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PORTADA
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Percepción de Violencia de Género en una Muestra de Jóvenes de
Poza Rica, Veracruz
Perception of Gender-Based Violence in a Sample of Youth from Poza Rica,
Veracruz
Olivia Jalima Vega Corany
ovega@uv.mx
https://orcid.org/0000-0002-5073-4593
Universidad Veracruzana
México
José Arturo Jardinez Hernández
jjardinez@uv.mx
https://orcid.org/0009-0004-1555-621X
Universidad Veracruzana
México
Nimbe Eunise Vargas Zaleta
nvargas@uv.mx
https://orcid.org/0000-0001-8813-5345
Universidad Veracruzana
México
Artículo recibido: 15/01/2026
Aceptado para publicación: 16/02/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
La violencia de género constituye una de las problemáticas sociales más persistentes y
complejas a nivel global, afectando profundamente la vida de las personas, tanto mujeres y
hombres, manifestándose en diversas formas que impactan en la dimensión física, incluyendo
el control psicológico, la dominación económica, la violencia sexual y las limitaciones en la
toma de decisiones personales, desencadenando problemáticas de salud mental y problemas
psicosociales. El presente estudio tuvo como objetivo principal analizar la percepción de la
violencia de género que presentan jóvenes de la comunidad de Poza Rica de Hidalgo,
Veracruz. Se empleó un método cuantitativo con diseño transversal descriptivo. La
recolección de datos se realizó con un instrumento psicométrico basado en dos dimensiones:
el dominio y control, y la justificación de la violencia en las relaciones de pareja, compuesto
por 22 ítems en escala tipo Likert, participaron 50 jóvenes seleccionados por disponibilidad.
Los resultados muestran un predominio de posturas que rechazan las conductas de control
masculino y la justificación de la violencia hacia las mujeres. Sin embargo, se identificaron
respuestas que reflejan la persistencia de creencias asociadas a roles de género, especialmente
en temas sobre el control de decisiones íntimas y reproductivas. La discusión de los hallazgos
se contrasta con los postulados teóricos sobre las estructuras patriarcales, evidenciando un
avance en la equidad de género, así como una permanencia de patrones culturales que
reproducen la desigualdad. Se concluye la necesidad de fortalecer intervenciones educativas
orientadas a la prevención y sensibilización sobre la violencia de género y su impacto en
población juvenil.
Palabras clave: violencia de género, percepción de la violencia, relaciones de pareja,
actitudes hacia la violencia, jóvenes
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ABSTRACT
Gender-based violence constitutes one of the most persistent and complex social
problems worldwide, profoundly affecting individuals’ livesboth women and menand
manifesting in various forms that impact the physical dimension, including psychological
control, economic domination, sexual violence, and restrictions on personal decision-making,
thereby triggering mental health and psychosocial problems. The primary objective of this
study was to analyze the perception of gender-based violence among young people from the
community of Poza Rica de Hidalgo, Veracruz. A quantitative method with a descriptive
cross-sectional design was employed. Data collection was carried out using a psychometric
instrument structured around two dimensions: dominance and control, and the justification of
violence within intimate partner relationships. The instrument consisted of 22 Likert-scale
items. A total of 50 participants were selected through convenience sampling. The results
indicate a predominance of positions rejecting male controlling behaviors and the
justification of violence against women. However, responses reflecting the persistence of
beliefs associated with traditional gender roles were identified, particularly regarding control
over intimate and reproductive decisions. The discussion contrasts these findings with
theoretical postulates on patriarchal structures, revealing progress toward gender equity while
also evidencing the persistence of cultural patterns that reproduce inequality. The study
concludes with the need to strengthen educational interventions aimed at preventing and
raising awareness about gender-based violence and its impact on youth populations.
Keywords: gender-based violence, perception of violence, intimate partner
relationships, attitudes toward violence, youth
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INTRODUCCIÓN
La violencia de género ha estado presente en la historia de las comunidades mexicanas y en
otras partes del mundo, ha sido instaurada en diversas culturas; por generaciones, las
personas han sufrido las consecuencias. A pesar de que en este momento de la historia se ha
logrado la creación de políticas con miras a estudiar este fenómeno y con ello a visibilizarlo y
comprenderlo mejor; no se ha logrado su erradicación.
En México, esta situación mantiene una particular gravedad, puesto que, a pesar de los
avances normativos y las políticas públicas orientadas a la igualdad de género, las cifras de
violencia hacia las mujeres continúan en niveles alarmantes. Según datos recientes, los
feminicidios, las agresiones físicas y los actos de control hacia las mujeres siguen siendo
frecuentes en diversos contextos, incluidas las relaciones de pareja en población juvenil.
Diversos estudios han documentado que la violencia de género tiene su raíz en estructuras
patriarcales profundamente arraigadas en las sociedades, donde se asignan roles diferenciados
y jerarquizados a hombres y mujeres. Autores como Sylvia Walby en 1990 han planteado que
estas estructuras de dominación atraviesan múltiples dimensiones de la vida social, limitando
la autonomía de las mujeres y naturalizando prácticas de control por parte de los varones.
Dentro de la juventud, estas prácticas pueden verse reforzadas por la normalización de
conductas que minimizan o justifican el dominio y la violencia dentro de las relaciones
afectivas, como lo señala también la teoría ecológica de la violencia de género, la cual
destaca la interacción de factores individuales, sociales y culturales que perpetúan estas
dinámicas.
Particularmente en el contexto de Poza Rica, Veracruz, permanece la necesidad de generar
conocimiento que permita visibilizar las actitudes de los jóvenes en relación con la violencia
de género, puesto que las evidencias disponibles aún son limitadas, y la adolescencia y
juventud son etapas críticas para la formación de valores y creencias sobre el ejercicio de la
igualdad.
En este contexto, el presente estudio se propone analizar la percepción hacia la violencia de
género entre diversos jóvenes de Poza Rica de Hidalgo, Veracruz, mediante el cual se bus
identificar el grado de aceptación de conductas violentas, así como su relación con
dimensiones como el dominio/control y la justificación de la violencia que se exploran en el
instrumento aplicado. Para ello, se plantearon las siguientes preguntas de investigación:
¿Cuál es la actitud de los jóvenes frente a conductas de dominio y control en las relaciones de
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pareja? ¿En qué medida justifican actos de violencia hacia la mujer? ¿Persisten creencias
asociadas a los estereotipos de género tradicionales en esta población?
Aproximación teórica
La violencia de género se refiere a una desigualdad de poder, y puede ser experimentada por
hombres y mujeres, correspondiendo a una violencia en la estructura que sostiene una cultura
edificada sobre la dominación y las relaciones de poder que son vistas como naturales y que
hacen aparecer al sometimiento y la inferioridad de las mujeres como hechos normales, lo
que vuelve invisibles las diferencias y otorgan un valor distinto a cada una de las identidades
(Jaramillo Bolívar y Canaval Erazo, 2020).
Es entendida como la manifestación más extrema de desigualdad entre hombres y mujeres.
Esta forma de violencia atenta contra la dignidad y los derechos fundamentales de las mujeres
y sigue presente en la sociedad, incluyendo entre adolescentes y jóvenes, a pesar de los
avances legislativos y sociales. No se limita a la violencia física, sino que incluye también el
control, la dominación y otras formas de abuso que muchas veces no son reconocidas como
tales por la población (Delegación del Gobierno para la Violencia de Género, 2015). Como es
bien sabido, tiene su origen en los estereotipos y prejuicios sobre los atributos y las
características que poseen las personas en expectativas de las funciones sociales que
supuestamente deben desempeñar (Curatolo, 2023).
Dentro de las teorías más relevantes sobre la violencia de género destaca la teoría feminista,
la cual se basa en eliminar la desigualdad, ya que la toman como base existente de violencia,
y buscan lo contrario, la igualdad de derechos, luchando por crear condiciones sociales para
todos, así como materiales de emancipación, sobre todo cuando el movimiento feminista se
convierte en un fenómeno más liberal recurren al poder ejercido en el derecho, defendiendo a
las personas de los suyos y considerando sus obligaciones, con reglas específicas sobre lo que
está permitido y lo que no, lo que se puede hacer y lo que está prohibido, basándose en
valores como la libertad y la igualdad de oportunidades (Bonilla Vélez, 2009).
Otra de ellas es el modelo ecológico, el cual considera a la violencia basada en el género
como un fenómeno complejo y con múltiples causas, que afecta a las personas por razones
derivadas de la estructura y del funcionamiento del orden social de género; sin embargo,
aterriza en dos consecuencias, que concluye en que las mujeres no son las únicas que sufren
actos violentos, sino también engloba a personas homosexuales, transgénero, de raza negra,
indígenas y migrantes, y la segunda consecuencia enfatiza en la necesidad de vincular
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distintos niveles y ámbitos de acción social para prevenir, atender, sancionar y erradicar la
violencia basada en el género (Olivares y Incháustegui, 2011).
Por otra parte, Sylvia Walby fue una de las referentes en cuanto al fenómeno del patriarcado,
convirtiendo así en una teoría publicada en 1990 que fundamenta la violencia de género,
especialmente para comprender el feminismo en la sociedad; la autora argumenta que existen
seis estructuras patriarcales que limitan a las mujeres en cuanto a su libertad, así como las
posibilidades de vida comparadas a los hombres, haciendo constante su permanencia de
dominación sobre ellas (Thompson, 2024). A continuación, se presentan las seis estructuras.
Tabla 1. Seis estructuras patriarcales de Silvia Walby de 1990
TRABAJO
REMUNERADO
PRODUCCIÓN
DOMÉSTICA
CULTURA
SEXUALIDAD
VIOLENCIA
ESTADO
- Los hombres
continúan
dominando los
trabajos mejor
pagados.
- Las mujeres
reciben menos
que los varones
y realizan más
trabajo en
tiempo parcial.
- Los hombres
se benefician
del trabajo no
remunerado de
las mujeres.
- Las mujeres
hacen la
mayor parte de
las tareas
domésticas y
cuidado de los
niños.
- El signo
clave de
la
feminidad
hoy en día
es el
atractivo
sexual
para los
hombres.
Aumento
de la
pornograf
ía
aumenta
la libertad
de los
hombres
y
amenaza
la libertad
de las
mujeres.
- Hombres
condenan a las
mujeres
sexualmente
activas como
escorias.
- Hombres con
muchas
conquistas
sexuales son
admirados.
Violencia contra
las mujeres como
una forma de
control
masculino.
Comparte datos
de las Estadísticas
Oficiales de
Delitos en
Inglaterra y Gales
en marzo de
2022:
3.2% de mujeres
fueron víctimas
de cualquier tipo
de agresión
sexual, los
hombres un 3.2%.
Violación o
agresión con
penetración 0.8%
la sufrieron, y
0.3% los
hombres.
Tocamientos
sexuales no
deseados o
exhibicionismo
2.8% lo vivieron
y un 1% los
hombres.
- Estado
sigue siendo
patriarcal,
racista y
capitalista
- Ha habido
pocos
intentos de
mejorar la
posición de
mujeres en el
ámbito
público, de
vez en
cuando se
aplican las
leyes para la
igualdad de
oportunidade
s.
Fuente: Elaboración propia.
Nota: Adaptado de Thompson (2024).
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En Estados Unidos se encuentran las medidas más significativas donde desde 2013 se aprobó
una ley para sancionar a las escuelas de educación superior que reciben recursos públicos y
no cuentan con protocolos de atención hacia estos fenómenos de violencia, partiendo de la
idea de que en las universidades siempre es “tolerada silenciosamente” la violencia, por lo
que busca dar una respuesta adecuada a las diversas denuncias de los estudiantes (Barreto,
2017).
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2023), para el 2021,
41.8 % de las mujeres de 15 años y más manifestó haber vivido alguna situación de violencia
en su infancia, es decir, antes de cumplir 15 años, y para el 2022, de acuerdo con los datos de
las Fiscalías Generales de Justicia estatales, el delito de violación registró su máximo en el
grupo de edad de 10 a 14 años y ocurrió 4.7 veces más en niñas que en niños de esta edad con
4 197 y 884 casos, respectivamente. Además, se registró un 33.6 % de niñas y adolescentes
de 12 a 17 años que usaron internet o celular, entre julio 2021 y agosto 2022, que recibieron
fotos o videos de contenido sexual y a 32.3 % le hicieron insinuaciones o propuestas de ese
tipo, frente a 18.2 y 12.0 % de niños y adolescentes hombres.
Por parte del Instituto para la Economía y la Paz (2024), se registró que las mujeres
alcanzaron su punto máximo de homicidios en 2019 con 3,844, mientras que en los
feminicidios fue en 2021 con 1,017 casos. Según Sanmartín Andújar et al. (2023), la
violencia que ocurre dentro de las relaciones de pareja en la adolescencia se denomina
violencia en el noviazgo. En la actualidad, constituye un problema extendido entre los
jóvenes, y persiste una notable falta de conocimiento sobre las creencias y actitudes que
contribuyen a su mantenimiento. En 2022 esta autora realizó un estudio en un bachillerato de
España para conocer la percepción de los adolescentes sobre la violencia en el noviazgo,
donde se incluyeron a 410 estudiantes, y se encontró que un alto porcentaje de mujeres (99%)
considera inaceptable controlar la forma de vestir de la pareja, en contraste con un 88% de los
hombres que opinan lo mismo; en cuanto al control sobre las amistades, el 87.6% de las
mujeres lo rechaza, frente al 73.1% de los varones; al hablar de las críticas hacia la pareja, el
54.7% de las mujeres y el 67.9% de los hombres las consideran inapropiadas; además, el
46.8% del alumnado indicó conocer casos en los que una persona enviaba numerosos
mensajes al día para vigilar a su pareja, y un 21.7% afirmó haber conocido situaciones donde
alguien sentía temor de su pareja.
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Un aspecto crítico en el análisis de la violencia de género en México lo representa la
violencia feminicida, cuya magnitud se refleja con contundencia en las cifras oficiales, ya que
durante el año 2021, se registraron 1,004 presuntas víctimas de feminicidio a nivel nacional,
lo que visibiliza la dimensión del problema en el país, siendo el Estado de México que se
posiciona como la entidad con mayor número de feminicidios, al contabilizar 145 casos,
caracterizada por su alta presencia de factores de riesgo como impunidad, urbanización
descontrolada y desigualdad de género; le siguen Jalisco y Veracruz, ambos con 70 casos, lo
que sugiere una persistente vulnerabilidad para las mujeres en distintas regiones del país,
independientemente del nivel de desarrollo o ubicación geográfica; en cuarto lugar se
encuentra la Ciudad de México, con 69 casos, un dato que evidencia que ni siquiera los
contextos urbanos más institucionalizados y con mayores recursos de vigilancia están exentos
de estas formas de violencia extrema; por su parte, Nuevo León reporta 66 víctimas,
consolidándose como otra de las entidades con altos niveles de feminicidio, pese a los
avances legislativos que ha promovido en materia de derechos de las mujeres (Curatolo,
2023).
Un estudio orientado específicamente hacia la percepción de la violencia de género en la
Universidad Autónoma de Chihuahua, indica que la percepción de los estudiantes en la
violencia por desigualdad de género es considerada alta con un 44%; este estudio además
comparte distintos factores, como por ejemplo, de la violencia por desigualdad de género su
percepción es alta con 25.8%, en la violencia étnica un 35.8% la considera alta, el factor de
violencia social la considera alta un 22.1% y 72.5% la perciben como baja; sin embargo, de
las más relevantes fueron los aspectos de violencia física con 23.6% considerándola alta, y la
violencia sexual con un 25.1 que la percibe como alta, aunque la mayoría la considera baja
con un 62% de los encuestados que fue de 411 estudiantes (Flores Ahumada et al., 2023).
Aunque estos últimos datos dimensionan un panorama donde los estudiantes la perciben en
su mayoría de aspectos como baja, esta información es solo una muestra de la realidad que
permite dimensionar la gravedad del fenómeno, así como también poner en evidencia la
urgencia de revisar y fortalecer las políticas públicas de prevención, atención y sanción de la
violencia feminicida, además de los mecanismos de justicia y protección para las mujeres en
cada región del país.
Para periodos más recientes, la Cámara de Diputados (2025), comparte que de enero-
diciembre de 2024 se registraron 2,598 casos de mujeres víctimas de homicidio doloso,
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donde 9 mujeres eran asesinadas de forma violenta al día, siendo 829 presuntas víctimas de
feminicidio, teniendo en cuenta que un delito puede conllevar una o más víctimas, se
registraron 797 presuntos delitos de feminicidio, siendo 3,427 casos de muertes violentas de
mujeres; para mayo de 2024, se registraron 27,499 delitos de violencia familiar, además en
junio de 2023 se registraron 884 llamadas al 911 por abuso sexual; así mismo, se pudo
observar el incremento de los casos de delitos de feminicidio desde el 2015 con 413 al 2025
con 797, siendo un incremento del 93.0% en este periodo.
En el estado de Veracruz, la Universidad Veracruzana había emitido un total de 409 quejas
por violencia de género ante las autoridades universitarias en los periodos entre 2015 y mayo
de 2024, principalmente por la región de Xalapa con 211, seguida de la zona de Veracruz-
Boca del Río con 78 quejas, encontrándose Poza Rica Tuxpan con 43 quejas, además del
acoso sexual registrado con 126 oficios emitidos, 95 quejas de hostigamiento sexual, los
casos de discriminación por sexo con 16 manifestaciones, y 15 quejas de discriminación por
género (González, 2024).
METODOLOGÍA
Para el tipo de investigación se trabajó con la metodología cuantitativa, la cual, según
Hernández Sampieri y Mendoza Torres (2018), indican que se trata de una serie de pasos
estructurados y consecutivos diseñados para verificar hipótesis. Cada etapa depende de la
anterior y debe seguirse en un orden determinado y, aunque su secuencia no puede omitirse,
es posible ajustar o redefinir ciertas fases del proceso. Neill y Cortez (2018), señalan que su
propósito es generar nuevos conocimientos que faciliten la elección del modelo más
adecuado para comprender la realidad de forma objetiva, mediante la recopilación y análisis
de datos sustentados en conceptos y variables que pueden ser cuantificados.
En cuanto al diseño que se siguió fue el diseño transversal descriptivo, el cual busca indagar
en la incidencia de las modalidades, categorías o niveles de las variables de la población
determinada; son estudios puramente descriptivos (Hernández y Mendoza, 2018). La técnica
que se utilizó fue la psicometría, donde se utilizó la Escala de Actitudes hacia la Violencia de
Género (AVG) elaborada por Ladines Ecca (2020), que permite evaluar las actitudes frente a
la violencia de nero. Este instrumento está diseñado para adolescentes, pero se puede
orientar a otras poblaciones sin problema; consta de 22 ítems con opciones de respuesta en
escala tipo Likert de 4 puntos: Nunca (1), Casi nunca (2), Casi siempre (3) y Siempre (4), se
aplica de forma individual o colectiva y evalúa dos dimensiones:
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Actitud hacia el dominio y control (ADC): indicadores como control y autoridad del
varón, prácticas sexuales sin consentimiento, y el deber de complacer.
Actitud hacia la justificación de la violencia (AJV): indicadores sobre normalización
de la agresión y su justificación.
Muestra
La muestra estuvo conformada por jóvenes de Poza Rica de Hidalgo, Veracruz; se fue
seleccionando a los participantes de acuerdo con la disponibilidad ofrecida.
Se seleccionaron a diversos jóvenes alrededor de la comunidad, siendo 50 jóvenes
finalmente, la mayoría estudiantes de universidad, los que participaron. Se tomó como
criterio de inclusión principal que fueran jóvenes mayores de edad, así como el
consentimiento para participar.
Procedimiento
La recolección de los datos se realizó en dos fases principales:
1. Selección: en esta primera fase se buscó realizar el contacto con los participantes,
desde grupos de estudiantes de diversas carreras universitarias, hasta de jóvenes al
azar, ofreciéndoles las debidas explicaciones del objetivo del estudio.
2. Aplicación del instrumento: después de obtener las autorizaciones correspondientes se
procede con la aplicación del instrumento.
RESULTADOS
Dentro de los resultados más destacables se encontraron los siguientes.
Figura 1. Sexo
Fuente: Elaboración propia.
Femenino Masculino
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Como se puede observar, el género femenino representó la mayoría de la población
encuestada con el 62%, es decir, 31 mujeres participaron, siendo 19 varones los restantes de
la muestra representativa, un 38%.
Figura 2. Edad
Fuente: Elaboración propia.
En esta gráfica se representan las edades, siendo los jóvenes de 22 años los más
representativos en esta escala con 14 representantes, seguido del rango de 19 años con 10
jóvenes.
Figura 2. Semestre (grado de estudios)
Fuente: Elaboración propia.
0
2
4
6
8
10
12
14
16
18 19 20 21 22 23
Cantidad
Edades
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En esta categoría se muestra el semestre que cursaban los participantes, ya que todos
indicaron estudiar la universidad, solo tres se encontraban titulados y, como se puede
observar, dentro de la categoría del grado de estudios los mayores representantes son del
cuarto semestre de universidad con 20 participantes, seguido del sexto semestre con 12
estudiantes.
Dentro de los resultados de las dos dimensiones del instrumento, Actitud hacia el Dominio y
Control (ADC) y Actitud hacia la Justificación de la Violencia (AJV), se encuentran los
siguientes datos:
Tabla 2. Resultados dimensión ADC
Fuente: Elaboración propia.
En esta primera dimensión sobre las actitudes del dominio y control se puede observar que
los ítems más altos son el 8, 11 y 22 en cuestión de que “nunca” consideran estas actitudes
los participantes. En los ítems 8 y 22 se relacionan con la dignidad del hombre y la dignidad
ÍTEM
ENUNCIADO RESUMIDO
NUNCA
CASI
NUNCA
CASI
SIEMPRE
SIEMPRE
1
Para evitar conflictos, la mujer no
debe ir en contra de su pareja.
35
9
2
4
6
Hombre debe ejercer su autoridad
en todo momento frente a su pareja.
40
8
0
2
7
Tomo más en consideración la
opinión del esposo que de la
esposa.
40
5
3
2
8
El hombre que deja que su mujer lo
domine, no es digno de ser
considerado hombre.
46
1
1
2
9
En una relación de pareja, el
hombre debe tener acceso libre a
las redes sociales de su mujer.
36
8
1
5
10
La mujer está en la obligación de
cumplir con las fantasías sexuales
de su pareja.
43
3
4
0
11
La mujer debe satisfacer los deseos
sexuales de su pareja, incluso
cuando ella no desee.
47
2
0
1
12
Es obligación de la mujer tener
relaciones sexuales en el
matrimonio.
44
3
1
2
13
La decisión de una mujer de utilizar
métodos anticonceptivos, debe ser
con consentimiento de su pareja.
39
3
4
4
22
Si una mujer no está al lado de un
hombre es imposible que salga
adelante.
48
1
1
0
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de la mujer, respectivamente, donde en este último se puede visualizar que la mayoría
eligieron el indicador “nunca” y ninguno a “siempre”, por lo que todos están de acuerdo con
que es posible que una mujer salga adelante sin estar al lado de un hombre, y en el caso del
ítem 11 se relaciona con la satisfacción sexual del hombre hacia la mujer, donde de igual
forma la mayoría de los participantes (47) se inclinaron a que la mujer ”nunca” debe tener la
obligación de satisfacer sexualmente al hombre, incluso cuando ella no quiere. Sin embargo,
en este ítem número 11 se destaca el voto único a “siempre”, el cual fue un masculino de 22
años, el participante número 12, quien en la mayoría de las preguntas se inclinó hacia
respuestas de “casi siempre” o “siempre”, como se muestra a continuación:
Tabla 3. Resultados sujetos #12
Fuente: Elaboración propia.
ÍTEM
RESPUESTA
1
Siempre
2
Casi siempre
3
Siempre
4
Casi siempre
5
Casi nunca
6
Casi nunca
7
Casi siempre
8
Casi siempre
9
Casi nunca
10
Casi siempre
11
Casi siempre
12
Nunca
13
Casi siempre
14
Nunca
15
Casi nunca
16
Nunca
17
Nunca
18
Nunca
19
Nunca
20
Nunca
21
Nunca
22
Nunca
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Tabla 2. Resultados dimensión AJV
Fuente: Elaboración propia.
Como se puede observar, fue contundente su inclinación hacia respuestas a favor del dominio
o control del hombre, sin embargo, se mostró firme en cuanto a los ítems más fuertes sobre
violencia hacia la mujer como se perciben en la siguiente dimensión.
Así mismo, otro de los ítems donde los mostraron cierto favorecimiento hacia respuestas a
favor del dominio y control del hombre hacia la mujer, fue en la pregunta 11 donde se
cuestionaba sobre el acceso libre hacia las redes sociales de la pareja, donde fueron 5
respuestas hacia “siempre”, de las cuales 4 eran por parte de mujeres y 1 de un hombre. De la
ÍTEM
ENUNCIADO
RESUMIDO
NUNCA
CASI
NUNCA
CASI
SIEMPRE
SIEMPRE
1
Para evitar conflictos, la
mujer no debe ir en contra
de su pareja.
35
9
2
4
6
Hombre debe ejercer su
autoridad en todo momento
frente a su pareja.
40
8
0
2
7
Tomo más en consideración
la opinión del esposo que de
la esposa.
40
5
3
2
8
El hombre que deja que su
mujer lo domine, no es
digno de ser considerado
hombre.
46
1
1
2
9
En una relación de pareja, el
hombre debe tener acceso
libre a las redes sociales de
su mujer.
36
8
1
5
10
La mujer está en la
obligación de cumplir con
las fantasías sexuales de su
pareja.
43
3
4
0
11
La mujer debe satisfacer los
deseos sexuales de su
pareja, incluso cuando ella
no desee.
47
2
0
1
12
Es obligación de la mujer
tener relaciones sexuales en
el matrimonio.
44
3
1
2
13
La decisión de una mujer de
utilizar métodos
anticonceptivos, debe ser
con consentimiento de su
pareja.
39
3
4
4
22
Si una mujer no está al lado
de un hombre es imposible
que salga adelante.
48
1
1
0
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misma manera, el ítem 13 mostró respuestas hacia el indicador de “siempre”, donde en este
caso todas eran de parte de los hombres, por lo que consideran que la decisión de la mujer de
utilizar métodos anticonceptivos debe ser con su consentimiento siempre.
En esta segunda dimensión se mostraron las opiniones respecto a conductas que puedan
justificar la violencia hacia la mujer, donde evidentemente la mayoría de los participantes se
inclinó a estar en desacuerdo con estos comportamientos, siendo los más altos los ítems 17,
18 y 19 con una contundencia total de los participantes (50) hacia el indicador “nunca”, ya
que estas preguntas cuestionaban sobre si estaban de acuerdo en que un hombre debería ganar
el respeto de su pareja a través de los golpes (ítem 17), sobre si es aceptable comparar a una
mujer con otras si descuida su imagen personal (ítem 18), y si la mujer debe aceptar
humillaciones por parte de su pareja, si es quien aporta en la economía del hogar (ítem 19).
En cambio, hubo un ítem (3) donde se manifestaron 8 respuestas hacia el indicador de
“siempre”, el cual apoyaba la idea donde el hombre en su posición de esposo tiene el derecho
de conseguir el respeto de su pareja de cualquier modo, de las cuales la mayoría de las
respuestas eran de parte de varones. Así mismo, se pudo observar que fueron los primeros
cuatro ítems donde contestaron que “siempre” estaban de acuerdo con esas conductas, tales
como la justificación a la agresión física hacia la mujer, como lo marcaron 3 personas (ítem
2), el ítem 3 ya mencionado marcado por 8 personas, la justificación de la violencia del
hombre hacia la mujer por ser así por naturaleza (ítem 4) seleccionada por una persona
indicado “siempre”, que por cierto fue una mujer; y el ítem 5 donde se cuestionaba si un
amigo humillaba a su pareja, preferían ignorar esta conducta y no meterse, respondiendo 2
participantes al indicador “siempre”.
DISCUSIÓN
A partir de los resultados obtenidos se pueden contrastar con las presentes teorías, de las
cuales sin duda las seis estructuras patriarcales de Silvia Walby de 1990 son fundamentales
como base de la investigación, ya que en el instrumento aplicado se evaluó en la primera
dimensión el dominio del hombre hacia la mujer, donde el ítem 6 “el hombre debe ejercer en
todo momento su autoridad frente a su pareja”, fue el más evidente por el enunciado
proporcionado, así como con las respuestas emitidas por parte de los participantes, puesto que
40 estudiantes señalaron “nunca” estar de acuerdo con esto, 8 indicaron “casi nunca” y 2
contestaron “siempre”, por lo que, aunque sea un número pequeño, es considerable la señal
de alarma al existir población joven que considere positivas este tipo de condutas. Además,
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otros ítems como el dominio hacia sus redes sociales donde, a pesar de que 38 estudiantes
contestaron “nunca” respecto a que el hombre tiene este derecho hacia su pareja, 5 personas
indicaron que “siempre” debe tener acceso libre a sus redes sociales, por lo que también
muestra un foco de alarma respecto al dominio del hombre.
Por tanto, se contrasta con la primera estructura patriarcal de Silvia Walby, ya que indica que
los hombres siguen dominando los trabajos mejor pagados, así como que las mujeres reciben
menos paga que los varones aun cuando realizan el mismo o hasta más trabajo que ellos, y de
la misma manera se vincula con su segunda estructura, la cual habla de la producción
doméstica donde indica que los hombres se muestran beneficiados del trabajo no remunerado
de las mujeres, por lo que se evidencia el continuo dominio del hombre hacia la mujer en
varios aspectos de la vida laboral, repercutiendo así en otras dimensiones como lo son la vida
social, puesto que en el instrumento menciona el ítem 6 “el hombre debe ejercer en todo
momento su autoridad”.
Así mismo, la tercera estructura de esta teoría comenta que la feminidad actualmente tiene
como principal característica el atractivo sexual para los hombres, incluso menciona el
aumento de la pornografía lo que aumenta la libertad de los hombres pero amenazando la
libertad de las mujeres, lo cual se contrasta con el ítem 10, el cual indica que la mujer está en
la obligación de cumplir con las fantasías sexuales del hombre, incluso cuando ella no quiera,
donde se obtuvieron resultados de 43 alumnos indicando que nunca debe pasar esto, 3
estudiantes contestaron que “casi nunca”, 4 que “casi siempre”, y ninguno mencionó que
“siempre” se debe hacer, por lo que es buena señal considerando que solo 4 jóvenes
contestaron “casi siempre”, siendo así que en esta muestra poblacional este ítem demostró
tener una pequeña diferencia respecto a lo que indica la tercera estructura de la teoría de
Walby, ya que por las respuestas emitidas no se percibe una amenaza directa en la libertad de
las mujeres.
Sin embargo, en otro ejemplo, el ítem 13 plantea que la decisión de una mujer de utilizar
métodos anticonceptivos debe ser con consentimiento de su pareja, donde respondieron 39
alumnos a que “nunca” se debe de hacer, 3 estudiantes contestaron que “casi nunca”, 4
indicaron “casi siempre” y 4 alumnos también señalaron que “siempre” se debe hacer, por lo
que se expresa una pequeña muestra de porcentaje en tanto al dominio y control del hombre
hacia la mujer, en este caso con su salud reproductiva como lo plantea Walby.
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De la misma forma, se relaciona con la cuarta estructura precisamente relacionada con la
sexualidad, donde indica Walby que los hombres condenan a las mujeres sexualmente activas
como escorias, y en cambio los hombres con muchas conquistas son admirados; esto se
contrasta con los resultados obtenidos en el instrumento, donde de la misma manera, en la
primera dimensión, en el ítem 10 se dictamina como una obligación de la mujer satisfacer las
fantasías sexuales del hombre, donde 43 jóvenes contestaron que “nuncase debe hacer, 3
indicaron que “casi nunca” y 4 que “casi siempre”, así como satisfacer sus deseos sexuales,
incluso cuando no quiera (ítem 11), en donde fue más contundente la respuesta de la
población con 47 respuestas hacia el indicador de “nunca”, 2 a “casi nunca” y 1 a “siempre”,
el cual señala que parcialmente en esta población aún mantienen conductas de control en este
caso con la sexualidad de la mujer, y por otra parte tener relaciones sexuales en el
matrimonio (ítem 12), en donde aumentó un número más hacia la respuesta de “siempre” con
2 personas indicando esta percepción, 44 hacia “nunca”, 3 a “casi nunca” y 1 a “casi
siempre”, por lo que, aunque la mayoría está en desacuerdo con este enunciado y, por lo
tanto, con la estructura de Walby, se puede observar cierta población indecisa hacia esta
situación.
Otro par de ítems que se contrastan con lo que dicta Walby, especialmente con la idea que las
mujeres son tratadas como escorias, son el número 18 de la segunda dimensión, donde
enuncia que es aceptable que se compare a la mujer con otras, si ella descuida su imagen
personal, en donde fue contundente la respuesta con 50 respuestas hacia el indicador de
“nunca”, por lo que se percibe positivo el respeto que le guardan a la imagen personal de la
mujer, descartando lo que señala la autora.
En el otro caso, el ítem 20 sentencia que si una mujer está en una relación es aceptable que el
hombre amenace con dejarla si ella prefiere pasar más tiempo con amigos y/o familiares y no
con él, donde solo por 2 votos hacia el indicador de “casi nunca” no se logró una completa
contundencia a la respuesta de “nunca”, sin embargo, ambos se inclinan hacia el rechazo de
esta suposición, por lo que se rechaza también la cuarta estructura de Walby.
Por otro lado, se puede contrastar la segunda dimensión de la justificación de la violencia con
justamente la quinta estructura que habla de ello, donde enuncia que la violencia contra las
mujeres es una forma de control masculino, y comparte datos de las Estadísticas Oficiales de
Delitos en Inglaterra y Gales en marzo de 2022, donde fue evidente la agresión sexual, la
violación o agresión con penetración, así como los tocamientos sexuales no deseados o
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exhibicionismo, mayor en mujeres que en hombres. Aunque estos datos no se puedan
contrastar con números, ya que el instrumento no fue su objetivo evaluar la frecuencia de
violencia, se puede comparar con los datos que emitieron para justificar la violencia de los
hombres en ciertos ítems, como por ejemplo, el ítem 2 que dicta que solo en algunas
ocasiones se puede justificar y hacer uso de actos que puedan dañar la integridad física de la
mujer, 41 participantes respondieron que “nunca” se debe de hacer esto, 5 contestaron que
“casi nunca”, 1 “casi siempre” y 3 indicaron que “siempre”, por lo que, aunque la mayoría de
jóvenes está en desacuerdo con este enunciado, se puede observar la imparcialidad de
opiniones respecto a la justificación de la violencia, destacando esos 3 jóvenes que
respondieron que “siempre” se puede justificar en algunas ocasiones la violencia.
En el ítem 3 se dicta que el hombre como esposo tiene el derecho de conseguir el respeto de
su pareja de cualquier modo, donde fueron incluso más imparciales las respuestas, con 35
“nunca”, 4 “casi nunca”, 3 “casi siempre” y 8 respondieron “siempre”, siendo un foco de
alarma enorme, ya que disminuyó la mayoría de votos al indicador de “nunca”, por lo que
Walby tiene razón al enunciar que la violencia contra la mujer es una forma de control
masculino, ya que las diversas opiniones de los jóvenes se muestran indecisas, aunque cierto
porcentaje inclinado a favorecer al hombre.
De igual forma, el ítem 4 enuncia que el hombre es violento por naturaleza, por lo tanto, es
normal la violencia contra la mujer; en este caso 44 personas contestaron que “nunca” debe
ser normal, 3 indicaron que “casi nunca”, 2 contestaron que “casi siempre” y solo 1 persona
respondió que “siempre” es normal, por lo que se demuestra una mayoría poblacional
respecto a esta idea, siendo posible descartar que la gente joven, por lo menos en este sector
encuestado y cercano, no considera normal justificar la violencia contra la mujer por parte del
hombre, sin embargo, se sigue sin descartar esos pequeños números que se pueden volver
focos de alarma enormes como el único voto a “siempre” se debe justificar.
Por otra parte, hubo un conjunto de ítems donde se interrogaron situaciones más fuertes
relacionadas de igual forma con la violencia contra la mujer, por ejemplo, el ítem 15, indicó
que si la si la agresión física se da solo una sola vez se puede perdonar, por lo que la mayoría
de jóvenes respondieron que “nunca debe pasar esto, siendo 44 respuestas hacia el
indicador, y los 6 restantes contestaron que “casi nunca”, mostrando un poco de indecisión,
pero inclinándose hacia el rechazo de este ítem. De la misma manera, el ítem 16 encuestaba
sobre si es necesario el maltrato físico hacia la mujer para solucionar problemas de pareja,
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donde fue más contundente el rechazo a estas conductas, siendo 49 respuestas hacia “nunca”
y solo 1 a “casi nunca”.
Finalmente, el ítem 17 evaluaba sobre si un hombre debiera de ganarse el respeto de su mujer
a través de los golpes, donde fue total la contundencia emitida por parte de los jóvenes para
rechazar esta idea, es decir, los 50 participantes contestaron “nunca”, por lo que se descarta la
idea más radical hacia la violencia contra las mujeres que puede ser justificable por parte de
esta población.
CONCLUSIÓN
Los resultados obtenidos en este estudio reflejan un panorama complejo y contrastante en
torno a la percepción de la violencia de género entre jóvenes de Poza Rica, Veracruz. A partir
de los hallazgos derivados del instrumento se puede concluir que, aunque existe una
tendencia mayoritaria entre los jóvenes de la comunidad de Poza Rica en relación con el
rechazo de actitudes de dominio y control, así como de la justificación de la violencia en las
relaciones de pareja, aún persisten ciertas creencias que, aunque en menor proporción,
reflejan la permanencia de estereotipos de género profundamente arraigados.
Este hallazgo no debe pasar desapercibido, pues demuestra que la violencia de género no
siempre se manifiesta de forma explícita o generalizada, sino que puede estar presente en
conductas normalizadas y justificadas bajo discursos de autoridad o roles tradicionales, lo que
se esconde muy en el interior de forma particular en cada individuo, los cuales solo se
perciben con trabajos profundos que tengan como base este tipo de estudios. Si bien la
mayoría de los participantes rechaza abiertamente conductas relacionadas con el dominio,
control y justificación de la violencia hacia las mujeres, persisten todavía algunas actitudes
que normalizan ciertos comportamientos machistas, especialmente entre algunos varones.
El análisis también permitió evidenciar cómo algunos jóvenes, incluso dentro de una
población con acceso a la educación superior, mantienen actitudes que justifican el control
sobre la pareja o la intervención en decisiones personales de las mujeres, como el uso de
métodos anticonceptivos. Estos datos confirman que la violencia de género no es únicamente
un fenómeno visible en cifras alarmantes, como agresión física o sexual, sino también en
prácticas cotidianas que siguen reproduciendo la desigualdad entre mujeres y hombres,
demostrando el domino ejercido por estos últimos.
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Por tanto, los datos obtenidos respaldan la pertinencia de utilizar instrumentos como la Escala
de Actitudes hacia la Violencia de Género para identificar patrones de pensamiento que
pueden derivar en conductas violentas, permitiendo así diseñar estrategias de prevención más
efectivas desde etapas tempranas, pero en todo caso dirigidas a poblaciones jóvenes que
muestren estos estereotipos, como los estudiantes de educación superior.
La investigación evidencia que los estereotipos de género y las estructuras patriarcales siguen
influyendo en las creencias y actitudes de los jóvenes, aunque también se observa una
creciente conciencia crítica y rechazo hacia prácticas violentas o dominantes. Este contraste
refuerza la necesidad urgente de continuar con procesos educativos que fomenten la igualdad
de género, el respeto mutuo en las relaciones y el reconocimiento de las formas sutiles de
violencia que muchas veces pasan desapercibidas.
Dentro de las limitaciones encontradas este estudio sugiere algunas que deben ser
consideradas al interpretar los resultados. En primer lugar, la muestra utilizada fue de tipo no
probabilística por conveniencia, lo que restringe la generalización de los hallazgos a otros
contextos o poblaciones. Aunque los participantes pertenecen a la comunidad juvenil de Poza
Rica, Veracruz, no se puede asegurar que sus percepciones representen la totalidad de los
jóvenes del municipio, ni mucho menos de otras regiones del estado o del país, debido a las
diferencias socioculturales que pueden existir.
En segundo lugar, el tamaño de la muestra fue relativamente reducido, 50 participantes, lo
que limita la posibilidad de realizar análisis estadísticos más complejos o de identificar
patrones que se diferencien por variables como sexo, edad, nivel socioeconómico,
antecedentes familiares o experiencias previas de violencia. Una muestra más amplia
permitiría explorar con mayor profundidad las posibles diferencias en la percepción de la
violencia de género entre diversos subgrupos de la población juvenil.
Otra limitación importante radica en el tipo de diseño empleado, el cual proporciona una
fotografía momentánea de las actitudes de los participantes, sin permitir el seguimiento de
posibles cambios o transformaciones en sus percepciones a lo largo del tiempo. Considerando
que las actitudes hacia la violencia de género pueden ser influenciadas por diversos factores
educativos, sociales y culturales, el empleo de estudios de mayor duración en futuras
investigaciones aportaría información más robusta sobre la evolución de dichas actitudes
durante las diferentes etapas de desarrollo de los jóvenes.
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Así mismo, es importante señalar que, si bien la Escala de Actitudes hacia la Violencia de
Género (AVG) cuenta con adecuadas propiedades psicométricas, su aplicación en este
contexto específico podría beneficiarse de otros instrumentos que validen las características
culturales de la región de Poza Rica. La incorporación de instrumentos complementarios,
como entrevistas cualitativas o grupos focales, también permitiría captar de forma más
profunda los significados y racionalizaciones detrás de las respuestas de los participantes.
Derivado de lo anterior, se sugiere que futuras líneas de investigación amplíen la población y
diferencien las características de la muestra, incorporando a adolescentes de nivel medio
superior, jóvenes no escolarizados o pertenecientes a comunidades rurales, donde las
dinámicas de género podrían presentar particularidades distintas. De la misma manera, sería
valioso realizar estudios comparativos entre hombres y mujeres, explorando los factores
sociales, familiares, educativos o religiosos que inciden en la formación de actitudes hacia la
violencia de género. Finalmente, se recomienda desarrollar investigaciones que evalúen el
impacto de programas educativos y preventivos dirigidos a la juventud, con el fin de medir su
eficacia en la modificación de creencias y la reducción de conductas que perpetúan la
desigualdad de género.
Los hallazgos de este estudio ofrecen diversas implicaciones prácticas que pueden ser de
utilidad tanto para instituciones educativas, como para organismos gubernamentales,
organizaciones de la sociedad civil y profesionales dedicados a la prevención de la violencia
de género. El hecho de que persistan creencias asociadas al control masculino y a la
justificación de ciertas conductas de dominio, aunque sea en proporciones minoritarias,
evidencia la necesidad de fortalecer las acciones de sensibilización desde edades tempranas.
En primer lugar, es fundamental incorporar de manera sistemática programas de educación
con perspectiva de género en los niveles medio superior y superior, especialmente diseñados
para identificar, cuestionar y modificar estereotipos tradicionales que siguen normalizando el
control y la subordinación dentro de las relaciones de pareja. Estos programas deben ir más
allá de los enfoques punitivos o informativos, y enfocarse en el desarrollo de habilidades
socioemocionales, comunicación asertiva, toma de decisiones autónomas y construcción de
relaciones basadas en el respeto y la equidad.
En segundo lugar, los resultados sugieren la importancia de capacitar al personal docente,
orientadores educativos y profesionales de la salud mental que atienden a la población
juvenil, para que puedan detectar oportunamente actitudes o conductas que podrían derivar en
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dinámicas de violencia. La identificación temprana de estas señales es clave para brindar
acompañamiento preventivo, intervenir antes de que las situaciones escalen y fomentar
entornos escolares seguros y libres de violencia.
En conclusión, este estudio no solo aporta evidencia al debate sobre la violencia de género en
la juventud actual, sino que también subraya la importancia de fortalecer políticas públicas,
programas de sensibilización y herramientas que sirvan como denuncia y de fácil acceso para
combatir esta problemática desde su raíz y construir una sociedad más justa y equitativa para
todos.
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Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Vega Corany, O. J. ., Jardinez Hernández, J. A. ., & Vargas Zaleta, N. E. . (2026). Percepción
de Violencia de Género en una Muestra de Jóvenes de Poza Rica, Veracruz. Prisma ODS:
Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(1), 166-
189. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i1.152