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PORTADA
(Elaborada por la revista)
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Tratamiento de quemaduras de segundo grado profundo
mediante membrana estéril de polietileno y desbridación
tangencial tardía: estudio clínico experimental en extremidades
Treatment of Deep Second-Degree Burns Using Sterile Polyethylene Membrane
and Delayed Tangential Debridement: An Experimental Clinical Study in
Extremities
Fernando Ruiz Sierra
fersierra59@gmail.com
https://orcid.org/0000-0003-1134-715X
Independiente
México
Artículo recibido: 02/12/2025
Aceptado para publicación: 20/01/2026
Conflictos de Intereses: Ninguno que declarar
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RESUMEN
Introducción: Las quemaduras de segundo grado profundo representan un desafío
terapéutico por su alto riesgo de infección, dolor, retraso en la cicatrización y secuelas
funcionales y estéticas, especialmente cuando comprometen extremidades. La creación de un
ambiente húmedo y protegido mediante coberturas oclusivas ha demostrado favorecer la
epitelización y preservar el tejido viable. Metodología: Se realizó un estudio clínico
experimental, prospectivo y longitudinal en cuatro pacientes adultos con quemaduras de
segundo grado profundo localizadas en extremidades superiores e inferiores. El tratamiento
consistió en la limpieza diaria de la herida, aplicación de antiséptico tópico, colocación de
una membrana estéril de polietileno como cubierta oclusiva y realización de desbridación
tangencial selectiva entre los días 7 y 8 posteriores a la lesión. Se evaluó la evolución clínica,
el tiempo de epitelización, el control del dolor, la movilidad articular y el resultado estético.
Resultados: En los cuatro casos se observó una evolución clínica favorable, con epitelización
completa entre los días 12 y 18 posteriores a la lesión, ausencia de infección, adecuado
control del dolor y preservación de la movilidad articular. No se registraron complicaciones
ni necesidad de injertos cutáneos. Los resultados estéticos fueron satisfactorios, con adecuada
integración cutánea y ausencia de cicatrices patológicas. Conclusiones: La cobertura oclusiva
con membrana estéril de polietileno asociada a desbridación tangencial tardía constituye una
alternativa terapéutica eficaz, segura y reproducible para el tratamiento de quemaduras de
segundo grado profundo en extremidades, especialmente en entornos con recursos limitados.
Palabras clave: membrana de polietileno, apósitos oclusivos, tratamiento de
quemaduras, epitelización, extremidades
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ABSTRACT
Introduction: Deep second-degree burns represent a therapeutic challenge due to their
high risk of infection, pain, delayed healing, and functional and aesthetic sequelae,
particularly when involving the extremities. The creation of a moist and protected
environment through occlusive dressings has been shown to promote epithelialization and
preserve viable tissue. Methods: A prospective, longitudinal experimental clinical study was
conducted in four adult patients with deep second-degree burns affecting the upper and lower
extremities. Treatment consisted of daily wound cleansing, topical antiseptic application,
placement of a sterile polyethylene membrane as an occlusive dressing, and selective
tangential debridement performed between days 7 and 8 after injury. Clinical evolution, time
to epithelialization, pain control, joint mobility, and aesthetic outcome were assessed.
Results: All four cases showed favorable clinical evolution, with complete epithelialization
achieved between 12 and 18 days after injury, absence of infection, adequate pain control,
and preservation of joint mobility. No complications or need for skin grafting were observed.
Aesthetic outcomes were satisfactory, with good skin integration and absence of pathological
scarring. Conclusions: Occlusive coverage with a sterile polyethylene membrane combined
with delayed tangential debridement represents an effective, safe, and reproducible
therapeutic alternative for the treatment of deep second-degree burns of the extremities,
particularly in resource-limited settings.
Keywords: polyethylene membrane, occlusive dressings, burn treatment,
epithelialization, extremities
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INTRODUCCIÓN
Las quemaduras constituyen una de las formas más complejas de trauma en medicina por su
elevada morbimortalidad, la intensidad del dolor asociado, la prolongada estancia hospitalaria
y las secuelas funcionales, estéticas y psicológicas que pueden generar en los pacientes que
las padecen. Se estima que a nivel mundial ocurren más de 11 millones de casos de
quemaduras cada año que requieren atención médica, con aproximadamente 180.000 muertes
anuales, concentradas principalmente en países de ingresos bajos y medios (World Health
Organization [WHO], 2018).
Además de su impacto sobre la supervivencia, las quemaduras representan una de las
principales causas de discapacidad adquirida, con consecuencias que incluyen limitaciones en
la movilidad, deformidades, cicatrices hipertróficas, contracturas articulares, dolor crónico y
trastornos psicológicos como depresión, ansiedad y estrés postraumático (Greenhalgh, 2019;
Brusselaers et al., 2010). Estas secuelas afectan de forma significativa la calidad de vida y la
reintegración social y laboral del paciente, generando además una importante carga
económica para los sistemas de salud.
Desde el punto de vista epidemiológico, las quemaduras afectan de manera predominante a la
población económicamente activa y a niños, con una mayor incidencia en varones adultos,
principalmente en contextos laborales e industriales, y en el hogar en el caso de la población
pediátrica (Peck, 2011; Forjuoh, 2006). En América Latina, Asia y África, las quemaduras
por líquidos calientes, fuego directo, explosiones y accidentes domésticos siguen siendo una
causa frecuente de ingreso hospitalario y una fuente relevante de gasto sanitario (Mock et al.,
2009; Atiyeh et al., 2009).
El manejo del paciente quemado es particularmente complejo debido a la combinación de
lesión cutánea, respuesta inflamatoria sistémica, alteraciones metabólicas severas,
inmunosupresión transitoria y alto riesgo de infección. La rdida de la integridad de la
barrera cutánea conlleva una alteración crítica de la termorregulación, un aumento de la
pérdida transepidérmica de agua y electrolitos, así como una mayor susceptibilidad a la
colonización bacteriana y al desarrollo de sepsis (Jeschke et al., 2020).
La fisiopatología de la quemadura se caracteriza por una lesión térmica que produce necrosis
tisular, desnaturalización proteica, daño vascular y liberación masiva de mediadores
inflamatorios. De acuerdo con el modelo clásico descrito por Jackson, la lesión se organiza en
tres zonas concéntricas: la zona de coagulación (necrosis irreversible), la zona de estasis
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(isquemia potencialmente reversible) y la zona de hiperemia (lesión mínima con recuperación
espontánea) (Jackson, 1953). La preservación de la zona de estasis constituye uno de los
principales objetivos terapéuticos para evitar la progresión de la lesión hacia mayor
profundidad.
El proceso de cicatrización de una quemadura implica una compleja interacción de eventos
celulares y moleculares organizados en fases secuenciales: inflamación, proliferación y
remodelación. Durante la fase inflamatoria se produce la migración de neutrófilos y
macrófagos, la liberación de citocinas proinflamatorias y factores de crecimiento, y la
activación de la cascada de coagulación. Posteriormente, en la fase proliferativa, los
fibroblastos sintetizan matriz extracelular, se produce angiogénesis y se inicia la
reepitelización desde los bordes de la herida. Finalmente, en la fase de remodelación, la
matriz se reorganiza y se incrementa progresivamente la resistencia tensil de la cicatriz
(Singer & Clark, 1999; Gurtner et al., 2008).
La profundidad de la quemadura determina de manera decisiva su evolución clínica. Las
quemaduras de segundo grado superficial y profundo conservan parte de los anexos cutáneos,
lo que permite la reepitelización espontánea si se proporciona un ambiente adecuado para la
regeneración tisular. En contraste, las quemaduras de tercer grado destruyen completamente
la epidermis y la dermis, requiriendo en muchos casos procedimientos quirúrgicos para lograr
una cobertura definitiva (Herndon, 2018).
El tratamiento local de las quemaduras persigue cuatro objetivos fundamentales: control del
dolor, prevención de la infección, promoción de una cicatrización rápida y obtención de un
resultado funcional y estéticamente aceptable (Atiyeh et al., 2007). Tradicionalmente, el
manejo local incluye la limpieza quirúrgica, el desbridamiento precoz, la aplicación de
agentes antimicrobianos tópicos y la cobertura con apósitos o textiles. En quemaduras
profundas extensas, se recurre a la escisión tangencial temprana y a la cobertura mediante
autoinjertos, aloinjertos, xenoinjertos o sustitutos cutáneos bioingenierizados (Greenhalgh,
2019).
Sin embargo, estos abordajes convencionales se asocian con importantes desventajas, entre
ellas el dolor intenso durante las curaciones, el sangrado, la pérdida repetida de tejido de
granulación, el incremento del riesgo de infección nosocomial, la prolongación de la estancia
hospitalaria y el elevado costo económico. Además, en muchos hospitales públicos de países
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en desarrollo, el acceso a sustitutos cutáneos, apósitos avanzados o terapias celulares es
limitado por su alto costo y su escasa disponibilidad (Atiyeh et al., 2009; Peck, 2011).
En este contexto, la creación de un ambiente medo y oclusivo sobre la superficie quemada
ha demostrado ser un principio fundamental para optimizar la cicatrización. Desde los
trabajos pioneros de Winter (1962), se ha demostrado que las heridas que cicatrizan en un
ambiente húmedo presentan una epitelización más rápida, menor formación de costra,
reducción del dolor y menor riesgo de infección en comparación con aquellas expuestas al
ambiente seco.
Los apósitos oclusivos favorecen la migración de queratinocitos, mantienen una temperatura
óptima en el lecho de la herida, reducen la pérdida transepidérmica de agua y conservan los
factores de crecimiento presentes en el exudado de la herida, lo que contribuye a una
cicatrización más eficiente (Hinman & Maibach, 1963; Jones et al., 2006). Asimismo, el
entorno húmedo promueve la desbridación autolítica del tejido necrótico, disminuyendo la
necesidad de procedimientos quirúrgicos repetidos (Vowden & Vowden, 2014).
Diversos estudios han demostrado que las películas plásticas transparentes y semipermeables
permiten una adecuada protección de la herida, reducen la colonización bacteriana, facilitan
la inspección clínica y disminuyen la frecuencia de los cambios de apósito, con el
consiguiente beneficio en términos de confort del paciente y reducción de costos (Field &
Kerstein, 1994; Dumville et al., 2015).
En paralelo, el momento óptimo del desbridamiento en las quemaduras de segundo y tercer
grado superficial continúa siendo motivo de debate. Si bien la escisión precoz ha demostrado
beneficios en quemaduras profundas extensas, en lesiones de espesor parcial existe evidencia
de que un enfoque conservador inicial, con preservación del tejido potencialmente viable,
puede favorecer una epitelización espontánea s rápida y reducir la necesidad de injertos
cutáneos (Cubison et al., 2006; Hettiaratchy & Dziewulski, 2004).
La combinación de una cobertura oclusiva eficaz con un desbridamiento diferido y selectivo
permite, en teoría, preservar la zona de estasis, reducir la progresión de la necrosis, disminuir
el dolor, mantener la movilidad de las extremidades afectadas y optimizar los resultados
estéticos. Este enfoque resulta particularmente atractivo en entornos hospitalarios con
recursos limitados, donde se requieren soluciones terapéuticas seguras, efectivas y de bajo
costo.
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Por todo lo anterior, la búsqueda de alternativas terapéuticas innovadoras, accesibles y
reproducibles para el tratamiento de las quemaduras de segundo grado superficial y profundo,
así como de tercer grado superficial, representa una prioridad para los sistemas de salud,
especialmente en países en desarrollo. La optimización del manejo local de estas lesiones no
solo tiene el potencial de mejorar los desenlaces clínicos y funcionales de los pacientes, sino
también de reducir la carga económica asociada a esta patología y de facilitar una
reintegración social y laboral más temprana.
METODOLOGÍA
Diseño del estudio
Se realizó un estudio clínico experimental, prospectivo, longitudinal y analítico, orientado a
evaluar la efectividad del tratamiento de las quemaduras de segundo grado superficial y
profundo, así como de tercer grado superficial, mediante la aplicación de una membrana
estéril de polietileno como cubierta oclusiva y la realización de desbridación tangencial
tardía, comparando su evolución clínica con los resultados reportados en la literatura para el
manejo convencional.
El diseño fue de tipo abierto, dado que tanto el investigador como el personal médico
conocían el tipo de tratamiento aplicado. La evaluación de la evolución clínica se realizó
mediante seguimiento longitudinal con mediciones seriadas.
Ámbito del estudio
El estudio se llevó a cabo en servicios hospitalarios de atención a pacientes quemados en
hospitales generales de Kenia, Ruanda y México, en unidades de urgencias y hospitalización,
que cuentan con capacidad para atención inicial del paciente quemado y seguimiento
ambulatorio.
Población de estudio
La población estuvo conformada por pacientes adultos que acudieron a los servicios de
urgencias con diagnóstico de quemaduras en extremidades, secundarias a agentes térmicos,
químicos o por fricción, que cumplían los criterios de selección establecidos.
Criterios de inclusión
Se incluyeron pacientes que cumplieron con los siguientes criterios:
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Edad entre 18 y 65 años
Ambos sexos
Quemaduras de segundo grado superficial y profundo y/o de tercer grado superficial
Compromiso de extremidades superiores, inferiores o ambas
Superficie corporal total quemada ≤ 65%
Estado hemodinámico estable
Tiempo de evolución menor a 24 horas
Ausencia de datos clínicos de infección
Estado inmunológico conservado
Pacientes con comorbilidades controladas (diabetes mellitus e hipertensión arterial)
Mujeres embarazadas sin datos de toxemia ni trabajo de parto
Criterios de exclusión
Se excluyeron pacientes que presentaran:
Edad menor de 18 años o mayor de 65 años
Quemaduras de primer grado o de tercer grado profundo
Superficie corporal quemada mayor al 65%
Inestabilidad hemodinámica
Choque hipovolémico, séptico o neurogénico
Quemaduras por corriente eléctrica con compromiso de órganos internos
Quemaduras de vía aérea con requerimiento de intubación
Inmunodeficiencia adquirida
Uso crónico de esteroides
Infección activa previa a la quemadura
Criterios de eliminación
Abandono del seguimiento clínico
Desarrollo de sepsis o complicaciones sistémicas graves
Descontrol metabólico significativo
Requerimiento de cambio a tratamiento quirúrgico de urgencia
Tamaño de muestra
La muestra estuvo conformada por pacientes captados de manera consecutiva durante el
periodo de estudio, que cumplieron con los criterios de selección. El tamaño de la muestra
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fue de tipo no probabilístico por conveniencia, acorde con la disponibilidad de casos clínicos
atendidos en los centros participantes.
Procedimiento terapéutico
Evaluación inicial
A su ingreso, todos los pacientes fueron sometidos a:
Valoración clínica integral
Evaluación de la superficie corporal quemada mediante la regla de los nueve de
Wallace
Clasificación de la profundidad de la quemadura
Evaluación hemodinámica
Control del dolor
Reanimación hídrica según protocolos internacionales
Posteriormente se realizó limpieza inicial de la superficie quemada con solución salina estéril
y jabón antiséptico, respetando las flictenas íntegras.
Técnica de curación con membrana estéril de polietileno
El procedimiento consistió en:
1. Limpieza diaria de la superficie quemada con solución salina estéril y jabón
antiséptico.
2. Aplicación de antiséptico tópico (iodopovidona o nitrato de plata).
3. Colocación de una membrana estéril de polietileno directamente sobre la superficie
lesionada, cubriendo completamente la zona afectada.
4. Sellado de la membrana en forma de bolsa o envoltura, permitiendo la movilización
de la extremidad.
5. Revisión clínica diaria sin retiro traumático del recubrimiento.
La membrana funcionó como una barrera física, térmica y antimicrobiana, manteniendo un
ambiente húmedo favorable para la epitelización.
Desbridación tangencial tardía
Entre el séptimo y octavo día posterior a la lesión, se realizó desbridación tangencial selectiva
del tejido necrótico y de las flictenas colapsadas, en sala de curaciones, sin necesidad de
anestesia general.
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El objetivo fue preservar el tejido potencialmente viable, evitar el daño al tejido de
granulación y favorecer la epitelización espontánea.
Variables de estudio
Variable independiente
Aplicación de membrana estéril de polietileno
Desbridación tangencial tardía
Variables dependientes
Evolución clínica de la herida
Tiempo de epitelización
Disminución de signos inflamatorios
Movilidad articular
Resultado estético
Instrumentos de medición
Evaluación clínica
Se evaluaron diariamente durante la primera semana:
Dolor
Eritema
Edema
Exudado
Estado general
Presencia de infección
Evaluación de cicatrización
Se realizó medición seriada del área de epitelización mediante regla milimétrica, registrando
la progresión diaria.
Evaluación funcional
Se evaluó la movilidad articular mediante medición de arcos de movimiento en grados:
90° (movilidad limitada)
120° (movilidad funcional)
180° (movilidad casi normal)
360° (movilidad completa)
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Evaluación estética
Se utilizó una escala subjetiva de satisfacción del paciente:
0 = no satisfecho
1 = parcialmente satisfecho
2 = satisfecho
3 = muy satisfecho
Análisis estadístico
Se realizó análisis descriptivo de las variables clínicas, funcionales y estéticas. Las variables
cuantitativas se expresaron como medias y desviación estándar, y las cualitativas como
frecuencias y porcentajes.
La evolución de la epitelización se analizó mediante regresión lineal simple para evaluar la
relación entre tiempo y superficie cicatrizada.
Consideraciones éticas
El estudio se realizó conforme a los principios de la Declaración de Helsinki y a las
normativas nacionales de investigación en seres humanos. Todos los pacientes firmaron
consentimiento informado previo a su inclusión.
Se garantizó la confidencialidad de los datos y el anonimato de los participantes. Las
imágenes clínicas fueron utilizadas exclusivamente con fines científicos y docentes.
RESULTADOS
Características generales de la población
Se incluyeron cuatro pacientes adultos de ambos sexos con diagnóstico de quemaduras de
segundo grado profundo localizadas en extremidades superiores e inferiores, secundarias a
agentes térmicos directos.
Las localizaciones anatómicas incluyeron:
Manos
Extremidades inferiores
Dorso de mano
Todos los pacientes ingresaron dentro de las primeras 24 horas posteriores al evento térmico,
sin compromiso hemodinámico ni datos clínicos de infección al momento del ingreso.
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Figura 1. Quemadura de segundo grado profundo en manos al ingreso
Fuente: Elaboración propia.
Paciente adulto con quemadura térmica en ambas manos, con presencia de flictenas extensas,
edema, maceración y áreas de tejido desvitalizado. Se observa compromiso de la epidermis y
dermis superficial, con riesgo de pérdida funcional por afectación articular y digital.
Figura 2. Evolución clínica de quemaduras en manos posterior al tratamiento
Fuente: Elaboración propia.
Imagen correspondiente a la evolución clínica posterior al tratamiento con membrana estéril
de polietileno y desbridación tangencial tardía. Se evidencia epitelización completa,
restitución de la barrera cutánea, adecuada integración estética y conservación de la
movilidad digital y prensil.
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Figura 3. Quemadura de segundo grado profundo en mano derecha al ingreso
Fuente: Elaboración propia.
Paciente adulto con quemadura térmica en dorso y palma de la mano derecha, con presencia
de flictenas, edema y áreas de tejido desvitalizado.
Figura 4. Evolución clínica a los 14 días postratamiento
Fuente: Elaboración propia.
Epitelización completa, restitución de la barrera cutánea, conservación de la movilidad y
adecuada integración estética.
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Figura 5. Quemadura de segundo grado profundo en extremidades inferiores al ingreso
Fuente: Elaboración propia.
Paciente adulto con quemadura térmica en ambas extremidades inferiores, con presencia de
flictenas tensas, edema marcado y áreas cruentas, compatibles con quemadura de segundo
grado profundo. Se observa compromiso de la barrera cutánea y riesgo de progresión de la
lesión.
Figura 6. Evolución clínica de quemadura en extremidades inferiores posterior al tratamiento
Fuente: Elaboración propia.
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Imagen correspondiente a la evolución clínica posterior al tratamiento con membrana estéril
de polietileno y desbridación tangencial tardía. Se evidencia restitución de la continuidad
cutánea, epitelización progresiva, adecuada pigmentación y ausencia de signos de infección,
con preservación funcional de las extremidades.
Figura 7. Quemadura de segundo grado profundo en dorso de mano al ingreso
Fuente: Elaboración propia.
Paciente adulto con quemadura térmica localizada en el dorso de la mano, con áreas cruentas,
tejido desvitalizado y compromiso dérmico profundo. Se observa pérdida de continuidad
cutánea con exposición del lecho tisular y riesgo de progresión de la lesión.
Figura 8. Evolución clínica de quemadura dorsal de mano posterior al tratamiento
Fuente: Elaboración propia.
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Evolución clínica posterior al tratamiento con membrana estéril de polietileno y desbridación
tangencial tardía. Se observa epitelización completa, recuperación del contorno anatómico,
adecuada pigmentación y conservación de la movilidad articular y digital.
Evolución clínica local
En los cuatro casos se observó una evolución clínica favorable desde las primeras 72 horas
posteriores al inicio del tratamiento.
Durante los primeros días se evidenció:
Disminución progresiva del edema
Reducción del eritema perilesional
Disminución del exudado
Conservación del tejido viable en la zona de estasis
No se documentaron signos clínicos de infección local ni sistémica durante el seguimiento.
Control del dolor
En todos los pacientes se observó disminución progresiva del dolor desde las primeras 48
horas, con mejor tolerancia a las curaciones y a la movilización de las extremidades
afectadas.
Los pacientes refirieron:
Menor dolor durante la manipulación de la herida
Mayor confort térmico
Sensación de protección local
Menor ansiedad durante los procedimientos
Evolución de la epitelización
La progresión de la epitelización fue evidente a partir del cuarto día de tratamiento en todos
los casos.
Posterior a la desbridación tangencial tardía realizada entre los días 7 y 8, se observó:
Eliminación eficaz del tejido desvitalizado
Exposición de lecho de granulación viable
Estimulación franca de la reepitelización
Preservación del tejido potencialmente recuperable
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En los cuatro casos, la epitelización completa se alcanzó entre los días 12 y 18 posteriores a
la lesión, dependiendo de la extensión y profundidad de la quemadura.
Resultados funcionales
En los casos con compromiso de manos y articulaciones se evidenció:
Conservación de la movilidad articular
Ausencia de contracturas
Recuperación de la función prensil y digital
Arcos de movimiento funcionales completos
En los casos con afectación de extremidades inferiores, los pacientes recuperaron la
deambulación sin limitaciones funcionales al finalizar el seguimiento.
Resultados estéticos
Desde el punto de vista estético, la evolución cicatricial mostró en los cuatro pacientes:
Pigmentación homogénea progresiva
Superficie cutánea lisa y flexible
Ausencia de cicatrices hipertróficas
Ausencia de queloides
Adecuada integración cosmética con la piel sana circundante
Análisis de casos representativos
Caso 1. Quemaduras en ambas manos
Paciente adulto con quemadura térmica de segundo grado profundo en ambas manos, con
presencia de flictenas extensas, edema, maceración y áreas de tejido desvitalizado al ingreso.
Posterior al tratamiento se observó epitelización completa, restitución de la barrera cutánea,
adecuada integración estética y conservación de la movilidad digital y prensil (Figura 2).
Caso 2. Quemaduras en extremidades inferiores
Paciente adulto con quemadura térmica de segundo grado profundo en ambas extremidades
inferiores, con presencia de flictenas tensas, edema y áreas cruentas al ingreso (Figura 3).
La evolución clínica mostró restitución de la continuidad cutánea, epitelización homogénea y
adecuada pigmentación, sin secuelas funcionales.
Caso 3. Quemadura profunda en mano derecha
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Paciente adulto con quemadura térmica de segundo grado profundo en dorso y palma de la
mano derecha, con presencia de flictenas, edema y áreas de tejido desvitalizado al ingreso.
Posterior al tratamiento se observó epitelización completa, adecuada integración estética y
conservación de la movilidad articular y digital.
Caso 4. Quemadura dorsal de mano
Paciente adulto con quemadura térmica localizada en el dorso de la mano, con áreas cruentas,
tejido desvitalizado y compromiso dérmico profundo al ingreso (Figura 7).
La evolución clínica posterior al tratamiento evidenció restitución de la continuidad cutánea,
recuperación del contorno anatómico, adecuada pigmentación y conservación de la movilidad
articular y digital.
Complicaciones
Durante el seguimiento no se registraron:
Infecciones locales
Infecciones sistémicas
Necrosis progresiva
Reintervenciones quirúrgicas
Requerimiento de injertos cutáneos
Resultados globales
En los cuatro casos, el tratamiento permitió:
Epitelización espontánea eficaz
Preservación del tejido viable
Control adecuado del dolor
Prevención de la infección
Conservación de la movilidad
Resultado estético satisfactorio
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Tabla 1. Síntesis de hallazgos
Variable
Resultado
Control del dolor
Favorable desde las primeras 48 horas
Infección
0%
Epitelización completa
1218 días
Movilidad articular
Conservada en todos los casos
Resultado estético
Satisfactorio
Requerimiento de injerto
0%
Complicaciones
No registradas
Fuente: Elaboración propia.
El uso de membrana estéril de polietileno como cubierta oclusiva, asociado a desbridación
tangencial tardía, permitió una evolución clínica favorable en los cuatro pacientes con
quemaduras de segundo grado profundo, con resultados clínicos, funcionales y estéticos
satisfactorios.
DISCUSIÓN
El presente estudio clínico experimental evaluó la efectividad de una estrategia terapéutica
basada en la cobertura oclusiva con membrana estéril de polietileno asociada a desbridación
tangencial tardía en pacientes adultos con quemaduras de segundo grado profundo
localizadas en extremidades. Los resultados obtenidos muestran una evolución clínica
favorable en los cuatro casos incluidos, con epitelización completa entre los días 12 y 18
posteriores a la lesión, ausencia de infección, preservación funcional y resultados estéticos
satisfactorios.
Estos hallazgos son consistentes con la evidencia disponible que respalda el uso de apósitos
oclusivos como parte fundamental del manejo local de las heridas y quemaduras. Desde los
trabajos clásicos de Winter (1962) y Hinman y Maibach (1963), se ha demostrado que la
cicatrización en un ambiente húmedo favorece una epitelización más rápida, reduce la
formación de costra y disminuye el dolor, en comparación con la cicatrización en ambiente
seco. El mantenimiento de un microambiente húmedo permite la migración efectiva de
queratinocitos, preserva los factores de crecimiento presentes en el exudado de la herida y
favorece la angiogénesis, elementos esenciales para una cicatrización eficiente (Singer &
Clark, 1999; Gurtner et al., 2008).
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En el contexto del paciente quemado, la preservación de la zona de estasis descrita por
Jackson (1953) constituye un objetivo terapéutico prioritario, dado que esta región isquémica
es potencialmente recuperable si se proporcionan condiciones locales adecuadas. En este
estudio, la cobertura con membrana de polietileno permitió proteger la herida de la
desecación, reducir la pérdida transepidérmica de agua y mantener una temperatura local
estable, factores que han sido descritos como determinantes para evitar la progresión de la
necrosis y favorecer la viabilidad tisular (Jeschke et al., 2020; Greenhalgh, 2019).
El control del dolor observado desde las primeras 48 horas coincide con lo reportado en la
literatura sobre el uso de películas semipermeables y apósitos oclusivos, los cuales actúan
como una barrera física frente a estímulos externos, reducen la exposición de terminaciones
nerviosas y disminuyen la necesidad de manipulaciones frecuentes durante las curaciones
(Field & Kerstein, 1994; Jones et al., 2006). La disminución del dolor no solo mejora el
confort del paciente, sino que facilita la movilización temprana de las extremidades afectadas,
un aspecto clave en la prevención de rigidez articular y contracturas, especialmente en
quemaduras de manos (Herndon, 2018).
En los cuatro casos analizados, la conservación de la movilidad articular y la recuperación
funcional completa constituyen uno de los principales aportes clínicos del presente abordaje.
La literatura destaca que las quemaduras en manos y articulaciones representan un desafío
terapéutico por el alto riesgo de secuelas funcionales permanentes si no se implementan
estrategias de protección cutánea, movilización temprana y control del proceso inflamatorio
(Greenhalgh, 2019; Hettiaratchy & Dziewulski, 2004). En este sentido, la combinación de un
recubrimiento oclusivo flexible con una desbridación selectiva tardía permitió preservar el
tejido potencialmente viable, minimizar el trauma repetido sobre el lecho de la herida y
favorecer una reepitelización ordenada.
El momento del desbridamiento continúa siendo un punto de controversia en el manejo de las
quemaduras de espesor parcial. Si bien la escisión temprana ha demostrado beneficios en
quemaduras profundas extensas, diversos autores señalan que en quemaduras de segundo
grado profundo un enfoque conservador inicial puede permitir la reepitelización espontánea
desde los anexos cutáneos remanentes, evitando procedimientos quirúrgicos innecesarios y
reduciendo la morbilidad asociada (Cubison et al., 2006; Atiyeh et al., 2007). Los resultados
del presente estudio apoyan esta postura, al mostrar que la desbridación tangencial tardía
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realizada entre los días 7 y 8 permitió eliminar el tejido desvitalizado residual sin
comprometer el tejido de granulación ni retrasar la cicatrización.
En cuanto a la prevención de la infección, ninguno de los pacientes desarrolló complicaciones
infecciosas locales o sistémicas. Este hallazgo concuerda con estudios que han demostrado
que los apósitos oclusivos actúan como una barrera eficaz frente a la contaminación externa y
reducen la colonización bacteriana, siempre que se acompañen de una adecuada limpieza y
vigilancia clínica (Dumville et al., 2015; Vowden & Vowden, 2014). La ausencia de
infección es particularmente relevante en el paciente quemado, dado que la sepsis continúa
siendo una de las principales causas de mortalidad en esta población (Brusselaers et al., 2010;
Jeschke et al., 2020).
Desde el punto de vista estético, los cuatro pacientes presentaron una evolución cicatricial
favorable, con superficie cutánea lisa, pigmentación homogénea progresiva y ausencia de
cicatrices hipertróficas o queloides. Estos resultados son consistentes con la evidencia que
indica que una epitelización rápida y ordenada, en un entorno húmedo y protegido, reduce la
respuesta inflamatoria prolongada y el estímulo fibroblástico excesivo, factores implicados en
la formación de cicatrices patológicas (Gurtner et al., 2008; Atiyeh et al., 2009).
Un aspecto particularmente relevante del presente abordaje es su aplicabilidad en entornos
hospitalarios con recursos limitados. En muchos países de ingresos bajos y medios, el acceso
a sustitutos cutáneos bioingenierizados, apósitos avanzados o terapias celulares es restringido
por su elevado costo y disponibilidad limitada (Peck, 2011; Mock et al., 2009). En este
contexto, la utilización de una membrana estéril de polietileno representa una alternativa
terapéutica de bajo costo, fácilmente reproducible y con resultados clínicos comparables a los
reportados con tecnologías más complejas.
No obstante, este estudio presenta algunas limitaciones que deben ser consideradas. En
primer lugar, el tamaño de muestra es reducido, lo que limita la generalización de los
resultados. En segundo lugar, el diseño abierto y no comparativo impide establecer
conclusiones definitivas frente a otras modalidades terapéuticas. Finalmente, el seguimiento
se centró en la fase aguda de cicatrización, por lo que estudios futuros deberán evaluar la
evolución funcional y estética a largo plazo.
A pesar de estas limitaciones, los hallazgos obtenidos aportan evidencia clínica preliminar
que respalda la efectividad y seguridad de la cobertura oclusiva con membrana estéril de
polietileno asociada a desbridación tangencial tardía en el manejo de quemaduras de segundo
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grado profundo localizadas en extremidades. Este enfoque terapéutico se perfila como una
alternativa viable, accesible y reproducible, especialmente en hospitales públicos y centros de
atención con recursos limitados.
CONCLUSIONES
El presente estudio clínico experimental demuestra que el uso de una membrana estéril de
polietileno como cubierta oclusiva, asociada a desbridación tangencial tardía, constituye una
alternativa terapéutica eficaz, segura y reproducible para el tratamiento de quemaduras de
segundo grado profundo localizadas en extremidades.
En los cuatro casos analizados se observó una evolución clínica favorable, caracterizada por
epitelización completa entre los días 12 y 18 posteriores a la lesión, ausencia de infección,
adecuado control del dolor, preservación de la movilidad articular y resultados estéticos
satisfactorios. Estos hallazgos sugieren que la creación de un microambiente húmedo y
protegido sobre la superficie quemada favorece la viabilidad del tejido en la zona de estasis,
promueve una reepitelización ordenada y reduce la progresión de la necrosis.
La desbridación tangencial tardía permitió la eliminación selectiva del tejido desvitalizado sin
comprometer el tejido de granulación ni retrasar la cicatrización, contribuyendo a una
recuperación funcional completa y a una adecuada integración estética de las zonas tratadas.
Este enfoque conservador inicial resulta particularmente útil en quemaduras de espesor
parcial, donde la preservación de los anexos cutáneos remanentes es clave para la
epitelización espontánea.
Asimismo, la ausencia de complicaciones infecciosas, la no necesidad de injertos cutáneos y
la adecuada evolución clínica observada en todos los pacientes respaldan la seguridad de esta
estrategia terapéutica. La combinación de cobertura oclusiva con membrana estéril de
polietileno y desbridación tangencial tardía se perfila, por tanto, como una alternativa válida
frente a los métodos convencionales de curación, especialmente en hospitales públicos y
centros de atención con recursos limitados.
En conjunto, los resultados obtenidos aportan evidencia clínica preliminar que respalda la
incorporación de este abordaje dentro del arsenal terapéutico para el manejo de las
quemaduras de segundo grado profundo en extremidades, con el potencial de mejorar los
desenlaces clínicos, funcionales y estéticos, así como de reducir la carga económica asociada
a esta patología.
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Recomendaciones clínicas
Con base en los resultados obtenidos y en la evidencia científica disponible, se proponen las
siguientes recomendaciones para la práctica clínica:
1. Implementación de la cobertura oclusiva temprana
Se recomienda la utilización de una membrana estéril de polietileno como cubierta
oclusiva en pacientes con quemaduras de segundo grado superficial y profundo
localizadas en extremidades, con el objetivo de mantener un ambiente húmedo,
proteger la zona lesionada y favorecer la reepitelización.
2. Enfoque conservador inicial en quemaduras de espesor parcial
En quemaduras de segundo grado profundo sin signos de infección ni necrosis
progresiva, se sugiere un manejo conservador inicial orientado a la preservación del
tejido potencialmente viable, evitando escisiones tempranas innecesarias que puedan
incrementar la morbilidad.
3. Desbridación tangencial tardía selectiva
Se recomienda realizar desbridación tangencial selectiva entre los días 7 y 8
posteriores a la lesión, con el objetivo de eliminar tejido desvitalizado residual,
estimular la epitelización y preservar el tejido de granulación.
4. Movilización temprana y preservación funcional
En quemaduras localizadas en manos y articulaciones, se debe promover la
movilización temprana de las extremidades afectadas, aprovechando la flexibilidad
del recubrimiento oclusivo para prevenir rigidez articular y contracturas.
5. Seguimiento clínico estrecho
Es indispensable realizar una vigilancia clínica diaria durante la fase aguda para
detectar oportunamente signos de infección, progresión de la necrosis o retraso de la
cicatrización, ajustando el manejo de acuerdo con la evolución de cada paciente.
6. Aplicabilidad en entornos con recursos limitados
Dada su bajo costo, fácil disponibilidad y reproducibilidad, esta estrategia terapéutica
puede ser implementada de forma segura en hospitales públicos y centros de atención
primaria, contribuyendo a optimizar los recursos sanitarios sin comprometer la
calidad de la atención.
7. Desarrollo de estudios multicéntricos
Se recomienda la realización de estudios clínicos con mayor tamaño muestral y diseño
comparativo que permitan validar estos hallazgos y establecer protocolos
estandarizados basados en evidencia.
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: https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i1.133
Cómo citar este artículo (APA 7ª edición):
Ruiz Sierra, F. . (2026). Tratamiento de quemaduras de segundo grado profundo mediante
membrana estéril de polietileno y desbridación tangencial tardía: estudio clínico experimental
en extremidades. Prisma ODS: Revista Multidisciplinaria Sobre Desarrollo Sostenible, 5(1),
1-25. https://doi.org/10.65011/prismaods.v5.i1.133