Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, mero 2 - o 2026
Página | 1
PORTADA
(Elaborada por la revista)
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, mero 2 - o 2026
Página | 93
Sorge y Habitabilidad Acústica: Hacia una Ontología del Habitar
Urbano. El Ruido Urbano como Modulación Estructural del
Cuidado
Sorge and Acoustic Habitability: Towards an Ontology of Urban Dwelling.
Urban Noise as Structural Modulation of Care
Pedro Martínez Cisneros
pedro.cisneros@uacj.mx
https://orcid.org/0009-0003-1738-926X
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez, Chihuahua México
Artículo recibido: 11/03/2026
Aceptado para publicación: 15/04/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 94
RESUMEN
Este ensayo propuso una relectura ontológico-fenomenológica del ruido urbano a
partir de la analítica existencial heideggeriana. Frente a los enfoques dominantes técnico-
normativos o sanitario-ambientales que reducen el ruido a una externalidad física
cuantificable o a una molestia subjetiva, se planteó que la sonoridad urbana participa en la
constitución misma del habitar. El argumento se organizó desde la noción de ser-en-el-mundo
y su correlato estructural, la Sorge, entendida no como estado psicológico, sino como unidad
ontológica del existir: arrojamiento, proyecto y caída. Sobre esta base, se sostuvo que el ruido
urbano crónico e intrusivo opera como una modulación estructural de la Sorge, que altera la
continuidad de la ocupación cotidiana, tensa la convivencia y la solicitud con otros, perfora
umbrales entre recogimiento y exposición, y reconfigura la temporalidad vivida hacia formas
de anticipación defensiva y desgaste. Como aporte conceptual, el ensayo formuló la categoría
de habitabilidad acústica como estabilidad estructural de la Sorge bajo presión sonora: un
criterio ontológico para pensar la ciudad no sólo en términos de confort o cumplimiento de
umbrales, sino en términos de condiciones de mundo. Este marco preparó el diálogo posterior
con los sound studies, los estudios urbanos y las normativas internacionales sin subordinar el
fenómeno a la medición, y abrió la pregunta por la normalización pública de lo inhóspito en
la vida urbana contemporánea.
Palabras clave: habitabilidad acústica, Sorge, ruido urbano, fenomenología, habitar
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 95
ABSTRACT
This essay proposed an ontological-phenomenological re-reading of urban noise
grounded in the existential analytic of Heidegger. Against the dominant technical-normative
or sanitary-environmental approaches that reduce noise to a quantifiable physical externality
or a subjective annoyance, it was argued that urban sonority participates in the very
constitution of dwelling. The argument unfolded from the notion of being-in-the-world and
its structural correlate, Sorge, understood not as a psychological state but as the unitary
ontological structure of existence: thrownness, projection, and fallenness. On this basis, it
was held that chronic and intrusive urban noise operates as a structural modulation of Sorge,
disrupting the continuity of everyday concern, straining solicitude with others, perforating
thresholds between withdrawal and exposure, and reconfiguring lived temporality into forms
of defensive anticipation and exhaustion. As a conceptual contribution, the essay formulated
the category of acoustic habitability as the structural stability of Sorge under sonic pressure:
an ontological criterion for thinking the city not only in terms of comfort or threshold
compliance, but in terms of conditions of world. This framework prepared the subsequent
dialogue with sound studies, urban studies, and international regulations without
subordinating the phenomenon to measurement, and opened the question of the public
normalization of inhospitability in contemporary urban life.
Keywords: acoustic habitability, Sorge, urban noise, phenomenology, dwelling
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 96
INTRODUCCIÓN
Problema de partida
En las discusiones habituales sobre ruido urbano, este fenómeno tiende a ser abordado
exclusivamente desde una perspectiva cnico-normativa. Se le define comúnmente como
“todo sonido no deseado” y se le considera ante todo una fuente de molestia o un
contaminante ambiental medible. Consecuentemente, las políticas públicas y los enfoques de
salud ambiental tratan el ruido como un parámetro físico que debe mantenerse por debajo de
ciertos umbrales (en decibelios) para evitar daños auditivos y trastornos asociados. De hecho,
las autoridades sanitarias clasifican el ruido como un contaminante grave el segundo factor
ambiental con mayor carga de enfermedad en Europa, solo por detrás de la polución del aire.
Esta forma de entender el ruido lo reduce a externalidad física cuantificable, a un mero
problema de ingeniería acústica o de cumplimiento normativo en pro del confort y la salud
pública (World Health Organization, 2018; European Environment Agency, 2020; Basner et
al., 2014).
Ahora bien, ¿qué se pierde cuando limitamos el problema del ruido urbano a una cuestión de
decibelios y molestias? En primer lugar, se soslaya la pregunta más fundamental por el
estatuto ontológico del ruido, es decir, por su papel en la constitución misma de la
experiencia de habitar la ciudad. En la vida cotidiana urbana, el entorno sonoro no es un
simple telón de fondo neutral: configura activamente la manera en que nos relacionamos con
los espacios y con los demás. Sin embargo, la aproximación técnico-instrumental vigente deja
de lado esta dimensión más profunda. Podemos reconocer aquí un caso de olvido ontológico,
en el sentido heideggeriano del término: se olvida interrogar por el ser del fenómeno (el ser
del ruido en cuanto parte de nuestro mundo) y solo se considera al ruido como un ente
medible o como un obstáculo empírico. Así, la comprensión predominante pasa por alto
cómo el ruido participa de la trama de significados y afectos en la que transcurre nuestra
existencia diaria (Heidegger, 1962).
Para la filosofía del habitar, esta reducción es especialmente problemática. Siguiendo
implícitamente la noción de ser-en-el-mundo, podemos argumentar que los seres humanos
siempre existimos inmersos en un contexto significativo; habitamos un mundo antes que
simplemente ocupar un espacio físico. En la ciudad contemporánea, ese mundo se nos
presenta también de manera acústica: los sonidos urbanos desde el rumor constante del
tráfico hasta las sirenas o la música de fondo estructuran nuestra experiencia antes incluso
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 97
de que los analicemos racionalmente. Ignorar esta realidad equivale a no reconocer una
modificación estructural del modo de habitar introducida por el régimen sonoro urbano. En
otras palabras, el ruido no solo afecta al habitante como una molestia puntual, sino que
constituye en parte la forma en que ese habitante se encuentra instalado en su entorno
cotidiano (Heidegger, 1962).
En síntesis, el problema de partida que identifica este ensayo es doble. Por un lado, la
concepción dominante del ruido urbano centrada en niveles sonoros, normativas y umbrales
de tolerancia resulta insuficiente para dar cuenta de la facticidad de la vida urbana
contemporánea, donde el ruido es omnipresente. Por otro lado, urge plantear una lectura
alternativa: considerar el ruido no ya como una variable externa a minimizar, sino como un
factor intrínseco que modula la experiencia de habitar. Esto implica desplazar la pregunta
desde ¿cómo mitigar la molestia? hacia ¿cómo transforma el ruido la estructura misma de
nuestro estar-en-el-mundo urbano? Abordar el ruido en estos términos ontológico-
fenomenológicos nos permitirá vislumbrar aquello que la perspectiva técnica olvida: la
influencia constitutiva que el paisaje sonoro ejerce sobre el sentido de habitabilidad de la
ciudad (Heidegger, 1962; Schafer, 1994).
Delimitación y alcance
Este ensayo se inscribe explícitamente en el proyecto Ontología Acústica, cuyo objetivo es
elaborar un marco teórico capaz de pensar la experiencia sonora urbana no como un añadido
perceptivo ni como un “factor ambiental” externo, sino como una dimensión estructurante del
habitar. En consecuencia, el texto adopta como eje la analítica existencial de Sein und Zeit y,
en particular, la noción de Sorge como estructura ontológica del ser-en-el-mundo. La apuesta
no consiste en “aplicar” a Heidegger a un tema contemporáneo por analogía, sino en tomar en
serio que el mundo en el que la existencia se despliega es siempre un mundo ya significativo,
práctico y afectivamente tonalizado; de ahí que la pregunta por el ruido urbano se reformule
aquí como pregunta por el modo en que el mundo se abre y se vuelve habitable o
inhóspito bajo determinados regímenes de solicitación sonora (Heidegger, 1962).
El objeto de estudio no es el “ruido” entendido únicamente como magnitud física ni como
molestia subjetiva aislada, sino la condición acústica del habitar urbano: la forma en que el
campo sonoro participa en la estabilidad, continuidad y tensiones de la vida cotidiana. Por
ello, el ensayo se concentrará en describir cómo la sonoridad urbana incide en tres
dimensiones que, en Heidegger, no son capas agregadas sino momentos complicados del
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 98
existir: la dimensión práctica de la ocupación (el trato con lo a-la-mano y la facticidad de las
tareas), la dimensión afectiva de la disposición (cómo el mundo “se nos da” en un tono), y la
dimensión temporal (ritmos, anticipación, repetición, cronicidad). La categoría que se busca
perfilar y que funcionará como basamento para el proyecto general es la de habitabilidad
entendida no como índice técnico, sino como estabilidad estructural de la Sorge en un mundo
urbano acústicamente presionado (Heidegger, 1962).
Este enfoque implica límites deliberados. No se desarrollará aquí una explicación causal
fuerte de tipo epidemiológico o psicofisiológico, ni una discusión ingenieril sobre modelos de
propagación, índices acústicos o diseño de mitigación. La literatura técnica y la normativa
internacional se incorporarán únicamente como contrapunto crítico: no para fundar el
argumento (que es ontológico-fenomenológico), sino para mostrar el alcance y, a la vez, las
restricciones de las lecturas que reducen el fenómeno a umbrales, promedios y cumplimiento.
Asimismo, aunque el ruido tiene efectos sociales evidentes (conflicto, desigualdad ambiental,
segregación), este ensayo no pretende agotarlos desde una sociología del conflicto o una
psicología del estrés; esos registros se considerarán en la medida en que permitan iluminar el
punto central: la forma en que lo sonoro reconfigura la experiencia de mundo y, con ello, la
posibilidad misma de habitar (Heidegger, 1962; Basner et al., 2014; World Health
Organization, 2018).
En cuanto al alcance espacial, el análisis se planteará en un nivel ontológico general es
decir, atendiendo a estructuras del habitar que pueden reconocerse más allá de un caso
puntual, pero con una orientación explícita hacia América Latina y, como horizonte de
concreción, hacia Ciudad Juárez/Chihuahua. Esto significa que las escenas y ejemplos
buscarán ser verosímiles para la facticidad urbana latinoamericana (infraestructura vial,
expansión periférica, mixtura de usos, regímenes de trabajo, fronteras socioespaciales), sin
convertir el ensayo en un estudio de caso empírico cerrado. La estrategia argumental será, por
tanto, fenomenológica: trabajar con vignettes situadas y descripciones estructurales de la
cotidianidad, capaces de sostener la tesis sin depender todavía de un aparato de medición o
mapeo que, en el proyecto, aparecerá con mayor peso en etapas posteriores (Heidegger,
1962).
Finalmente, este ensayo fija también un alcance interno dentro de la serie. Al colocar la Sorge
como eje, se construye el piso desde el cual podrán desplegarse, en ensayos posteriores,
análisis más específicos: por ejemplo, la normalización pública del ruido y su dimensión
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 99
impersonal (que dialoga con das Man el uno o el se, según traductor), o la cuestión de la
temporalidad y la cronicidad sonora como modo de captura del ritmo cotidiano. En este
primer movimiento, el propósito es más radical: desplazar el ruido urbano desde el registro de
“problema a mitigar” hacia el registro de condición que modifica el habitar, preparando así
una ontología acústica capaz de dialogar, sin subordinarse, con la acústica, los estudios
urbanos y las políticas públicas (Heidegger, 1962).
Pregunta guía y tesis
La pregunta que guía el ensayo puede formularse del siguiente modo: ¿de qué manera el
ruido urbano, cuando se vuelve persistente e intrusivo, modifica la estructura del habitar
entendido ontológicamente como ser-en-el-mundo? Esta formulación pretende evitar dos
reducciones habituales. La primera es la reducción física: asumir que el ruido es un estímulo
externo y que su problema se resuelve al disminuir su intensidad. La segunda es la reducción
psicologista: suponer que el ruido es un “sentimiento” de molestia subjetiva, dependiente de
la tolerancia individual. El punto de partida fenomenológico exige sostener que el habitar no
es una suma de variables, sino una forma estructurada de existencia en un mundo compartido,
y que lo sonoro participa en esa estructura (Heidegger, 1962).
La tesis central que se propone es la siguiente: el ruido urbano crónico e intrusivo opera como
una modulación estructural de la Sorge, alterando la estabilidad del ser-en-el-mundo en su
dimensión práctica (ocupación), afectiva (disposición) y temporal (ritmo y proyección). En
consecuencia, el ruido no solo daña o molesta: vuelve inhóspito el mundo cotidiano en la
medida en que interrumpe, sobrecarga y reconfigura el modo de cuidar y estar implicados en
lo que hacemos, con los otros y con nosotros mismos. Por ello, hablar de habitabilidad
acústica no se refiere a “confort”, sino a la estabilidad estructural del cuidado bajo presión
sonora (Heidegger, 1962).
Esta tesis permite formular una categoría nueva que funcionará como basamento para el
proyecto general: la habitabilidad acústica como estabilidad estructural de la Sorge bajo
presión sonora. El ensayo no pretende agotar esta categoría ni convertirla de inmediato en
indicador operativo; pretende, más bien, fundarla ontológicamente y mostrar su potencia para
reorientar el debate sobre ruido urbano. Desde este punto, se abre una ruta para pensar el
derecho a la ciudad y la justicia urbana no solo en términos de acceso a bienes materiales,
sino también en términos de condiciones de mundo: condiciones de apertura, recogimiento y
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 100
continuidad cotidiana que hagan posible habitar (Heidegger, 1962; Harvey, 2008; Lefebvre,
1996).
DESARROLLO
Piso fenomenológico: habitar como ser-en-el-mundo
Ser-en-el-mundo y mundanidad
Para que la tesis del ensayo sea comprensible, es necesario fijar el piso fenomenológico desde
el cual se piensa el habitar. En Heidegger, la existencia humana no se concibe como una
conciencia interior que se relaciona con un mundo exterior de objetos, sino como ser-en-el-
mundo: una unidad originaria en la que el mundo no es un “contenedor” sino el horizonte de
significatividad donde la vida se despliega. Esta fórmula no describe una relación espacial
(“estar dentro de”), sino una estructura ontológica: el modo en que el Dasein ser-ahí, en
Gaos; conservado en alemán por Rivera existe siempre ya implicado en un mundo de
sentidos, tareas y vínculos (Heidegger, 1962).
La mundanidad del mundo (Weltlichkeit mundaneidad o mundanidad, según traductor)
nombra precisamente ese carácter significativo. El mundo no se nos da primariamente como
una suma de cosas presentes, sino como una trama de relevancias: aquello que importa, lo
que sirve, lo que estorba, lo que convoca, lo que se espera. En la cotidianidad, esta trama
opera de manera tácita; no la tematizamos, sino que vivimos en ella. Habitar, desde esta
perspectiva, significa estar instalado en esa apertura de sentido, orientarse en ella y sostenerla
en la repetición cotidiana. Cuando esa apertura se altera, no solo cambia un “ambiente”;
cambia el modo mismo en que el mundo se da (Heidegger, 1962).
Este punto es decisivo para el problema del ruido. Si lo urbano se piensa solo como espacio
físico, el ruido es un estímulo sobre el cuerpo. Pero si lo urbano se piensa como mundo, el
ruido afecta el modo en que la significatividad se sostiene y se distribuye: el ruido puede
convertirse en un régimen de solicitación que reconfigura qué se vuelve relevante, qué se
vuelve urgente, qué se vuelve insoportable. De ahí que la pregunta del ensayo no sea
“¿cuánto ruido hay?”, sino “¿qué hace el ruido al mundo como mundo?” (Heidegger, 1962;
Schafer, 1994).
Cotidianidad y trato con lo a-la-mano
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 101
En la vida cotidiana, el mundo funciona principalmente en el modo de lo a-la-mano
(Zuhandenheit estar a la mano, en Rivera; ser a la mano, en Gaos): no nos relacionamos
con las cosas como objetos contemplados, sino como útiles insertos en un contexto de uso.
Una puerta no es primariamente “un objeto con propiedades”, sino lo que se abre y se cierra;
una calle es lo que se recorre; una ventana es lo que ventila o separa. El mundo se nos da
como una red de operaciones y posibilidades prácticas (Heidegger, 1962).
Este modo práctico tiene una característica crucial: su fluidez depende de que el entorno no
se tematice. Cuando algo falla cuando el útil se rompe, cuando el camino se bloquea el
mundo se vuelve presente de otro modo: emerge la presencia-a-la-mano (Vorhandenheit
estar-presente, en Rivera; ser ante los ojos, en Gaos), la cosa como objeto problemático. En
ese tránsito se revela algo importante: la cotidianidad se sostiene en una cierta invisibilidad
funcional del entorno. El habitar cotidiano, por tanto, requiere condiciones mínimas de
estabilidad para que el mundo no se convierta constantemente en obstáculo (Heidegger,
1962).
El ruido urbano crónico puede operar de manera análoga a una falla de lo a-la-mano. No
porque “rompa” un objeto, sino porque rompe la fluidez del trato: obliga a levantar la voz, a
cerrar ventanas, a detener una conversación, a reajustar tareas, a redirigir la atención. En vez
de un mundo que sostiene, aparece un mundo que exige gestión. Este desplazamiento es uno
de los caminos por los cuales el ruido se vuelve una modulación del habitar: altera el modo
primario de relación con el entorno, forzando a tematizar lo que debería operar como
trasfondo (Heidegger, 1962).
Espacialidad existencial: cercanía, orientación y umbral
La espacialidad en Heidegger no se reduce a coordenadas geométricas. El Dasein no “está”
en un espacio neutral, sino que especializa: acerca y aleja, orienta y delimita. La cercanía no
es distancia métrica, sino accesibilidad y relevancia. Algo está “cerca” cuando entra en la
órbita de lo que hacemos y nos importa. Esta espacialidad existencial es esencial para
entender el habitar urbano, donde el cuerpo y la vida cotidiana se organizan por umbrales,
transiciones y fronteras prácticas (Heidegger, 1962).
En este contexto, el umbral no es un simple borde arquitectónico. Ventanas, muros, puertas,
patios, banquetas, esquinas: todos estos elementos no solo separan espacios, sino que
distribuyen exposición y recogimiento, apertura y cierre, tránsito y permanencia. Habitar
implica poder modular estas transiciones de manera relativamente estable. La ciudad, sin
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 102
embargo, introduce regímenes de exposición que no siempre pueden controlarse, y lo sonoro
es uno de los más decisivos: atraviesa muros, se cuela por rendijas, rebota en calles, invade
interiores (Heidegger, 1962; Schafer, 1994).
La espacialidad sonora tiene, además, una lógica propia. A diferencia de lo visual, lo sonoro
no se presenta como un “frente” delimitado. Rodea, envuelve, atraviesa. Por eso el ruido
urbano es particularmente apto para desestabilizar umbrales existenciales: puede volver
poroso el adentro”, puede saturar el “afuera”, puede borrar la diferencia entre refugio y
exposición. Comprender esto exige ir más allá de la acústica como física y pensar lo sonoro
como modo de apertura del mundo (Heidegger, 1962; Nancy, 2007).
Lo anterior introduce un desplazamiento que estructurará el resto del ensayo. Si los umbrales
del habitar son siempre operaciones existenciales y si lo sonoro es uno de los regímenes
que más decisivamente los modula entonces la pregunta por la habitabilidad no puede
plantearse al margen de aquello que sostiene esas operaciones en su unidad. Esa unidad
estructural es, en Heidegger, la Sorge. Antes de mostrar cómo el ruido la modula, conviene
precisar qué nombra y qué no nombra ese término que, mal entendido, podría reducirse a una
emoción o a una virtud, perdiendo su alcance ontológico (Heidegger, 1962).
La Sorge: estructura ontológica de la existencia
Qué es Sorge (y qué no es)
El concepto de Sorge suele traducirse como “cuidado”, pero esta traducción puede inducir
malentendidos. Sorge no nombra un estado psicológico de preocupación ni un rasgo moral de
“cuidar a alguien”. En Heidegger, Sorge es la estructura ontológica unitaria del ser del
Dasein: el modo en que la existencia se sostiene como apertura de mundo en el
entrelazamiento de arrojamiento, proyecto y caída. Es la forma misma en que la vida está en
juego para sí (Heidegger, 1962).
Hablar de cuidado en este sentido es hablar de implicación estructural. El Dasein no es
indiferente a su ser: siempre ya se ocupa de algo, se orienta hacia posibilidades, carga con
una facticidad, se dispersa en lo cotidiano. La Sorge es, por tanto, una unidad de tensión: no
un equilibrio estático, sino un sostenerse en el mundo. Desde aquí puede entenderse por qué
el ruido urbano es relevante: si el ruido altera la forma en que el mundo se sostiene como
mundo, entonces altera la Sorge, no “solo” el confort (Heidegger, 1962).
Componentes estructurales: arrojamiento, proyecto y caída
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 103
La estructura de la Sorge se despliega en tres momentos complicados. El primero es el
arrojamiento (Geworfenheit condición de arrojado, en Rivera; estado de yecto, en Gaos):
la existencia se encuentra siempre ya situada en un mundo que no eligió, con una historia, un
cuerpo, una lengua, una ciudad, un contexto. No partimos de cero; llegamos a un mundo ya
dado. El segundo es el proyecto (Entwurf proyecto, en ambas traducciones canónicas): la
existencia se abre hacia posibilidades, se anticipa, se orienta, decide, planea. El tercero es la
caída (Verfallen caída, en Gaos y Rivera): la tendencia cotidiana a quedar absorbidos por
lo inmediato, por el trabajo, por el “uno” impersonal (das Man), por la distracción y la
dispersión (Heidegger, 1962).
Estos momentos no son etapas temporales ni componentes separables, sino tensiones
estructurales de la vida. En la ciudad, el arrojamiento se manifiesta como exposición a
infraestructuras, ritmos, regímenes laborales, condiciones ambientales. El proyecto se
manifiesta como planificación cotidiana, trayectos, rutinas, expectativas. La caída se
manifiesta como absorción en el ruido social, en la circulación, en lo impersonal, en la
normalización de lo dado. Si el ruido urbano se vuelve crónico, puede presionar estos tres
momentos: intensifica la exposición, obliga a proyectar defensivamente, y refuerza la caída
en la aceptación de lo inhóspito como “normal” (Heidegger, 1962; World Health
Organization, 2018).
Modos de la Sorge en lo cotidiano: Besorgen y Fürsorge
En la analítica existencial, la Sorge se concreta cotidianamente en dos modos principales: la
ocupación (Besorgen) y la solicitud (Fürsorge). La ocupación describe el trato con el mundo
de útiles, tareas, trabajos, quehaceres: lo que hacemos con las cosas. La solicitud describe el
trato con los otros: convivencia, cuidado, indiferencia, conflicto, apoyo. Ambos modos son
originarios y se entrelazan en la vida urbana: trabajar, moverse, comprar, cuidar, hablar,
negociar espacio y tiempo con otros (Heidegger, 1962).
El ruido urbano incide en ambos. En la ocupación, puede interrumpir el flujo práctico y
convertir tareas simples en gestión constante: cerrar, abrir, ajustar, repetir, elevar la voz,
cambiar rutas. En la solicitud, puede tensar la convivencia: vecinos, transporte público,
calles, espacios compartidos. Una lectura ontológica del ruido debe mostrar cómo esta
incidencia no es accidental, sino estructural: el ruido afecta la forma misma en que la
existencia se ocupa y se relaciona, es decir, afecta la Sorge en su despliegue cotidiano
(Heidegger, 1962; de Certeau, 1984).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 104
Habitabilidad: propuesta conceptual desde la Sorge
Habitabilidad no como índice técnico, sino como condición existencial
En el lenguaje técnico, “habitabilidad” suele referirse a condiciones mínimas de confort y
seguridad: ventilación, iluminación, temperatura, ruido, dimensiones. Se trata de criterios
normativos, cuantificables y verificables. Sin negar su relevancia, este ensayo propone
desplazar el concepto hacia un registro ontológico: entender habitabilidad como condición
existencial, como estabilidad del ser-en-el-mundo en la repetición cotidiana. Esto significa
que una ciudad es habitable no solo cuando cumple umbrales, sino cuando sostiene un mundo
en el que la vida puede desplegarse con continuidad, orientación y sentido (Heidegger, 1962;
Lefebvre, 1991).
La propuesta central es definir habitabilidad acústica como estabilidad estructural de la Sorge
bajo presión sonora. Esto implica que lo acústico no es un “factor más” del ambiente, sino
una dimensión que puede estabilizar o desestabilizar la estructura del cuidado. Un mundo
acústicamente habitable es aquel donde el campo sonoro permite que la ocupación fluya, que
la solicitud no se degrade sistemáticamente en fricción, que los umbrales entre exposición y
recogimiento se mantengan operativos, y que la temporalidad cotidiana no se convierta en
anticipación defensiva permanente (Heidegger, 1962; Nancy, 2007).
Este giro conceptual tiene consecuencias. Por ejemplo, permite comprender por qué dos
entornos con el mismo nivel promedio de decibelios pueden ser vividos como radicalmente
distintos: porque el problema no es solo la intensidad, sino la estructura de solicitación
sonora, su cronicidad, su imprevisibilidad, su relación con los ritmos de la vida. La
habitabilidad acústica, así entendida, no se agota en mediciones; se ancla en la estructura del
habitar (Heidegger, 1962; Schafer, 1994).
Estabilidad de mundo y umbrales de habitar
Para sostener esta propuesta, es necesario precisar qué se entiende por estabilidad de mundo.
No se trata de un mundo “silencioso” ni de un control absoluto del entorno. Se trata de un
mundo donde los umbrales existenciales funcionan: donde el adentro puede ser adentro,
donde el afuera puede ser afuera, donde el tránsito no invade toda permanencia, donde la
noche puede ser noche. Habitar implica la posibilidad de alternar exposición y recogimiento,
actividad y reposo, interacción y retiro (Heidegger, 1962; World Health Organization
Regional Office for Europe, 2009).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 105
El ruido urbano crónico tiende a erosionar estos umbrales. Cuando el sonido atraviesa sin
tregua, el adentro se vuelve poroso; el hogar pierde su función de refugio. Cuando la calle es
saturación constante, el afuera se vuelve desgaste; la orientación se vuelve defensa. Cuando
la noche es interrumpida, la temporalidad se desestructura; el día siguiente se vive ya
agotado. En este sentido, la habitabilidad acústica no es “silencio”, sino posibilidad de
umbral: posibilidad de que el mundo se distribuya en regiones de sentido que permitan vivir
(Heidegger, 1962; Schafer, 1994; World Health Organization Regional Office for Europe,
2009).
Indicadores ontológicos (no métricos) de habitabilidad
Si la habitabilidad acústica se define ontológicamente, ¿cómo se reconoce? Este ensayo
propone, a modo de avance conceptual, tres indicadores ontológicos no métricos. Primero,
continuidad práctica: la capacidad de realizar tareas cotidianas sin que el entorno se vuelva
obstáculo constante. Segundo, integridad umbral: la capacidad de sostener diferencias
operativas entre adentro y afuera, día y noche, trabajo y descanso. Tercero, una apertura
afectiva no saturada: la disposición afectiva es el modo en que el mundo se nos da. Un mundo
habitable no es aquel que siempre “gusta”, sino aquel que no fija sistemáticamente una
tonalidad de irritación, alerta o desgaste como fondo permanente (Heidegger, 1962; Nancy,
2007).
Estos indicadores constituyen una matriz conceptual que será esencial para lo que sigue. En
vez de preguntar solamente “¿cuánto ruido hay?”, se puede preguntar “¿qué tipo de mundo
produce este régimen sonoro?”. Esa pregunta no sustituye la medición; la reorienta. Preparar
una ontología acústica del habitar implica, precisamente, sostener este tipo de
desplazamientos: del dato al mundo, del umbral al cuidado, de la molestia al existir
(Heidegger, 1962; LaBelle, 2010; Sterne, 2003).
Definir la habitabilidad acústica desde la Sorge exige, sin embargo, no quedar en una
analogía: requiere precisar en qué sentido propio lo sonoro participa de la apertura del
mundo. Una fenomenología de la percepción ya advertía que el sujeto no se relaciona con el
sonido como con un objeto colocado frente a sí, sino que el cuerpo es el lugar mismo donde
lo audible se hace mundo (Merleau-Ponty, 2002). El próximo capítulo retoma este punto
desde una clave heideggeriana: mostrar que el mundo se abre también sonoramente y que esa
apertura tiene una lógica propia, irreductible al modelo visual o conceptual con el que
tradicionalmente se ha pensado el habitar.
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 106
La dimensión acústica: el mundo se abre también sonoramente
Lo sonoro como modo de des ocultamiento
Si el mundo, en el sentido heideggeriano, no es un conjunto de objetos presentes, sino un
horizonte de significatividad abierto en la práctica, entonces es necesario reconocer que esa
apertura no es exclusivamente visual o conceptual. El mundo se abre también sonoramente.
Los sonidos no son solo “estímulos”; son modos de aparecer de lo real en la cotidianidad:
anuncian, advierten, convocan, acompañan, irritan, tranquilizan. En este sentido, lo sonoro
participa del des ocultamiento: deja ver (deja oír) un mundo de relaciones antes de que lo
tematicemos (Heidegger, 1962; Sterne, 2003).
Aquí es útil tomar como contrapunto la noción de paisaje sonoro. En Schafer, el paisaje
sonoro nombra el entorno acústico tal como es percibido y vivido, con sus componentes, sus
marcas, sus ritmos. Aunque el marco del ensayo no se subordina a una ecología sonora, la
idea de paisaje sonoro permite señalar algo crucial: la ciudad no solo se ve; se escucha, y en
esa escucha se construyen condiciones de habitar (Schafer, 1994).
Pensar lo sonoro como des ocultamiento significa reconocer que, en la cotidianidad, el sonido
opera muchas veces antes que el pensamiento. Una sirena no se interpreta primero; se
reacciona. Un motor constante no se analiza; se soporta. Un golpe nocturno no se explica;
despierta. Esta primacía de lo sonoro como solicitación inmediata lo vuelve estructuralmente
potente para modular la experiencia de mundo: puede intensificar presencia, puede saturar,
puede impedir recogimiento, puede fijar una tonalidad afectiva de fondo (Heidegger, 1962;
Nancy, 2007).
Disposición afectiva y campo sonoro
En Sein und Zeit, la disposición afectiva (Befindlichkeit disposición afectiva o encontrarse,
según traductor) no es un agregado psicológico, sino un existenciario: el modo en que el
mundo se nos da siempre ya “en un tono”. No estamos primero “neutros” y luego “sentimos”;
vivimos siempre ya en una tonalidad que abre el mundo de cierta manera. Lo acústico tiene
una relación privilegiada con este nivel porque el sonido no solo informa; afecta, envuelve,
invade, sostiene, irrita. El campo sonoro puede fijar disposiciones afectivas de manera
persistente (Heidegger, 1962).
Aquí el diálogo con la fenomenología contemporánea de la escucha se vuelve particularmente
relevante. En Jean-Luc Nancy, la escucha no es mera recepción de un objeto sonoro, sino
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 107
apertura resonante: el sujeto no “posee” el sonido; se deja atravesar por él. La escucha
implica exposición, vibración, co-pertenencia. En un régimen de ruido crónico, esta
exposición se vuelve forzada; la resonancia se vuelve desgaste. Esto ayuda a comprender por
qué el ruido no es solo molestia, sino presión ontológica sobre la forma en que el mundo se
da afectivamente (Nancy, 2007; Heidegger, 1962).
En términos de habitabilidad, esto significa que el campo sonoro no solo acompaña prácticas,
sino que puede fijar una tonalidad afectiva dominante: irritación, alerta, tensión, fatiga. Si esa
tonalidad se vuelve crónica, el mundo cotidiano se experimenta como inhóspito incluso
cuando, “objetivamente”, nada grave sucede. Esta es una de las vías por las que el ruido
modula la Sorge: altera el modo afectivo en que el mundo se abre y, con ello, la posibilidad
de habitar con continuidad (Heidegger, 1962; Nancy, 2007; Basner et al., 2014).
Sonoridad, atención y facticidad urbana
La ciudad contemporánea se caracteriza por una economía de la atención fragmentada, por
ritmos acelerados y por infraestructuras que multiplican la solicitación. El sonido participa
activamente en esta economía: anuncios, motores, música ambiental, alarmas, bocinas,
notificaciones. El campo sonoro no solo “está”; exige atención, interrumpe, divide. Esto
produce una facticidad urbana particular: una vida que se vive en micro ajustes, en
compensaciones constantes, en sobrecarga sensorial (LaBelle, 2010; Sterne, 2003).
Este fenómeno se vuelve más claro si lo pensamos en términos existenciales. La existencia
cotidiana requiere un equilibrio mínimo entre atención y trasfondo: para actuar, algo debe
operar como fondo no tematizado. Cuando el trasfondo se vuelve intrusivo, la atención se ve
forzada a gestionarlo. El ruido crónico convierte el trasfondo en primer plano de manera
repetida, y eso erosiona la continuidad de la ocupación cotidiana (Heidegger, 1962).
Aquí se entiende por qué este ensayo insiste en que lo acústico no es un “anexo sensorial”. La
sonoridad urbana participa en la estructura del mundo al distribuir atención, al fijar
disposiciones y al afectar ritmos. Un entorno acústico saturado no solo “suena más”; produce
un mundo distinto: un mundo más difícil de sostener, más frágil en sus umbrales, más
propenso al desgaste (Heidegger, 1962; LaBelle, 2010).
Hasta aquí el ensayo ha mostrado que lo sonoro participa en la estructura del mundo,
distribuyendo atención, fijando disposiciones afectivas y modulando ritmos cotidianos. Lo
que sigue desplaza el énfasis: ya no se trata de describir esa participación, sino de exhibir, en
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 108
cuatro registros sucesivos, cómo el ruido urbano crónico la convierte en presión estructural
sobre la Sorge. Las cuatro secciones siguientes corresponden a esos registros: ruptura del
trato práctico con lo a-la-mano, sobrecarga de la ocupación, alteración de la solicitud con los
otros y reconfiguración de la temporalidad cotidiana. Cada uno expone una dimensión del
cuidado bajo presión sonora; juntos, sostienen la tesis del ensayo.
Ruido urbano como modulación de la Sorge
Ruptura de lo a-la-mano: del fluir práctico a la tematización
En la cotidianidad, el mundo funciona en gran medida como un tejido de operaciones donde
lo a-la-mano se integra sin hacerse presente. Caminamos sin pensar en cada paso; hablamos
sin pensar en cada palabra; realizamos tareas sin tematizar cada instrumento. Esta fluidez es
condición de habitabilidad: permite que la vida cotidiana no sea una lucha constante contra el
entorno (Heidegger, 1962).
Proponer que el ruido urbano opera como modulación de la Sorge implica reconocer un
fenómeno análogo, pero extendido al campo sonoro: cuando el ruido es intrusivo, obliga a
tematizar el entorno de manera reiterada. El mundo deja de operar como fondo y se vuelve
problema. La ventana ya no es “ventana”, sino barrera; la calle ya no es “calle”, sino fuente;
la noche ya no es “noche”, sino intervalo de amenazas sonoras. Esta tematización forzada
rompe la continuidad práctica y convierte la vida cotidiana en gestión del obstáculo
(Heidegger, 1962; World Health Organization, 2018).
Este paso es clave: el ruido no se limita a añadir incomodidad, sino que transforma la manera
en que el mundo aparece. En vez de abrir posibilidades, el mundo se presenta como demanda
de control. Esto es ya una presión sobre la Sorge: el cuidado se desplaza hacia la defensa y la
compensación, y ese desplazamiento altera el modo de habitar (Heidegger, 1962).
Sobrecarga de ocupación: del Besorgen al “estar lidiando”
Si la primera consecuencia del ruido crónico es la tematización defensiva del mundo, la
segunda es la sobrecarga de la ocupación. La vida cotidiana urbana no solo implica tareas;
implica lidiar con fricciones permanentes: tráfico, tiempos, inseguridad, burocracias,
precariedad. El ruido se suma a estas fricciones no como un elemento aislado, sino como un
régimen constante que obliga a ajustes. Se vive “lidiando” con el entorno: cerrando, abriendo,
adaptando, posponiendo, elevando la voz, soportando, reclamando (Heidegger, 1962; de
Certeau, 1984).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 109
El “estar lidiandono es una categoría moral ni clínica; es una descripción estructural del
habitar cuando la fricción se vuelve condición permanente. En un mundo acústicamente
presionado, la ocupación se vuelve en parte ocupación de la ocupación: se invierte energía en
sostener condiciones mínimas para hacer lo que se hace. Esta inversión erosiona la
continuidad de la vida cotidiana y produce desgaste (Heidegger, 1962; Basner et al., 2014).
Desde la tesis del ensayo, esto es precisamente una modulación de la Sorge: el cuidado se
vuelve en parte cuidado de la defensa. La existencia se orienta hacia la mitigación constante,
y esa orientación altera el proyecto cotidiano. En lugar de abrir posibilidades, el proyecto se
reduce a sostenerse. La habitabilidad acústica se degrada cuando el mundo exige demasiada
gestión para ser vivido (Heidegger, 1962).
Alteración de la solicitud: del Fürsorge a la fricción convivencial
La tercera dimensión donde se hace evidente la modulación de la Sorge es la solicitud
(Fürsorge), es decir, la relación con los otros. La ciudad es un mundo compartido:
coexistimos en proximidad, negociamos espacios, ritmos, usos. En condiciones de
estabilidad, esta coexistencia puede sostenerse en hábitos, cortesías, acuerdos tácitos. Pero
cuando el régimen acústico se vuelve intrusivo, la solicitud se altera porque la co-presencia
pierde parte de su carácter de mundo compartido habitable (Heidegger, 1962; de Certeau,
1984).
Cuando el ruido invade, los otros aparecen fácilmente como fuente de perturbación: el
vecino, el conductor, el vendedor, el pasajero, el trabajador. La relación se tensa; se vuelve
vigilancia, reclamo, agresión, resignación. El ruido se convierte en vector de conflicto porque
atraviesa los umbrales y hace difícil sostener la diferencia entre mi espacio y el espacio del
otro. Esta alteración no es solo social; es ontológica: afecta el modo en que el otro aparece en
el mundo compartido (Heidegger, 1962; Harvey, 2008).
Fenomenológicamente, esto significa que el ruido puede empobrecer el mundo compartido:
no porque elimine la sociabilidad, sino porque fija una tonalidad de fondo donde la
convivencia se vive como fricción. La solicitud se degrada cuando el mundo deja de ofrecer
condiciones mínimas de encuentro no saturado. La habitabilidad acústica, así, tiene una
dimensión ética-política: no se trata solo de “sentirse bien”, sino de sostener un mundo
común (Heidegger, 1962; Lefebvre, 1996; Harvey, 2012).
Reconfiguración temporal: cronicidad, espera y anticipación defensiva
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 110
La cuarta dimensión es la temporalidad. Aunque el ruido suele pensarse como un fenómeno
espacial (“viene de allá”, “se oye aquí”), su carácter crónico lo vuelve temporalmente
decisivo. El ruido urbano persistente no es un evento; es un régimen. Y un régimen
reconfigura la manera en que el tiempo cotidiano se vive: el día se organiza con base en
interrupciones, en esperas, en previsiones. La temporalidad existencial proyección,
repetición, anticipación se modifica cuando la vida se vive bajo solicitación sonora
constante (Heidegger, 1962; Lefebvre, 2013).
Aquí aparece un fenómeno decisivo: la anticipación defensiva. En vez de proyectar el día
desde posibilidades abiertas, el proyecto cotidiano se organiza alrededor de evitar daño o
molestia: evitar ciertas calles, evitar ciertas horas, evitar abrir ventanas, evitar conflictos. El
futuro inmediato se vive como amenaza de interrupción. Esto no es solo estrés; es
transformación ontológica del proyecto: el mundo se abre como campo de riesgos acústicos
(Heidegger, 1962; World Health Organization, 2018).
La cronicidad sonora también transforma la repetición cotidiana. No toda repetición es
opresiva: los ritmos pueden sostener la vida y ofrecer estabilidad. Pero cuando la repetición
incluye sistemáticamente saturación sonora, el ritmo se vuelve desgaste. La vida se vive “sin
tregua”, y la noche deja de cumplir su función de recomposición. Este es uno de los puntos
donde el contrapunto normativo resulta significativo: la salud pública reconoce que el ruido
nocturno tiene efectos no auditivos relevantes, pero aquí se trata de mostrar que esos efectos
se inscriben en la estructura misma del habitar (World Health Organization Regional Office
for Europe, 2009; Basner et al., 2014; Heidegger, 1962).
El ruido urbano, en su persistencia, no opera solo como estímulo molesto, sino como régimen
que modula la Sorge: transforma el modo en que el tiempo cotidiano se sostiene. La
habitabilidad acústica se degrada cuando el tiempo se convierte en espera irritada o en
anticipación defensiva constante. Habitar requiere poder proyectar sin vivir siempre ya en
defensa (Heidegger, 1962).
Vignettes fenomenológicas situadas
Hogar: el “adentro” perforado
Una primera escena es el hogar. Tradicionalmente, el hogar funciona como región de
recogimiento: un “adentro” donde la vida puede replegarse, descansar, recomponerse. No se
trata de idealizarlo; se trata de reconocer su función estructural como umbral entre exposición
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 111
urbana y vida íntima. El ruido urbano crónico perfora este umbral: atraviesa paredes, invade
habitaciones, impide silencio relativo, altera sueño. El adentro deja de ser plenamente adentro
(Heidegger, 1962; World Health Organization Regional Office for Europe, 2009).
En esta escena se revela con claridad la tesis del ensayo. El problema no es solo “no dormir
bien”; es que el mundo pierde una región de estabilidad. El hogar se vuelve un espacio de
gestión: tapar, cerrar, aislar, resignarse. El cuidado cotidiano se reorganiza alrededor de
sostener nimamente un refugio acústico. Cuando esa gestión se vuelve constante, la Sorge
se modula: el cuidado se vuelve cuidado de la defensa (Heidegger, 1962; Basner et al., 2014).
Calle: exposición y orientación
Una segunda escena es la calle. La calle es el espacio de tránsito, de exposición, de
encuentro, de riesgo. En la ciudad, la calle es también un campo sonoro saturado: motores,
bocinas, música, anuncios. Esta saturación no solo “molesta”; orienta el cuerpo y la atención.
Se camina con tensión, se cruza rápido, se evita hablar, se acelera. La calle se vive como
solicitación constante (LaBelle, 2010; Sterne, 2003).
Esta escena muestra cómo lo sonoro modula la espacialidad existencial. La cercanía se
reconfigura: no por distancia, sino por amenaza acústica. Algo “cerca” puede ser
insoportable, aunque esté lejos, porque su sonido invade. La orientación se vuelve defensa:
orientarse es evitar. En esta medida, el ruido altera el modo en que el mundo se distribuye en
regiones habitables. La ciudad se vuelve un conjunto de zonas acústicamente hostiles que
fragmentan la experiencia (Heidegger, 1962; Schafer, 1994).
Trabajo: productividad, fricción y cuerpo
Una tercera escena es el trabajo. La ciudad contemporánea organiza gran parte de la vida en
torno a regímenes laborales. En muchos entornos urbanos e industriales, el ruido es un
componente estructural del espacio de trabajo. Más allá de los efectos auditivos, el ruido
constante produce fatiga, irritación, dificultad de concentración, fricción interpersonal. La
productividad se sostiene a costa de mayor esfuerzo corporal y afectivo (Basner et al., 2014;
World Health Organization, 2018).
Fenomenológicamente, esto puede entenderse como una intensificación de la caída: la
existencia queda absorbida en tareas bajo condiciones que exigen gestión constante. El
cuerpo se vuelve lugar de presión. El cuidado se orienta hacia resistir, aguantar, cumplir. En
lugar de un mundo laboral que abre posibilidades, aparece un mundo que desgasta. Esto
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 112
afecta la proyección: el futuro inmediato se vive como repetición de saturación (Heidegger,
1962).
Noche: sueño, vigilancia e irritación
Una cuarta escena es la noche. La noche, en la vida cotidiana, no es solo un “momento del
día”; es una región temporal de recomposición. Dormir permite recomponer cuerpo, ánimo,
atención. El ruido nocturno crónico interrumpe esta región: despierta, fragmenta, irrita, obliga
a vigilar. La noche se vive como exposición involuntaria (World Health Organization
Regional Office for Europe, 2009; Basner et al., 2014).
En esta escena, la temporalidad se revela como campo de modulación de la Sorge. La
anticipación defensiva se intensifica: se duerme con alerta, se espera el golpe, la sirena, la
música. El futuro inmediato se vive como amenaza de interrupción. La vida cotidiana pierde
una base de estabilidad, y esa pérdida tiene efectos ontológicos: el mundo se da como
inhóspito incluso en el propio hogar (Heidegger, 1962).
Umbrales: ventana, muro, puerta, patio
Una quinta escena es el umbral material: ventana, muro, puerta, patio. Estos elementos
distribuyen exposición y recogimiento. En la ciudad ruidosa, los umbrales se vuelven
frágiles: el sonido atraviesa, rebota, invade. La arquitectura deja de ser garantía de
separación. La habitabilidad acústica se juega aquí en una escala microscópica: en rendijas,
cierres, materiales, y también en prácticas cotidianas de abrir y cerrar (Schafer, 1994;
Heidegger, 1962).
Fenomenológicamente, esta escena muestra que el habitar es siempre práctico: se habita
haciendo. Los umbrales no son solo estructuras; son operaciones. Cuando el ruido obliga a
operar constantemente el umbral, la vida cotidiana se vuelve gestión. El mundo se vuelve
demanda. La Sorge se modula porque el cuidado se reorienta hacia sostener límites que
deberían funcionar de manera más estable (Heidegger, 1962).
Las cinco escenas anteriores hogar, calle, trabajo, noche, umbral material no agotan la
facticidad acústica de la ciudad contemporánea, pero muestran de manera convergente
cómo el régimen sonoro urbano reconfigura, en distintas regiones del habitar, las mismas
estructuras: continuidad práctica perforada, solicitud tensada por la fricción, temporalidad
fragmentada por la anticipación defensiva, umbrales obligados a operar como gestión
permanente. Conviene ahora, sin abandonar este registro fenomenológico, extraer las
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 113
implicaciones que se siguen para el modo en que se piensa la ciudad, la justicia urbana y el
lugar de la medición acústica en una ontología del habitar.
CONCLUSIÓN
Aceptar que el ruido urbano modula estructuralmente la Sorge implica cambiar el modo en
que se plantea el problema. El ruido deja de ser un “tema ambiental” y se vuelve una cuestión
de mundo. Esto desplaza el centro de gravedad del debate: del cumplimiento de umbrales al
derecho a condiciones de apertura habitables. En términos urbanos, esto permite vincular
ruido y derecho a la ciudad no solo como acceso a bienes, sino como acceso a condiciones de
mundo donde la vida pueda desplegarse sin desgaste crónico (Harvey, 2008; Lefebvre, 1996;
Heidegger, 1962).
Este desplazamiento también reconfigura la idea de justicia urbana. Si la habitabilidad
acústica es estabilidad estructural del cuidado, entonces la distribución desigual de ruido no
es solo desigualdad ambiental; es distribución desigual de condiciones de existir. Los
territorios acústicamente presionados producen modos de vida más defensivos, más
desgastados, más fragmentados. Esto puede reforzar segregaciones y desigualdades, incluso
cuando no se tematizan políticamente (Harvey, 2009; Harvey, 2012; European Environment
Agency, 2020; Heidegger, 1962).
Metodológicamente, esta lectura implica que la serie Ontología Acústica no puede limitarse a
mapear decibelios. Requiere un enfoque capaz de describir estructuras de mundo: prácticas,
afectos, temporalidades, umbrales. Esto no excluye la medición; la inscribe en un marco
interpretativo. Un mapa de ruido, por solo, no dice qué mundo produce. Pero un mapa de
ruido leído desde la Sorge puede volverse herramienta crítica para comprender la
habitabilidad acústica como condición existencial (Heidegger, 1962; International
Organization for Standardization, 2014).
Esto también implica una estrategia de escritura. El ensayo no se reduce a definir conceptos;
necesita escenas, descripciones, vignettes. La fenomenología se juega en la capacidad de
describir lo que normalmente se naturaliza. En este sentido, la escritura fenomenológica es
una forma de resistencia al olvido ontológico: no dejar que el ruido se convierta en mero
dato, sino sostener su dimensión estructural como modo de mundo (Heidegger, 1962; Nancy,
2007).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 114
Este primer ensayo prepara puentes hacia los siguientes. El primer puente es hacia la cuestión
de la normalización pública del ruido y su dimensión impersonal: cómo lo inhóspito se
vuelve “lo normal” en la vida urbana, cómo das Man organiza la tolerancia y la resignación,
y cómo las políticas públicas pueden reproducir esa normalización al reducir el problema a
umbrales promedio (Heidegger, 1962; European Parliament and Council, 2002).
El segundo puente conduce hacia la cuestión de la temporalidad y la cronicidad sonora, que
será central para comprender la experiencia de desgaste urbano contemporáneo. Aquí el
diálogo con Lefebvre y el ritmanálisis se vuelve pertinente: la ciudad como régimen rítmico,
y el ruido como forma de captura y distorsión del ritmo cotidiano (Lefebvre, 2013;
Heidegger, 1962).
El tercer puente es hacia Sound Studies y el paisaje sonoro, no como sustitutos del marco
ontológico, sino como mediaciones que permiten pensar territorios acústicos, tecnologías de
escucha, políticas de sonido. La ontología acústica, en esta ruta, busca mantener la prioridad
de la pregunta por el mundo y por el habitar, evitando que lo sonoro se convierta en objeto
neutral (LaBelle, 2010; Sterne, 2003; Schafer, 1994).
El ensayo recorrió un trayecto deliberado: partió del señalamiento de un olvido el del
estatuto ontológico del ruido en las lecturas técnico-normativas dominantes y construyó,
capítulo a capítulo, los elementos para repararlo. Fijó primero el piso fenomenológico del
habitar como ser-en-el-mundo; precisó después la estructura de la Sorge en sus modos
cotidianos; propuso una categoría habitabilidad acústica y la afincó en una lectura propia
de lo sonoro como dimensión de apertura; describió, finalmente, cómo el ruido urbano
crónico opera como modulación estructural del cuidado y mostró, en cinco escenas situadas,
sus formas concretas. Lo que sigue recapitula esa trayectoria, declara su aporte conceptual y
formula la pregunta que orientará la continuación de la serie.
El ensayo sostuvo que el ruido urbano crónico e intrusivo no debe entenderse solo como
externalidad física o molestia subjetiva, sino como modulación estructural del habitar. Desde
la analítica existencial de Sein und Zeit, se argumentó que lo sonoro participa en la apertura
del mundo y que, cuando se vuelve régimen de solicitación constante, altera la estabilidad del
ser-en-el-mundo en su dimensión práctica, afectiva y temporal. En este sentido, el ruido
presiona la Sorge, reconfigurando el cuidado hacia formas de defensa, gestión y desgaste
(Heidegger, 1962).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 115
Como aporte conceptual, el ensayo propuso la categoría de habitabilidad acústica como
estabilidad estructural de la Sorge bajo presión sonora. Esta categoría permite pensar la
ciudad no solo en términos de confort o cumplimiento de umbrales, sino en términos de
condiciones de mundo. La habitabilidad acústica se presenta, así como criterio ontológico y
como base para un diálogo posterior con estudios urbanos, Sound Studies y normativas
internacionales sin subordinar el fenómeno a la medición (Heidegger, 1962; LaBelle, 2010;
Harvey, 2012).
La pregunta que queda abierta y que orientará la serie es la siguiente: ¿cómo se
normaliza públicamente lo inhóspito, y qué formas de intervención teórica, política y
metodológica son posibles cuando aceptamos que el ruido urbano no es solo problema
ambiental, sino condición estructural del habitar? Esta pregunta no busca clausura, sino
apertura: abrir un campo donde la ciudad pueda pensarse desde el cuidado, desde el mundo y
desde lo sonoro como dimensión constitutiva (Heidegger, 1962; Lefebvre, 1996).
REFERENCIAS
Basner, M., Babisch, W., Davis, A., Brink, M., Clark, C., Janssen, S., & Stansfeld, S. (2014).
Auditory and non-auditory effects of noise on health. The Lancet, 383(9925), 1325
1332. https://doi:10.1016/S0140-6736(13)61613-X
de Certeau, M. (1984). The practice of everyday life (S. Rendall, Trans.). University of
California Press. (Original work published 1980).
European Environment Agency. (2020). Environmental noise in Europe, 2020. Publications
Office of the European Union. https://doi:10.2800/686249
European Parliament and Council. (2002). Directive 2002/49/EC relating to the assessment
and management of environmental noise (CELEX 32002L0049). EUR-Lex.
Harvey, D. (2008). The right to the city. New Left Review, 53. https://doi.org/10.64590/fmh
Harvey, D. (2009). Social justice and the city (Rev. ed.). University of Georgia Press.
Harvey, D. (2012). Rebel cities: From the right to the city to the urban revolution. Verso.
Heidegger, M. (1962). Being and time (J. Macquarrie & E. Robinson, Trans.). Harper.
(Original work published 1927).
Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 2 - Año 2026
Página | 116
International Organization for Standardization. (2014). ISO 12913-1:2014 Acoustics
SoundscapePart 1: Definition and conceptual framework. ISO.
LaBelle, B. (2010). Acoustic territories: Sound culture and everyday life. Continuum.
Lefebvre, H. (1991). The production of space (D. Nicholson-Smith, Trans.). Blackwell.
(Original work published 1974).
Lefebvre, H. (1996). Writings on cities (E. Kofman & E. Lebas, Eds.). Blackwell Publishers.
Lefebvre, H. (2013). Rhythmanalysis: Space, time and everyday life (S. Elden & G. Moore,
Trans.). Bloomsbury. (Original work published 1992).
Merleau-Ponty, M. (2002). Phenomenology of perception (C. Smith, Trans.). Routledge.
(Original work published 1945). https://doi:10.4324/9780203994610
Nancy, J.-L. (2007). Listening (C. Mandell, Trans.). Fordham University Press. (Original
work published 2002).
Schafer, R. M. (1994). The soundscape: Our sonic environment and the tuning of the world.
Destiny Books.
Sterne, J. (2003). The audible past: Cultural origins of sound reproduction. Duke University
Press. https://doi:10.1215/9780822384250
World Health Organization. (2018). Environmental noise guidelines for the European
Region. World Health Organization.
World Health Organization. Regional Office for Europe. (2009). Night noise guidelines for
Europe. World Health Organization.
© Los autores. Este artículo se publica en Prisma ODS bajo la Licencia Creative Commons Atribución 4.0
Internacional (CC BY 4.0). Esto permite el uso, distribución y reproducción en cualquier medio, incluidos fines
comerciales, siempre que se otorgue la atribución adecuada a los autores y a la fuente original.
: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i2.203
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Martínez Cisneros, P. . (2026). Sorge y Habitabilidad Acústica: Hacia una Ontología del
Habitar Urbano. El Ruido Urbano como Modulación Estructural del Cuidado. Prisma ODS:
Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(2), 93-
116. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i2.203