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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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El Sesgo del Algoritmo ante el Desplazamiento Lingüístico: Una
Crítica Jurídico-Filosófica sobre la Extinción del Indigenismo en
la Era de la IA
Algorithmic Bias in the Face of Linguistic Displacement: A Legal-
Philosophical Critique of the Extinction of Indigenism in the Era of AI
Octavio Rodríguez González
octavio.rodriguez@umich.mx
https://orcid.org/0009-0004-0816-8227
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
México
Artículo recibido: 23/04/2026
Aceptado para publicación: 27/05/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
El presente artículo analiza la crisis de las lenguas indígenas en México bajo la lente
de la Inteligencia Artificial (IA), conceptualizándola no como un evento fortuito, sino como
un proceso sociocultural complejo de desplazamiento lingüístico inducido por factores
históricos, económicos, educativos y políticos. A través de una crítica jurídico-filosófica que
articula el pensamiento de Althusser, Foucault y Sousa Santos, se argumenta que la
arquitectura técnica de la IA opera como un Aparato Ideológico de Estado y un panóptico
digital que invisibiliza y desplaza el Patrimonio Cultural Inmaterial de los pueblos
originarios. El estudio integra datos del INEGI (2020) para evidenciar cómo el sesgo
algorítmico y la escasez de corpus digitales aceleran la extinción del indigenismo,
produciendo una "línea abismal" que excluye a las lenguas de baja representatividad del
ecosistema de la comunicación global. Finalmente, se propone la necesidad de una transición
hacia la soberanía tecnológica indígena y una justicia lingüística que desarticule el poder
normalizador del algoritmo contemporáneo.
Palabras clave: inteligencia artificial, lenguas indígenas, desplazamiento lingüístico
inducido, sesgo algorítmico, México
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ABSTRACT
This article analyzes the crisis of Indigenous languages in Mexico within the context
of Artificial Intelligence (AI), conceptualizing it not as an inertial event, but as a complex
sociocultural process of induced linguistic displacement driven by historical, economic,
educational, and political factors. Through a legal-philosophical critique articulating the
thought of Althusser, Foucault, and Sousa Santos, it is argued that the technical architecture
of AI operates as a Digital State Ideological Apparatus and a digital panopticon that
invisibilizes and displaces the Intangible Cultural Heritage of original peoples. By integrating
data from INEGI (2020), this study evidences how algorithmic bias and the scarcity of digital
corpora accelerate the extinction of Indigenism, producing an "abyssal line" that excludes
low-resource languages from the global communication ecosystem. Finally, the paper
proposes a transition toward Indigenous technological sovereignty and linguistic justice
aimed at dismantling the normalizing power of contemporary algorithms.
Keywords: artificial intelligence, indigenous languages, induced linguistic
displacement, algorithmic bias, Mexico
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INTRODUCCIÓN
En la contemporaneidad, la hegemonía de la Inteligencia Artificial (IA) no solo representa un
salto cualitativo en la eficiencia técnica, sino que se constituye como un nuevo horizonte de
poder que redefine la relación entre el Estado, la tecnología y los sujetos subalternos. El
presente estudio aborda la problemática de las lenguas indígenas en México, no como una
entidad en retiro natural, sino como víctimas de un proceso sociocultural complejo de
desplazamiento lingüístico inducido por factores históricos, económicos, educativos y
políticos. Este fenómeno se ve exacerbado por el despliegue de algoritmos de procesamiento
de lenguaje natural que, en su arquitectura técnica, operan bajo un sesgo que invisibiliza lo
no-occidental.
La tesis central de esta investigación sostiene que la IA, lejos de ser una herramienta neutra
de traducción o archivo, funciona como un Aparato Ideológico de Estado y de mercado
(Althusser, 1970). Bajo esta lógica, el algoritmo interpele al hablante indígena como un
sujeto que debe ser "traducido" para ser reconocido, o bien, condenado a la inexistencia
digital. Esta exclusión no es un fallo accidental del sistema, sino una manifestación de lo que
de Sousa Santos (2014) denomina epistemicidio: una producción activa de ausencias que
traza una línea abismal entre las lenguas funcionales para el capital y aquellas que son
relegadas al olvido tecnológico.
Recordemos que la inteligencia artificial presenta limitaciones estructurales para la
comprensión y modelización de lenguas indígenas, debido a su alta variación dialectal
frecuentemente con baja inteligibilidad mutua, la ausencia de estandarización lingüística y
la escasez de corpus digitales amplios y anotados, indispensables para su entrenamiento
mediante Machine Learning; en consecuencia, los modelos basados en transformers tienden a
generar salidas con errores gramaticales, interferencias del español y construcciones
pragmáticamente inadecuadas; adicionalmente, la limitada representación de contextos
culturales restringe la adecuada interpretación de significados situados y funciones
discursivas específicas.
Desde una perspectiva jurídica, este desplazamiento colisiona frontalmente con la noción de
Patrimonio Cultural Inmaterial. Mientras los marcos internacionales de la UNESCO (2003)
instan a la salvaguardia de la diversidad, la realidad técnica impone una estandarización
biopolítica (Foucault, 1975) donde la lengua materna es desplazada por el código binario
hegemónico. Los datos del INEGI (2020), que reportan una disminución del 6.1% en la
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proporción de hablantes de lenguas originarias, no son meras estadísticas; son el registro de
un despojo ontológico.
Por tanto, el objetivo de este artículo es analizar, a través de una crítica jurídico-filosófica,
cómo el sesgo del algoritmo acelera la extinción del indigenismo. Se busca problematizar la
"política del reconocimiento" (Taylor, 1994) en la era digital, proponiendo que la verdadera
protección del patrimonio lingüístico requiere una transición hacia la soberanía tecnológica
que desarticule el poder normalizador de la IA contemporánea.
DESARROLLO
Estado de la cuestión
El estado de la cuestión en torno a la relación entre las lenguas originarias y la inteligencia
artificial (IA) revela una tensión dialéctica donde la riqueza lingüística de México se enfrenta
a una arquitectura técnica diseñada para la homogeneización. México, consolidado como uno
de los epicentros de la diversidad cultural a nivel global, posee un patrimonio inmaterial
vastísimo integrado por 11 familias lingüísticas, de las cuales emanan 68 agrupaciones y 364
variantes dialectales.
Esta multiplicidad no representa meramente un inventario de términos, sino una compleja red
de ontologías y formas de habitar el mundo que desafían la lógica binaria y reduccionista de
los modelos de lenguaje contemporáneos. Sin embargo, los datos proporcionados por el
Instituto Nacional de Estadística y Geografía documentan lo que se ha denominado una
"evidente extinción", donde la proporción de hablantes de lenguas indígenas ha descendido
críticamente al 6.1% de la población total (INEGI, 2020, p. 2). Este declive no es un proceso
biológico natural, sino un fenómeno de desplazamiento lingüístico inducido por estructuras
de poder (INEGI, 2020, p. 5).
La literatura académica actual, particularmente en el campo del procesamiento de lenguaje
natural (NLP), demuestra que el sesgo del algoritmo no es un error de programación, sino una
manifestación de la "línea abismal" que separa las lenguas funcionales para el capital de
aquellas producidas como inexistentes. Investigaciones fundamentales han señalado que los
modelos de lenguaje de gran escala (LLM) operan bajo un sesgo de disponibilidad masiva, lo
que condena a las lenguas indígenas a ser catalogadas como de "bajos recursos" (low-
resource languages). Como sostienen Bender et al. (2021), la concentración de datos en
lenguas hegemónicas genera una estratificación epistémica donde el "ser" indígena es
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expulsado del ecosistema de la comunicación global (p. 615). En este sentido, la riqueza
lingüística de México se encuentra en una paradoja: mientras su diversidad es celebrada
retóricamente como Patrimonio Cultural Inmaterial bajo los marcos internacionales, su
funcionalidad es activamente anulada en el diseño de las interfaces tecnológicas que median
la realidad contemporánea (UNESCO, 2003, p. 5).
A continuación, se presenta el tabulado estadístico que sirve como base empírica para nuestra
investigación. Evidenciamos como la concentración del 74.1% de los hablantes en apenas 10
lenguas demuestra que el Patrimonio Cultural Inmaterial de México se encuentra en un
estado de vulnerabilidad extrema frente a la estandarización digital.
Tabla 1. Distribución de Hablantes por Lengua Indígena en México (INEGI, 2020)
LENGUA
INDÍGENA
NÚMERO DE
HABLANTES
PORCENTAJE DEL
TOTAL DE HABLANTES
ESTATUS DE VISIBILIDAD
ALGORÍTMICA
Náhuatl
1,651,958
22.4%
Alta
Maya (Maaya
T’aan)
774,755
10.5%
Alta
Tseltal
561,907
7.6%
Media
Tsotsil
550,274
7.5%
Media
Mixteco
526,593
7.1%
Media
Zapoteco
490,818
6.7%
Media
Otomí
298,861
4.1%
Baja (Riesgo de sesgo)
Totonaco
256,344
3.5%
Baja (Riesgo de sesgo)
Chol
254,715
3.5%
Baja (Riesgo de sesgo)
Mazateco
237,212
3.2%
Baja (Riesgo de sesgo)
Huasteco
168,729
2.3%
Crítica (Invisibilidad)
Mazahua
153,797
2.1%
Crítica (Invisibilidad)
Otras 56 lenguas*
1,438,682
19.5%
Zona de Epistemicidio
TOTAL
7,364,645
100%
Fuente: Elaboración propia con datos de Instituto Nacional de Estadística y Geografía
[INEGI]. (2020). Censo de Población y Vivienda 2020: Tabulados definitivos. (p. 1-12).
Recuperado de https://www.inegi.org.mx/
Para el desarrollo de nuestro artículo, esta tabla debe interpretarse bajo la lente de la
Sociología de las Ausencias de Sousa Santos. Nótese que la categoría de "Otras 56 lenguas"
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representa casi una quinta parte de la población indígena, sin embargo, para un modelo de
lenguaje masivo, este grupo es procesado como "ruido" estadístico.
La amalgama de las lenguas restantes constituye el núcleo más vulnerable del patrimonio
inmaterial mexicano, representando un mosaico de resistencia lingüística que, pese a su
diversidad, pende de un hilo demográfico y tecnológico. Este grupo incluye al P’urhépecha,
cuya singularidad como lengua aislada la coloca en una posición de fragilidad extrema ante la
estandarización, junto a lenguas con una presencia histórica profunda, pero con un número de
hablantes que, en casos extremos como el kiliwa, el awakateko, el mocho’, el ayapaneco o el
ixil, apenas alcanza a unas cuantas decenas de personas, situándolas en el epicentro de la
"zona de epistemicidio" (Santos, 2014, p. 52).
La lista se extiende a través de una geografía espiritual y lingüística que abarca el chinanteco,
mixe, tarahumara (rarámuri), zoque, amuzgo, tojolabal, huichol (wixárika), tepehuano,
chateño, popoluca, cora, cuicateco, yaqui, kanjobal, triqui, popoloca, pame, mam, chontal de
Tabasco, chontal de Oaxaca, sayulteco, chuj, tepehua, kato’k, quiché, huave, pápago, caxcán,
seri, pima, chichimeca jonaz, lacandón, jacalteco, o’odham, kekchí, kumiai, chocholteco,
matlatzinca, tlahuica, cucapá, paipai, mame, teko, q’anjob’al, akateko y kaqchikel. Para la
arquitectura de la Inteligencia Artificial, este vasto repertorio de saberes es procesado como
una "ausencia activa", pues al no alcanzar los umbrales de masa crítica de datos exigidos por
el mercado, estas lenguas son víctimas de un desplazamiento inducido que las excluye de la
interpelación tecnológica, acelerando su tránsito hacia el silencio definitivo (Althusser, 1970,
p. 28).
Lenguas con poblaciones mínimas, como el Kiliwa o el Awakateko, se encuentran en lo que
Foucault definiría como la periferia del panóptico: no son dignas de ser vigiladas
(codificadas) y, por tanto, son condenadas a la extinción por desuso tecnológico. Este es el
corazón del desplazamiento lingüístico inducido: la creación de un sistema donde hablar una
lengua fuera del "Top 10" se traduce en una exclusión absoluta de los Aparatos Ideológicos
de Estado que operan mediante IA.
La desconexión aparente entre la estadística fría y la teoría crítica desaparece cuando se
analiza el bilingüismo reportado, el cual alcanza un 87.2% entre la población hablante de
lengua indígena (INEGI, 2020, p. 4). Este dato, lejos de ser un indicador de integración
armoniosa, refleja la presión sistémica que obliga al hablante a transitar hacia el español para
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poder interactuar con los Aparatos Ideológicos de Estado que hoy residen en el entorno
digital (Althusser, 1970, p. 22).
Investigaciones previas sobre soberanía de datos indígenas advierten que este tránsito está
mediado por un extractivismo epistémico; Kukutai y Taylor (2016) han sido enfáticos al
señalar que la captura de datos lingüísticos por corporaciones globales, sin marcos de justicia
o consentimiento comunitario, constituye un despojo de la propiedad intelectual y cultural (p.
15). Así, el estado de la cuestión revela que el desplazamiento inducido es el resultado de un
vacío jurídico donde la IA actúa como un mecanismo de disciplina que normaliza el lenguaje
y borra las huellas de la pluralidad humana (Foucault, 1975, p. 201).
Finalmente, la revisión de los antecedentes bibliográficos permite concluir que la extinción
del indigenismo en la era de la IA es un proceso multifactorial donde la cnica se convierte
en la última frontera del colonialismo. La importancia de la riqueza lingüística de México
radica en su capacidad para ofrecer alternativas al pensamiento único; por ello, la "sociología
de las ausencias" resulta esencial para comprender cómo el algoritmo produce activamente el
desplazamiento de los pueblos originarios (Santos, 2014, p. 45).
Marco Teórico y Discusión Epistémica
Para consolidar una genealogía crítica que sitúe a la Inteligencia Artificial (IA) no como un
evento técnico aislado, sino como la culminación de un proceso histórico de control sobre el
lenguaje, el conocimiento y la identidad, es imperativo estructurar un análisis
interdisciplinario. Este andamiaje se construye desde la intersección de la semiótica
estructuralista, la gramática generativa, la sociología del control y la epistemología del sur,
estableciendo que la infraestructura algorítmica contemporánea actúa como un tamiz que
purifica la realidad para hacerla procesable, eliminando en el camino cualquier rastro de
alteridad ontológica indígena. La cnica, en este sentido, no es un receptáculo neutral, sino
un despliegue de la hegemonía cultural que reconfigura las asimetrías coloniales en el plano
del código binario.
La base de este planteamiento reside en comprender que la lengua no es un mero instrumento
de comunicación o una acumulación de datos intercambiables, sino la estructura misma que
posibilita el pensamiento y la existencia política. Al respecto, Saussure (1916/1945) postuló
que "la lengua es una forma y no una sustancia" (p. 139), un sistema de valores puros donde
el sentido se produce exclusivamente a través de la diferencia y la oposición dentro de una
estructura cerrada. En el ecosistema de la inteligencia artificial y los Modelos de Lenguaje de
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Gran Escala (LLM), esta "forma" saussureana es capturada, fragmentada y congelada por
vectores matemáticos que reducen la riqueza polisémica y contextual de las lenguas
originarias a meras probabilidades estadísticas dentro de un espacio latente de alta
dimensionalidad. Como consecuencia de este proceso, el signo indígena pierde su anclaje
vital en el territorio, la ritualidad y la memoria colectiva para ser re-semantizado por una
lógica corporativa global.
Esta violencia estructural se profundiza al contrastarse con la conceptualización de la
"gramática universal" de Chomsky (1965/1999), quien sostiene que la facultad del lenguaje
es una propiedad cognitiva e innata dotada de reglas profundas que subyacen a la diversidad
de todas las lenguas humanas. Sin embargo, la arquitectura actual de las redes neuronales de
aprendizaje profundo no emula esta facultad generativa profunda; por el contrario, impone
una gramática de máquina superficial que opera por fuerza bruta estadística. Al enfrentarse a
la complejidad morfosintáctica de lenguas aglutinantes, polisintéticas o tonales no
occidentales, el algoritmo es incapaz de decodificar su estructura y, por ende, las clasifica
bajo la rúbrica tecnocrática de "lenguas de bajos recursos" o, en el peor de los casos, como
"ruido" estadístico. Esto genera una exclusión jurídica e institucional inmediata, ampliamente
documentada en los censos de vulnerabilidad sociolingüística (Instituto Nacional de
Estadística y Geografía [INEGI], 2020), pues si los sistemas automatizados de traducción y
atención del Estado no pueden procesar la estructura profunda de una lengua originaria, el
sujeto que la habla queda despojado de su competencia lingüística activa y de su capacidad
de interlocución ante las nuevas interfaces del poder digitalizado.
Esta exclusión no representa un error colateral o un fallo de programación corregible con el
tiempo, sino que responde a la operatividad intrínseca de los Aparatos Ideológicos de Estado
(AIE) descritos por Althusser (1970/2005). La IA funciona hoy como una de las
infraestructuras ideológicas más potentes del capitalismo tardío, garantizando la reproducción
de las relaciones de dominio coloniales sin necesidad de la intervención física directa,
interpelando al individuo indígena exclusivamente como un "usuario", "perfil" o
"consumidor" que debe amoldarse a las directrices del código occidental para ser validado
como sujeto existente.
Aquí, el concepto de biopoder de Foucault (1975/2009) encuentra su máxima expresión en la
era del capitalismo de vigilancia y los monopolios tecnológicos descritos por Zuboff (2019).
El control y la clasificación de las poblaciones ya no requieren únicamente de muros físicos o
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de los panópticos arquitectónicos de la modernidad industrial, sino de la captura incesante,
opaca y ubicua de datos biométricos, conductuales y lingüísticos. El algoritmo clasifica,
jerarquiza y normaliza los cuerpos y los saberes, estableciendo lo que Foucault denominaría
una economía de la visibilidad donde solo lo que es almacenable y legible para el procesador
central tiene derecho a la existencia política y social. Como bien afirma Foucault
(1975/2009), "el panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser mirado" (p. 231); en
la era de la gobernanza algorítmica, esta disociación se convierte en una asimetría radical
donde los centros de poder corporativo "ven" y extraen el rastro digital del indígena, pero el
sujeto indígena permanece completamente ciego frente a los criterios algorítmicos que
definen su acceso a derechos fundamentales como la salud, el crédito agrícola o la
administración de justicia.
Esta problemática se arraiga en la infraestructura misma de los datos de entrenamiento. Como
advierten Bender et al. (2021) en su crítica seminal sobre los "loros estocásticos", los
modelos masivos de lenguaje se alimentan de un web scraping indiscriminado que asume que
el internet anglo y eurocéntrico representa la totalidad del pensamiento humano. Esta
recolección masiva incurre en lo que Noble (2018) define como un "algoritmo de opresión",
donde las plataformas tecnológicas replican y amplifican los sesgos raciales e históricos
contra los pueblos minorizados. Cuando el conocimiento indígena es capturado mediante
estos métodos, se produce un fenómeno de extractivismo informacional, donde las
corporaciones occidentales se apropian de saberes medicinales, iconográficos y lingüísticos
tradicionales sin respetar los derechos colectivos de propiedad intelectual ni el
Consentimiento Libre, Previo e Informado garantizado por el derecho internacional.
Este escenario es la manifestación perfecta del concepto de epistemicidio desarrollado por
Boaventura de Sousa Santos (2009/2014), quien sostiene de manera tajante que "no hay
justicia social global sin justicia cognitiva global" (2009, p. 160). El epistemicidio
algorítmico no destruye los saberes mediante la censura física, sino a través de la fagocitación
y la devaluación sistemática: el conocimiento indígena es validado y preservado por la IA
solo si puede ser convertido en un insumo útil para el mercado global, y es desechado o
distorsionado como "alucinación" si su lógica comunitaria y pluriversal contradice la
eficiencia binaria del procesador. Frente a este despojo, autores fundamentales de la
Soberanía de Datos Indígenas como Kukutai y Taylor (2016), Carroll et al. (2020) y Duarte
(2017) demuestran que la única resistencia decolonial posible implica que los propios pueblos
originarios asuman la gobernanza absoluta sobre sus datos, determinando de manera
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autónoma qué se digitaliza, cómo se almacena y bajo qué marcos comunitarios éticos y
lingüísticos se permite el desarrollo de una tecnología propia. Solo a través de esta transición
hacia una soberanía tecnológica, que desarticule el poder normalizador del algoritmo
contemporáneo, será posible fundar una verdadera ecología de saberes donde la máquina sea
un vehículo de autodeterminación y no el acta de defunción digital del indigenismo.
La IA como Aparato Ideológico de Estado y la Interpelación Digital
El despliegue de la Inteligencia Artificial debe entenderse, bajo la óptica de Louis Althusser
(1970), como la evolución contemporánea de los Aparatos Ideológicos de Estado (AIE). A
diferencia de los aparatos represivos, los AIE funcionan mediante la ideología, interpelando a
los individuos como sujetos que deben integrarse a una estructura preexistente para ser
reconocidos funcionalmente (p. 22). En la era del silicio, la IA actúa como el AIE dominante,
dictando que la participación en la vida política, económica y educativa depende de la
adopción de lenguas que el algoritmo sea capaz de procesar con eficiencia técnica,
convirtiendo el código en la nueva gramática del poder estatal (Althusser, 1970, p. 25).
Esta interpelación genera un entorno donde el hablante de lenguas indígenas se ve forzado a
la auto traducción o al abandono definitivo de su lengua materna. El aparato tecnológico no
prohíbe explícitamente la lengua indígena, pero la hace "inservible" en la interfaz de la
modernidad, logrando una asimilación más profunda que la represión directa de siglos
anteriores. Aquí, la ideología de la "conectividad universal" oculta la realidad de una
exclusión selectiva que prioriza las lenguas de mercado sobre el patrimonio cultural
inmaterial de los pueblos (Althusser, 1970, p. 28).
Podemos entender por desplazamiento lingüístico inducido un proceso sociocultural
complejo donde la presión sistémica de los aparatos tecnológicos altera la ecología del habla
en favor de lenguas hegemónicas. Este desplazamiento no es una evolución natural de la
comunicación, sino una consecuencia provocada por el diseño de herramientas digitales que
omiten las gramáticas indígenas, forzando al sujeto a una migración semántica para evitar la
muerte civil. Así, lo "inducido" refiere a la creación deliberada de condiciones económicas y
educativas que vuelven inviable la transmisión intergeneracional de la lengua originaria ante
la omnipotencia del algoritmo (Althusser, 1970, p. 32).
La eficacia de este aparato reside en su capacidad para naturalizar la jerarquía lingüística
dentro del ecosistema digital, donde el usuario acepta el sesgo como una limitación técnica y
no como una decisión política. Al considerar la IA como un AIE, desvelamos que la
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extinción del indigenismo es una pieza clave en la reproducción de las condiciones de
producción del capitalismo cognitivo globalizado. El sujeto interpelado por la máquina
termina por reconocerse únicamente en la lengua del dominador, internalizando la
obsolescencia de su propio patrimonio inmaterial frente a la potencia del código binario
(Althusser, 1970, p. 30).
Asimismo, el desplazamiento lingüístico se ve reforzado por el carácter privado de los nuevos
AIE, donde las empresas tecnológicas asumen funciones históricas del Estado en la
educación y la comunicación social. Al ser corporaciones quienes dictan las reglas del
procesamiento del lenguaje, el sesgo algorítmico se convierte en una ley de mercado que
castiga la diversidad lingüística bajo el criterio de la falta de rentabilidad. El hablante queda
atrapado en un ciclo de desvalorización donde su lengua materna es vista como un obstáculo
para el acceso a servicios básicos que ahora son mediados por sistemas inteligentes
(Althusser, 1970, p. 35).
Este fenómeno se manifiesta con mayor agresividad en el ámbito educativo, donde la
introducción de herramientas de IA sin adaptaciones lingüísticas actúa como un catalizador
del abandono de la lengua indígena. Los jóvenes hablantes, al no encontrar sus referentes
culturales en el entorno digital que consumen a diario, sufren una crisis de identidad que
facilita la transición hacia el español o el inglés. El AIE digital cumple así su función de
homogeneizar a la población para que sea más dócil ante las lógicas de consumo y vigilancia
que estructuran la sociedad de la información contemporánea (Althusser, 1970, p. 38).
Finalmente, el desplazamiento inducido debe ser visibilizado como una táctica de alienación
que separa al individuo de su historia y su territorio a través de la interfaz de usuario. La IA
no solo procesa datos, sino que procesa realidades, y al dejar fuera a las 68 lenguas indígenas
de México, está diseñando un futuro donde el indigenismo es solo un recuerdo museificado.
La lucha por la lengua es, en esencia, una lucha contra la interpelación ideológica de un
aparato que busca reducir la inmensa riqueza del pensamiento humano a una serie de
algoritmos predecibles y mercantilizables (Althusser, 1970, p. 40).
Gubernamentalidad Algorítmica y el Panóptico Lingüístico (Extensión)
La gubernamentalidad algorítmica se define como un modo de ejercicio del poder que no se
dirige directamente a los individuos, sino a la gestión de sus datos y comportamientos
probables a través de sistemas computacionales. En el contexto de las lenguas indígenas, esta
forma de poder actúa mediante una "economía de la visibilidad" donde solo lo que es
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cuantificable es considerado real para el aparato administrativo del Estado y las plataformas
globales. Así, la gubernamentalidad algorítmica no prohíbe el habla indígena, sino que la
despoja de su operatividad en la esfera pública digital, convirtiéndola en una lengua "muerta"
para el sistema de interacción humana-computadora (Foucault, 1975, p. 195).
Este fenómeno se manifiesta a través del sesgo algorítmico, entendido como la inclinación
sistémica y prejuiciosa incorporada en el diseño de los modelos de lenguaje que privilegia
datos de lenguas hegemónicas. El sesgo no es una falla técnica menor, sino una decisión
arquitectónica que refleja las jerarquías de poder del mundo analógico proyectadas al silicio.
Para el algoritmo, la ausencia de una masa crítica de datos de lenguas indígenas, no es una
pérdida cultural, sino una "ineficiencia" que debe ser filtrada; de este modo, el sesgo opera
como un censor automatizado que valida la existencia de unas lenguas mientras borra
activamente la ontología de las otras (Foucault, 1975, p. 198).
El panóptico digital, potenciado por este sesgo, ejerce una disciplina que Foucault describiría
como "la mirada que vigila sin ser vista". El hablante indígena, al enfrentarse a una interfaz
que no reconoce su sintaxis ni su léxico, internaliza la mirada del dominador y asume que su
lengua es obsoleta para el futuro tecnológico. Esta presión invisible es la que induce el
desplazamiento, pues el sujeto, buscando evitar la marginación digital, se autodisciplina
adoptando el español o el inglés como única vía de reconocimiento. El sesgo algorítmico se
convierte así en un instrumento de biopolítica que decide qué identidades lingüísticas son
aptas para la supervivencia en la modernidad algorítmica (Foucault, 1975, p. 202).
Más allá de la exclusión estadística, la gubernamentalidad algorítmica fragmenta el
Patrimonio Cultural Inmaterial al reducirlo a meras unidades de información despojadas de
territorio y comunidad. Al procesar las lenguas indígenas bajo una lógica de estandarización,
el poder algorítmico borra las variantes dialectales y las sutilezas culturales que no alcanzan
el umbral de representatividad. El resultado es una "lengua en extinción" en el código, que
pierde su vitalidad social al ser capturada por un sistema que solo la valora como insumo
arqueológico y no como herramienta viva de comunicación. La soberanía lingüística es, por
tanto, el principal enemigo de este panóptico que busca la transparencia total del sujeto bajo
un solo código semántico (Foucault, 1975, p. 205).
El sesgo algorítmico funciona como un mecanismo de normalización que sanciona la
diferencia. Aquellas lenguas que resisten la codificación binaria son etiquetadas como "ruido"
o "error", justificando su exclusión de los servicios esenciales que hoy dependen de la IA,
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desde la educación hasta la justicia. Esta discriminación automatizada es la forma más
sofisticada de desplazamiento inducido, ya que se presenta como una "neutralidad técnica"
que oculta su carácter extractivista y excluyente.
Epistemicidio y la Línea Abismal de la Inteligencia Artificial (Extensión)
El desplazamiento lingüístico inducido por la Inteligencia Artificial no debe interpretarse
como una transición técnica, sino como la ejecución de un epistemicidio que anula al
indigenismo como forma de existencia. Boaventura de Sousa Santos (2014) sostiene que la
modernidad traza una "línea abismal" que divide el conocimiento humano: de un lado se
encuentra el saber científico y tecnológico, y del otro, los saberes producidos como
inexistentes. Cuando una lengua indígena es excluida del código binario, se decreta que la
cosmovisión que esta porta carece de valor epistémico, condenando a los pueblos originarios
a una invisibilidad radical donde su pensamiento ya no es consultable ni reproducible en la
esfera digital (p. 45).
La extinción de la lengua implica la muerte de la cosmovisión, pues el lenguaje no es un
mero vehículo de información, sino el tejido mismo que constituye la realidad. En las lenguas
indígenas de México, la relación con la tierra, el tiempo y la comunidad se estructura a través
de categorías lingüísticas que no tienen equivalencia en las lenguas hegemónicas. Al ser
desplazadas por el algoritmo, estas formas de entender el cosmos desaparecen, dejando al
sujeto indígena en una orfandad semántica donde debe interpretar su propia existencia a
través de los conceptos del colonizador digital. La IA, al no "entender" estas estructuras,
produce activamente la inexistencia de esos mundos posibles (Santos, 2014, p. 48).
Este proceso de extinción inducida por el sesgo tecnológico configura lo que Santos define
como una "sociología de las ausencias", donde la riqueza lingüística es transformada en
vacío. La IA opera bajo una razón metonímica que toma la parte (el español o el inglés) por
el todo, borrando las alternativas de vida que el indigenismo ofrece frente a la crisis de la
modernidad. Sin la lengua, el indigenismo se reduce a un folclorismo vacío de poder político
y espiritual, pues la capacidad de nombrar el mundo de manera distinta es el primer acto de
soberanía que la línea abismal del silicio intenta castrar (Santos, 2014, p. 52).
La pérdida de estas cosmovisiones representa un empobrecimiento de la biodiversidad
cognitiva de la humanidad. Cada lengua que se extingue bajo la presión del aparato
tecnológico es una ventana que se cierra a formas de conocimiento que podrían ser la
solución a dilemas contemporáneos. El desplazamiento inducido no es, por tanto, una
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consecuencia del progreso, sino una técnica de exclusión abismal que asegura que solo
sobrevivan aquellas epistemologías que son funcionales al capital transnacional. El
indigenismo, despojado de su lengua, queda recluido en el pasado, imposibilitado de habitar
el futuro que la IA está construyendo para una sola humanidad uniforme (Santos, 2014, p.
55).
Finalmente, la lucha contra la extinción lingüística debe ser entendida como una exigencia de
justicia cognitiva global. Romper la línea abismal en la IA significa reconocer que el
Patrimonio Cultural Inmaterial es una fuente de saber vivo que debe permear la arquitectura
misma de los algoritmos. Si el diseño tecnológico persiste en ignorar la pluralidad del
pensamiento indígena, la IA no será más que el monumento final al epistemicidio colonial.
La verdadera innovación no reside en la velocidad del procesamiento, sino en la capacidad de
crear una "ecología de saberes" donde todas las lenguas y cosmovisiones tengan derecho a
existir y coexistir en el horizonte de la técnica (Santos, 2014, p. 60).
CONCLUSIÓN
La investigación permite concluir que la extinción de las lenguas indígenas en México no es
un fenómeno inercial, sino un proceso sociocultural complejo de desplazamiento inducido
por una arquitectura tecnológica que opera como el nuevo gran Aparato Ideológico de
Estado. Al contrastar la riqueza lingüística documentada por el INEGI (2020) con la lógica
del silicio, se hace evidente que la Inteligencia Artificial actúa como un mecanismo de
normalización biopolítica que invisibiliza cualquier ontología ajena al mercado global. Bajo
la lente de Althusser (1970), la IA no es una herramienta neutra, sino un dispositivo de
interpelación que fuerza al sujeto indígena a la auto-aniquilación semántica como requisito
para su legibilidad y supervivencia en la modernidad digital (p. 28).
Este desplazamiento se agrava por un sesgo algorítmico que funciona como una "línea
abismal" contemporánea, donde el conocimiento de los pueblos originarios es producido
activamente como inexistente. Siguiendo a Sousa Santos (2014), hemos demostrado que la
exclusión de estas lenguas del código binario constituye un epistemicidio, pues al mutilar la
lengua se cercena la cosmovisión y la capacidad política de los pueblos para nombrar su
propia realidad. La IA, al ignorar la densidad semántica del P’urhépecha, el Náhuatl o el
Mixteco, no solo comete un error técnico, sino que ejecuta una forma de violencia epistémica
que reduce el Patrimonio Cultural Inmaterial a un residuo arqueológico sin funcionalidad en
el futuro (p. 52).
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Desde la perspectiva de la gubernamentalidad de Foucault (1975), el algoritmo se erige como
un panóptico que disciplina mediante la omisión. El silencio de las lenguas indígenas en las
interfaces tecnológicas es la prueba fehaciente de un régimen de verdad que sanciona la
diferencia y premia la estandarización. No se trata simplemente de una brecha digital de
acceso, sino de una brecha ontológica de reconocimiento, donde el derecho a la lengua
protegido por marcos jurídicos internacionales es vulnerado sistemáticamente por un
determinismo técnico que prioriza la rentabilidad del dato sobre la dignidad de la cultura (p.
205).
Por consiguiente, la "evidente extinción" que muestran las estadísticas debe ser leída como un
llamado a la acción jurídica y ética. Es imperativo transitar de una visión de "preservación"
(que a menudo implica museificar la lengua en archivos inertes) hacia una estrategia de
soberanía tecnológica indígena. La justicia lingüística en el siglo XXI exige que el diseño de
los modelos de lenguaje rompa con el extractivismo de datos y permita una verdadera
"ecología de saberes", donde las lenguas originarias no sean insumos para el entrenamiento
de máquinas ajenas, sino plataformas vivas para la autonomía del pensamiento propio
(Santos, 2014, p. 58).
Asimismo, el papel del Estado y de los organismos internacionales debe ser el de reguladores
críticos de este Aparato Ideológico Digital. La protección del Patrimonio Cultural Inmaterial
debe trascender el discurso romántico para insertarse en las políticas de gobernanza de la IA,
obligando a una transparencia algorítmica que rinda cuentas sobre los sesgos de exclusión
lingüística. Si el indigenismo ha de sobrevivir a la era de la IA, debe hacerlo como una fuerza
que de-colonice el código, exigiendo que la tecnología sea un espejo de la pluralidad humana
y no un martillo que aplaste la diversidad bajo el peso de la uniformidad binaria.
En última instancia, esta crítica jurídico-filosófica sostiene que la defensa de las lenguas
indígenas es la defensa de la humanidad misma frente al empobrecimiento cognitivo de la
técnica. Cada lengua desplazada es una posibilidad de futuro que se clausura para todos. La
verdadera innovación de-colonial no reside en algoritmos más veloces, sino en sistemas lo
suficientemente humanos para reconocer que el silencio de un pueblo es la derrota de la
civilización.
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Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Rodríguez González, O. . (2026). El Sesgo del Algoritmo ante el Desplazamiento
Lingüístico: Una Crítica Jurídico-Filosófica sobre la Extinción del Indigenismo en la Era de
la IA. Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(2), 724-
741. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i2.247