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PORTADA
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Impactos Socioambientales de la Minería a Tajo Abierto en
Comunidades Rurales: El Caso de Mazapil, Zacatecas
Socio-Environmental Impacts of Open-Pit Mining in Rural Communities:
The Case of Mazapil, Zacatecas
Eva María López Valerio
eva.lopez.valerio@uaz.edu.mx
https://orcid.org/0009-0002-3473-8890
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas - México
Héctor Emmanuel Valtierra Marín
hectorv@uaz.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-9635-3577
Universidad Autónoma de Zacatecas
Zacatecas - México
Artículo recibido: 13/01/2026
Aceptado para publicación: 15/02/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
La minería a tajo abierto ha transformado de manera estructural los territorios rurales
del norte de México, generando impactos que trascienden la esfera económica e inciden en las
dimensiones ecológica, social y política del desarrollo local. Este estudio analiza los efectos
del proyecto minero Peñasquito, en Mazapil, Zacatecas, mediante un enfoque cualitativo
exploratorio-descriptivo, desarrollado en 2019 en las comunidades de Cerro Gordo, Cedros, El
Vergel y Mazapil. A partir de entrevistas abiertas, grupos focales y observación participante,
los datos fueron analizados mediante codificación inductiva y análisis temático asistido por
ATLAS.ti, complementado con triangulación y validación participativa. Los resultados revelan
una profunda reconfiguración económica y territorial, manifestada en la pérdida de recursos
hídricos (reducciones del 4060 %), la dependencia laboral y la fragmentación del tejido social.
Menos del 25 % de la población ha sido empleada directamente por la empresa, lo que refuerza
la desigualdad económica y la exclusión rural. La gobernanza local se muestra debilitada por
negociaciones asimétricas evidenciando la persistencia de un modelo extractivo que privilegia
la rentabilidad corporativa sobre el bienestar colectivo. Se concluye que la minería en Mazapil
reproduce un patrón de acumulación por desposesión y dependencia estructural, cuyas
externalidades socioambientales exigen la transición hacia un modelo de desarrollo humano
sustentable, basado en la diversificación productiva, la gestión comunitaria del agua y una
gobernanza ambiental participativa e incluyente.
Palabras clave: minería a tajo abierto, impactos socioambientales, desarrollo rural,
gobernanza ambiental, desarrollo humano sustentable
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ABSTRACT
Open-pit mining has structurally transformed the rural territories of northern Mexico,
generating impacts that transcend the economic sphere and affect the ecological, social, and
political dimensions of local development. This study analyzes the effects of the Peñasquito
mining project in Mazapil, Zacatecas, using an exploratory-descriptive qualitative approach,
developed in 2019 in the communities of Cerro Gordo, Cedros, El Vergel, and Mazapil. Based
on open interviews, focus groups, and participant observation, the data were analyzed using
inductive coding and thematic analysis assisted by ATLAS.ti, complemented by triangulation
and participatory validation. The results reveal a profound economic and territorial
reconfiguration, manifested in the loss of water resources (reductions of 4060%), labor
dependence, and the fragmentation of the social fabric. Less than 25% of the population has
been directly employed by the company, which reinforces economic inequality and rural
exclusion. Local governance is shown to be weakened by asymmetrical negotiations,
evidencing the persistence of an extractive model that prioritizes corporate profitability over
collective well-being. It is concluded that mining in Mazapil reproduces a pattern of
accumulation by dispossession and structural dependence, whose socio-environmental
externalities demand the transition towards a sustainable human development model, based on
productive diversification, community water management, and participatory and inclusive
environmental governance.
Keywords: open pit mining, socio-environmental impacts, rural development,
environmental governance, sustainable human development
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INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas, América Latina ha experimentado una expansión acelerada del modelo
extractivista minero, impulsado por el aumento global de los precios de los metales y la
liberalización de los marcos legales para la inversión extranjera (Gudynas, 2018; Svampa,
2019). En México, la minería a tajo abierto ha sido promovida como motor de crecimiento
económico, pero su implementación ha provocado profundas alteraciones ecológicas, sociales
y culturales en comunidades rurales y campesinas (Rivera-Ramírez & Herrera-Monroy, 2023).
El estado de Zacatecas, históricamente vinculado a la actividad minera desde el siglo XVI,
constituye un caso paradigmático de las contradicciones entre desarrollo económico y
sustentabilidad. La mina Peñasquito, propiedad de la corporación Newmont Goldcorp, es el
complejo de extracción de oro más grande de México y uno de los de mayor impacto ambiental
de América Latina (Garibay et al., 2011). Su instalación y operación han transformado
radicalmente el entorno natural y social de las comunidades del municipio de Mazapil,
generando conflictos socioambientales en torno al acceso al agua, la tierra y los beneficios
económicos derivados de la actividad minera (Guzmán López, Torres Carral & Gómez
González, 2020).
La relevancia de estudiar el caso Mazapil radica en que ilustra con claridad cómo las políticas
extractivas implementadas bajo la lógica del desarrollo neoliberal han exacerbado procesos de
desigualdad territorial y degradación ecológica (Uribe-Sierra, Mansilla-Quiñones & Mora-
Rojas, 2022). Estas dinámicas se traducen en la pérdida de medios de subsistencia,
desplazamiento rural, desestructuración comunitaria y vulneración de derechos humanos,
configurando un escenario de tensión entre el Estado, las empresas y las poblaciones locales.
Este artículo tiene como objetivo analizar los impactos socioambientales de la minería a tajo
abierto en Mazapil, Zacatecas, desde una perspectiva de desarrollo humano sustentable y
gobernanza ambiental. Se parte del supuesto de que los conflictos derivados de la megaminería
no son únicamente ambientales, sino profundamente sociales, políticos y culturales, al afectar
la estructura de poder, la identidad territorial y la capacidad de las comunidades para decidir
sobre su futuro.
Marco Teórico Contextual
Extractivismo minero y desarrollo desigual
El modelo de minería a tajo abierto representa una de las expresiones más intensas del
extractivismo contemporáneo, caracterizado por la extracción masiva de recursos naturales
destinados a la exportación, con bajo valor agregado y escaso beneficio local (Svampa, 2019).
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Este modelo, consolidado en América Latina desde los años noventa, ha sido acompañado por
un discurso de desarrollo basado en la atracción de inversión extranjera, la generación de
empleo y la modernización de la infraestructura, aunque sus beneficios reales para las
comunidades rurales han sido ampliamente cuestionados (Bebbington et al., 2018). En el caso
mexicano, Garibay et al. (2011) documentan mo la mina Peñasquito, en Mazapil, fue
instalada mediante mecanismos de “intercambio desigual” entre la corporación Goldcorp, el
estado y los ejidos locales, donde los primeros obtuvieron acceso a vastas extensiones de tierra
y agua a cambio de compensaciones mínimas. Esta dinámica de acumulación por desposesión
(Harvey, 2004) genera un desplazamiento estructural de los campesinos, que pierden sus
medios de vida y quedan subordinados a las lógicas del capital global.
Los impactos ambientales más severos asociados a la minería a cielo abierto se manifiestan en
la alteración profunda de los ecosistemas hídricos y terrestres, debido al uso intensivo de
sustancias químicas como el cianuro, el mercurio y el arsénico durante los procesos de
lixiviación. Estos compuestos se infiltran en los acuíferos, generando contaminación de aguas
subterráneas y superficiales que persiste por cadas (Rivera-Castañeda & Campa Madrid,
2022). A ello se suma la pérdida de suelos fértiles como consecuencia de la remoción masiva
de la capa edáfica, que elimina la capacidad agrícola de las zonas circundantes y provoca
erosión severa. Diversos estudios en Sonora, Zacatecas y San Luis Potosí han documentado la
reducción del 4070 % en la capacidad productiva de los suelos tras la expansión minera,
acompañada por procesos de deforestación y pérdida de biodiversidad (Tetreault, 2018;
Guzmán López, Torres Carral, & Gómez González, 2020).
En el ámbito hidrológico, el impacto más crítico se relaciona con el agotamiento de fuentes de
agua dulce y la competencia entre usos domésticos, agrícolas e industriales. Según Uribe-
Sierra, Mansilla-Quiñones y Mora-Rojas (2022), la minería a cielo abierto en América Latina
contribuye significativamente a la depresión de mantos acuíferos, especialmente en regiones
áridas, donde las concesiones hídricas priorizan la actividad extractiva sobre las necesidades
locales. En Mazapil, Zacatecas, por ejemplo, la mina Peñasquito utiliza alrededor de 50
millones de metros cúbicos de agua al año, cantidad equivalente al consumo doméstico de más
de 500,000 personas, lo que ha ocasionado una crisis hídrica estructural (Garibay et al., 2011;
McCulligh & Tetreault, 2017). Esta redistribución desigual del recurso hídrico refuerza la
dependencia de las comunidades rurales hacia la empresa minera, generando relaciones de
poder asimétricas que perpetúan la vulnerabilidad ecológica y social.
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En consecuencia, las comunidades rurales experimentan las repercusiones más directas de estos
procesos: pérdida de medios de vida, crisis agrícolas, inseguridad alimentaria y desplazamiento
forzado. Uribe-Sierra et al. (2022) destacan que la expansión minera en zonas campesinas
conduce a un fenómeno de despoblamiento rural latente, caracterizado por la migración de
jóvenes hacia centros urbanos y el abandono progresivo de tierras agrícolas. Estos impactos no
solo transforman la estructura económica local, sino también la identidad territorial y la
cohesión comunitaria. Tal como señala Bebbington et al. (2018), el extractivismo minero
genera un ciclo de desarrollo desigual en el que las regiones rurales soportan los costos
ambientales y sociales, mientras los beneficios económicos se concentran en actores
corporativos y estatales. De esta manera, el caso de Mazapil refleja con claridad cómo el
modelo minero contemporáneo reproduce lógicas de despojo ambiental y exclusión territorial,
comprometiendo la posibilidad de un desarrollo humano sustentable en las regiones afectadas.
Gobernanza ambiental y justicia socio ecológica
El análisis de los conflictos mineros no puede limitarse a una visión técnica o económica. Desde
el enfoque de la ecología política, se entiende que estos conflictos emergen como disputas por
el control, uso y significación de los recursos naturales, donde convergen relaciones de poder
asimétricas entre Estado, empresas transnacionales y comunidades locales (Martínez-Alier,
2014). La gobernanza ambiental implica la interacción de múltiples actores en la toma de
decisiones sobre los bienes comunes, y su eficacia depende de la equidad en la participación,
la transparencia institucional y el respeto por los derechos territoriales (Lemos & Agrawal,
2006). Sin embargo, en el contexto de la minería mexicana, las comunidades rurales suelen ser
excluidas de los procesos decisorios, lo que genera desconfianza, resistencia social y conflicto
abierto (Guzmán López et al., 2020).
En este sentido, el concepto de justicia socioambiental cobra relevancia al reconocer que los
costos ecológicos de la minería recaen desproporcionadamente sobre los sectores más
vulnerables (campesinos, mujeres y pueblos originarios) mientras los beneficios económicos
se concentran en corporaciones y élites políticas (Rivera-Ramírez & Herrera-Monroy, 2023).
Las desigualdades de género también se acentúan en estos contextos, donde las mujeres asumen
roles de cuidado ambiental y social no reconocidos por la economía formal.
Desarrollo humano sustentable y resiliencia comunitaria
Frente a los modelos extractivos tradicionales, el enfoque de desarrollo humano sustentable
(PNUD, 2012) propone una alternativa centrada en la ampliación de capacidades, la equidad y
la sostenibilidad ambiental. Este enfoque, basado en las ideas de Amartya Sen (1990) y
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Mahbub ul Haq (1990), plantea que el verdadero desarrollo debe medirse por la libertad de las
personas para elegir la vida que valoran, no solo por el crecimiento económico. En el caso de
Mazapil, el deterioro ambiental y social causado por la minería ha limitado severamente esas
libertades: el acceso al agua, la salud, el trabajo digno y la seguridad alimentaria. No obstante,
las comunidades han mostrado formas de resiliencia y organización local, impulsando prácticas
agroecológicas, redes de cooperación y movimientos de defensa territorial que buscan
recuperar el control sobre sus recursos (Delgadillo, 2007). El desarrollo sustentable, entendido
como la capacidad de satisfacer las necesidades actuales sin comprometer las de las futuras
generaciones (ONU, 1992), requiere repensar los modelos de gobernanza y participación en
torno a la gestión de los recursos naturales. En contextos extractivos, esto significa integrar la
voz de las comunidades en la planificación territorial y promover mecanismos de reparación
ambiental y social.
METODOLOGÍA
El estudio adoptó un enfoque cualitativo de carácter exploratorio y descriptivo, orientado a
comprender los impactos socioambientales de la minería a tajo abierto desde la perspectiva de
los actores locales. Este enfoque permitió captar la complejidad del fenómeno en su contexto
natural y analizar los significados que las comunidades rurales atribuyen a los procesos de
cambio ambiental y social que experimentan (Creswell & Poth, 2018). La investigación fue de
tipo no experimental, transversal y de campo, ya que no se manipularon variables y el trabajo
empírico se desarrolló directamente en las comunidades afectadas por la operación minera
Peñasquito, ubicada en el municipio de Mazapil, Zacatecas. El estudio se llevó a cabo durante
el año 2019, periodo durante el cual se realizaron diversas fases de trabajo: diagnóstico
situacional, recopilación de información primaria y análisis interpretativo. Las comunidades
participantes (Cerro Gordo, El Vergel, Cedros y Mazapil) fueron seleccionadas por su
proximidad geográfica y su grado diferenciado de afectación socioambiental, lo que permitió
un abordaje comparativo y contextualizado.
Población y muestra
La población de estudio estuvo compuesta por habitantes rurales vinculados directa o
indirectamente con la actividad minera, incluyendo ejidatarios, transportistas, líderes
comunitarios, autoridades locales y mujeres encargadas de la economía doméstica. Se utilizó
una muestra no probabilística intencional, que privilegió la relevancia informativa sobre la
representatividad estadística (Patton, 2015). En total, se incluyeron 25 informantes clave,
seleccionados por su conocimiento profundo del contexto y su disposición a participar. La
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diversidad de actores entrevistados permitió contrastar percepciones institucionales,
comunitarias y personales, fortaleciendo así la validez ecológica y social del estudio.
Técnicas e instrumentos de recolección de datos
Para obtener información empírica se emplearon tres técnicas principales: entrevistas abiertas,
grupos focales y observación participante, todas coherentes con el paradigma interpretativo de
investigación cualitativa.
Entrevistas abiertas: se aplicaron 25 entrevistas en profundidad a líderes ejidales,
representantes de transporte y autoridades locales. Las guías fueron semiestructuradas,
abordando temas como uso del agua, percepción ambiental, relaciones con la empresa
minera y estrategias de supervivencia.
Grupos focales: se realizaron cuatro sesiones grupales con una participación promedio
de 10 personas, donde se debatieron los impactos de la minería en la vida comunitaria
y la percepción de los beneficios económicos.
Observación participante: se desarrolló a lo largo de seis meses, durante los cuales la
investigadora asistió a asambleas ejidales, reuniones informales y actividades
cotidianas. Esta técnica permitió registrar interacciones sociales, discursos simbólicos
y comportamientos asociados al conflicto socioambiental.
Toda la información fue documentada mediante grabaciones de audio, notas de campo
y registros etnográficos, asegurando la fidelidad del discurso y la conservación de la voz de los
participantes.
Procesamiento y análisis de los datos
Los datos obtenidos fueron transcritos textualmente y analizados mediante el método de
codificación inductiva propuesto por Miles, Huberman y Saldaña (2014), con el objetivo de
identificar patrones temáticos y categorías emergentes. Se construyeron matrices de análisis
que permitieron vincular los relatos de los participantes con los ejes teóricos del estudio:
afectaciones ambientales, impactos sociales, percepción económica y gobernanza local. El
procesamiento analítico se apoyó en el software especializado NVivo 12 (QSR International,
2020), que facilitó la clasificación de unidades de significado, la creación de nodos temáticos
y la visualización de redes conceptuales. Esta herramienta permitió sistematizar el corpus
textual y aumentar la trazabilidad del análisis cualitativo, garantizando transparencia y rigor
metodológico (Woolf & Silver, 2018).
Estrategias de rigor científico
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El desarrollo metodológico se enmarcó en los principios de credibilidad, transferibilidad,
dependencia y confirmabilidad propuestos por Lincoln y Guba (1985), aplicando un conjunto
de estrategias sistemáticas destinadas a asegurar la consistencia y confiabilidad de los
hallazgos, las cuales fueron:
Triangulación de fuentes: contraste de información proveniente de entrevistas,
observaciones y documentos oficiales.
Triangulación de investigadores: revisión de categorías y hallazgos por colegas
especialistas en estudios socioambientales.
Validación participativa: devolución interpretativa de los resultados preliminares a
líderes comunitarios, quienes ofrecieron retroalimentación sobre la coherencia de las
interpretaciones.
Reflexividad: registro de un diario de campo que documentó las decisiones analíticas,
sesgos potenciales y contextos emocionales de la investigadora.
Estas estrategias fortalecieron la confiabilidad del proceso analítico y la correspondencia entre
los hallazgos y la realidad empírica estudiada.
RESULTADOS
Los resultados obtenidos muestran contrastes significativos entre las distintas dimensiones
analizadas en torno a la actividad minera dentro de las comunidades evaluadas como se muestra
en la tabla 1. La dimensión ambiental registra el porcentaje más elevado de respuestas
afirmativas (87.5%), lo que denota una percepción ampliamente extendida sobre los impactos
negativos al entorno natural, particularmente relacionados con el deterioro de los recursos
hídricos, la degradación del suelo y la disminución de la calidad del aire. En contraposición, la
dimensión económica refleja únicamente un 33.3% de percepciones positivas, evidenciando
que la mayoría de la población no identifica beneficios económicos tangibles derivados de la
presencia de la industria minera en su territorio.
En cuanto a la dimensión social, con un 51.7% de respuestas afirmativas, se observa una
tendencia intermedia caracterizada por opiniones divididas respecto al empleo, la cohesión
comunitaria y la mejora de servicios básicos, lo que sugiere la coexistencia de experiencias
diferenciadas según los grupos poblacionales. Finalmente, la dimensión de gobernanza
presenta la media más baja (22.5%), manifestando una notoria desconfianza hacia las
instituciones gubernamentales y la empresa minera, especialmente en lo referente a la gestión,
transparencia y resolución de conflictos socioambientales. En conjunto, los resultados delinean
un panorama crítico en el que predomina la percepción de deterioro ambiental y desconfianza
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institucional, frente a una limitada apreciación de los beneficios socioeconómicos atribuibles a
la actividad minera.
Tabla 1. Promedio de percepciones comunitarias por categoría temática
CATEGORÍA
MEDIA SÍ (%)
INTERPRETACIÓN
Ambiental
87.5
Alta percepción de daño ambiental
Económica
33.3
Pocos perciben beneficios económicos
Social
51.7
Opinión dividida sobre aspectos sociales
Gobernanza
22.5
Muy baja confianza en las instituciones
Fuente: Elaboración propia.
Afectaciones ambientales: el agua como eje del conflicto
El impacto más recurrente señalado por los participantes corresponde a la escasez de agua,
considerada el problema más grave y visible desde el inicio de las operaciones mineras en
Mazapil. Los registros comunitarios indican que los pozos de abasto doméstico y agrícola han
experimentado una reducción del caudal entre un 40 % y un 60 %, lo que ha obligado a
modificar los patrones de uso y distribución del recurso. Comunidades como Cedros y El
Vergel reportaron el seco total de dos manantiales y cinco pozos agrícolas, lo que ha limitado
severamente las cosechas de alfalfa, maíz, avena, sorgo y trigo, afectando la seguridad
alimentaria y las economías locales.
La empresa minera implementó mecanismos de redistribución de agua (principalmente
mediante pipas, abrevaderos y sistemas de almacenamiento), pero la población percibe estas
acciones como insuficientes y desiguales, pues no garantizan el suministro constante ni
compensan la pérdida de fuentes naturales. Los entrevistados señalaron que estas medidas han
incrementado la dependencia de las comunidades hacia la empresa, generando una relación
asimétrica en la que el acceso al agua depende de decisiones corporativas y acuerdos ejidales.
En varias localidades, los habitantes expresaron que los camiones cisterna llegan con
irregularidad y no cubren las necesidades básicas de consumo, lo que los obliga a almacenar
agua en condiciones inadecuadas.
Además de la escasez, los participantes reportaron signos de contaminación del agua
subterránea y superficial, evidenciada por cambios en el color, olor y sabor del líquido, así
como por la pérdida de productividad en los cultivos y la muerte de ganado. Se documentaron
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casos de animales que murieron por falta de agua o por ingerir líquidos contaminados, mientras
que los agricultores observaron que la tierra “ya no da” y las plantas muestran marchitez
temprana. Estas percepciones se acompañan de una creciente desconfianza hacia las
autoridades locales y sanitarias, que no han realizado estudios públicos sobre la calidad del
agua ni sobre los posibles efectos tóxicos de los residuos mineros. De manera general, los
resultados muestran que el agua constituye el eje central del conflicto socioambiental en
Mazapil. Su escasez, deterioro y manejo desigual han intensificado las tensiones entre la
empresa, las autoridades y las comunidades, generando un sentimiento colectivo de
vulnerabilidad e injusticia ambiental. Este escenario ha transformado la vida cotidiana, la
producción agrícola y las relaciones sociales, colocando a las comunidades rurales en una
situación de dependencia hídrica y pérdida progresiva de su autonomía territorial.
Transformaciones económicas y dependencia minera
Aunque la mina Peñasquito ha generado ingresos significativos para el municipio de Mazapil
y contratos con algunos prestadores de servicios locales, el beneficio económico no se ha
traducido en un desarrollo equitativo y sostenible para las comunidades cercanas. Los
resultados del trabajo de campo muestran que menos del 25 % de los habitantes de las
localidades analizadas han sido empleados directamente por la empresa minera, y que la gran
mayoría de estos puestos son temporales o subcontratados a través de intermediarios. Los
empleos formales son escasos y suelen estar ocupados por personal externo proveniente de
otras regiones del país, lo que limita las oportunidades laborales para la población local.
La distribución de beneficios económicos revela un patrón concentrador. Los contratos de
transporte de materiales, maquinaria y personal se encuentran controlados principalmente por
empresas intermediarias con sede fuera del municipio, lo que reduce el impacto positivo en la
economía local. Los transportistas y proveedores de la región que participan en las cadenas de
suministro perciben ganancias mínimas, sujetas a altos costos operativos y escasa estabilidad
contractual. En contraste, los ejidatarios que cedieron terrenos para la explotación minera
reciben compensaciones económicas bajas y desiguales, que en muchos casos se pagan de
forma anual o semestral y no alcanzan a cubrir las pérdidas productivas derivadas de la
inactividad agrícola.
Los habitantes mencionan que, si bien se observó una circulación inicial de dinero durante la
instalación y expansión del proyecto minero (particularmente en servicios, hospedaje y
transporte), este efecto fue transitorio. Con el paso del tiempo, el flujo económico se concentró
en un reducido grupo de contratistas y líderes locales vinculados a la empresa, mientras que la
mayoría de la población quedó al margen de los beneficios. Esta situación ha provocado
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tensiones internas y divisiones comunitarias, pues algunos sectores consideran que los
programas de apoyo y empleo operan bajo criterios de favoritismo o afinidad política.
En términos generales, los resultados evidencian un fenómeno de crecimiento sin desarrollo,
donde la presencia de capital extractivo no se traduce en mejoras duraderas para la población.
Las comunidades continúan enfrentando condiciones de precariedad económica, desempleo y
dependencia de los apoyos corporativos, mientras el costo ambiental se mantiene alto. La
percepción colectiva recogida durante las entrevistas y grupos focales refleja un sentimiento
de injusticia distributiva: la riqueza generada por la mina no se refleja en infraestructura social,
educación, salud ni en oportunidades productivas sostenibles. Por el contrario, la población
percibe una pérdida progresiva de autonomía económica y control territorial, acompañada por
la erosión de los sistemas tradicionales de producción campesina y la consolidación de un
modelo dependiente del enclave minero.
Impactos sociales: migración, fragmentación y salud
En el ámbito de la salud comunitaria, los datos levantados en campo y en registros municipales
muestran un aumento de enfermedades respiratorias, intestinales, oculares y cutáneas. Los
Servicios de salud en 2017, indica que en el municipio de Mazapil, las infecciones
respiratorias agudas alcanzan más de 3 500 casos en mujeres y 671 en hombres, seguidas por
infecciones intestinales, urinarias y dérmicas. Habitantes y personal médico señalan que los
niños menores de cinco años son los más vulnerables, debido a su contacto frecuente con el
suelo contaminado y la exposición al polvo que se levanta durante la temporada de estiaje.
También se reportan casos de nacimientos prematuros, alergias crónicas, irritaciones y
síntomas gastrointestinales asociados al consumo de agua no tratada.
Los testimonios coinciden en describir un ambiente cotidiano dominado por polvo en
suspensión, ruido de explosiones y sequedad permanente, factores que alteran no solo la salud
física, sino también la emocional. Se registraron manifestaciones de estrés, ansiedad y
sensación de abandono institucional, especialmente entre mujeres y personas mayores. Este
deterioro ambiental y sanitario se percibe como parte de un proceso más amplio de
desestructuración del territorio, en el que la pérdida del agua, la degradación del suelo y la
fragmentación social se entrelazan, generando una dependencia económica y emocional hacia
la actividad minera. De manera general, los resultados muestran un proceso complejo de
transformación socioeconómica y ambiental, en el que las comunidades rurales de Mazapil
enfrentan una dependencia creciente hacia la actividad minera, acompañada de deterioro
ambiental, fragmentación social y deterioro de las condiciones de salud. Los testimonios
recabados reflejan una percepción colectiva de desequilibrio y desprotección institucional,
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donde la minería es vista simultáneamente como fuente de ingresos y como causa principal del
deterioro de su entorno natural y social.
Gobernanza, conflicto y legitimidad
La gestión del conflicto socioambiental en Mazapil se caracteriza por procesos de negociación
marcadamente desiguales entre la empresa minera, las comunidades y las instituciones
gubernamentales. Las entrevistas evidencian que los mecanismos de diálogo formal existentes
no garantizan una representación equitativa de las partes involucradas. En la práctica, las
decisiones estratégicas se toman en espacios restringidos (mesas técnicas y comités de
seguimiento) donde predomina la voz de la empresa y de funcionarios estatales, mientras que
las comunidades tienen una participación limitada o simbólica. Los testimonios recabados
reflejan una percepción generalizada de falta de transparencia y de cooptación política. Los
habitantes señalan que los acuerdos sobre distribución de recursos, apoyos sociales y obras
comunitarias se manejan de manera discrecional, beneficiando a determinados grupos o líderes
locales afines a la empresa. En varias localidades, los entrevistados mencionaron que el acceso
a los programas de apoyo está condicionado al grado de colaboración con la minera o con las
autoridades municipales.
En este contexto, la gobernanza local aparece debilitada y fragmentada. Los liderazgos
tradicionales (ejidales, religiosos o cívicos) han perdido legitimidad frente a la población, ya
sea por su alineación con los intereses corporativos o por la falta de resultados visibles en la
gestión de demandas comunitarias. A su vez, han surgido nuevos liderazgos ligados a la
negociación con la empresa, lo que ha generado tensiones internas y división social. Esta
reconfiguración del poder local ha transformado la estructura de autoridad en las comunidades,
desplazando la toma de decisiones hacia actores externos y reduciendo la capacidad de las
comunidades para incidir en los asuntos que afectan su territorio y su bienestar.
De manera general, los resultados muestran que la desigualdad en la negociación y la asimetría
de poder entre los distintos actores han fortalecido un modelo de gobernanza extractiva, en el
que las comunidades participan de manera subordinada y con escasa posibilidad de influir en
la definición de políticas o acuerdos. Esta situación ha contribuido al aumento de la
desconfianza institucional, la ruptura de la cohesión social y la persistencia del conflicto en
torno a la actividad minera.
DISCUSIÓN
Los resultados de este estudio confirman que la minería a tajo abierto en Mazapil reproduce un
modelo de acumulación por desposesión (Harvey, 2004) que desplaza a las comunidades
rurales de sus medios de vida y redefine las relaciones de poder en el territorio. La transferencia
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de agua, tierra y capacidad de decisión hacia la empresa minera configura un proceso
estructural de despojo ecológico y político que erosiona la soberanía comunitaria. Este patrón
ha sido ampliamente documentado en la literatura latinoamericana como expresión del
extractivismo neoliberal, donde la renta minera se concentra en manos corporativas mientras
las comunidades asumen los costos ambientales y sociales (Garibay et al., 2011; 2022). En
Mazapil, la persistencia de pobreza, migración y degradación ambiental evidencia la fragilidad
de los acuerdos de “responsabilidad social” y la ausencia de mecanismos efectivos de
redistribución. Estos hallazgos coinciden con estudios que muestran cómo los megaproyectos
mineros generan procesos de despoblamiento rural y pérdida de autonomía productiva en
territorios campesinos (Uribe-Sierra, Mansilla-Quiñones, & Mora-Rojas, 2022; Studnicki-
Gizbert, 2022).
Desde una perspectiva social y de género, la investigación revela que la minería profundiza las
brechas estructurales de inequidad y fragmentación comunitaria. Las diferencias en el acceso
a empleos y compensaciones generan tensiones internas y reconfiguran las jerarquías locales,
mientras que las mujeres rurales asumen una triple carga de trabajo (doméstico, comunitario y
emocional) sin reconocimiento institucional (Rivera-Ramírez & Herrera-Monroy, 2023). Esta
dinámica se inscribe en un contexto de gobernanza extractiva, caracterizada por la captura
corporativa de la representación local y la instrumentalización de los espacios participativos.
En Mazapil, los canales de diálogo impulsados por la empresa no constituyen mecanismos
genuinos de cogestión, sino estrategias de legitimación orientadas a mantener la operación
minera bajo control social. Este escenario refuerza las desigualdades históricas de poder entre
comunidades, Estado y corporaciones, y plantea la urgencia de transitar hacia un modelo de
justicia territorial y desarrollo humano sustentable (Schlosberg, 2007; Sen, 1990) que priorice
la autonomía local, la gestión comunitaria del agua y la diversificación económica sobre la
dependencia extractiva.
CONCLUSIÓN
La minería a tajo abierto en Mazapil representa un proceso de reconfiguración socioambiental
y económica que ha profundizado las desigualdades estructurales y debilitado la autonomía de
las comunidades rurales. Los resultados muestran que el crecimiento económico derivado de
la actividad minera no se traduce en desarrollo equitativo ni en mejora sostenible de las
condiciones de vida. La concentración del agua, la tierra y los beneficios en manos corporativas
ha generado dependencia laboral, pérdida de soberanía alimentaria y deterioro ambiental
irreversible. Asimismo, la fragmentación del tejido social, la desconfianza institucional y el
debilitamiento de la gobernanza local reflejan un modelo de desarrollo basado en la extracción
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intensiva de recursos más que en la construcción de capacidades territoriales. Frente a este
panorama, el caso de Mazapil subraya la necesidad de reorientar las políticas públicas hacia un
enfoque de justicia territorial y desarrollo humano sustentable. Es indispensable fortalecer la
gestión comunitaria del agua, promover economías diversificadas y garantizar la participación
efectiva de las comunidades en la toma de decisiones. Superar la dependencia extractiva
requiere integrar la dimensión ambiental, social y cultural del desarrollo, reconociendo que el
bienestar colectivo no puede sustentarse en la explotación desigual del territorio, sino en la
ampliación de las libertades, la equidad y la sostenibilidad intergeneracional.
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Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
López Valerio, E. M. ., & Valtierra Marín, H. E. . (2026). Impactos Socioambientales de la
Minería a Tajo Abierto en Comunidades Rurales: El Caso de Mazapil, Zacatecas. Prisma ODS:
Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(1), 150-
165. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i1.151