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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Balanza Comercial México China: Retos y Oportunidades
Mexico China Trade Balance: Challenges and Opportunities
Daphne Marel Solís Nájera
mareldaphne@gmail.com
https://orcid.org/0009-0000-1385-3641
Universidad Interamericana
Puebla - México
Diego Hernán Cuate Gómez
dhcg.inv@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1741-0009
Instituto Tecnológico Superior Progreso
Yucatán - xico
Artículo recibido: 07/02/2026
Aceptado para publicación: 30/03/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
La relación comercial entre México y China se ha convertido en un eje central dentro
de la reorganización global de las cadenas de valor, impulsada por el nearshoring y la
geopolítica actual. Aunque México mantiene un déficit comercial estructural, la creciente
presencia de inversión extranjera directa (IED) china revela un cambio estratégico que abre
nuevas oportunidades para la innovación y la cooperación tecnológica. Este estudio, de
carácter analítico y documental, examina la evolución del intercambio bilateral, los efectos de
la competencia trilateral MéxicoChinaEE. UU. y el impacto del T-MEC en la integración
regional. Si bien la dependencia de insumos chinos limita la competitividad, también ha
impulsado a las empresas mexicanas a modernizar procesos e incorporar innovación,
fenómeno descrito como el “efecto de escape de la competencia”. Asimismo, sectores como
la minería, manufactura avanzada y tecnología verde se perfilan como áreas clave para
generar valor agregado sostenible y fortalecer la posición de México dentro de las cadenas
globales de producción. Se concluye que el desafío no es eliminar el déficit, sino convertir la
interdependencia económica en un motor de desarrollo, innovación y cooperación
internacional.
Palabras clave: balanza comercial, MéxicoChina, Cadenas globales de valor,
Inversión extranjera directa, T-ME
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ABSTRACT
The commercial relationship between Mexico and China has become a central axis in
the global reorganization of value chains, driven by nearshoring and current geopolitical
dynamics. Although Mexico maintains a structural trade deficit, the growing presence of
Chinese foreign direct investment (FDI) reveals a strategic shift that opens new opportunities
for innovation and technological cooperation. This analytical and documentary study
examines the evolution of bilateral exchange, the effects of the trilateral competition among
Mexico, China, and the United States, and the impact of the USMCA on regional integration.
While Mexico’s dependence on Chinese inputs limits competitiveness, it has also pushed
Mexican firms to modernize processes and incorporate innovationa phenomenon described
as the “escape-from-competition effect.” Likewise, sectors such as mining, advanced
manufacturing, and green technology are emerging as key areas for generating sustainable
added value and strengthening Mexico’s position within global production chains. The study
concludes that the challenge is not to eliminate the deficit, but to transform economic
interdependence into a driver of development, innovation, and international cooperation.
Keywords: trade balance, MexicoChina, global value chains, foreign direct
investment, T-ME
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INTRODUCCIÓN
La relación comercial de México con China se ha consolidado como un eje central y
complejo de la política económica y las relaciones exteriores del país. Desde la adhesión de
China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, los intercambios bilaterales
han crecido de forma exponencial, transformando la dinámica comercial de México con el
mundo y, particularmente, con su principal socio, Estados Unidos (EE.UU.). El ascenso
vertiginoso de la República Popular China (RPC) como potencia económica global en las
últimas cadas ha reconfigurado dramáticamente el panorama comercial y productivo
mundial, con un impacto particularmente complejo en su vínculo con México. Si bien ambas
naciones comparten la condición de ser países en desarrollo, su relación se ha caracterizado
históricamente por una profunda desigualdad que se ha acentuado con el tiempo,
especialmente en el terreno económico (Rosas, 2010).
Basado en el análisis de diversas investigaciones académicas, explora las dinámicas históricas
de esta relación, los desafíos estructurales que xico enfrenta en su sector manufacturero y
balanza comercial, y las nuevas oportunidades que surgen en el ámbito geopolítico actual,
como el nearshoring y la renegociación de acuerdos comerciales (Dussel Peters, 2024). El
consenso académico subraya que, a pesar de los desafíos, existe un potencial para desarrollar
un vínculo bilateral más profundo que modere las desigualdades y fomente la cooperación
económica y política (Rosas, 2010; Hernández Zermeño & Enciso Manzo, n.d.).
La evolución de las relaciones comerciales entre México y China ha atravesado por al menos
cinco etapas (González García et al., 2015). Inicialmente, México fue el principal beneficiario
en las dos primeras fases, de bajo intercambio, pero la dinámica se revirtió rápidamente, y
China se consolidó como el actor que más se ha beneficiado del intercambio bilateral
(González García et al., 2015). Este cambio ha llevado a una balanza comercial
persistentemente deficitaria para México (González Arévalo, 2019; Rosas, 2010; Escajadillo,
2014), lo que llevó a xico a aplicar medidas unilaterales de protección que generan
confrontaciones comerciales hasta 2011 (González García et al., 2015).
El impacto más significativo de la expansión china se ha sentido en el sector manufacturero
mexicano. Las exportaciones de China hacia Estados Unidos han provocado una reducción en
las exportaciones de manufacturas mexicanas al mercado estadounidense, donde la RPC ha
desplazado a México como fuente de productos (González Arévalo, 2019; Rosas, 2010). Este
fenómeno se inserta en un contexto de cambio en las estructuras productivas donde el
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comercio con China genera efectos duales: por un lado, se observan efectos negativos por
sustitución de importaciones y, por otro, efectos positivos de las exportaciones sobre la
producción bruta (Pérez-Santillán, 2023). A pesar de los desafíos, México ha desarrollado
una dependencia significativa hacia los productos chinos bienes de consumo final e
intermedio que se incorporan a su propio proceso productivo y exportador (Dussel Peters,
2024).
México y China siguieron trayectorias de desarrollo divergentes a partir de los años ochenta,
a pesar de que ambos se orientaron a la exportación.
El Modelo Chino: China implementó una estrategia de reforma económica gradual y
mantuvo una fuerte conducción estatal de la economía bajo un enfoque de
"socialismo de mercado”. Este pragmatismo resultó en un crecimiento anual
promedio del PIB cercano al 9% y una reducción significativa de la pobreza.
El Modelo Mexicano: México adoptó una liberalización comercial acelerada y el
paradigma neoliberal, lo que ha generado un crecimiento lento (1.6% a 1.81% anual
per cápita desde 1994) y un aumento de la pobreza.
La relación bilateral se caracteriza por una asimetría profunda, reflejada en el creciente y
persistente déficit comercial de México con China, considerado uno de los más
desequilibrados del mundo. La gestión de esta asimetría y el aprovechamiento de las
oportunidades derivadas del nuevo contexto geopolítico global son los retos fundamentales
de la política comercial mexicana.
El objetivo principal de esta investigación es analizar la dinámica de la relación comercial
México-China en el contexto de la reorganización global de las Cadenas de Valor (CGV)
para identificar los retos competitivos y las oportunidades estratégicas que presenta este
vínculo para el desarrollo económico mexicano.
El estimar el impacto que tiene el comercio entre México y China sobre la estructura
productiva y el empleo manufacturero nacional, con el propósito de reconocer cuáles sectores
enfrentan mayor presión competitiva y cuáles podrían beneficiarse de una relación comercial
complementaria, tal como lo señalan Ayala y Villarreal (2009) al documentar el
desplazamiento de productos mexicanos frente a China. Asimismo, se busca determinar la
magnitud de la asimetría existente entre ambos países, cuantificando el déficit comercial y
analizando qué implica en términos de dependencia de insumos importados y vulnerabilidad
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económica, lo cual coincide con el análisis de López (2014), quien identifica una sustitución
externa clave para las cadenas exportadoras mexicanas.
De igual forma, se analizará la presencia de inversión china en el país derivada de los
cambios en el entorno internacional y del reajuste global de las cadenas de suministro,
proceso explicado por Dussel Peters y Gallagher (2013) al describir la creciente participación
china en la dinámica productiva de Norteamérica. Con ello, se pretende evaluar en qué
medida este fenómeno puede aprovecharse para fortalecer la capacidad de producción local y
fomentar la generación de valor agregado mediante nuevos eslabonamientos productivos, una
necesidad señalada por Pérez-Santillán (2020) en su análisis sobre empleo y estructura
manufacturera.
También se considera la importancia de identificar estrategias que permitan a las empresas
mexicanas mejorar su competitividad frente a China, ya sea mediante la adopción de procesos
de innovación o el uso de tecnologías que favorezcan su integración al mercado internacional.
En este sentido, Meza-González y Sepúlveda (2019) destacan el “efecto de escape de la
competencia”, donde la presión china motiva a las firmas mexicanas a incrementar sus
capacidades tecnológicas.
Se propone explorar alternativas de crecimiento que permitan avanzar hacia un desarrollo
más equilibrado y sostenible, reconociendo que algunos sectores han sido particularmente
vulnerables, como lo documenta Schwartzman (2014) en el caso del ajo mexicano. De esta
manera, México puede transformar la actual relación comercial con China en una
oportunidad para fortalecer su industria y mejorar su participación en el comercio global
La relación México-China se analiza a través de la lente de la competencia trilateral que
incluye a EE.UU., donde la asimetría china y las necesidades mexicanas de insumos se
entrelazan. La expansión de China en el mercado global ha generado una competencia directa
con los productos mexicanos, especialmente en el mercado estadounidense, lo que se ha
denominado "el huésped no invitado del TLCAN"
México perdió cuota de mercado en EE.UU. frente a los productos chinos, sobre todo
después del ingreso de China a la OMC. En el periodo 2000-2005, el ascenso de China en
EE.UU. tuvo un efecto significativo en las exportaciones de México, en particular en el sector
textil. El desplazamiento, aunque es un factor real, explica sólo alrededor de un tercio del
declive en la tasa de crecimiento de las exportaciones mexicanas a EE.UU., siendo otros
factores (ciclo económico de EE.UU., problemas de competitividad interna) también
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determinantes. En el sector agrícola, la entrada de China tuvo consecuencias perjudiciales
para la producción y exportación de ajo mexicano, perdiendo mercados por el factor precio.
El desplazamiento fue notable en manufacturas intensivas en mano de obra y de media/alta
tecnología (electrónica, maquinaria y equipos de transporte).
La relación comercial entre México y China revela un fuerte efecto de sustitución en las
importaciones, ya que el déficit bilateral se explica en gran medida por la entrada masiva de
insumos, bienes intermedios y equipo de capital provenientes de China. Estos productos se
han vuelto indispensables para el funcionamiento del sector manufacturero orientado a la
exportación, especialmente en industrias vinculadas al mercado estadounidense. Sin embargo,
la incapacidad de la producción nacional para reemplazar estos insumos importados
evidencia limitaciones estructurales en la integración del aparato productivo mexicano y una
dependencia creciente de proveedores asiáticos. En términos laborales, los efectos se
manifiestan de forma diferenciada entre sectores. Aunque existe un impacto derivado de la
competencia china, la pérdida de empleo en ramas como la textil responde principalmente a
transformaciones tecnológicas y cambios estructurales de largo plazo, más que a un
desplazamiento directo. Esto sugiere que el desafío no solo radica en la competencia
internacional, sino también en la necesidad de adaptar la estructura productiva nacional a
nuevas dinámicas tecnológicas y de productividad.
A nivel sectorial, la relación México-China se define por la alta demanda de minerales por
parte del país asiático (Orozco Plascencia et al., 2024). Un análisis de la Ventaja Comparativa
Revelada (VCR) para el periodo 2001-2019 revela que, aunque la plata encabeza la
producción minera en México, el cobre es el principal der en las exportaciones mineras
hacia China (Orozco Plascencia et al., 2024).
La tensión geopolítica global, impulsada por la guerra comercial del gobierno de Donald
Trump, ha intensificado la complejidad de esta relación, observándose un avance de China en
América Latina a pesar de la retórica proteccionista estadounidense (Merino, n.d.). Es en este
entorno donde fenómenos como el nearshoring o relocalización de cadenas de suministro se
presentan como una oportunidad clave (Hernández Zermeño & Enciso Manzo,n.d.). México
puede aprovechar esta tendencia para atraer inversión china que busca establecer plataformas
de producción y exportación que mitiguen los riesgos de la tensión comercial con Estados
Unidos (Hernández Zermeño & Enciso Manzo, n.d.; Dussel Peters,2024).
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Además, la posible solicitud de adhesión de China al Tratado Integral y Progresista de
Asociación Transpacífico (CPTPP) podría representar una vía para que México negocie,
dentro del bloque, un acceso preferencial y regulado al futuro mayor mercado del mundo, lo
que podría ayudar a mitigar algunos de los desequilibrios actuales (Hernández Zermeño &
Enciso Manzo, n.d.).
Desde el ámbito geopolítico actual (conflicto comercial EE. UU.-China) y el fenómeno del
nearshoring han impulsado un incremento notable de la Inversión Extranjera Directa (IED)
china en México. Las empresas chinas buscan activamente utilizar a México como
plataforma de acceso al mercado estadounidense, aprovechando el T-MEC y la ventaja
geográfica. La IED china en México se dirige principalmente a la manufactura (electrónica,
maquinaria) y servicios de infraestructura (puertos). Contrariamente a una desviación
horizontal de comercio, los exportadores chinos han respondido a los aranceles de EE. UU.
con una desviación comercial vertical, reorientando sus productos en mayor medida hacia los
países del Sur.
La inversión extranjera directa proveniente de China representa una oportunidad para que
México fortalezca su integración productiva, especialmente mediante la creación de
encadenamientos hacia atrás en niveles Tier 2 y Tier 3. Esto permitiría desarrollar
capacidades técnicas, mejorar la transferencia de conocimiento y fomentar procesos de
innovación en sectores de mayor complejidad tecnológica, como se ha visto en casos de
colaboración entre instituciones académicas y empresas de origen chino. Al mismo tiempo,
este escenario se encuentra condicionado por el entorno geopolítico actual, en el que el T-
MEC y políticas estadounidenses como la (Ley CHIPS o la IRA) establecen límites y
presiones que México debe considerar cuidadosamente para no vulnerar acuerdos de
seguridad nacional ni comprometer su posición estratégica en América del Norte.
China continúa buscando diversificar sus riesgos y ampliar su presencia global, lo que se
refleja en iniciativas como su solicitud de adhesión al CPTPP, un proceso que coloca a
México en una posición clave de evaluación. Por ello, el desafío consiste en definir una
estrategia que permita aprovechar la inversión y cooperación china sin generar tensiones con
Estados Unidos y, al mismo tiempo, contribuyendo al desarrollo productivo y tecnológico
nacional.
METODOLOGÍA
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El estudio se desarrolló con un enfoque analítico y documental, basado en la recopilación y
análisis de fuentes académicas, estadísticas y reportes especializados sobre la relación
económica entre México y China.
Se empleó un método descriptivo-comparativo, con el objetivo de identificar los factores que
explican el déficit comercial y las oportunidades de cooperación e innovación bilateral.
Elegimos este tema porque es la columna vertebral del comercio en Norteamérica. Se busca
demostrar cómo la interdependencia económica entre ambas naciones puede convertirse en
una plataforma de crecimiento competitivo, impulsando una visión donde la competencia
global se transforma en oportunidad. Permitiendo al profesional de NI desarrollar estrategias
que superen el análisis de riesgo para enfocarse en la creación de valor en la
interdependencia:
Con un análisis estratégico nos permitirá dominar el análisis de la competencia
trilateral (México- China - EE. UU)
La tesis propone aplicar la innovación a través del "efecto de escape de la
competencia" como la mejor defensa contra la presión externa.
El problema central es el déficit comercial persistente de México, impulsado por la
importación masiva de insumos chinos de bajo costo, un factor vital para la competitividad de
las Cadenas Globales de Valor (CGV) mexicanas.
El déficit comercial persistente de México con China constituye el núcleo del desafío
competitivo. Este desequilibrio se debe principalmente a la importación masiva de insumos
chinos de bajo costo, los cuales son esenciales para la competitividad de las CGV mexicanas,
especialmente en sectores manufactureros y tecnológicos.
Si bien China ha desplazado parcialmente a México en el mercado estadounidense, afectando
sectores clave como el agrícola por ejemplo, la producción de ajo(Schwartzman, 2014).
Sin embargo, este contexto de vulnerabilidad también abre la posibilidad de convertir la
dependencia en una ventaja estratégica, utilizando la integración de insumos y la
relocalización de procesos productivos para elevar el valor agregado nacional.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
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El análisis del documento muestra que la relación comercial entre México y China se
caracteriza por un déficit estructural que continúa ampliándose. Las importaciones
provenientes de China están compuestas principalmente por manufacturas avanzadas,
maquinaria, electrónicos y bienes industriales con alto valor agregado. En contraste, las
exportaciones mexicanas hacia China se concentran en minerales metálicos como cobre,
plata, zinc y hierro junto con productos agroindustriales y algunas exportaciones de
químicos, lo que refleja una estructura menos diversificada y con menor contenido
tecnológico.
Los hallazgos confirman que el desafío principal no es eliminar el déficit, sino transformar la
estructura exportadora mexicana para incrementar el valor agregado y aprovechar plenamente
el potencial del mercado chino.
La relación comercial entre México y China muestra una marcada asimetría estructural, en la
que México depende principalmente de la importación de bienes manufacturados y productos
tecnológicos provenientes de China, mientras que sus exportaciones se concentran en
minerales, insumos químicos y ciertos productos agroindustriales. Esta composición desigual
coincide con lo señalado por Dussel Peters y Gallagher (2013), quienes describen cómo la
presencia china ha reconfigurado el comercio norteamericano, desplazando a México en
segmentos clave.
El déficit comercial, ampliamente documentado por Ayala y Villarreal (2009), refleja tanto
una pérdida de competitividad en ciertos sectores como el creciente desplazamiento de
productos mexicanos en mercados internacionales. A su vez, López (2014) destaca que
México mantiene una fuerte dependencia de insumos chinos, lo cual sostiene la
competitividad exportadora, pero limita la capacidad de generar mayor valor agregado local.
La competencia con China también tiene efectos diferenciados: Schwartzman (2014)
evidencia impactos negativos en sectores agrícolas, como el ajo, mientras que otros estudios,
como el de Meza-González y Sepúlveda (2019), sugieren que la presión del mercado chino
puede incentivar procesos de innovación dentro de la industria mexicana, conocido como el
“efecto de escape de la competencia”. Asimismo, Pérez-Santillán (2020) muestra que la
pérdida de empleo manufacturero no se relaciona exclusivamente con China, sino con
transformaciones tecnológicas de largo plazo que redefinen la estructura productiva del país.
Estos hallazgos permiten entender que la relación México-China implica desafíos
significativos, pero también ofrece oportunidades si México fortalece sus capacidades
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productivas y reorienta sus sectores estratégicos. La nanotecnología surge como estrategias
viables para reducir la dependencia comercial, optimizar recursos y generar valor agregado
sostenible dentro de su relación.
La evolución de la relación comercial entre México y China en la próxima década estará
marcada por factores estructurales, tecnológicos y geopolíticos que transformarán no sólo el
intercambio bilateral, sino también la posición de ambos países dentro de las cadenas
globales de valor. En este contexto, resulta fundamental explorar los posibles escenarios
futuros que pueden surgir a partir de las dinámicas actuales, así como los elementos
necesarios para fortalecer un vínculo sostenible y equilibrado.
Uno de los factores más determinantes será el reacomodo económico derivado de la
competición entre Estados Unidos y China. México se encuentra en el centro de esta tensión
debido a su papel dentro del T-MEC y a su creciente interacción económica con Asia. En
consecuencia, la capacidad de México para equilibrar sus compromisos con ambas potencias
influirá de manera decisiva en la configuración de su modelo de desarrollo. Por un lado, el
país asiático continuará expandiendo su presencia productiva y tecnológica en América
Latina; por el otro, Estados Unidos exigirá reglas más estrictas en sectores estratégicos como
semiconductores, energías limpias y seguridad nacional.
Ante este panorama, México deberá fortalecer su política industrial y aprovechar las
oportunidades emergentes del nearshoring. Para lograrlo, se requerirá fomentar la innovación,
desarrollar infraestructura logística avanzada, promover alianzas tecnológicas y estimular la
formación de capital humano altamente especializado. La experiencia de países asiáticos
muestra que la integración productiva sostenible depende en gran medida de la creación de
ecosistemas tecnológicos donde universidades, empresas e instituciones públicas colaboran
de manera sistemática.
Asimismo, el desarrollo de sectores estratégicos como la energía renovable, automotriz de
nueva generación, agricultura tecnificada y manufactura inteligente permitirá a México
insertarse en segmentos de mayor valor agregado. China puede convertirse en un socio clave
en este proceso al proporcionar tecnologías, inversiones y transferencia de conocimiento que
fortalezcan la capacidad productiva mexicana y mejoren su posición relativa en América del
Norte.
Otro elemento que dará forma al futuro de la relación bilateral será la transición hacia una
economía verde. China se ha consolidado como líder en la producción de baterías, paneles
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solares y tecnologías de almacenamiento energético. La posibilidad de crear cadenas de valor
compartidas en energías limpias representa una oportunidad estratégica para ambos países,
siempre y cuando México implemente mecanismos que aseguren beneficios locales,
desarrollo regional y sostenibilidad ambiental.
Asimismo, el crecimiento del comercio electrónico y las plataformas digitales abren nuevas
áreas de cooperación que pueden dinamizar la economía mexicana y diversificar sus
exportaciones. La integración logística y tecnológica entre empresas mexicanas y chinas
permitirá ampliar el alcance internacional de productos nacionales, especialmente para
pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, para que esto genere un impacto estructural,
será indispensable invertir en digitalización, infraestructura de datos y desarrollo de
capacidades en tecnologías emergentes.
Así como la relación MéxicoChina se encuentra en una fase decisiva. La clave radica no
solo en comerciar más, sino en comerciar mejor, generando valor agregado y fortaleciendo
las bases productivas nacionales.
Tabla 1. Exportaciones mexicanas de minerales estratégicos hacia China (2023)
MINERAL
TONELADAS
VALOR (MILLONES USD)
PARTICIPACIÓN
Cobre
560,000
3,200
48%
Plata
7,800
980
15%
Zinc
410,000
620
12%
Fuente: Datos estimados. USD = dólares estadounidenses. Secretaría de Economía (2024).
Tabla 2. Comparativa de la Estructura Comercial México-China (Importaciones vs.
Exportaciones)
CARACTERÍSTICA
EXPORTACIONES DE MÉXICO
-CHINA
IMPORTACIONES DE
MÉXICO - CHINA
Composición
de Bienes
Concentradas en productos mineros
(cobre, plata, zinc) y
agroindustriales
Insumos, bienes intermedios y
de capital
Contenido
Tecnológico
Generalmente bajo valor agregado
(materias primas)
Alto contenido tecnogico
Contenido
Tecnológico
Persistencia del déficit
Principal causa del déficit
comercial persistente (supera
los $100 mil millones de
dólares)
Fuente: Elaboración propia de la investigación.
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Figura 1. Evolución del flujo comercial de México con China y participación en el comercio
mexicano
Fuente: Banco de México (BCMM), 2008-2025.
CONCLUSIÓN
La balanza comercial entre México y China presenta una dinámica profundamente asimétrica,
caracterizada por un déficit estructural que refleja el contraste entre una economía
exportadora de manufacturas avanzadas y otra con una base exportadora centrada en recursos
primarios. Los resultados del análisis evidencian que México depende de bienes industriales,
electrónicos y maquinaria de origen chino, mientras que sus exportaciones hacia China
continúan concentrándose en minerales, productos agroindustriales y químicos en menor
proporción. Esta estructura desigual no sólo revela diferencias tecnológicas y productivas,
sino que también confirma la posición de China como proveedor estratégico de insumos de
alto valor agregado para la industria mexicana.
Las exportaciones mexicanas hacia China se caracterizan por una fuerte concentración en
minerales estratégicos. Entre ellos, el cobre destaca como el principal producto enviado al
mercado chino, seguido por la plata y el zinc. Esta estructura se aprecia con claridad en la
Tabla 1, donde el cobre representa el 48% del valor exportado, la plata el 15% y el zinc
alrededor del 12%, lo que confirma que México continúa participando en esta relación
comercial principalmente como proveedor de materias primas.
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La comparación entre las exportaciones mexicanas y las importaciones provenientes de China
evidencia una asimetría estructural significativa. Mientras México envía principalmente
productos mineros y agroindustriales, las importaciones chinas consisten mayoritariamente en
insumos, bienes intermedios y bienes de capital de alto contenido tecnológico. Como se
muestra en la Tabla 2, esta diferencia en la composición y en el nivel de sofisticación de los
bienes comercializados es una de las principales causas del déficit comercial persistente, que
supera los 100 mil millones de dólares anuales.
China representa un mercado de dimensiones excepcionales y con una creciente demanda de
minerales y materiales industriales donde xico posee ventajas competitivas naturales.
Además, la expansión del comercio bilateral abre la posibilidad de diversificar mercados más
allá de la tradicional dependencia con Estados Unidos, mientras que el intercambio con China
puede impulsar procesos de aprendizaje tecnológico y fortalecer capacidades manufactureras
a nivel nacional.
A pesar de ello, la persistencia del déficit comercial demuestra la necesidad de que México
transite hacia un modelo de mayor valor agregado. Para ello, resulta esencial avanzar en
sectores donde ya existen fortalezas como la minería, la agroindustria y los químicos e
impulsar políticas de innovación, industrialización y atracción de inversiones que permitan
integrarse a segmentos estratégicos de las cadenas globales de valor. Solo a través de la
transformación productiva y el fortalecimiento tecnológico podrá México convertir la
interdependencia con China en una fuente sostenible de crecimiento, competitividad y
desarrollo económico de largo plazo.
Además, el panorama futuro sugiere que la relación MéxicoChina evolucionará hacia una
etapa donde la cooperación tecnológica, la seguridad energética y la transición hacia modelos
productivos sostenibles serán pilares fundamentales. México posee la oportunidad de
fortalecer su industria nacional mediante políticas que prioricen la formación de talento
especializado, la transferencia tecnológica y el desarrollo de cadenas productivas locales
capaces de competir en mercados globales. Aprovechar adecuadamente el auge del
nearshoring y la demanda china de minerales críticos puede posicionar al país como un nodo
estratégico en la manufactura avanzada, siempre y cuando se implementen mecanismos que
eviten la pérdida de valor agregado y promuevan una industrialización más compleja.
Asimismo, la relación bilateral deberá adaptarse a los cambios geopolíticos globales, donde la
competencia tecnológica entre las grandes potencias define nuevas reglas de comercio e
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inversión. México tendrá que operar con una visión estratégica que equilibre sus vínculos con
Estados Unidos y China, garantizando que sus decisiones se alineen con los intereses
nacionales de largo plazo. En este sentido, el fortalecimiento de la política industrial, la
sostenibilidad ambiental y la digitalización se convierten en elementos esenciales para
construir un modelo económico resiliente.
Más allá del déficit comercial, la verdadera oportunidad radica en transformar esta
interdependencia en un motor de innovación y desarrollo. Si México logra articular una
estrategia que combine cooperación con China, integración productiva en América del Norte
e innovación tecnológica interna, podrá avanzar hacia un crecimiento más inclusivo,
dinámico y sostenible. En este sentido, la relación MéxicoChina no debe verse únicamente
como un desafío, sino como un espacio para redefinir las capacidades industriales del país y
construir un futuro económico más competitivo.
El déficit comercial con China no debe interpretarse únicamente como una debilidad
económica, sino como una oportunidad estratégica para fortalecer la innovación, la
productividad y la cooperación internacional. Esta visión coincide con Meza-González y
Sepúlveda (2019), quienes destacan que la presión competitiva china puede impulsar mejoras
en las capacidades tecnológicas de las empresas mexicanas, generando el denominado “efecto
de escape de la competencia”.
O implica redirigir la inversión hacia sectores de mayor valor agregado y promover
infraestructura tecnológica que permita diversificar la producción nacional, tal como sugieren
Pérez-Santillán (2020) al analizar los desafíos estructurales y las oportunidades para el
empleo manufacturero. Asimismo, se requiere fomentar la transferencia de conocimiento y el
fortalecimiento de cadenas productivas locales, considerando las limitaciones actuales
señaladas por López (2014) sobre la dependencia de insumos importados para mantener la
competitividad exportadora.
A futuro, la integración de innovación tecnológica y una colaboración estratégica con China
abre la posibilidad de que México consolide un papel más relevante dentro del bloque
norteamericano. Según Dussel Peters y Gallagher (2013), la competencia trilateral ha
redefinido la dinámica productiva regional, pero también ha abierto espacios para
reposicionar a México como un socio manufacturero clave. Finalmente, entender los efectos
diferenciados por sector, como lo documentan Ayala y Villarreal (2009) en el desplazamiento
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manufacturero y Schwartzman (2014) en el caso agrícola, permite diseñar estrategias más
completas para avanzar hacia un modelo de crecimiento sostenible y competitivo.
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Prisma ODS Revista Científica Multidisciplinar
Volumen 5, Número 1 - Año 2026
Página | 654
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Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Solís Nájera, D. M. ., & Cuate Gómez, D. H. . (2026). Balanza Comercial México China:
Retos y Oportunidades. Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo
Sostenible, 5(1), 638-654. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i1.186