Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 479
INTRODUCCIÓN
La comprensión lectora ha trascendido su definición tradicional como mera capacidad de
decodificación para constituirse en un andamiaje epistémico fundamental del proceso
formativo. En la actualidad, se conceptualiza como una competencia ontológica que faculta al
estudiante para la arquitectura del pensamiento crítico y la gestión de conexiones semánticas
con la realidad compleja. Este fenómeno no implica una recepción pasiva de grafemas, sino la
movilización orquestada de procesos neurocognitivos y variables ecosistémicas que permiten
la construcción de sentido y la consolidación de aprendizajes de alto nivel (Catts, 2022;
Cromley & Azevedo, 2007). En el tránsito hacia la educación básica superior, esta habilidad
se vuelve crítica, pues el discente se enfrenta a una escalada de densidad textual que demanda
no solo el reconocimiento de información explícita, sino una sofisticada capacidad de
inferencia, correlación y reflexión dialéctica (Schaffner, 2013; Wu et al., 2020).
La arquitectura de la comprensión se encuentra supeditada a una interacción dialéctica entre
determinantes endógenos y exógenos. En la dimensión cognitiva, constructos como el léxico
disponible, la memoria de trabajo, la eficacia inferencial y, fundamentalmente, la
autorregulación metacognitiva, se erigen como predictores de alto impacto. Investigaciones de
vanguardia (Butterfuss, 2020; Marlino, 2025) subrayan que estos componentes son la piedra
angular para procesar estructuras sintácticas de elevada opacidad. Asimismo, la activación
estratégica del conocimiento previo y el monitoreo consciente del proceso lector (Cromley &
Azevedo, 2007) mitigan la carga cognitiva extrínseca, facilitando una inmersión profunda en
el texto. Estudios recientes (Sua et al., 2021) postulan que el fortalecimiento de estas facultades
no solo optimiza el rendimiento académico, sino que cataliza un ecosistema motivacional que
retroalimenta la intención lectora y la autonomía interpretativa.
Simultáneamente, el entorno sociocultural ejerce una influencia gravitacional sobre el
desempeño lector. La ecología del aula, el liderazgo pedagógico del docente, el capital cultural
del hogar y las condiciones socioeconómicas configuran la calidad de la experiencia
comprensiva (Cisneros & Del Campo, 2024; Zúñiga & Reyes, 2023). En el escenario
latinoamericano, y específicamente en el Ecuador, la desigualdad persistente en el acceso a
recursos mediadores y una tradición pedagógica anclada en la reproducción nemotécnica han
obstaculizado el desarrollo de competencias lectoras de nivel superior (Díaz, 2025; Mantilla-
Falcón, 2021). Esta vulnerabilidad estructural se traduce en una brecha de aprendizaje
significativa, donde el estudiante no logra alcanzar los estándares de madurez cognitiva
esperados para su nivel de escolaridad (Benítez, 2022; Espinoza, 2024).