuesta inflamatoria cutánea exagerada frente a los metabolitos lipídicos producidos por
este microorganismo, y una disfunción intrínseca de la barrera epidérmica. La Malassezia
spp. hidroliza los triglicéridos del sebo cutáneo mediante lipasas, liberando ácidos grasos
saturados que desencadenan la activación del inflamasoma y la producción de citocinas
proinflamatorias como IL-1β, IL-6, IL-8 y TNF-α. La disbiosis del microbioma cutáneo
con reducción de bacterias comensales protectoras amplifica esta respuesta inflamatoria
(Tucker y Masood, 2023; Hay, 2011; Alofi et al., 2024).
En el contexto palpebral, la colonización por Malassezia del folículo ciliar y de los orificios
de las glándulas de Meibomio genera un biofilm que obstruye la excreción meibomiana,
altera la composición lipídica de la película lagrimal y perpetúa el ciclo inflamatorio local. La
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respuesta inflamatoria resultante, mediada por células T y macrófagos, genera edema del
borde palpebral, hiperemia conjuntival reactiva y alteración progresiva de la superficie ocular
(Amescua et al., 2019).
Complicaciones oftalmológicas
La blefaritis seborreica es, con diferencia, la manifestación oftalmológica más frecuente de la
DS, afectando a entre el 50% y el 70% de los pacientes con DS facial activa. Se caracteriza
por la presencia de escamas blandas, amarillentas y oleosas adheridas a la base de las
pestañas, telangiectasias del borde palpebral, hiperemia marginal y, en formas más
evolucionadas, pérdida focal de pestañas (madarosis). A diferencia de la blefaritis anterior
estafilocócica caracterizada por escamas secas, frágiles y distribución más difusa, la
blefaritis seborreica presenta escamas grasas que se distribuyen en "macarrones" alrededor
del tallo ciliar (Tucker y Masood, 2023).
La blefaritis seborreica crónica genera secundariamente un síndrome de ojo seco evaporativo,
presente en un 15-30% de los pacientes con DS, a través de la disfunción de las glándulas de
Meibomio. La obstrucción y la metaplasia de los ductos meibomianos altera la secreción
lipídica, produciendo una película lagrimal inestable con tiempo de ruptura lagrimal (TBUT,
por sus siglas en inglés) acortado, hiperosmolaridad lagrimal e inflamación de la superficie
ocular. Esta cadena fisiopatológica da lugar a síntomas como sensación de ardor, fotofobia,
visión fluctuante y lagrimeo reflejo paradójico (Amescua et al., 2019).
La conjuntivitis papilar secundaria a blefaritis seborreica crónica afecta al 10-20% de los
pacientes y se manifiesta como hiperemia conjuntival, secreción mucosa, papilas en
conjuntiva tarsal e incomodidad ocular persistente. El chalazión de repetición producido
por la obstrucción de las glándulas de Meibomio con retención lipídica y reacción
granulomatosa es una complicación habitual en la DS palpebral que requiere tratamiento
dirigido a la patología subyacente para reducir su recurrencia. En casos de blefaritis
seborreica grave y prolongada pueden desarrollarse complicaciones menos frecuentes pero
clínicamente relevantes, como la queratoconjuntivitis marginal, la trichiasis y el entropión
cicatricial (Hay, 2011).
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Figura 3. Manifestación clínica de dermatitis seborreica. Imagen de dominio público,
Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
Fuente: Elaboración propia.
Tabla 3. Complicaciones oftalmológicas asociadas a la dermatitis seborreica: prevalencia y
características clínicas
MANIFESTACION
OFTALMOLOGICA
PREVALENCIA
ESTIMADA
CARACTERISTICA
CLINICA
Blefaritis seborreica
50-70% con DS facial
Escamas grasas en borde
palpebral
Sindrome de ojo seco
15-30%
Disfuncion de glandulas de
Meibomio
Conjuntivitis papilar
10-20%
Secundaria a blefaritis
cronica
Chalazion recurrente
5-10%
Obstruccion de glandulas de
Meibomio
Queratoconjuntivitis
2-5%
Complicacion de blefaritis
grave
Trichiasis secundaria
Rara (< 2%)
Complicacion cronica severa
Fuente: Elaboración propia basada en Tucker y Masood (2023), Amescua et al. (2019) y Hay
(2011).
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DISCUSIÓN
Los resultados de la presente revisión confirman que la rosácea, la psoriasis y la dermatitis
seborreica comparten, más allá de su expresión cutánea predominante, una capacidad
documentada y clínicamente relevante para generar complicaciones en el segmento anterior
del ojo. Esta dimensión extradermatológica permanece frecuentemente subdiagnosticada en
la práctica clínica habitual, en parte por la falta de protocolos de cribado oftalmológico
sistemático en el seguimiento dermatológico, y en parte por la variabilidad y la
inespecificidad de los síntomas oculares iniciales, que el paciente tiende a atribuir a causas
ambientales o a la fatiga visual (Rehal et al., 2011; Vieira et al., 2012).
Desde el punto de vista epidemiológico, la rosácea ocular emerge como la complicación
oftalmológica más prevalente entre las tres condiciones analizadas, con estimaciones que
oscilan entre el 6% y el 72% de los pacientes con rosácea cutánea. Esta variabilidad extrema
refleja, en gran medida, la heterogeneidad de los criterios diagnósticos empleados y la
ausencia de consenso internacional sobre una definición operativa estandarizada para la
rosácea ocular (van Zuuren et al., 2021). La propuesta de los subtipos diagnósticos de RO
basada en hallazgos biomicroscópicos específicos, como la disfunción de las glándulas de
Meibomio objetivada mediante meibografía infrarroja, podría contribuir a reducir esta
variabilidad y mejorar la comparabilidad entre estudios futuros.
En lo que respecta a la psoriasis, la uveítis anterior representa la manifestación oftalmológica
más grave, con implicaciones pronósticas directas sobre la función visual. La asociación entre
psoriasis, artritis psoriásica y HLA-B27 positivo configura un perfil de riesgo
inmunogenético para la uveítis crónica recurrente que justifica la derivación oftalmológica
sistemática en este subgrupo de pacientes. Los datos de la literatura indican que hasta el 25%
de los pacientes con artritis psoriásica desarrollarán uveítis en algún momento de su
evolución, una cifra que supera significativamente la prevalencia en la psoriasis cutánea sin
afectación articular (Griffiths et al., 2021; Armstrong y Read, 2020). Esta diferencia sugiere
que los mecanismos inmunológicos vinculados a la respuesta articular particularmente la
activación de la vía Th17 y la producción de IL-17 podrían ser responsables también del
tropismo uveal.
La dermatitis seborreica, si bien raramente se asocia con complicaciones oftalmológicas
graves, genera una morbilidad ocular crónica de considerable impacto sobre la calidad de
vida. La blefaritis seborreica y el síndrome de ojo seco secundario producen síntomas
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persistentes que pueden deteriorar significativamente el desempeño visual en actividades que
demandan alta demanda visual sostenida, como la lectura o el trabajo con pantallas digitales.
La alta prevalencia de DS en pacientes con infección por VIH y otras condiciones de
inmunosupresión añade una dimensión adicional de vulnerabilidad, dado que en estos
pacientes la DS tiende a presentarse en formas más extensas y refractarias al tratamiento
habitual (Tucker y Masood, 2023).
Un hallazgo transversal relevante de esta revisión es la existencia de mecanismos
fisiopatológicos compartidos entre las tres condiciones analizadas y sus respectivas
manifestaciones oculares. La disfunción de la unidad funcional lagrimal sistema integrado
que comprende las glándulas lagrimales, la superficie ocular y los párpados emerge como
el denominador común fisiopatológico de la rosácea ocular, la afectación ocular en la DS y,
en menor medida, de las formas secas de afectación corneal en la psoriasis. Esta convergencia
fisiopatológica sugiere que las estrategias terapéuticas dirigidas a restaurar la homeostasis de
la superficie ocular incluyendo los ácidos grasos omega-3, la higiene palpebral, el calor
húmedo local y la azitromicina tópica podrían beneficiar transversalmente a los pacientes
con cualquiera de estas tres dermatosis (Amescua et al., 2019; Steinhoff et al., 2011).
Desde la perspectiva terapéutica, el manejo de las complicaciones oftalmológicas de estas
dermatosis requiere un abordaje coordinado entre dermatología y oftalmología. En la rosácea,
el tratamiento sistémico con tetraciclinas particularmente doxiciclina en dosis
subantimicrobianas no solo controla las manifestaciones cutáneas, sino que ejerce efectos
inmunomoduladores sobre las glándulas de Meibomio, con beneficio documentado sobre la
blefaritis posterior y la disfunción lagrimal (Schaller et al., 2017). En la psoriasis, los agentes
biológicos anti-TNF-α y anti-IL-17 han mostrado en estudios observacionales un efecto
favorable sobre la uveítis psoriásica, aunque la evidencia es aún limitada y en algunos casos
(secukinumab) se han reportado casos paradójicos de uveítis de nueva aparición (Menter et
al., 2019). En la DS, el ketoconazol tópico sobre el cuero cabelludo y el piritionato de zinc,
además del control del biofilm palpebral mediante higiene mecánica, constituyen los pilares
del manejo de la blefaritis seborreica (Tucker y Masood, 2023; Alofi et al., 2024; Jackson et
al., 2024).
En el contexto latinoamericano y específicamente ecuatoriano, la ausencia de estudios
epidemiológicos locales sobre la prevalencia de las complicaciones oftalmológicas en
pacientes con estas tres dermatosis representa una brecha científica significativa que esta
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revisión busca visibilizar. La implementación de registros clínicos multicéntricos y estudios
transversales en unidades dermatológicas del sistema de salud público ecuatoriano podría
contribuir a caracterizar la carga real de estas complicaciones en la población local y a
orientar políticas de derivación y seguimiento más eficientes.
Desde el punto de vista de la investigación futura, se identifican múltiples áreas de interés
prioritario: el desarrollo de biomarcadores séricos que permitan predecir el riesgo de
afectación ocular en pacientes con dermatosis inflamatorias crónicas; la evaluación de la
eficacia de intervenciones no farmacológicas como la suplementación con omega-3, la
fototerapia y la biorregulación del microbioma cutáneo sobre las manifestaciones oculares;
y la elaboración de guías de práctica clínica adaptadas al contexto latinoamericano que
integren recomendaciones específicas de cribado oftalmológico en el seguimiento de
pacientes con rosácea, psoriasis y DS.
CONCLUSIÓN
La presente revisión sistemática ha permitido establecer y sintetizar la evidencia disponible
sobre las complicaciones oftalmológicas asociadas a la rosácea, la psoriasis y la dermatitis
seborreica, tres dermatosis inflamatorias crónicas de alta prevalencia global con
manifestaciones extradermatológicas que trascienden el ámbito cutáneo.
En relación con la rosácea, se concluye que la rosácea ocular es la manifestación
extradermatológica más prevalente de esta enfermedad, afectando a una proporción
significativa y variable de los pacientes con enfermedad cutánea activa. Sus manifestaciones
clínicas abarcan desde la blefaritis y la disfunción de glándulas de Meibomio hasta la
queratitis grave y la neovascularización corneal, con potencial de deterioro visual irreversible
en los casos no tratados. El diagnóstico precoz requiere evaluación biomicroscópica
sistemática por un especialista en oftalmología.
En lo que respecta a la psoriasis, las complicaciones oftalmológicas en particular la uveítis
anterior representan manifestaciones sistémicas de la respuesta inflamatoria
inmunomediada que caracteriza a esta enfermedad. La identificación del perfil de riesgo
(artritis psoriásica, HLA-B27 positivo) permite estratificar a los pacientes para un
seguimiento oftalmológico intensificado. Los tratamientos biológicos dirigidos a las vías IL-
17 y TNF-α ofrecen perspectivas prometedoras para el manejo integrado de las
manifestaciones cutáneas, articulares y oculares de la enfermedad.
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Con respecto a la dermatitis seborreica, la blefaritis seborreica y el síndrome de ojo seco
evaporativo secundario constituyen complicaciones oftalmológicas de alta prevalencia y
significativo impacto sobre la calidad de vida, aunque raramente asociadas a compromiso
visual grave. El manejo conjunto entre dermatología y oftalmología, con especial atención a
la higiene palpebral y el control del biofilm meibomiano, resulta indispensable para reducir la
morbilidad ocular crónica.
Como recomendación general, se insta a que los protocolos de seguimiento dermatológico de
pacientes con rosácea, psoriasis y dermatitis seborreica incluyan sistemáticamente la
valoración de síntomas oculares y, cuando corresponda, la derivación precoz al especialista
en oftalmología. Asimismo, se recomienda la realización de estudios epidemiológicos
prospectivos en Ecuador y América Latina que permitan caracterizar la carga local de estas
complicaciones y fundamentar estrategias de atención integrada adaptadas al contexto
regional.
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© Los autores. Este artículo se publica en Prisma ODS bajo la Licencia Creative Commons Atribución 4.0
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: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i3.274
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Peralvo Saltos, J. A. ., & Peralvo Saltos, S. P. . (2026). Rosácea, Psoriasis y Dermatitis
Seborreica: Revisión Sistemática de sus Complicaciones Oftalmológicas. Prisma ODS:
Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(3), 185-
208. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i3.274